08
Jul 17

Queja contra camionetero

En el diario Prensa Libre fue publicada la queja de una señora porque a eso de las 4:00 p.m. el conductor de una camioneta no quiso parar donde ella tocó el timbre y lo hizo como tres cuadras más adelante.

La mujer en cuestión iba acompañada por dos niños pequeños y la afectada considera que es una grosería lo que hizo el piloto.  Cuenta la denunciante que ya se quejó en la empresa de autobuses.

La nota es de marzo de 1980 cuando el hecho de que un camionetero no parara donde corresponde no sólo era una grosería, sino que era motivo de una nota periodística. ¿Te imaginas si los abusos de los camioneteros fueran noticia en julio de 2010?

Cuando yo viajaba en camioneta, en los 70 y 80, no te miento, había normas básicas de urbanidad entre los choferes y los clientes, así como entre los clientes y los pilotos, y entre los usurarios mismos.

O tempora, O mores.


27
Feb 17

Motos y abusos en dos ruedas

Imagen de previsualización de YouTube

En distintas poblaciones del país -donde distintos tipos de motos son medios de transporte populares- entre los conductores de esos vehículos se ha puesto de moda quitarles los silenciadores o mufflers. Esto es un abuso, una grosería y una forma de agresión. El caso de Jocotenango, en Sacatepequez, es un ejemplo por si te hace falta uno. Allá hay cualquier cantidad de motos sin silenciador….¡y hasta tuk tuk!

¿Es posible multar a los conductores de motos  que andan por ahí, escandalizando en las calles con sus vehículos sin silenciador? ¿Qué necesidad hay de agredir con ruido estridente a la gente?

La semana pasada, en el programa Asi es la vida, escuchamos casos de motoristas y ciclistas que circulan sobre las banquetas.  Esa imprudencia ha lastimado a peatones y es un abuso.  ¿Es posible multar a los motoristas y ciclistas que circulan sobre las banquetas?

¿Hay autoridades que tengan la autoridad para sancionar a los abusadores?


06
Nov 16

El tránsito y las soluciones parciales

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La Municipalidad de Guatemala prohibió que el transporte pesado circule en el la ciudad capital de lunes a viernes de 5:00 a 9:00 horas, y de 16:30 a 21:00 horas. Según la comuna un vehículo pesado es a partir de 3.5 toneladas. Los sábados las disposiciones de restricción son de 12:00 a 16:00 horas. Mientras que de lunes a domingo de 5:00 a 21:00 horas también tienen prohibido transitar los automotores de doble remolque, y tampoco pueden estar estacionados dentro del municipio.

La disposición del Palacio de la Loba dio paso a un paro de transportistas y las actividades productivas empiezan a resentirse y  diversos sectores temieron que la situación  pueda llegar a niveles críticos…pero por el momento el asunto fue solucionado.

Mientras tanto, todo intento de solución parcial para el tránsito denso en la ciudad de Guatemala va a perjudicar a unos en beneficio (o en supuesto beneficio) de otros; esto es porque las soluciones parciales -del tipo de aquella prohibición- causan daños y perjuicios.  Es lo que suele ocurrir cuando grupos de interés demandan de las autoridades que resuelvan problemas de la convivencia social por medio de legislación específica y concreta.  El constructivismo racionalista -que ha de creer que gobernar es como jugar Minecraft–  impulsa a resolver los problemas desde arriba, a base de legislación, mediante prohibiciones o mediante obligaciones, es generadora de conflictos y en el largo plazo mina la autoridad.

Toda solución sostenible para problemas de convivencia social como el tráfico denso, las competencias deportivas en las calles, o las procesiones, por ejemplo, deben partir de normas generales y abstractas aplicables a todos por igual.

Si te interesa el tema, checa Street Smart, una obra fundamental para entender el transporte como elemento crucial para el bienestar económico y social. La obra editada Gabriel Roth sostiene que muchos de los problemas que hay en calles y carreteras –a causa del congestionamiento, altos costos, corrupción y mal mantenimiento, por citar algunos– pueden ser solucionados mediante la aplicación de los mismos principios solucionan otras necesidades.

