27
Jul 11

El Acueducto de Pinula y el Montículo de la culebra

Desde niño me llamaban mucho la atención esas estructuras de ladrillo que, en forma de arcos sucesivos, se veían cuando uno iba por el Boulevar Liberación, o entraba a la Avenida de Las Américas, o a la Avenida Hincapié de la ciudad de Guatemala.  Y pronto me explicaron que era un acueducto colonial, construido sobre el precolombino Montículo de la culebra.

Cuando estaba en primero, o segundo grado de primaria, mis cuates Rolando y Camilo vivían justo al lado del acueducto; y una tarde (What posessed me?) Entré con ellos al ducto, experiencia espeluznante porque estaba oscuro y lleno de malezas y telarañas.  Una vez, cuando era adolecente, soñé que encontraba un tesoro en el Montículo.

Ahora, por cosas de la vida, tengo acceso directo a una buena porción de aquella obra hermosa y me la gozo de cuando en cuando.  Las ruinas del acueducto siempre me invitan a la relajación y a la meditación.

El acueducto fue concluido en 1785 por José Bernardo Ramírez; y a lo largo de 5 kilómetros llevaba el agua desde El Cambray hasta la actual zona 8 , y desde esas alturas bajaba el líquido a los habitantes del la ciudad.

El Acueducto de Pinula fue construido sobre el Montículo de la culebra y este es una estructura prehispánica, ya mencionada por Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, en 1690.


21
Jul 11

Los admirables perros chihuahua

En Los Angeles, California, un perro chihuahua corrió a dos ladrones armados que pretendían robar un comercio.  La policía difundió un video del animal cuando corre a los ladrones de una tienda de cigarrillos. Las imágenes muestran a dos enmascarados, uno de ellos armado de un fusil.

Y a mí, que tuve perras chihuahua muy cerca, no me extrañó la noticia.  Para nada.  Los chihuahuas se han de creer que son mastines; y pueden ser temerarios y feroces.  Pero también muy leales e inteligentes.

Mi primera chihuahua, La Chiqui, no era mía, sino de mi abuela.  Empero, cuando fui a vivir a su casa en los años 70 tuve una infección en un dedo que me tuvo en cama varios días.  La Chiqui se pegó a mí y durante el tiempo en que vivimos juntos dormía conmigo y me seguía por toda la casa.  Cuando yo volvía del colegio me esperaba y saltaba de gusto al verme.  Refaccionabamos juntos y yo siempre le dejaba el fondo de mi vaso de leche con chocolate.  Ella murió de un parto que fue mal atendido.

Mi segunda chihuahua, La Panchita, era de uno de mis hermanos y vivió en casa de mis padres durante la segunda mitad de los 70.  La Panchita era más fiera que La Chiqui .  A veces dormía conmigo, y a veces no. Era muy cariñosa; pero también era capaz de irse contra cualquiera que no fuera de su agrado.  La señorita doña María Panchita (que así le decía yo) murió virgen y martir cuando, en una brama, se salió en busca de aparearse; sólo para terminar bajo las llantas de un automóvil, al cruzar una calle.

La tercera chihuahua con quien tuve el gusto de encontrarme era La Chispa (cuyo nombre original era Chita y tuvo que ser cambiado porque una de mis tías abuelas se llamaba así).  La Chispa era de mi bisabuela, Mami; y sólo compartíamos tiempo juntos cuando Mami venía a Guatemala, o cuando yo iba a Panajachel.  Pero Mami y yo eramos muy unidos; y seguramente La Chispa se daba cuenta.  La Chispa sí que era fiera. Pero fiera.  Y no le temía a nada.  Ella y La Panchita hubieran perseguido a los asaltantes armados.  Con todo y todo, conmigo era muy deferente.  Incluso cuando parió cachorros, no dejaba que nadie se acercara a ellos, y hacía una excepción conmigo.  Y me dejaba cargar a sus muchachitos que, recién nacidos, cuatro de ellos cabían en una de mis manos.  La Chispa murió de vieja luego de que falleciera mi bisabuela.

