Como es el año del buey -y como nací en un año del mismo animal- mis amigas Carmen y Violeta me regalaron esta divertida linterna con forma de mi nahual, o mi Dæmon.
tradiciones
24
Feb 09
Mi buey
14
Feb 09
El mundo no es una porquería
He aquí las 99 razones que, según yo, demuestran que el mundo no es una porquería. Se aceptan sugerencias:
1.Desayunar tamales de doña Estelita
2. El buen sexo
3. Los buenos Reservas del Duero
4. Los jardines antigüeños
5. El mal sexo
6. los panitos con tomate y aceite de oliva
7. El pan francés de horno de leña
8. La Luna
9. El bacalao a la vizcaina
10. El fiambre de mi madre
11. La poesía de Berton Braley
12. Mis 47 primeros años
13. Los frijoles
14. Estar enamorado
15. La filosofía Objetivista
16. Las risas de los niños
17. Mis padres
19. Los abrazos
20. La música barroca
22. El cielo estrellado
23. Las habitaciones calentadas con chimenea
24. Las sopas
25. El ron Zacapa
26. Las tortillas de maíz nuevo, recien hechas y aderezadas con mantequilla y sal
27. Poder escapársele a La Parca
28. Mis amigos
29. Caminar descalzo
30. Dormir acompañado
31. La ópera
32. Poder cantar
33. Poder soñar
34. La poesía de Miguel Hernández
35. Las obras de Vermeer
36. Las obras de Miguel Angel
37. La selva
38. La paella
39. Los tamalitos de Cambray de La Mamita
40. La naranjada con soda
41. Los mangos en dulce
42. Los chicozapotes
43. El queso brie
44. La Internet
46. La playa
47. Los waffles con tocino y miel de maple
47. La miel de abejas
48. Atitlán
49. El queso manchego
50. Los pianos
51. La Escuela Austriaca de Economía
52. Casi cualquier forma de spaghetti
53. Boston
54. La risa
55. La UFM
56. Los bagles con lox
57. La carne asada, término medio
58. El vinho verde
59. El chocolate
60. La razón
61. La libertad
62. El café
63. El correo electrónico
64. Las tortitas de yuca de doña Mela
65. El cielo azul
66. El silencio
67. El olor a tierra húmeda
68. La marimba
69. El subanik de doña Estelita
68. El Kak’ ik del Senahú
69. Los pies de mi madre
70. Tú (U know who)
71. Los baños tibios
72. Los camarones
73. Las arvejas
74. Nueva York
75. Los escamoles
76. Los buenos libros
77. El agua de fuentes naturales
78. El jabón
79. Los buenos recuerdos
80. Las rasuradoras eléctricas
81. La electricidad
82. Las sábanas limpias
83. El Dim Sum
84. El teatro
85. Los hongos comestibles
86. Las fiestas
87. La cerveza Guinness
88. Las buenas pelis
89. Las mañanas en las montañas
82. Las noches en las montañas
83. Los perros inteligentes
84. Las buenas discusiones
85. Los sandwichs
87. El Pata Negra
88. Los perros de pelo corto
89. El olor de los crayones de cera
90. Los labios ajenos
91. Los ajos
92. El pan dulce hecho en casa
93. Las butifarras de Abel
94. La siesta de los burros
95. Los mazapanes
96. Los buenos cavas
97. Los pistachos
98. El placer
99. Las tardes frescas
Gracias a Chucho, chulo, colocho por la idea. La ilustración es un azulejo colonial de la Casa Popenoe, en La Antigua. He elegido algo sencillo y bello, hecho por el hombre, porque los seres humanos -con nuestra filosofía, nuestra ciencia, con nuestro ingenio y con nuestras técnicas y nuestras artes- somos la mejor evidencia de que el mundo no es una porquería. El mundo podrá ser duro y seguro que hay gente perversa; pero lo bueno, lo bello y lo pacífico evitan que sea una porquería.![]()
09
Feb 09
Antojo de Tortrix y el mono que habla
Luego de que leí la historia del mono que habla, a causa de los Tortrix, no me aguanté las ganas y tuve que ir a comprar mi bolsa de los respectivos.