Los métodos electrónicos de cobro permiten el uso pagado de calles y carreteras, sin necesidad de cabinas y sin que los vehículos tengan que detenerse. ¿Por qué no aprovecharlos para aliviar los congestionamientos, como en Singapur? Quizás, en vez de prohibir la circulación de ciertos vehículos y causarles daños y perjuicios a ciertas actividades, lo razonable sea que el uso de las calles y carreteras tenga distintos precios. Un precio para circular de 5:00 a 9:00, uno menor para circular entre las 9:00 y las 16:30 para que luego se eleve el precio por la circulación entre las 16:30 y las 21:00. De esa forma, el uso de la calle, o carretera tendría un costo que los usuarios podrían comparar con otros costos mediante un precio.

Las de Street Smart son soluciones que respetan la vida, la libertad y la propiedad de la gente mediante normas generales y abstractas; ¿qué tal si optamos por estas y no por soluciones a medias y que implican el uso arbitrario de la fuerza?

Lo cierto es que las calles, son bienes públicos (o sea estatales) de acceso público (a diferencia de los bienes públicos (o estatales) de no acceso público -como la Casa Presidencial, o ciertas áreas del aeropuerto-.  Todos los ciudadanos -o más precisemente, todos los tributarios (incluyendo a los transportistas)- somos los propietarios de aquellos benes públicos y, especialmente en el caso de los que son de acceso público es natural que haya conflicto en cuanto al uso que deba dárseles en ausencia de unanimidad por parte de los propietarios.  Para evitar la tragedia de los comunes (el fenómeno de que el uso y abuso de un bien limitado lleve a su destrucción) es prudente que una autoridad regule el uso de los bienes en cuestión con el propósito de evitar que el bien que es de todos se deteriore y hasta se destruye.  Esa autoridad puede ser privada, o pública; pero debe ser autoridad.  Sin embargo, la autoridad reguladora no debería prohibir el uso (sobre todo si la prohibición causa daños y perjuicios); pero sí podría ponerle un precio al uso.

Estas meditaciones, basadas en meditaciones del cuate Fabricio Terán, pueden ayudarnos a ir resolviendo el tema este del transporte y el trásito, el de las antorchas y las bandas del 15 de septiembre, las 21K y otras competencias y las procesiones entre otras actividades parecidas. La opción, advierte Fabricio, es explicarles a los ciudadanos y a los tributarios que las calles no son de ellos, en realidad; sino del estado y de las municipalidades y que por lo tanto los ciudadanos y tributarios son sólo usuarios, y no propietarios. A mí, esa opción me da escalofríos.


06
Oct 16

Peligrosas “soluciones” para el tráfico

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El peor peligro que acarrea la intensificación del tráfico en la ciudad de Guatemala (o en cualquiera otra población) es el descontento; porque la gente descontenta clama porque los políticos hagan algo para solucionar el problema de forma política.  Los políticos sienten la presión y se ven en la necesidad de hacer algo, para que no se diga que hacen nada.  Y, ¿qué es lo que suelen hacer los políticos (o sea los que tienen el poder) cuando quieren solucionar algo? Prohiben, o fuerzan.

Ayer, por ejemplo, el alcalde Alvaro Arzú, de la ciudad capital, les echó la culpa de gran parte del congestionamiento vehicular a los padres de familia que llevan a sus hijos a los colegios en automóvil.  Según el dios del Palacio de la loba, todos los padres deberían mandar a sus hijos en buses escolares y sugirió que los colegios cambien horarios.  También dijo que la gente no debería venir sóla en sus vehículos cuando viene de otros municipios.  A nivel de sugrencia está bien, ya que es una como cualquiera; pero de ahí a señalar como casi una inmoralidad que la gente no viaja acompañada, o que la gente prefiera llevar a sus hijos al colegio, sólo hay un paso.  Y de ahí a forzar que la gente viaje acompañada, o forzar que sean usados los buses escolares, sólo hay dos pasos.

