24
Ago 15

¡Sí queremos elecciones! y una reforma electoral de verdad

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Las elecciones deben efectuarse de acuerdo con la Constitución y como está previsto este próximo domingo 6 de septiembre.  Este es el momento en el que los guatemaltecos debemos darle un ¡No! rotundo e inconfundible a los que están impulsando una crisis fabricada a su medida y para sus propósitos particulares.

¡Si queremos elecciones!, y queremos una reforma política de verdad que nos sirva para fortalecer un sistema republicano viable y perdurable.

Por eso comparto esta propuesta de reforma; para que la leas y la compartas y no te dejes dar atol con el dedo.

La reforma de la Ley Electoral y de Partidos Políticos  es un tema pendiente que tiene al mundo intelectual y político guatemalteco en un debate constante. Con dicho proceso, se pretende modificar la relación existente entre el Estado y los partidos políticos –hablamos de la financiación-, además de transformar los vínculos entre representante y representado introduciendo elementos asociados al voto nulo o a la creación de comités cívicos de naturaleza departamental. Sin embargo, y a pesar de que el tema es de gran interés y urgencia, la arista desde la cual se está analizando no apunta a los problemas de fondo existentes en el sistema de partidos guatemalteco, dice Eduardo Fernández Luiña en un documento que, si te interesa aquel proceso, te invito leer.

Dice Eduardo, en esta publicación del Centro de Estudios Económico-Sociales, que hay dos elementos que deberían ser centrales en el proceso de reforma y que están siendo ignorados. De un lado, la propia definición legal de partido político. De otro, la estructura de competición –hablamos de la fórmula electoral- que debería regir el sistema.

El artículo -que hay que leer- abre un debate sobre dos reformas que parecen urgentes en la LEPP guatemalteca. De un lado, la modificación de la definición de partido político. De otro, la reforma de la fórmula electoral. Ambas transformaciones cambiarían radicalmente la cara del sistema electoral guatemalteco mejorando la relación entre representantes y representados al resolver parcialmente las asimetrías de información existentes en la actualidad. Esperemos que haya espacios para debatir y tratar abiertamente estas y otras cuestiones porque de lo contrario será imposible mejorar la calidad de la democracia guatemalteca. Ojalá avancemos hacia un mejor diseño institucional. Guatemala y los guatemaltecos se lo merecen.


24
Jul 15

El camello electoral

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¿Ya sabes, verdad? Un camello es un caballo diseñado por un comité; y un camello legislativo es una legislación diseñada por intereses. Este es el caso de la propuesta de reformas electorales, patrocinadas por el Tribunal Supremo Electoral; que muchos han pedido, pero pocos han leído.

Hay pocas que el espacio me permite comentar:

Una es la reforma sexista y racista que manda que en las planillas para cargos de elección popular sean incluidas de forma igualitaria mujeres indígenas y ladinas o mestizas, y hombres indígenas y ladinos o indígenas. Esta disposición es estúpida ya que juzga a las personas con base en datos irrelevantes; y por lo tanto hace que los juicios derivados de esa perspectiva sean inútiles. Como las ideas elegidas por las personas gobiernan el mundo y las ideas guían las acciones de modo que estas definen el carácter; este y aquellas deberían ser los parámetros para elegir candidatos, en vez de enfocarse en lo físico, que es no elegido por los que pretenden los votos de los mandantes. Y… ¿cuáles serán los parámetros objetivos para definir quién es indígena y quién es ladino?

Otra es la microadministración,de parte del TSE, no sólo de los porcentajes de financiamiento estatal que los partidos deben destinar a propósitos específicos; sino de la pauta publicitaria. Aquellos y estos deberían ser definidos de acuerdo con los criterios técnicos y convenientes para cada parte involucrada; y no por igualitarismo desde el TSE. También es un desatino la interferencia legislativa en la fijación de tarifas.