La Mumu era de mi abuela, Frances.  Y La Mumu es la chihuahua más pequeña que he visto en mi vida.  Era así de diminuta.  Y se llamaba Mumu porque parecía una vaca Holstein con manchas oscuras sobre su pelambre blanca.  La Mumu era pacífica y solía andar sobre el hombro de mi abuela, lugar donde hacía equilibrios sorprendentes.  Hasta que un día se cayó y se desnucó.  Y tuve que darle respiración de boca a boca, en un intento -algo ridículo- de volverla a la vida.

Actualmente soy cuate de tres chihuahuas: La Nicoletta, de mi amiga Carol; El Tyson, de una amiga de mi sobrino Luis Andrés; El Sancho de mis amigos los De León Batres.  La Nico es una dama, El Ty es megajugueton e inteligentísimo, y El Sancho se cree Marmaduke.

La de la foto es La Chiqui.


17
Jul 11

Encontré un peine de Pan Am

El viernes pasado limpié mi escritorio, en la oficina, y lo limpié profundamente.  Saqué todas las gavetas y saqué todo lo que ahí había.  ¡Y me encontré con este peine de Pan Am!

No recuerdo de cuándo es que vino a parar a mí este objeto, ni cuándo fue la última vez que volé en aquella extinta línea aérea.  Si recuerdo, empero, que cuando era niño me entacuchaban para viajar.  Recuerdo que las azafatas le regalaban, a uno, unas alitas de piloto con el logo de Pan Am.  Había agua de colonia en los baños, y como me gustaría volver a oler ese aroma ya que me traería muchos recuerdos gratos.


22
Jun 11

“El Imparcial”, encuentro fortuito con periodismo de 1920

Andaba, yo, buscando unas acuarelas entre mis papeles y me encontré con esta edición conmemorativa del Aniversario de Oro del vespertino El Imparcial.

En 1973 visité aquel diario con mis compañeros de Sexto año de primaria, como una actividad de la clase de Lenguaje, directamente involucrada en el periódico del colegio que – cabalmente- se llamaba La voz del colegio.    Como consecuencia de aquella visita salí fotografiado en aquel diario importante; y regresé a casa con la mini edición que ilustra esta nota.

Hay varias noticias; pero lo que más me cayó en gracia fue la sección social que incluye: Una fiesta en casa de Lola Carrera de Schlessinger, organizada por los miembros del Club Hércules; Una fiesta por el cumpleaños de Graciela Rodríguez, en casa de su padre, Ernesto Rodríguez; El matrimonio de Jorge Silva Peña con Carmen Molina Kelly; Los esponsales de Raúl Caballeros y Marïa Ferrate; El cumpleaños de Concha Orellana; Un viaje de Adela Parra de Valenzuela; Los padecimientos de María P. de la Riva, esposa de Luis de la Riva; la influenza de Concha de Lara, esposa de José Lara;  La muerte de María V. de Rodríguez; El viaje en tren de Juan W. Smith; La llegada de Attala Farfán G, desde La Antigua; El viaje en vapor de Máximo Stahl y su esposa Victoria Robles de Stahl; El almuerzo que ofrecieron Ignacio Borda y su esposa con motivo de su viaje a los Estados Unidos de América; y así, varios más,

El imparcial fue fundado en junio de 1922 y dejó de circular en junio de 1985.


13
Jun 11

Las películas de mi abuelo

Desde la segunda mitad de los años 40, del siglo pasado, hasta 1963, mi abuelo -Luis- usaba su cámara de cine para guardar recuerdos de la familia.  Bautizos, bodas, y otras celebraciones fueron filmadas en pies y pies de película.  Ahí estaban la boda de mis padres y mi bautizo.

Entre todo ese pietaje quedaron imágenes de la vida chapina en aquellos tiempos, y de lugares como La Casa Crema (que en los años 40 era la residencia del Jefe de las Fuerzas Armadas), el Ingenio Pantaleón,  del Lago de Atitlán y Panajachel.