Ese constructivismo racionalista -que ha de creer que gobernar es como jugar Minecraft–  impulsa a resolver los problemas desde arriba, a base de legislación, mediante prohibiciones o mediante obligaciones, es peligrosa.  No sólo porque es violatoria de la libertad y de la propiedad, sino porque elude soluciones de fondo que respeten a las personas.  La tentación de manejar las vidas de otros, mediante recursos políticos y legislativos, es una tentación que no debemos poner al alcance de los políticos. Las supuestas soluciones no deben ser pan con lo mismo.

De vuelta al tráfico, hace unos años desayuné y compartí un taxi con Gabriel Roth, editor de Street Smart, una obra fundamental para entender el transporte como elemento crucial para el bienestar económico y social. La obra de Gabriel sostiene que muchos de los problemas que hay en calles y carreteras –a causa del congestionamiento, altos costos, corrupción y mal mantenimiento, por citar algunos– pueden ser solucionados mediante la aplicación de los mismos principios que mejoraron significativamente los servicios de telecomunicaciones. Y como los chapines tenemos tan buena experiencia con las telecomunicaciones, es oportuno ponerle atención a las sugerencias de Gabriel, antes de que a alguien se le ocurra hacer lo mismo de siempre y esperar resultados distintos.

Los métodos electrónicos de cobro permiten el uso pagado de calles y carreteras, sin necesidad de cabinas y sin que los vehículos tengan que detenerse. ¿Por qué no aprovecharlos para aliviar los congestionamientos, como en Singapur? Quizás, en vez de pedirles a los padres que cambien sus horarios, o que manden a sus hijos en bus, u obligarlos a hacerlo, lo razonable sea que el uso de las calles y carreteras tenga distintos precios. Un precio para circular a las 8:00 y uno menor para circular a las 8:30, y menor por circular a las 5:00, por ejemplo. De esa forma, el uso de la calle, o carretera tendría un costo que los usuarios podrían comparar con otros costos mediante un precio.

Calles y carreteras normalmente son citadas como ejemplos de bienes públicos que solo deberían ser provistos por los políticos y sus funcionarios; pero esto es falso. En los siglos XVIII y XIX miles de carreteras eran privadas y actualmente, en EE.UU., Canadá, el Reino Unido y Suecia, las carreteras privadas están de vuelta con mejor desempeño, costos bajos, mejor información, competencia y sin interferencia política.

Esta semana una funcionaria de Tu Muni me invitó a no sólo criticar, sino a aportar con ideas y propuestas (como si este blog no estuviera lleno de ideas y propuestas).  Pues bien…aquí va otra: las de Street Smart son soluciones que respetan la vida, la libertad y la propiedad de la gente; ¿qué tal si optamos por estas y no por soluciones que implican el uso arbitrario de la fuerza?


06
Sep 16

Así se desperdicia tu plata: subsidio a autobuseros

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Escucha el podcast aquí.

Un total de Q2 millardos, 203 millones, 530 mil 701.02 han recibido los propietarios de autobuses urbanos (…y sospecho que un porcentaje de esa millonada la han recibido más de un político y funcionario).  Para que tengas una idea, un millardo son mil millones y esto ha ocurrido entre 2004 y 2014.

Han recibido esa plata -tomada de tus bolsillos- y el transporte colectivo urbano es cada vez peor, cada vez peor, cada vez más indigno.

El transporte colectivo urbano es uno de los íconos más dañinos del populismo.  Por un lado a la dirigencia popular no le gusta que suba el precio de ese servicio y -por lo menos cuando yo lo usaba- sus huestes no dudan en acudir a la violencia (quemando y destruyendo buses) cuando hay que elevar las tarifas.  La dirigencia popular quiere un servicio razonable, sin que haya que pagar directamente por él.  Entonces les pasan la factura a los políticos y a sus funcionarios y de ahí el subsidio.  Estos les ofrecen a los propietarios de buses que los tributarios les pagarán por no subir el precio del servicio (aunque los costos de prestación suban y suban)  y se crea un círculo vicioso: los propietarios se pegan a la teta del estado y disfrutan de sus monopolios y ni siquiera tienen que prestar el servicio; en tanto que los políticos difieren un problema grave y seguramente alguien se echa algo al bolsillo cada cuanto. ¿Te sorprende que haya corrupción?  A mi  no.  ¿Te sorprende que los más damnificados sean los usuarios? A mi no.

