20
Jul 14

Un insecto se reproduce en mi ventana

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Ayer, en la mañana, un insecto dispuso reproducirse en la ventana de mi cocina.   El sujeto me recuerda a una mantis y se pasó toda la mañana y parte de la tarde depositando sus huevecillos y adhiriéndolos al vidrio.  ¡Tenía ojitos, y me veía mientras la fotografiaba y mientras yo preparaba el arroz con pollo para el almuerzo!

No es la primera vez que ocurre esto.  Como vivo junto a una zona boscosa, en noviembre de 2009 una palomilla dispuso hacer lo suyo en la ventana de mi sala.  Los huevos de aquel insecto eran de un verde arveja, algo velludos y  mucho más pequeños que los de la ¿pequeña mantis?  Para hacer la historia corta aquellos huevos se pasmaron y nunca produjeron las orugas repugnantes que yo esperaba que salieran de ellos.   La palomilla puso sus huevos en dos grupos de forma triangular; en tanto que la nueva inquilina los ha puesto de forma rectangular.

Con todo y lo que me repugnan los insectos, me gustaría que estos no se echen a perder (o mejor no, ¿verdad?)  De lo que sí estoy seguro es de que me gustaría saber qué clase de insecto es.  Ojalá un entomólogo vea la foto que publico y nos cuente de qué se trata.


25
Jun 14

Visita al zoológico La aurora

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Quienes visitan este espacio con frecuencia saben que una de las cosas que más me gusta hacer es mostrarles la vida en la ciudad de Guatemala a visitantes extranjeros.  El paseo suele comenzar en lo que queda del antiguo Fuerte de San José, en el Centro Cultural Miguel Angel Asturias porque desde ahí hay una vista buenísima del Centro Histórico y del Centro Cívico, porque se puede ver el contraste entre la parte vieja de la ciudad y la parte nueva y porque se ven los volcanes.  Además el lugar es hermoso.

Luego paseamos por la Sexta Avenida del Centro Histórico, entramos al Pasaje Rubio, y llegamos a la Plaza de la Constitución. Todo aquello acompañado por anécdotas e historias.  Niños y adultos gozan dándoles de comer a las palomas (aunque sean las ratas del aire) y gozan con los merolicos del lugar.

Me encanta llevar a la gente al Mercado Central para comer tortitas de yuca y otras delicias donde doña Mela -y donde Carmen siempre nos recibe cariñosamente- y me encanta mostrarles a los visitantes las frutas y verduras que no conocen en sus lugares de origen, así como los dulces típicos.

Algunos aventureros quieren conocer cosas más audaces: una vez unos muchachos querían ver criadillas; y  otra vez llevé a una pareja a un supermercado, porque querían ver qué productos hay y qué compra la gente.  Más de un grupo ha querido ver La limonada y la semana pasada llevé a una familia al basurero de la zona 3.  No pudimos entrar; pero tuvieron una idea.

Con esta misma familia fui al zoológico La aurora ayer, martes.  Como siempre fue una experiencia muy agradable ya que le zoo está bien cuidado y los animales se ven sanos.  ¡Conocí a los pingüinos!  Los niños, Liza y Will, se divirtieron mucho y yo agradezco mucho que hayan tenido el detalle de enviarme un dibujo de agradecimiento por el paseo.

Yo siempre gozo con la majestuosidad de los grandes felinos como el jaguar, el tigre, el león y el puma.  El elefante, que estaba escondido, salió para dar un breve paseo.  Vi una ranita azul que me dejó impresionado y que no pude fotografiar bien.  Los osos, con sus patas pegadas a la pared fría para refrescarse, me recordaron que mi tía Michelle, me enseñó a bajar los pies y ponerlos en el suelo para refrescarme en las noches calientes de marzo y abril.  La pitón, la zumbadora, y otras culebras siempre me dejan pasmado.  Los hipopótamos, en su enormidad, me parecieron muy graciosos.

A pesar de que era martes, el lugar estaba lleno de familias y de niños de escuelas.  ¡Hubo una pequeña cola para entrar!  Si no has ido al zoo, ahí te encargo.  Es un buen paseo para ir en familia, e incluso para ir sólo un día de esos en que necesites estar contigo mismo y pensar en un lugar agradable.


04
Jun 14

¡Que alegre, zompopos de mayo!