Una más es que, a pesar de lo que he opinado antes, la prohibición de la reeleción no es buena idea. Si sólo pensamos en los diputados corruptos y criminales pareciera que tiene sentido. Empero, si la norma prospera, tampoco los diputados honrados y trabajadores (que los hay) podrán ser reelectos. La norma les quitaría a los mandatarios la responsabilidad de ejercer el voto lo más racionalmente posible, por lo que este tipo de disposiciones perjudica la calidad del ejercicio ciudadano.

No es sólo de pedir reformas, pues. Hay que entender sus consecuencias intencionadas y no intencionadas.

Columna publicada en elPeriódico.


19
Jun 15

Reformas decepcionantes

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Aparentemente el Tribunal Supremo Electoral presentará su propuesta de reformas electorales el 23 de junio.  Entre las mismas destacan: sanciones más elevadas para darle más poder de regulación al TSE; el derecho de voto para los guatemaltecos en el exterior; el voto nulo con efectos vinculantes; y cuotas étnicas y de sexo.

Me hubiera gustado que a los partidos políticos se les quitara el monopolio de la presentación de candidatos; es buena idea que al voto nulo tenga efectos vinculantes; y es bueno que el Tribunal tenga mejores instrumentos para ejercer autoridad suprema.  No soy fan del voto en el exterior porque, ¿de veras confiarías en los diplomáticos y cónsules chapines –nombrados a dedo entre compadres y socios del ejecutivo– para que no manoseen las elecciones?

También es un desatino lo de las cuotas por etnia y sexo.  Esa práctica tiene raíces en la idea colectivista-fascista-corporativista de que la participación en la cosa pública parte del grupo específico al que las personas “pertenecen” en la sociedad; y que por esa condición representan a “sus iguales”.  Los supuestos representantes que participan en el corporativismo se auto eligen y se auto legitiman principalmente por sus características étnicas, o de sexo; y no por sus cualidades individuales

En 1996 el empresario TJ Rodgers recibió la carta de una monja cuyo convento era accionista de la empresa que dirigía TJ.  En ella la monja le reclamaba que en la junta directiva de aquel emprendimiento no había suficiente diversidad étnica y sexual.  Es célebre la respuesta de Rodgers en la que explica por qué es que aquel reclamo no sólo es errónea, sino inmoral.  Rodgers demostró por qué es que a la hora de elegir directores, el talento es más importante que el “paquete” en el que viene aquel talento.  Salvando las distancias, lo mismo se aplica a la selección de candidatos políticos.  Las habilidades políticas, y los talentos específicos deberían ser los criterios de selección prevalentes; y no el color de la piel, o los órganos sexuales. Pero claro, aquello es políticamente incorrecto, ¿y quién se atreve a advertir que el emperador está desnudo?

Columna publicada en elPeriódico.


03
Jun 15

Reformas electorales para limitar el poder

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Posiblemente la edad de oro de los partidos políticos fue inmediatamente después de la II Guerra Mundial. Fue entonces cuando se fundaron y consolidaron aquellas organizaciones concebidas como plataformas ideológicas y prácticas que servirían como intermediarias entre mandantes y mandatarios para el manejo de la cosa pública. Los partidos dejaron de ser facciones tradicionales y se convirtieron en algo institucional. Empero, para finales del siglo XX y ciertamente que en lo que va del XXI, los partidos degeneraron en roscas electoreras cuya función es nada más que servir como el vehículo para llegar al poder, o por lo menos influir en él para conseguir acceso al presupuesto del estado y el dinero de los tributarios. ¿Sí, o no?

¿Con alguna exepción? -en Guatemala, por ejemplo- todos los partidos habilitados son poco más o menos lo mismo:  Se organizan alrededor de un propietario, o grupo de propietarios.  Puedes hablar del partido de Baldizón, el de Sandra, el de Alejos, el de Canela, el de Arzú, y así.  Sus declaraciones de principios son tan generales que porque abarcan todo, no dicen nada.  Sus objetivos, sus supuestos planes de gobierno y sus propuestas son como listas de Santa Clos con algo para cada grupo de interés imaginable: algo para los empresarios y algo para los trabajadores; para los indígenas, para las mujeres, para los ecologistas, para los migrantes, para los artistas, para los deportistas, y así.  En estas condiciones no es de sabios que un partido tenga principios que pudieran excluir las escalas de valores, o los intereses de otros.