Allá por 1974/75, cuando estaba entre Primero y Segundo años de Básicos, casi todas las tardes me comía una bolsita de esas delicias. En esa época tuve varias aficiones alimenticias de las que me acordé hoy: panes con mantequilla y ajo después del almuerzo; y Tortrix, o Cremas de Pozuelo para la refacción de la tarde. Acompañadas por Coca-Cola, o leche con Milo, según fuera el caso.
Las golosinas de la tarde las disfrutaba junto a mi chihuaha La Chiqui, mientras veía televisión; y las compraba en la tienda de doña Tinita que quedaba justo frente a la casa, del otro lado de la Avenida Independencia.
Los Tortrix son unas de esas cosas que no han disminuido su calidad con el paso de los años. Siguen tan sabrosos y tostaditos como en aquel entonces. ¡Y como tenía añales de no entrarle una bolsa de esas tortillitas de maíz, con su sabor tan característico, me gocé mucho la que casi me me comí hoy completa!
Los Tortrix son ricos con frijoles negros y crema; con queso crema y jalea de chiles pimientos; y con una Taco Salad que hace mi madre.
05
Feb 09
Hoy es día de paches
Los jueves son días de paches en Guatemala; así como los lunes son días de caldo y los sábados son días de tamales. Los viernes eran días de pescado. Según yo, a los martes, jueves y domingos les falta su comida propia.
01
Feb 09
¡Ya hay cascarones!
Los cascarones son propios del Carnaval; y me he encontrado estos, hoy en el mercado. Son huevos vacíos, rellenos con confetti y un grano de maíz, coloreados con añilina y cubiertos con papel de China. De verdad quisiera saber para qué es el maíz.
La idea, con los cascarones es rompérselos a alguien en la cabeza; normalmente de forma sorpresiva y por atrás.
Cuando era niño recuerdo haber hecho cascarones en dos ocasiones. Eso fue con mi tía abuela, La Mamita, que fue quien me enseñó la técnica de pintado. Ella guardaba cáscaras de huevo a lo largo meses, elaboraba el confetti, preparaba la añilina, cortaba el papel y hacía el engrudo necesario para sellar los cascarones. Y los niños, ¿qué hacíamos? Pues pintábamos los cascarones y nos pintábamos entre nosotros, combinabamos los colores, hacíamos diseños y nos divertíamos. Y si uno quería llevar la diversión un paso más allá, podía ponerle harina a algunos cascarones, travesura que había que hacer sin que La Mamita se diera cuenta.
Muchas culturas en Europa y en el Oriente Medio tienen la costumbre de pintar huevos.
10
Ene 09
Facta, non verba: El Cadejo
El cadejo maneja mi carro. La Majo, al comentar el papel que este personaje de mitología guatemalteca ha jugado en su vida. El Cadejo, por cierto, es un perro que cuida a los borrachos.
Si hubiera un héroe nacional, seguramente sería El Cadejo. Pedro Pablo, en la misma conversación.
¿Cuál maneja tu carro, El Cadejo negro, o El Cadejo blanco? Un cuarto participante en la conversación.
¿Y hay varios cadejos, pues? Yo.
Sí. Y tienen el don de la ubicuidad. El cuarto participante.
01
Ene 09
Tamales mañaneros del Año Nuevo
Tanto en la mañana del Año Nuevo, como en la de la Navidad, me ilusiona mucho desayunar un tamal colorado y uno negro; y para mí, la mañana del 1 de enero siempre tiene algo especial. Me gusta sentir el aire frío y fresco. Un aire que siempre imagino limpio, en el entendido de que la mayor parte de gente está dormida -recuperándose de la parranda- y que, por lo tanto, no hay mayor contaminación en el aire. Para mí, es el aire nuevo, del año nuevo.