Ahí andan los tomates destartalados que fueron la supuesta solución genial en tiempos de Oscar Berger; y sólo fueron un paliativo para darles atol con el dedo a los usuarios y a los tributarios.  Al final ese asunto sólo fue una fuente de corrupción.  Ahí andan los buses del Transurbano, una alianza público-privada que sólo fue otra fuente de corrupción y que ya está en la mira del Ministerio Público.  Sospecho que este va a ser el Waterloo de los Colom/Torres.

Esta historia del transporte colectivo urbano es un ejemplo clásico de lo que ocurre cuando el sector político (el sector coercitivo de la economía) sirve a intereses particulares (los de la dirigencia popular y los de los propietarios de buses), en perjuicio del derecho de los usuarios.  ¿Cuál derecho? El derechos a contratar el servicio de transporte que cubra mejor sus necesidades, de forma pacífica y voluntaria.

¿Te sorpende que, supuestamente, no les alcance el dinero a los pipoldermos?  A mi no.  Si hay para repartir esos miles de millones entre los propietarios de autobuses (y seguramente entre los políticos y funcionarios que los reparten), eso quiere decir que sí hay para el desperdicio y para la corrpución.  ¿Verdad?  Entonces, ¿con qué cara pretenden pedirles más impuestos a los tributarios?

No te vas a dejar, ¿verdad?

La foto es de boletos de camionetas de los años 50 y 70.


28
Mar 16

La tragedia de Nahualá

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¡¿Cómo evitamos más tragedias como la de Nahualá?!  Al menos 19 personas murieron y más de 30 resultaron heridas  cuando un autobús cayó en un barranco en el kilómetro 160 de la ruta Interamericana, en Nahualá, Sololá.  Este tipo de accidentes suelen ocurrir por una combinación de peso excesivo (debido a la sobrecarga de los vehículos) y fallas en los frenos.

¿Cómo evitamos más tragedias de esas?

-¡Hay que nacer una ley que regule el transporte colectivo extraurbano!  Ah, no, ya hay una ley.

-¡Hay que establecer un ente que registre y controle a ese tipo de transporte! Ah, no, ya hay una dirección general para eso.

-¡Que una policía especializada en carreteras los vigile! Ah, no, ya hay una.

-¡Que a los pilotos se les exijan licencias profesionales! Ah, no, eso ya se hace.

-!Hay que estatizar el servicio! Ah, para que funcione tan bien como el Transurbano, o las escuelas estatizadas, o la salud estatizada.

-¡Que el Ministerio de Trabajo supervise los sueldos de los pilotos! Ah, como si no se pudiera comprar a los supervisores de la misma manera en que se compra a otros burócratas.

…¿Entonces?

Hay que eliminarles los privilegios a los propietarios de rutas.  Políticos y burócratas, en connivencia con los propietarios de los buses, garantizan que nadie más que los privilegiados puedan prestar servicios de transporte.  Con una clientela cautiva y a salvo por las barreras, los propietarios no tienen incentivo alguno para darle mantenimiento a los buses, mejorar las condiciones de trabajo de los pilotos, y competir para ganarse a la clientela.  Esta tiene su parte de responsabilidad porque al oponerse a que los precios del transporte sean reales, y al demandar precios políticos, le restan competitividad al transporte; y aquella fijación de precios es la excusa perfecta para que los propietarios justifiquen el mantenimiento de los monopolios.  El estatismo es la causa, no sólo de que este tipo de accidentes ocurran por las razones indicadas arriba; y es el responsable de que ocurran impunemente.

La foto la tomé de Soy 502.


04
Dic 15

Historias de camionetas

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Durante casi un tercio de mi vida usé camionetas. Las 1 eran nuevas y las 2 generalmente eran viejas.  Eran viejas; pero no cochambrosas. No eran peligrosas y en Primaria podía irme sólo, al anochecer, desde la zona 10 hasta Ciudad Nueva. Cuando me capeaba del colegio le daba dos vueltas completas al recorrido de la 2. Me quedaba dormido y nunca me robaron nada. Pero ya no es así. Ahora las camionetas son inmundicias en las que los usuarios pueden perder la vida.