Sería rarísimo, por ejemplo, que un partido político ofreciera trabajar para eliminar y prohibir todo privilegio.  Lo común es que los partidos ofrezcan repartir privilegios con equidad, o algo parecido. Esto último sería incluyente, en lugar de excluyente.

¿Estamos claros que el propósito de los partidos es controlar el poder, o influir en él? La experiencia de las últimas décadas es que el fin último de controlar el poder, o influir en él es usufructuar económicamente de ese poder.  ¿Has oído de algún partido que proponga limitar el poder? ¿Uno que proponga desmantelar las fuentes de poder? ¿Uno que prometa devolverle el poder a los electores y a los tributarios?

Los partidos políticos -y sus dirigentes, claro- se han vuelto cada vez más irrespetuosos de la ley.  Por ejemplo: les pela que la ley prohiba ciertos tipos de propaganda, pero la colocan exactamente donde les da la gana y al costo que sea.  Si tienen que pagar multas por eso, las paga, ¡¿y qué?!    Sus funcionarios electos prometen cumplir y hacer cumplir las leyes cuando llegan al poder; pero para llegar a él han violado toda ley que se se ponga en su camino y se deje.

Hasta ahora se los habíamos permitido; pero hay movimientos ciudadanos que les facilitan a los electores y tributarios denunciar y enfrentarse a aquellos abusos. Y eso es bueno.  ¿Cuánto tiempo aguanta, un pueblo, que le vean la cara de baboso?

Es tiempo de reformas electorales.  Las más urgentes son las que fortalezcan la autoridad del Tribunal Supremo Electoral.  Esa fortaleza debe ser jurídica, financiera, técnica y moral.  El tribunal electoral debe ser supremo.  Otras de urgencia son aquellas que hagan realidad la transparencia de los partidos y que los sujeten a la ley.  Aquellas que les quiten el monopolio de la nominación de candidatos.  Aquellas que no falseen la realidad y los dimensionen como potenciales abusadores del poder.

No estoy de acuerdo con que deba prohíbirsele -a un funcionario electo- renunciar a la organzación política con la que llegó al poder; sobre todo en atención a ese derecho individual que se llama libertad de asociación.  A la idea de las cuotas hay que huírle como se huye de la peste: los candidatos deberían se electos principalmente por sus capacidades y potencialidades personales e individuales y por sus ejecutorias de vida; y no por el grupo al que pertenecen.   Posiblemente sea buena idea incluir la posibilidad de rechazar a todos los candidatos de las papeletas porque en los comicios nadie debería ser obligado a elegir entre algo que no valora y la opción de rechazar a todos debería ser tomada en cuenta. Una elección con X porcentaje de votos nulos no debería ser un mensaje que pasara inadvertido; ni por quien resultara ganador, ni por el resto de la sociedad.

Esto último no quiere decir que esté a favor de votar nulo en esta elección que viene. Cuando existe la más mínima posibilidad de que un candidato como Manuel Baldizón llegue al poder estimo que mi obligación moral es defenderme de esa posibilidad y hacer todo lo que sea legalmente posible para evitar que un personaje así sea el jefe del gobierno y controle el monopolio del uso legal de la fuerza.  Estimo que mi obligación moral es votar por cualquiera otro (aunque luego haya que sacarlo a sombrerazos y exigirle la renuncia, como a Otto Pérez Molina), antes que permitir que el control de la policía, el ejército, los impuestos y todo el aparato estatal caiga en manos de alguien con el perfil de Baldizón.