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¡Llegó al primer zompopo de mayo a mi casa!  A mí estos animalitos me encantan…de muchas formas. Me gustan por su tamaño y aunque no soy amigo de los insectos -para nada- estos me parcen encantadores.  Además me encanta comerlos: asados, con mantequilla y sal,  unos pocos en una tortilla con frijoles fritos, o con guacamol.  En casa los preparamos con mucha alegría.

La gente dice que no deberían llamarse de mayo, porque salen en junio y otros dicen que los que aparecen en junio están atrasados.  Lo cierto es que no.  Algunos zompopos salen en mayo y otros hasta tarde en junio.  Con un grupo de amigos tenemos la tradición de ir a San Juan Sacatepéquez el último domingo de junio a comprar hongos y zompopos y casi siempre los hay en esa fecha. No es raro, para nada, que haya zompopos de mayo en junio.

Mee gustan desde que en Cuarto, o Quinto año de Primaria, un compañero de clases los llevó al colegio. Me saben como a maní tostado, y otras personas le encuentran gusto de chicharrones molidos.

Ya en el siglo XVIII, Francisco Ximénez, traductor del Popol Vuh, se refirió a los zompopos de mayo en su obra Historia natural del reino de Guatemala; y escribió que tienen la cabeza grande y unas tenazuelas que parece que son de acero y tienen filo, y punta corva y cruzada como las tixeras; y así cortan con ellas cosas bien duras…entre ellas hay unas muy grandes, y con alas, no son que crien alas, sin que es como la gente principal entre ellas. Aquestas grandes y con alas, no salen del hormiguero, sino es cada año cuando caen los primeros aguaceros, que es por el mes de mayo…y se levantan volando con una singularidad maravillosa, por lo cual los indios, y otras personas que las comen tostadas, y dicen que es comida sabrosa, las cogen con facilidad…y es que como no han visto luz, al verla tan hermosa se van a ella, y así los indios no tienen más que encender unos ocotes, y con esto se les vienen todas a las manos, y cogiéndolas las tuestan, y las comen, y aun las sacan a vender, como lo he visto.

¡Bievenidos, zompopos de mayo!


27
Abr 14

Luciérnagas en el cedro de mi vecino

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Imagínate el árbol de Navidad natural más grande que hayas visto.  Ahora multiplícalo por 100, o por 150.  Salvando las distancias, así se vio -anoche- el cedro de mi vecino lleno de luciérnagas. Centenares, si no miles de pequeñas luces titilantes adornaban el árbol majestuoso.  Uno se emboba cuando ve cosas así.

Mi cámara no da para tanto y no pude captar aquella belleza; pero vale la pena tratar de imaginarla.  Es como algo salido de un cuento.

No es la primera vez que ocurre y en 2011 conseguí una foto en la que las luciérnagas se veían -aunque muy tenues- en el fondo negro del bosque; y en 2010 uno de esos animalitos llegó hasta mi balcón. Las luciérnagas  siempre me han fascinado y me alegra muchísimo cuando puedo tener una, o varias en mis manos.  ¿Será mucho pedir que una, o más visiten mi balcón este año?

De niño me maravillaba al verlas aparecer y desaparecer, y también me llamaba la atención lo dóciles que son. Uno puede tomar una y tenerla en la mano caminando durante bastante tiempo sin que alce el vuelo. Cuando era chico, l primera vez que tomé una creí que quemaba, pero claro que no y estaba fascinado con ella en mi mano.

La luciérnaga, por cierto, era el nombre un drive-in al que mis padres solían llevarnos los domingos para la cena. El local se hallaba donde hoy se encuentran las torres del Centro Financiero  en la zona 4; y a mis hermanos y a mí, ¡cómo nos gustaba ir a ese lugar! El nombre le iba porque el área era oscura y árboles grandes, y la luz del drive-in se veía tenue entre la oscuridad. Y ahora, que ya no tengo la inocencia que tenía a los 9 años, pienso que debe haber sido interesante lo que ocurría en algunos de los automóviles que llegaban a buscar refugio en aquel ambiente escondido. Y pienso que les debe haber parecido fastidioso un auto con dos adultos divertidos y tres, o cuatro niños bulliciosos.


12
Abr 14

La diferencia entre un gato y un cerdo

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¿Por qué será que el acto que se ilustra en esta fotografía no causó revuelo alguno, como sí ocurrio con el vídeo del gato?