Como no hay diarios en este día, y como a mí me gusta desayunar leyendo algo, hoy me he topado con los consejos del Año Nuevo, por Benjamin Franklin. Los comparto ahora porque desde que los leí por primera vez, siempre me han gustado mucho. Por supuesto que no estoy seguro de si yo podría practicarlas todas; porque si bien es cierto que ya hace añales que no bebo hasta la ebriedad, muchas veces como más de lo necesario. Y lo de la castidad, vamos, eso ¡ni siquiera debería estar incluido! Y en cuanto a la humildad, me inclino por la de carácter socrático-hayekiano; y no por la cristiana-altruista.
Si tuviera que elegir tres que necesito practicar urgentemente, esas serían: resolución, frugalidad y serenidad.
Las 13 virtudes de Franklin, son:
Templanza: No comas hasta sentirte harto. No bebas hasta la ebriedad.
Silencio. No hables más que aquello que pudiera beneficiar a otros o a ti mismo. Evita las conversaciones triviales.
Orden: Ten un lugar para cada una de tus cosas. Ten un momento para cada parte de tu trabajo.
Resolución: Comprométete a llevar a cabo lo que debes hacer. Haz sin falta lo que te comprometes a llevar a cabo.
Frugalidad: No gastes más que en lo que pueda hacer el bien a otros o a ti mismo. No desperdicies nada.
Trabajo: No pierdas el tiempo. Ocúpate siempre en algo útil. Elimina todo acto innecesario.
Sinceridad: No lastimes a nadie con engaños. Piensa con inocencia y con justicia. Si hablas, hazlo de acuerdo con esto.
Justicia: No perjudiques a nadie, ni haciéndole daño ni omitiendo lo que es tu deber.
Moderación: Evita los extremos. No guardes resentimientos tanto tiempo como puedas creer que lo merecen.
Limpieza: No toleres la falta de limpieza, ni en el cuerpo ni en la ropa ni en la vivienda.
Serenidad: No te dejes alterar por nimiedades, ni por accidentes comunes o inevitables.
Castidad: Recurre al acto sexual rara vez, y esto por motivos de salud o descendencia, pero nunca hasta sentirte harto o débil, y sin que llegues a afectar tu propia paz o reputación o la de otra persona.
Humildad: Imita a Jesús y a Sócrates.
Los tamales, por cierto, son de doña Estela de Alburéz, allá por la entrada a Kaminaljuyú. Su teléfono, es 24740260 y la receta es originaria de San Martín Jilotepeque.
30
Dic 08
La ropa interior del hermano Pedro
La impresionante ropa interior -de lazo- de Pedro José de Betancur se halla en un museo localizado en las ruinas del convento de San Francisco, en la Antigua Guatemala.
El lugar es encantador y guarda muchos recuerdos de este personaje. Lo que a mí me impresionó mas, sin embargo, no fue la caja en la que estuvieron enterrados sus restos, ni el polvo del lugar donde estuvo sepultado, ¡ni siquiera la calavera con la que meditaba al modo de Hamlet, o el de Jerónimo de Estridón!; lo que más impresiona es la sección en la que están sus ropas.
Ahí está el forro del colchón en el que falleció, ahí están otras piezas de ropa, y ahí están su calzoncillo y su camiseta hechos con fibra de henequén.
El museo, por cierto, fue montado gracias a la colaboración de G&T Continental que, tiene un programa muy importante de conservación del patrimonio cultural chapín.
Lo hostil de la ropa interior de Pedro de Betancur, se explica dentro del marco religioso. Muchas religiones promueven el uso de interiores con características especiales ya sea para inducir al pudor y a la castidad, o bien como una forma de mortificación. En casos menos dramáticos, los interiores religiosos sirven para recordar el compromiso que tiene el usuario.
Muchos mormones, por ejemplo, usan unas especies de interiores largos denominados prendas del templo, cuya función es la de servir como recordatorio de las alianzas hechas durante las ceremonias de ordenación que se llevan a cabo en el templo y como protección simbólica contra los males del mundo.
Los sikh usan una prenda llamada kaccha, que junto con el turbante y el pelo sin recortar, es uno de los cinco símbolos externos que demuestran el compromiso y la dedicación del usuario, con la Orden. Se supone que el kaccha le recuerda al usuario que piense en los miembros del sexo opuesto como pensarían en miembros de su propia familia; y no como en objetos de deseo.