De vuelta a las reformas electorales el objetivo último de estas debería ser el de limitar el poder de la clase política y someterla a la ley.  Si estamos hartos, pongámosles límites ya.  ¡Pero ya!  Hay que distinguir entre las reformas prioritarias y las que pueden esperar; no sería prudente tratar de reformar todo al gusto de todos los involucrados.


16
Jul 14

La reforma electoral y el transfuguismo

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Una reforma electoral es buena, o mala, no porque sea reforma, sino por su contenido.  Digamos que una reforma es buena si contribuye a consolidar, o por lo menos a fundar un sistema republicano, si acaba con los privilegios, si amplía y fortalezca la facultad de elegir que tienen las personas, si opera en favor de los mandantes y de los tributarios, si aprovecha la energía y el entusiasmo que la gente vuelca en las elecciones. Si apunta a disminuir el nivel de decontento que hay -entre los mandantes y los tributarios- contra una clase política privilegiada, abusadora, corrupta e inepta.  El régimen de Chávez/Maduro/Cabello no es casualidad…es la consecuencia de décadas de política privilegiada, abusadora, currupta e inepta.  Y de élites que la consintieron y se beneficiaron de ella.

Una reforma electoral que apaña las malas prácticas dentro de los partidos, que financia esas organizaciones independientemente de su valor frente a los electores, que reparte cuotas de candidaturas entre clientelas y grupos de interés.  Una que eleva el populismo a niveles sudamericanos, una que protege a la clase política e impide que esta sea responsable frente a los ciudadanos.  Una como la que parece que se está discutiendo actualmente en el Congreso es una mala reforma.

Bueno, diría Aristóteles, es lo que es bueno para alcanzar un objetivo particular.

Ahora, con eso de que el partido de Manuel Baldizón llegó a 52 diputados y tiene la bancada dominante en el Congreso, muchos están clamando contra el transfuguismo.  Empero…eso no me inquieta tanto.

El transfuguismo pone las cartas sobre la mesa y abre ventanas donde -de otra forma- habría oscuridad.  Hoy, en los diarios, están los nombres y las fotos de los diputados tránfugas.  Nadie debería invocar ignorancia cuando los vea en las papeletas en las próximas elecciones.  Nadie con dos dedos de frente debería apoyarlos, y votar por ellos.  Si el tranfuguismo estuviera prohibido…¿cómo sabríamos dónde están las lealtates? ¿Cómo sabríamos quien está con quien?  ¿Cómo sabríamos quien es de un color, y quien de otro?

Por otro si has sido electo diputado por un partido, y esa organización se corrompe…¿por qué no cabría la posibilidad de que abandones esa organización y te pases a una mejor?  O al revés.  Si has sido electo por un partido, pero te sientes incomodo porque prefieres algo más corrupto, ¿no es mejor que abandones la organización decente y que te vayas a echar pulgas a otra parte?  En ambos casos, si el llamado transfuguismo ocurre sobre la mesa tus electores pueden verlo y tratar de entenderlo, pueden echar pan en su matate y tu te enterarás en las próximas elecciones.

Bueno, diría Aristóteles, es lo que es bueno para alcanzar un objetivo particular.

Por otro lado…¿qué es peor que un grupo como el de Baldizón tenga una bancada mayoritaria?  Pues peor sería que hubiera concentración del poder.  Peor sería que los pipoldermos -cualquiera que sea su color- tuvieran el control del Ejecutivo y del Legislativo.  La distribución de poderes y funciones es una característica fundamental de una república sana.  Claro que la responsabilidad de los electores, a la hora de votar, tiene mucho que ver con entre quienes se distribuye el poder.  No tiene la culpa el loro, sino quien le enseña a hablar.

Bueno, diría Aristóteles, es lo que es bueno para alcanzar un objetivo particular.