Mi abuela -Frances- cuidó ese material hasta los años 80 y yo lo tuve guardado hasta los años 90.  Luego fue a parar a una bodega y ahí estuvo entre el agua.  Casi todo se dañó por el óxido y el moho, pero ayer dediqué buena parte del día a limpiar y airear algunos de los rollos que no fueron totalmente destruidos.

Me pregunto si serán rescatables.


05
Jun 11

De esas cosas que ya no se ven

Esta es una máquina para tarjetas de crédito; y ahora, en los tiempos de los Points of Sale (POS), ¿quién las recuerda?  La encontré durante mi paseo por la Costa Sur, de la semana pasada.

Mi padre fue el primer Gerente General, en Guatemala, de una empresa importante de tarjetas de crédito; y a mi hermano y a mí nos pagaba por engrapar las listas de morosos y ponerles sticker (porque en aquel tiempo se entregaban a mano); y nos pagaba para entregar -en el Centro Histórico- papelería y las citadas máquinas.

Todavía, en algunos lugares se usan máquinas parecidas; pero esta es del tiempo de Tata Lapo.  Se parece a las que mi hermano y yo repartíamos poco después del terremoto de 1976.


19
May 11

Recuerdos de la Tía Adelita

Adela Morales y Frances de Figueroa ca. 1940. Foto de Familia Figueroa-Jurado.

Mi anécdota favorita, sobre mi tía Adelita es la siguiente: Ella y mi abuela, Frances, discutían con alguna frecuencia.  Y mi abuela siempre creía tener la razón, en el supuesto de que Adelita siempre estaba equivocada;  y por eso, la tía Adelita apodó a mi abuela Mrs. Right. (Adelita being Mrs. Wrong).

Un día cualquiera llegó una turista con algo que Adelita no podía resolver, así que le dijo: Please, go ask Mrs. Right.  Y la viajera se dirigió a donde estaba mi abuela, a quien le preguntó: Are you Mrs. Wright?; pregunta y guasa que dejó a mi abuela sin palabras y algo mosqueada por el ingenio de su hermana.

Mira tu como son las cosas.  Adelita murió el 18 de mayo de 2011; y Frances falleció el 18 de mayo de 2007.

Adelita fue una emprendedora que trabajó con tesón y al frente de su Hotel Cacique Inn hasta que sus ojos no pudieron seguirle el paso.  Ella tenía la pasión de la hotelería y sabía compartirla con otros.  Sabía cómo hacer que otros se sintieran bienvenidos y apreciados.

Fue madre y abuela cariñosa y generosa.  Daba cuando tenía, y daba cuando no tenía.  Y daba con cariño.

Yo pasé muchísimas temporadas inolvidables, en Panajachel, gracias a aquella generosidad suya, y gracias a aquel cariño suyo.   Muchas tardes y noches las pasamos paseando, platicando, escuchando música, o viendo televisión.  Mi papá y mi mamá la querían mucho, y estoy seguro de que siempre le agradecieron mucho el cariño que me daba.

La tía Adelita daba buenos consejos como el de siempre guardar algo for a rainy day.  Y tenía algunos dichos que a mí me causaban gracia: Santo rogado, santo cagado, era uno de ellos; y el otro era He smells like a house on fire.

¡Aaaaah, como se veía elegante con sus huipiles!  Yo siempre la recuerdo usando hermosísimos huipiles que sabía lucir muy bien.

Era muy difícil para la comida; pero una de las veces que más me la disfruté, fue una ocasión en la que –parados junto a la olla y la estufa– comimos jaibas hasta que teníamos los dedos bien lastimados.  Se gozaba, muchísimo, los palitos de queso que le enviaba a veces.

El primer recuerdo que tengo, de ella, es de cuando a la edad de 6 años pasé mis primeras vacaciones solo, allá en Panajachel.  No nos dejaba solos a los niños; pero su presencia no era opresora, ni nada parecido.  ¿Y la última vez que la ví? Hace unas semanas, cuando ya se veía malita, pero aún pudimos platicar.  Aún pudo tomar mi mano y aún pude sentir su cariño.

Heredera de la tradición hotelera de mi bisabuela, Adela, la tía Adelita fue un pilar importante para su familia y para su comunidad, el Panajachel en el que vivió, en el que trabajó, y en el que pasó sus últimos días.

