Si alguien me dice que El dios del palacio de la loba, Alvaro Arzú, es un arrogante, abusador, tunante, patán, engreído, gérmen de dictador, berrinchudo, ignorante, majadero, demagogo, y por lo menos una docena de epítetos más, seguramente estaré de acuerdo. Pero, de verdad, no creo que sea idiota.
Ayer, el Munícipe se peló y llamó idiotas a los periodistas, y escupió al cielo al manifestarse contra la libertad de expresión. Llamó la atención sobre el papel de procónsules que juegan algunos embajadores y sobre el techo de vidrio que tienen los hombres de la sotana. Mi opinión es que el Jefe del Ayuntamiento no tomó su dósis correcta de litio; pero no es idiota.
El debe saber bien lo de los embajadores porque su administración bailó al son que tocaron los gringos y los europeos para que se hicieran realidad los pactos de apaciguamiento con la URNG. Debe conocer bien a la industria del misal porque, en el affaire Gerardi, la iglesia católica jugó un papel de miedo.
El Alcalde capitalino y ex Presidente de la República tiene razón en algo más: “Ni la SAAS ni la SAE van a poder combatir al crímen organizado, sólo la inteligencia militar”. No lo dudo porque el Ejército fue quien nos evitó crecer en una dictadura como las que les gusta a los marxistas-leninistas que, durante más de 35 años intentaron asaltar el poder mediante secuestros, asesinatos y otros actos de terrorismo. No lo dudo porque, durante la administración presidencial de Arzú, por esa vía fue que los secuestros express, o otras prácticas delincuenciales, fueron reducidas o eliminadas.
En la izquierda, muchos palidecen ante aquella perspectiva porque aún no han cumplido con la consigna de humillar y destruir a la Institución Armada; y no falta quienes clamen contra una supuesta militarización. Sin embargo, y descontando las manías dictatoriales del iracundo Arzú, estimo que vivimos tiempos demasiado peligrosos como para darle la espalda a la realidad: la delincuencia -organizada, o no- ha tomado el control del país. Como en los años 80 y como durante la administración Arzú, seguramente es el momento de tomar decisiones.
¡Por supusto que lo que digo no es un llamado a la militarización! Primero porque en este espacio siempre se hace un llamado al respeto del estado de derecho; y porque no se trata de cambiar a la delincuencia, por la dictadura. Sin embargo, el orden constitucional estipula que “el Éjército de Guatemala es una institución destinada a mantener la..paz y la seguridad interior y exterior”, y añade que es “obediente y no deliberante”. Por lo que no debe extrañarnos que esté llamado a cumplir con tareas para las cueles está facultado y para las cuales está entrenado y equipado.
Eso sí, en estricto apego a la norma constitucional que manda que ninguna fuerza armada puede arrogarse el ejercicio del poder público y con apego a la que manda que los funcionarios son depositarios de la autoridad, responsables legalmente por su conducta oficial, sujetos a la ley y jamás superiores a ella.
Honradamente creo que, bajo estas condiciones mínimas (a los que están sujetos todos los que ejercen el poder público) el Ejército sí tiene un papel en estas circunstancias. Y creo que si no se le aprovecha, por razones ideológicas, esa va a ser una decisión política que vamos a lamentar.
Lo que yo no haría es darle el Ejército a Arzú, como lo sugirió él. Esto es porque los capitalinos ya conocemos cómo actúa la guardia pretoriana de la comuna, y no se trata de eso.
Arzú no es idiota, aunque aveces haga méritos para parecerlo. Yo digo que, en esta ocasión, hay que hacer caso omiso de su personalidad nefasta y es conveniente ponerle atención.