04
Abr 14

Pon la cantidad que quieras

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En Guatemala se vota por las personas, no por los partidos, dijo Arnoldo Medrano, alcalde de Chinautla, luego del procedimiento judicial en el que tuvo que pagar una fianza para no ir a prisión.  Para este período Medrano fue electo con la ficha del Partido Patriota, pero en otras ocasiones ha sido electo por otros 5 partidos.

La suya es una historia que confirma lo dicho, pero hay otras: El PAN  era el partido de Arzú y es nada sin él.  El FRG era el de Ríos Montt y es nada sin él.  La Gana fue el partido de Berger y es nada sin él.  Y ahí están los partidos de Alejos, de Colom/Torres y de Baldizón, para mencionar otras organizaciones personales, cuando no caudillistas.

La verdad es que lo que aquí llamamos partidos políticos no son más que maquinarias electoreras a las que la ley les da derecho de picaporte para colocar candidatos en las papeletas electorales.  Son roscas de amigos, compadres, clientes y patrocinadores que sirven para llegar al poder y medrar desde él.

La mayoría de chapines –a nivel municipal y a nivel nacional– vota por personas e intereses, y no por ideales.  Posiblemente la mayoría de votantes de Chinautla vote por Medrano, otra vez, sólo porque es Medrano.  Sospecho que la mayoría de electores –a todo nivel– quiere un dirigente, un pastor o un padre.  Quiere alguien que mande, alguien que chasquee el cincho y alguien a quien irle a pedir.  La democracia es eso: la libre elección del saqueador y mandamás de turno.

Todo esto es peligroso porque es personal y no es institucional.  Es peligroso porque –como no sea para conseguir privilegios en el mercado de privilegios que es el estado– no existe una relación sana entre mandantes y mandatarios.  Sin un sistema republicano que modere aquellas prácticas, cualquiera que alcance el poder con los votos de la mayoría del momento recibe un cheque en blanco.  Para el sistema político chapín –al que le urgen reformas de fondo– es apropiada la canción de Lucha Villa, que dice: Ay, me decepcionaste tanto/ que ahí te dejo un cheque en blanco/a tu nombre y para ti / Ay, pon la cantidad que quieras/…ese debe ser tu precio / y va firmado por mí

Columna publicada en El periódico.


11
Mar 14

Peligros en el ambiente electoral

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Por un lado los diputados -representantes de partídos políticos y por tanto de intereses particulares y de facciones, en vez de ser representantes del pueblo y dignatarios de la nación- están politizando la elección de magistrados del Tribunal Supremo Electoral.  Sospecho que la idea es que el Tribunal deje de ser un árbitro y se convierta en un instrumento.  Y eso es muy peligroso, sobre todo en el contexto latinoamericano en el que hay una ola evidente de uso de las instituciones para abusar del poder por medios legales.  Tal es el caso de Venezuela, Nicaragua, Argentina, Bolivia y Ecuador para mencionar los más notorios.  No dejes de observar los casos de Honduras, Costa Rica y El Salvador, para valorar la importancia de una autoridad electoral sana, neutral, independiente, fortalecida y comprometida con la construcción de un sistema republicano.

A aquel peligro súmale otro: Los partidos políticos -representantes de intereses particulares y de facciones- están tratando de pasar una reforma electoral a su medida.  No una que fortalezca los partidos como intermediarios entre mandantes y mandatarios; no una que facilite que los ciudadanos puedan fiscalizar a las organizaciones políticas; no una que las obligue a demostrar que tienen capacidad para elaborar plataformas programáticas y atraer miembros que compartan sus valores. No. Nada de eso.  Están tratando de pasar una reforma que les garantice la oscuridad en la que operan y les mantenta aislados de toda fiscalización.

Grupos que defienden la libertad de expresión expresaron su preocupación por las posibles violaciones a la Constitución que podría contener el paquete de reformas a Ley Electoral y de Partidos Políticos, aprobado hace más de cuatro meses por el Congreso y que se encuentra en la Corte de Constitucionalidad  para su consulta.