Acabo de leer que el presidente Maldonado sugirió hacer público el transporte colectivo porque de lo contrario no se va a resolver nunca la problemática de ese servicio.  ¡Si pues! Porque los hospitales estatales son eficientísimos; porque la educación estatal es competitiva mundialmente; porque el aeropuerto estatal rivaliza con cualquiera del área; porque las carreteras estatales están impecables; porque las prisiones estatales son modelos; porque cuando las telecomunicaciones eran estatales había abundancia de líneas telefónicas; porque cuando la energía eléctrica era estatal no había apagones de ocho horas.

No te engañes, cuando uno dice público o estatal, lo que en realidad está diciendo es: coercitivo y controlado por políticos y burócratas. Que no te engañen, el hecho de que los buses sean propiedad privada no quiere decir que el sistema de transporte colectivo sea privado. En realidad aquel es un negocio de connivencia entre los propietarios y los políticos y burócratas que –coercitivamente– controlan el sistema. Para participar hay que tener una licencia de parte de los políticos y burócratas. Una vez tienes la licencia, los políticos y burócratas te defienden contra la competencia. Aceitas a los políticos y burócratas y ellos transfieren riqueza de los tributarios hacia tus bolsillos con tal de que recibas suficientes rentas parasitarias como para no abandonar el negocio; y con tal de que el precio al público no les cause problemas a los políticos. Ahora les dicen alianzas público-privadas, pero son el estatismo de siempre.

Está claro que los pipoldermos probarán cualquier disparate antes que liberar el mercado del transporte colectivo.

Columna publicada en elPeriódico.


05
Jul 15

Uber, tecnología y empresarialidad

Uber

Cuando conocí la idea de Uber me pareció  fascinante por una razón: los gobiernos y los cárteles de taxistas se oponían a ella.  Ahora me fascina porque la he probado y porque me parece una idea hayekiana llevada a la realidad; como la Wikipedia y como Waze. Esto es: un órden espontáneo que funciona sobre una plataforma de normas generales y abstractas, preexistentes.  Funciona basada en la confianza y en la reputación. Es una tecnología que sacude al estatismo, como Bitcoin.  El conocimiento está disperso; y la oferta y la demanda se encuentran sin planificación, y el funcionamiento es autoregulado. De alguna manera es una coperacha, como Indiegogo.

¿Cómo no fascinarse con estas tecnologías y las posibilidades que abren?  A mí me hacen pensar que estas tecnologías y la empresarialidad sí podrían rescatar a la política como dice esa entrevista con Zachary Cáceres, del Startup Cities Institute.


17
Nov 14

Más camioneteros pelándose

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La foto es de dos camioneteros peleándose en la 7a. avenida de la zona 9 a las 7:00 a.m. del 13 de noviembre pasado.  Me la envió mi cuata, Andrea,  porque leyó la entrada similar que puse el viernes pasado.  Segun me cuenta Andrea, el del autobus rojo le rompió un espejo a la otra camioneta.  Mi sobrino, El Ale, me cuenta que esas peleas son bien frecuentes.

¿Qué se sentirá ser pasajero en esos buses que se van peleando? ¿Y la Policía Municipal de Tránsito? ¿Será que, como dice mi cuata, Geraldine, le tiene pavor a los camioneteros?


14
Nov 14

Pelea de camioneteros en la Roosevelt

Imagen de previsualización de YouTube
Anoche, cuando volvía de La Antigua y a lo largo de una buena porción de la Calzada Roosevelt, mi familia y yo vimos a dos camioneteros pelándose. Se rebasaban y se atravesaban las camionetas uno al otro.  Sus buses llevaban gente. Cometían imprudencias por montones.  Los ayudantes, conocidos como brochas, se atacaban con tubos entre un autobús y el otro.

¡Que miedo deben haber sentido los que iban en esos buses!  Cerca de El trébol tomé las escenas del vídeo.