En mi vida, la tía Adelita deja la huella de su sentido del humor, muchas alegrías y sólo buenos recuerdos.


04
May 11

Recuerdos de la máquina de escribir

¡Vaya!, la última fabrica de máquinas de escribir anunció el fin de su producción.  Yo me deshice de mi última máquina de esas a mediados de los años 90; una vieja Royal  reconstruida, que mi padre había comprado cuando yo estaba en la Secundaria.  En esa misma ocasión me deshice de una pequeña máquina portatil, cuya marca no recuerdo, que mi padre me había comprado cuando estudiaba Derecho.

Cuando eramos niños, mis hermanos y yo aporreábamos la Underwood eléctrica de mi abuela, seguramente de los años 50,  y yo disfrutaba mucho de cómo era que las téclas respondían fácilmente al toque de mis dedos.  Cuando estaba en Sexto grado traté de aprender a escribir a máquina con un método que me regaló mi tía Paty; pero no fui perseverante.

Ya en la Secundaria, y como parte del pensum tomé clases de mecanografía en el Instituto de Señoritas El Rosario…y perdí la clase.  Por esa razón tuve que repetir meca y creo que la gané raspado.  ¿Quién diría que luego me ganaría la vida escribiendo en un teclado?  Fue en el noticiario Aquí el mundo (ca. 1986) que di el brinco de máquina de escribir a MacIntosh; y de ahí nunca volví a usar máquina de escribir.

Aunque sí puedo escribir sin ver el teclado, no soy particularmente veloz; y algo que nunca aprendí es a usar el dedo pulgar izquierdo en el tabulador.  Siempre uso el pulgar derecho para apretar esta tecla.


19
Abr 11

Recuerdos entre humo de copal

El aroma inconfundible, mágico y seductor del copal inundó mi casa ayer.  Tenía ratales de no quemar copal porque,  principalmente,  para hacerlo hay que juntar fuego de carbón.

Cuando fui a El Mirador, nuestro guía, Darwin, tuvo la buena idea de llevar copal y quemar un poco mientras contemplabamos el atardecer sobre la pirámide de El Tigre.  Desde entonces, aquella resina me transporta a aquellos momentos que pasé en el Reino Kan y a la aventura que viví para llegar allá.

Conocí el árbol del copal, por primera vez, cuando caminé por la selva rumbo al sitio arqueológico de Waká-El Perú.  Que emoción sentí cuando el guía señaló el árbol y cuando hice el corte para extraer algo de aquella sustancia preciosa.

Y conocí el copal, por primera vez en mi vida, cuando una noche, en Cobán, saturamos un cuarto de La Posada con humo de esa resina.  Acompañado por un grupo extraordinario de amigos de la Asociación Guatemalteca de Orquideología, pasamos una velada inolvidable contando historias, riéndonos y disfutando de la buena compañía envueltos en humo del copal sagrado.

Al día siguiente corrí al mercado a comprar un gran bodoque de copalli; y aunque aquello ocurrió ca. 1979, todavía tengo lo que queda de aquel bodoque y parte de eso es lo que quemé ayer.  Aunque ya tiene como 32 años, todavía conserva su intensidad y su encanto.


13
Abr 11

Recuerdos del hipódromo

Alguna vez, seguramente a finales de los años 60, fui a ver carreras de caballos al hipódromo. Exactamente al Hipódromo del sur, en donde se hallaba la tribuna de la foto.

Fui con mis padres y estoy seguro de que en la visita estuvo involucrado mi tío abuelo, Jorge, que había sido jockey. Mi bisabuela, Adela, había criado caballos de carreras y el tío Jorge había sido uno de sus jockeys. El nombre de una de las yeguas más famosas de mi Mami era Lucky Lester, y todavía guardo una licorera que el presidente Jorge Ubico le dio a mi bisabuela, en esa tribuna, luego de una carrera.

La tribuna se halla abandonada ahora, y no creo que tenga uso práctico alguno ya que la nueva terminal del Aeropuerto La Aurora fue construida sobre la vieja pista.