23
Nov 12

Alucinante exhumación de mi padre

Después de 27 años, hoy exhumamos los restos de mi padre para llevarlos de un cementerio a otro.  ¡Y nadie esperaba lo que nos sorprendió! Ibamos preparados para colocarlo en una caja pequeña para osario; pero nos encontramos que el cuerpo estaba completo, como momificado.

Cuando el encargado terminó de romper los ladrillos que cerraban el nicho nos sorprendió ver que la caja se veía completa.  Debido a las condiciones de construcción del mausoleo, no hay humedad y la madera se conservó bien.  Pero luego resulta que dentro de la caja de madera había una de zinc y que eso, unido al procedimiento de embalsamamiento, hizo que el cuerpo se conservara de forma extraordiniaria.  A través de la ventana del ataúd se veían bien su cara y sus rasgos, y su traje.

Y ya había estado en las dos exhumaciones de mi abuelo, Luis.  El padre de mi padre, pero en ellas sólo habíamos encontrado huesos y polvo. Nada parecido a lo de hoy.

En fin…una buena oportunidad para meditar sobre lo fragil que es la vida y sobre lo recomendable que es vivirla a plenitud, aprovechando los momentos de felicidad, tratando de no guardar rencores y en compañía de las personas a las que uno ama y valora.  Carpe diem: Acordaos hermanos que una vida tenemos, y si la perdemos no la recobramos.


17
Jun 09

Padre Nuestro

 

Esta es la nota que, sobre mi padre, escribí para el 17 de junio de 2006. La comparto con ustedes porque hoy es el Día del Padre y porque entonces no existía este espacio:

“En 1986 las campanas doblaron por mi padre, que dejó de existir casi a la misma edad que tengo ahora; y desde entonces, el Día del Padre no ha sido lo mismo para mí.

Extraño a mi padre cuando tengo un éxito, y lo extraño más cuando tengo un fracaso. Lamento mucho que no esté aquí para ver a sus nietos creciendo y para ver sus caras de felicidad cuando gana su equipo en el Mundial de Futbol.

Mi padre me enseñó a limpiar calamares, a sentarme a leer tranquilamente al final de la tarde, a montar moto, a cangrejear en la playa, a preparar Bloody Marys, y a cantar En un bosque de la China y Pajarillo barranqueño.

Me enseñó a hacer castillos de arena y me construyó un invernadero cuando yo era orquideólogo. Me enseñó tiro al blanco y seguramente hubiera preferido que yo fuera beisbolista, a que fuera orquideólogo; pero recuerdo que estaba muy contento cuando gané mi primer Mención Honorífica en una exhibición nacional.

Con mi padre íbamos a La Placita Quemada a comprar mariscos, donde una señora que tomaba sangre de tortuga.

Íbamos cada 1 de noviembre al Cementerio General a visitar la tumba de su padre, y con mis hermanos entrábamos a pie. Él, además, había inventado la historia de un lorito suyo, de nombre Vito, que había sido piloto. El avión de Vito había sido derribado durante la Liberación y se hallaba enterrado cerca de la tumba de mi abuelo. Así que mis hermanos y yo llevábamos flores para el padre de mi padre, y flores para el lorito caído.

Al final de sus días discutíamos mucho. Él, sin lugar a dudas, era un constructivista irredento; y yo, soy un convencido total de la existencia de órdenes espontáneos. El era un apasionado con un corazonote así de grande; y yo que soy un objetivista, que sin duda le parecía exageradamente racional.

Mis padres eran muy jóvenes, y nada me daba más gusto y orgullo que el mío me presentara como su hermano y que cuando iba por la calle, con mi madre, alguien silbara y me dijera, ¡Adiós, cuñado!

Su última foto se la tomé junto a su Mustang, el mismo en el que hizo su viaje final. Y por cierto que, pocos años antes, había pasado por una crisis financiera. Eso lo lastimó mucho; pero nunca perdió su magnífico sentido del humor. De hecho, para pasar el aguacero vendía contratos funerarios; y en sus tarjetas, ¿qué cree usted que decía? Luis Figueroa, asesor en viajes celestiales.

