
Cuando aquel hombre menudo y con bastón entró al escenario, el lugar se iluminó e hizo palidecer a las seguidoras; y el público se levantó para recibirlo con un aplauso atronador y cariñoso. Evidentemente cariñoso. La gente lo quiere…y ahora se por qué.
A mí me fue ganando de a poquito.
La alegría es la forma luminosa del amor, dijo y me ganó un montón; y luego cantó poesía. Aaaaah,
Facundo Cabral cuenta sus relatos y canta con talento entrañable. ¡Como me gocé la seguidilla de su abuela; la de su pueblo que sólo tenía una calle, de una sóla vía; y la de
Borges! Ahora quiero un disco de Cabral.
Mi pueblo tenía un ladrón y un policía, de modo que cuando algo se perdía, ya sabíamos quienes podían haber sido; contó.
Nos acercamos a Borges y cuando nos preguntó que qué hacíamos, un impertinente le respondió que eramos colegas suyos. Ah, dijo el Maestro. Y, ¿qué escriben?, preguntó. Y mis compañeros respondieron que escribíamos música de protesta. A lo que Borges contestó: Que interesante; porque cuando estoy enojado, no puedo escribir nada.
Yo le digo lo mismo al pobre…que al rico: Cuenta conmigo.
Mi hermano era comunista, hasta que el capitalismo le dio una oportunidad.
¡Que buen rato pasé anoche, escuchando a Facundo Cabral!; y ahora entiendo por qué es que la gente lo recibió con tanto cariño y por qué es que lo despidió con más. A mí…Cabral me pareció una celebración de la alegría y de todo lo que es bello, bueno y pacífico.