Por ejemplo, el reformado artículo 220 le pone límite a la cantidad de espacios que pueden ser contratados en los medios de comunicación, pero el principal problema no es tanto el límite, sino que también limita a ciertos medios de comunicación y no permite que se pueda colocar pauta en el medio que lo desee el partido político, declaró el Presidente de la Cámara de Medios de Comunicación.  Si todos los partidos políticos tienen derecho a media página diaria en los periódicos o 10 spots diarios en televisión o radio, la pregunta es ¿a quién pone primero? No es lo mismo un espacio en una sección premium de mayor lectoría de un periódico o un espacio después de terminar un noticiero. Eso es diferente, cómo se va a seleccionar eso, simplemente es impráctico, indicó.

Haz clic aquí para ver detalles de los artículos peligrosos en el proyecto de ley electoral.

De paso…¿algún lector sabe si ha avanzado la absurda y abusadora idea de que sean prohibidas las encuestas?

Lo cierto es que los políticos están empeorando su relación con los electores y con los tributarios.  Es peligroso que esto ocurra porque una clase política inepta, corrupta, aislada del electorado y que medra en la oscuridad es caldo de cultivo para las dictaduras.  La gente se cansa de los abusos y pide dictadura.  Es peligroso lo que están haciendo los políticos y es más peligroso que nosotros se los permitamos.

La ilustración -que tomé de Facebook- lo pone claro.  La gente no distingue entre políticos honestos, y políticos deshonestos.  No distingue entre políticos colectivistas y políticos individualistas.  Decimos los políticos y todos se van en la misma canasta.


05
Dic 13

En peligro el Tribunal Supremo Electoral

A lo largo de los últimos 15 años, poco más, o menos, los chapines hemos vivido una pronunciada degeneración de las instituciones del estado.  Hay muchos factores que explican ese fenómeno; pero el que nos ocupa hoy es uno de los principales: la avidez de facultades arbitrarias por parte de quienes ejercen la función pública.  La avidez de poder, podría decir alguien, o el desprecio absoluto por el artículo 152 de la Constitución, que dice que el poder proviene del pueblo.  Su ejercicio está sujeto a las limitaciones señaladas por esta Constitución y la ley.  Ninguna persona, sector del pueblo, fuerza armada o política, puede arrogarse su ejercicio.

Más recientemente aquella avidez y desprecio han medrado en un ambiente local en el que quienes ejercen el poder público han encontrado poca resistencia de parte de los electores y tributarios -que siguen confiando en ellos- y en un ambiente internacional en el que gobernantes como Maduro, Ortega, Kirchner, Morales y Correa han extendido la amplitud y la profundidad de sus mandatos casi a su antojo -contra la ley, o usando la ley- y con éxito.

En medio de aquel estado de cosas, aquí en Guatemala hay una institución que se ha resistido a la degeneración; y esta institución es el Tribunal Supremo Electoral.  El TSE y sus integrantes han resistido los embates de políticos ambiciosos e inescrupulosos.  Personajes que saben que el Tribunal es uno de los últimos bastiones de decencia dentro de la administración pública. Y, como se vió recientemente en Honduras, un tribunal electoral independiente, moralmente solvente y fortalecido, es un pilar imprescindible para la conservación de la república.

Por eso es muy alarmante la advertencia que acaba de hacer María Eugenia Villagrán, presidenta del TSE: Me preocupa que esta reforma, lejos de fortalecer, esté debilitando la autonomía y la supremacía del Tribunal. Con estas palabras se expresó con respecto a las modificaciones a la Ley Electoral y de Partidos Políticos  que el Congreso ya aprobó en tercera lectura.

Al parecer los políticos han diseñado una reforma a su medida, destinada neutralizar al Tribunal y a fortalecerse ellos mismos. Y eso debería ponernos los pelos de punta.


22
Dic 12

En defensa del “transfuguismo”

No nos engañemos.  Para comenzar, los partidos políticos guatemaltecos no son las organizaciones que median entre mandatarios y mandantes; ni son las plataformas filosóficas y programáticas que describen los textos de ciencias políticas.  Aquí son maquinarias electoreras y roscas que sirven para llegar al poder.