¿Será porque lo del gato era vídeo y esto es foto? ¿Será porque los gatos nos son más queridos que los cerdos? ¿Será porque el personaje de la foto podría ser campesino? ¿Será porque vivimos en una cultura en la que acarrear cerdos así es aceptable? ¿Será porque los perpetradores de lo del gato trabajaban en una empresa conocida? ¿Será porque lo del gato se originó en Facebook?

¿Es el acto de la foto de la misma naturaleza que lo del gato?

La foto es de Prensa Libre, por Patty Chajón.


09
Abr 14

Los cretinos que lanzaron un gato

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Tres sujetos disponen lanzar un gato por el aire, graban el acto criminal y lo ponen en Facebook para presumir su azaña.  ¿Qué tan estúpida puede ser esa mara?

Cuando lo vi en la mañana me dolieron la nuca y la parte de atrás de la cabeza; y ahora que lo volví a ver -para compartirlo aquí y dejarlo aquí para la Historia- me volvió a ocurrir lo mismo.

Es que los animales son tan, tan indefensos.  Cuando nos entregan su confianza la entregan al ciento por ciento.  La relación de poder que ejercemos sobre ellos es aplastante.  Por eso no se vale y es inmensamente cruel y cobarde abusar de ellos, maltratarlos y torturarlos.  Los animales merecen respeto; y quienes hacen cosas como la que hicieron los autores del vídeo merecen todo el repudio social que reciban.

Lo que es un desatino es ese de algunos grupos de interés en cuanto a sacarle plata a los exempleadores de los cretinos.  Sacarle plata, u obligar a la empresa a hacer una campaña por actos que no son de su responsabilidad…viene a ser lo mismo.

Si no has visto el vídeo te advierto que no es algo agradable de ver.  Es algo que indigna.

Actualización: ¡Organización rescata al gatito maltratado! Puedes colaborar. http://s02.gt/1gfTxKk  pic.twitter.com/Fv9M70kExi


18
Ene 14

…¿y si salvamos a los loros?

 

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Hoy leo que un grupo de organizaciones civiles, ornitólogos y observadores de aves intentan rescatar los loros de nuca amarilla (Amazona auropalliata) que son una especie en peligro de extinción.

A mí me gustan mucho los loros.  En casa de mi abuela, Frances, había uno que se llamaba Arturo.  Durante el día se mantenía en la entrada del garage y en el patio de servicio; y en las noches dormía en la lavandería.  Arturo comía como loro y debajo de su estaca siempre había restos de tortillas, semillas y frutas.  Yo le tenía algo de miedo; pero me fascinaba escucharlo hablar y me gustaba hacerele piojito; y cuando me ponía valiente me animaba a tocar su lengua.

Ahora no soy partidario de tener animales salvajes como mascotas y me gustaría que los loros, las tortugas, las guacamayas, y otros animales que están en peligro de extinción no desaparecieran.  Por eso comparto con ustedes estas meditaciones de mi cuate, Enrique Ghersi, encantadoramente por mis cuates del equipo de New Media.


08
Ene 14

Tigres majestuosos

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Con estas criaturas magníficas y majestuosas me encontré en la carretera hace un par de semana; y me acordé de que mis cuates Tawue y Marisa acaban de estar en Tailandia jugando con tigres.  ¡Aaaaah, como me gustaría estar cerca de uno de estos felinos!

Lo más cerca que he estado, descontando los zoológicos y los circos fue cuando viajé a El mirador.  Allá, en la selva y en la noche se escuchan los jaguares (que no deben ser confundidos con los monos aulladores), e incluso tuvimos la suerte de ver una huella de  balam en el lodo.  La foto de la huella es por el cuate Yan Ho-don, que nos acompañó en aquella memorable excursión.

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06
Ene 14

Monterrico: siempre agradable, siempre hospitalario

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Desde principios de los años 90 que voy a la playa de Monterrico y desde entonces que me gusta mucho ir allá. Primero, porque me agrada mucho la actividad de soltar tortuguitas recién nacidas al atardecer; y porque hay algo muy encantador en eso de celebrar la vida desde sus primeros momentos y desde sus momentos más cruciales.  Segundo porque hay pocas cosas tan sencillas y deliciosas como ir a cenar pescado frito a El divino maestro, un comedor que está en la calle principal de la población.  Este año cenamos pargo la primera noche, y robálo en la segunda noche.  Y tercero porque la gente es muy hospitalaria, amable y servicial.  Desde hace varios años prefiero quedarme en el hotel El pez de oro y nunca me han defraudado; además preparan un flan y unos panqueques que son de no perdérselos.