La última vez que lo vi yacía bien rasurado, todo conectado a tubos, inconsciente, y aparentemente tranquilo.

Y no alcancé más que a decirle, muy quedito y entre dientes: ¡Gracias, fuiste un padre divertido! y te voy a extrañar”.

…y en efecto…lo extraño.


10
May 09

¡Como me gustan las pizzas!

La mera verdad es que no recuerdo cuándo y de dónde comí mi primera pizza; pero podría apostar a que fue c. 1970 y que era de Ovopast, la pizzeria y rosticeria que quedaba en la zona 9, junto a donde entoces estaba el Supermercado La Puerta del Sol y donde ahora hay una tienda de equipo eléctrico.

Con mis padres salíamos del supermercado y pasábamos comprando una pizza que comíamos en casa. No muy lejos de esa fecha, debo haber probado la de Vesubio, que íbamos a comprar a su restaurante original en la zona 4, que todavía existe. Generalmente, cuando levaba pizza, mi padre cantaba una canción de Dean Martin que decía: When the moon hits your eye/like a big pizza pie/ that´s amore. Y a principios de los 90 también me gustaba mucho la de hongos de un lugar que ya no existe y que se llamaba Boloña.

A mí, las pizzas me atraparon desde aquellos primeros momentos. Aunque no hago la masa, me gusta mucho pensar en las combinaciones y tengo mis favoritas. Aveces las hago con salsa, y aveces las preparo con tomates rodajados. Mis preferidas, que elaboro en casa son: la de anchoas, que he descubierto que si uno mezcla las anchoas con el mozzarella, en vez de sólo esparcir los pececillos, es mejor; ahora que es temporada la de flor de izote y la de lorocos (que, por recomendación de mi amiga Marialys, esta última es mejor con queso ricotta, que con mozzarella); me gustan mucho la que hago con hongos Shitake y la de aceitunas negras; y también una con hojitas de berros. Sobre mis pizzas, aveces me gusta esparcir finas rodajas de aguacate.

En la ciudad de Guatemala, mis pizzas comerciales favoritas, en orden descendente, son: cualquiera de Pasta e Basta; la Enzo, del Vesubio de la carretera a El Salvador.

La de la foto fue mi almuerzo de ayer: mitad lorocos y mitad Shitakes.

27
Abr 09

Homenaje a Lara: De Santa a Aventurera

La noticia de que Agustín Lara había muerto llegó a la casa de mi abuela cuando estábamos desayunando, y fue de lo único que se habló durante la comida. Yo tenía 9 años pero me sabía Granada María Bonita; en tanto que no me eran ajenas Noche de rondaMujer, ni Farolito, entre otras.

Yo crecí entre esa música, e incluso personajes como Pedro Vargas y Miguel Aceves Mejía habían cenado y cantado en casa de mis abuelos, Luis Frances. Don Pedro, por cierto, les dió a mi padre y a mi madre sendos autógrafos; y la foto que ilustra esta nota es la del de mi papá.

Por eso me gustó mucho ir al espectáculo De Santa a Aventurera que fue presentado el sábado por la Organización para las Artes de la Universidad Francisco Marroquín. Fue muy agradable oir anécdotas contadas por Guadalupe Loeaza, Pavel Granados y Gustavo García, así como ver escenas de algunas pelis con música y actuación de Lara, y escuchar sus canciones en las voces de Gloria Cáceres y Luis Girón May. De Santa, no me acordaba; pero de Aventurera sí, porque cuando ese espectáculo vino a Guatemala hace unos años, hasta subí a bailar en el escenario. Yo, que bailo tan bien como un horno de microondas.

Francamente disfruto mucho de las letras poéticas y bastante barrocas de Lara; la noche estuvo llena de anécdotas que subrayaron la personalidad compleja del compositor (como si no hubiera una personalidad que no fuera compleja, lo cual no quiere decir que por ello tenga que ser incoherente).


03
Dic 07

Mi árbol y yo; recuerdos navideños

¡La navidad se acerca; y hoy pusimos el árbol navideño en casa!