Las prendas del templo y los kaccha son usados tanto por hombres como por mujeres.
Un ejemplo más de ropa interior de carácter religioso es el tallit katan, de los judíos ortodoxos. Esta es una pieza interior que se usa en el tórax. Aunque supuestamente debería usarse en contacto con la piel, muchos lo usan sobre la playera, o sobre la camisa, pero debajo de un chaleco.
28
Dic 08
El ponche, otra delicia de la temporada
El ponche navideño es otra de las delicias propias de la temporada, en Guatemala. En casa de mis padres se preparaba con cáscara de piña y frutas secas como manzanas, peras, piña y melocotones, así como con ciruelas y pasas.
Pero igual que como ocurre con otras comidas típicas chapinas, en cada región del país y en cada familia, se le pone lo suyo. Hay lugares en el que se le pone papaya; y el de la foto, que es el que generosamente me obsequieron mis amigas doña Lucy y Elsa, lleva coco. A mí me gusta mucho el toque de coco, como me gusta tomarlo frío y con un toque de ron.
En casa de mis padres y en las de mis abuelas, el ponche no se hacía para la Navidad, ni para el Año Nuevo propiamente, sino para el acabo de novena; o sea, para el fin de los rezos que se le hacían al Niño Jesús, cosa que generalmente ocurría hacia mediados de enero. En esa ocasión también se hacían buñuelos (como para La quema del diablo) y se juntaba toda la familia.
El ponche tiene un subproducto porque aveces sucede que el líquido se acaba antes que las frutas, de modo que estas sobran. En casa, lo que hacemos es remover los huesos de las ciruelas y licuar las frutas que quedan. Luego eso se pasa por un colador y con un poco de agua y quizás azúcar extra queda un refresco muy sabroso.
26
Dic 08
Recuerdos de "pies"
La parte más difícil de hacer un buen pie es la pasta. Esto es porque debe salir dorada, crocante y suelta. La mayor parte de la gente (incluido yo) amasa demasiado la pasta y por eso le sale aplastada. Eso aprendí, ¡por fin!, el miércoles termprano mientras veía a mi madre hacer el San Isidro Pecan Pie para la cena de la Nochebuena.
Mi madre hace los mejores pies del mundo (sin chauvinismo), no sólo porque sus rellenos son magníficos, sino porque domina perfectamente el arte de la masa. Este arte se lo aprendió a mi abuela, Frances, cuyos pies eran memorables. Muchos de los pies que hacemos en casa son con recetas de cuatro generaciones atrás. El hula pie, y el pie de ruibarbo, por ejemplo, son recetas de la abuela de mi abuela.
Entre los pies dulces que se hacen en casa, mis favoritos son los siguientes: mincemeat pie, de manzanas, de limón, Barbara Fritchie, San Isidro y de ruibarbo. También el de queso, pero este no lleva la pasta normal y es receta de mi tía Rita. Entre los salados, mis favoritos son: el de pollo con tomate, el de pollo con hongos y el de cebolla. Otros pies van y vienen, pero estos son mis favoritos.
El pie de pecanas y el Barbara Fritchie me gustan fríos; pero si hay helado, son mejores calientes. El pie de manzana es delicioso si se le añade queso; y mi abuela decía que apple pie withouth cheese is like a hug without a kiss.
Los pies de mi madre y de mi abuela tienen otras características clásicas: el modo en que le dan forma al borde del pie; y la decoración de hojas que le ponen a la pasta que cubre los pies tapados como el mincemeat y los de pollo. Cuando era niño, recuerdo que siempre le pedía a mi abuela que cambiara la decoración; y ella se rehusaba por que esa era la que le había enseñado a ella, su abuela, cuando ella era niña.
Cuando eramos niños mi madre y mi abuela solían dejarnos los recortes de masa para que hiciéramos palitos de queso. A la masa le añadíamos quesos parmesano, o cheddar y un poco de sal. Los amasabamos debidamente y los cortábamos en forma de palitos para luego hornearlos y comerlos.