Cuando fuiste a sufragar, ¿conocías a todos, o a la mayoría de los candidatos a los que les diste tu  voto?  ¿Sabes, ahorita y sin tener que pensarlo mucho, a quiénes les diste tu voto en cada una de las planillas de diputados?  Si conocías a dos, o tres de aquellos candidatos…¿tenías idea de qué piensan de asuntos tan importantes como las reformas constitucionales, la reforma política, la eliminación de privilegios, o  la ley de telecomunicaciones?

Dicho lo anterior, la prohibición del llamado transfuguismo sólo sirve para conservar aquel estado de cosas en beneficio de una clase política inepta y corrupta que requiere del uso de la fuerza para mantener su poder e influencia.  Sólo sirve para blindar un sistema podrido.  Y además…¿qué tal si hay un buen candidato, o un buen diputado que ya no soporta la corrupción y la farsa que hay en la organización a la que está vinculado?  Yo digo que esa persona debería tener la facultad de decir Hasta aquí e irse sin pena.

En mi opinión, los ciudadanos deberían tener la posibilidad de ver -con claridad- que el actual sistema es insostenible.  Deberían poder ver -con claridad- a qué clase de gente eligen.  Y el transfuguismo facilita estos dos procesos.  Si la libertad de conciencia para los diputados fuera bien vista, los electores podríamos ver que uso hacen de ella los que dicen representarnos.  Yo opino que para la educación cívica de mandatarios y mandantes es más provechoso que haya libertad de conciencia y de movilidad, que que se fuerce una permanencia artificiosa y engañosa disfrazada de lealtad.  Es mejor que los desleales y los camaleones sean fácilmente identificables, que amarrarlos por la fuerza y crear un espejismo de solidez y confiabilidad del sistema político.

Si entendemos que los partidos chapines son lo que son, es difícil y es moralmente inexplicable que tratemos de pedirles lealtad y coherencia a los candidatos y funcionarios vinculados a esas organizaciones.  Más bien, como en el jiu-jitsu, habría que utilizar el sistema contra sí mismo y exponer la realidad.  La responsabilidad, entonces, sería de los electores, a quienes les correspondería separar la paja del grano y no darle su voto a los que no lo merecen.  Así es en el mercado.   Tu no compras donde te dan libras de 14 onzas, ni regresas a donde te metieron tomates podridos entre los tomates buenos.  ¿Por qué es que sí haces eso en el terreno del poder?

Finalmente…¿te acuerdas de aquel derecho individual que se conoce como libertad de asociación? Pues, eso.  Nadie debe ser obligado a asociarse con quienes no quiere. La libertad de asociación debe prevalecer sobre el interés político.


11
Sep 12

Reformas a la Constitución: primero en tiempo, primero en derecho

La Asociación de Constituyentes publicó un manifiesto en el que recomienda que, en la discusión de reformas a la Constitución se siga el principio de Primero en tiempo, primero en derecho; y que habiendo propuestas de reforma pendientes de discutir y resolver en el pleno del Congreso, estas deben ser analizadas y aprobadas, o rechazadas antes de que aquel órgano entre a conocer las propuestas que hizo el presidente Otto Pérez Molina.

En su comunicado, los Constituyentes también recomiendan que para la realización de reformas constitucionales legítimas -y legítimas es la palabra clave- es necesario un clima político maduro y de amplio consenso, lo cual se logrará sólo con la reforma política previa.  En las actuales condiciones no se garantiza el debate de altura requerido.  Por lo que antes del debate de las reformas propuestas por el Presidente se debe entrar, de lleno, a la reforma del sistema pol+itico actual mediante la actualización de la ley electoral y de organizaciones políticas.

Y yo estoy en total acuerdo con el manifiesto:

El Presidente debe hacer cola.

¿Qué clase de reforma política?