Aquí ponemos un pequeño nacimiento y pinabete que, combinado con las manzanillas, producen el aroma que inmediatamente identifico como el de esta temporada.

El nacimiento es decorado con la tortuga, los chinchines y los guacales que yo usaba cuando era pequeño. Y tiene dos Niños. El árbol es adornado con una variedad de luces, bombas y figuras alusivas a la festividad.

De mi infancia recuerdo varios árboles importantes. En casa de mi abuelita Juanita es imposible olvidar unos chiribiscos hermosamente adornados con cabello de ángel y con luces en tonos pastel. También recuerdo los pequeños árboles que ella y mi tía abuela La Mamita solían montar -con primor extraordinaria- para mi hermano y para mí, junto a nuestro propio nacimiento en miniatura.

En la casa de mi abuela Frances recuerdo que los árboles eran altísimos. Generalmente pinabetes, o cipreses. Aveces adornados con “nieve” fabricada con un jabón que venía en escamas; y siempre llenos de figuras variadísimas, algunas muy antiguas, y luces multicolores. Allá los árboles eran tan altos que mi padre y mi tío Freddy tenían que usar escalera para llegar hasta arriba y distribuir bien las luces y las figuras.

En la casa de mis padres tuvimos toda clase de árboles. Aunque los favoritos eran los pinabetes, tuvimos cipreses, pinos y chiribiscos. En algún momento de principios de los años 70 se pusieron de moda los “árboles nevados” y tuvimos uno de esos. Y en los malos tiempos tuvimos un árbol prestado, y un “árbol simbólico”, hecho con chorizo de pino, en la pared.

Este año, gracias a los cuidados de doña Mireya y de Rafa tenemos un árbol bien peinado y bien gordito, que nos llena de aroma y de alegría la casa. Ese arbolito me trae invaluables recuerdos de decenas de alegres festejos.

¡Chispas!, ya llegué a esa edad en la que uno puede decir que ha vivido decenas de navidades. ¡Je je!, ¿o debería decir Jo, Jo, Jo?


19
Nov 07

Las canciones de mi padre

Como consecuencia de mis primeras entradas del día de hoy, me dieron ganas de acudir al Club de la Nostalgia. Y me puse a pensar en las canciones que me recuerdan a mi padre, canciones que él nos cantaba a mis hermanos y a mí. Por supuesto que están las dos que mencioné temprano. Aquella que dice:

Y nosotros los pobres marinos
hemos hecho un barquito de vela
pa’ vivir en el centro del mar
con una bodega repleta de vino.

Y nosotros los viejos marinos
hemos hecho un gran submarino
pa’ vivir en el fondo del mar
pues ya no se puede vivir en la tierra.

Y luego, la también mencionada:

Las pelotas, las pelotas, las pelotas de carey
son lo mismo en La Habana, en Japón y en Camagüey.

Mi padre solía cantar:

Pajarillo, pajarillo,
pajarillo barranqueño.
Que bonitos ojos tienes,
lástima que tengan dueño.

Otra, de su repertorio, era:

En un bosque, de la China,
la chinita se perdió;
como yo andaba perdido
nos encontramos los dos.

Algunos creerán que aquella es original de Enrique y Ana y que data de c. 1980; pero no. Esta que viene me costó encontrarla porque sólo recordaba bien la música y, como es en italiano, más bien me acordaba de sonidos, pero no de las palabras exactas:

Aveva un bavero color zafferano
e la marsina color ciclamino
veniva a piedi da Lodi a Milano
per incontrare la bella Gigogin.

Y por último la que más recuerdo en mi infancia, More, de Mondo cane, interpretada por Frank Sinatra.

More than the greatest love the world has known,
This is the love I give to you alone,
More than the simple words I try to say,
I only live to love you more each day.

More than you’ll ever know,
my arms long to hold you so,
My life will be in your keeping,
waking, sleeping, laughing, weeping,
Longer than always is a long long time,
but far beyond forever you’re gonna be mine.
I know I’ve never lived before
and my heart is very sure,
No one else could love you more.