Desde hace ratos uno puede llegar a Monterrico por medio de Iztapa y el puente Verónica Michelle; pero antes, antes la única forma de llegar era por Taxisco y había que dejar el auto en la aldea La avellana donde uno tomaba una lancha para atravesar el canal y llegar a la playa.  En aquel entonces Monterrico era, de verdad, un lugar aislado y remoto donde uno encontraba refugio.  Ahora no es aislado, ni remoto, pero igual ofrece refugio.

El pueblo ha cambiado porque el turismo y los chalets han ayudado a elevar el nivel de vida de las personas.  Uno podrá quejarse que ahora hay demasiada gente; pero es injusto hacerlo porque con la gente ha llegado una mayor actividad económica y más oportunidades para el comercio y los servicios.  Todavía viví la época en que en el pueblo y en los hoteles sólo se aceptaba dinero en efectivo, y la época dorada en la que uno iba apuntando lo que sacaba del frigorífico de las gaseosas y las cervezas. Aquello ya no es así; pero la gente de esa población sigue haciendo que uno se sienta bienvenido.

Las dos noches que pasé allá nos ofrecieron cielos maravillosamente estrellados; y por si eso no era suficiente hubo fuegos artificiales. Y una noche de chelas y people watching en El animal desconocido, siempre es algo divertido.

Monterrico sigue siendo uno de mis refugios favoritos.Imagen de previsualización de YouTube


03
Dic 13

Fin de semana y “Thanksgiving” en las nubes

Y el premio a la mejor idea del trimestre es para: ¡La excursión de Thanksgiving a Los andes cloud forest! ¿Qué te digo? Buenos amigos, naturaleza exhuberante, comida magnífica, conversaciones fascinantes y divertidas, y alojamiento encantador.

Pues ahí está que a un grupo de amigos se les ocurrió que hicieramos este viaje para celebrar el Día de gracias.  ¡Fue una idea estupenda!  La finca es hermosa.  Aunque es principalmente cafetalera, tiene algo de té, macadamias, hule y bosques nubosos inmensos.  De hecho es una reserva natural.  Tiene, además, una casa encantadora con todas las comodidades sin que pierda su carácter finquero con una mezcla de personalidades inglesa y chapina.   El volcán Atitlán, majestuoso, te da la bienvenida.

Como era una fiesta familiar y de amigos llevámos nuestros propios alimentos.  Sólo el desayuno lo preparaba en su totalidad el personal de la casa.  Como el grupo era muy variado hubo migas extremeñas, lasagna, ensaladas variadas, panitos con tomate rallado y aceite de oliva, pavos, purés de papas y de camotes, pastel de Hanukkah, pays de pacanas y de manzanas, galletas de jengibre, arvejas, frijoles, huevos, queso de capas, chiltepes, tortillas de maíz y de papas, sandwichs y bueno…todo rico y hecho con cariño.

No te imaginas cómo me gozo este tipo de paseos.  Una mañana escalamos senderos en busca de quetzales y vimos muchas aves, orquídeas,  hongos, y todas esas maravillas que ofrecen los bosques nubosos tan llenos de vida, de sonidos, de aromas, de colores y de texturas.  No vimos quetzales; pero aprendimos mucho entre las preguntas de los niños y las explicaciones de don Chus, nuestro guía.  Vimos tucanetas, eso sí.  Y Los andes es famosa porque abundan las Tangara cabanisi, que son unos pajaritos azules y preciosos. Otro día paseamos por el beneficio de café y paseamos por el río.  Yo no me metí al río porque ya sabes que el agua fría no es mi ambiente favorito.  El frío que sí aguanté fue el de la madrugada para ver el cielo…uno tan estrellado y claro que te cuesta identificar las constelaciones y asterismos.

En las noches hubo juegos de Pictionary y de mímica.  Las conversaciones nos llevaron por todas partes, desde la cuestión de si comer mono es kosher, hasta temas de geología, agricultura, antropología, economía, antropología, política y otras frivolidades.  Nuestro cuate el geologus admirabilis, Sam, fascinó a grandes y chicos.

Los andes, su gente y su ambiente fueron una experiencia muy enriquecedora.  Gracias a Olga y Jaime por recibirnos, gracias a Lissa por reunirnos.  Gracias a todos por un fin de semana inolvidable.