24
Sep 18

Cabras, leche y recuerdos

Una de las estampas urbanas que más disfrutan los visitantes que suelo llevar al centro de la ciudad es la de las cabritas; y el martes pasado vimos como ordeñaban a una.

Escenas como esta no se ven en las grandes ciudades del mundo.  Y ni siquiera en las pequeñas de los países desarrollados. A los visitantes no sólo les encantan las cabras que pasean por las calles y por la Plaza de la Constitución, sino que les impresiona el chasquido del látigo y el hecho de que la gente tome leche al pie de la cabra.

Cuando yo era adolescente, llegaban cabras a mi colonia y mi padre solía comprar leche de cabra.  Se las daba a mis primos a quienes les causaba mucha gracia.  Yo no la tomaba porque no me sienta bien.  Lo que yo detestaba, eso sí, era el sonido del látigo, sobre todo en vacaciones cuando las cabras pasaban temprano y yo todavía estaba bien dormido.  No era agradable despertar con aquellos latigazos en el aire.

Descontando la imundicia que dejan por ahí, estos son los contrastes entre la urbe moderna, y la Guatemala que todavía tiene rasgos de pueblón.


11
Ago 18

Me salvé de ver un linchamiento

Estábamos en la Octava calle, entre el Portal del comercio y la Plaza de la Constitución cuando notamos un alboroto: pasó una moto y luego otra, y detrás gentes corriendo y gritando: ¡Ladrones, ladrones! ¡Párenlos! y cosas así.

Esto fue hace ocho días, y en la esquina de la Octava calle y Sexta avenida, el tripulante de una de las motos abandonó su vehículo y salió corriendo con la gente detrás.  Mi primer instinto fue correr a ver en qué paraba el asunto; pero iba con mi madre así que no corrimos, pero nos dirigimos a aquella esquina.

Para cuando llegamos la moto ya no estaba en donde la había dejado su tripulante y por ir comentando el asunto no vimos quién se la llevó, ni a donde.  Al llegar frente a la Empresa Eléctrica encontramos a un sujeto con las piernas abiertas y los brazos alzados apoyado contra el edificio de aquella empresa.  A su alrededor varios policías municipales, y varios policías nacionales, así como una pequeña multitud.  Todos serenos.  Nos informamos y nos enteramos de que estaban esperando a que la víctima de una salto, supuestamente perpetrado por el detenido y por un cómplice, se acercara a señalarlo como posible autor del delito.  Pero nos quedamos vestidos y alborotados porque la víctima nunca se apareció.  En consecuencia el sospechoso fue dejado en libertad, la gente se dispersó, y el señalado caminó por el Parque Centenario hacia la Quinta avenida, frente a la Biblioteca Nacional.

Creo que nos salvamos de ver un linchamiento, o por lo menos una vapuleada. Y yo, que visito la zona uno con frecuencia, acompañado por extranjeros que visitan Guatemala, me siento triste cuando ocurren cosas así.


14
Ene 18

La zona 1 y su carácter

Es cierto que hace falta seguridad en la zona 1; pero  no a costa de su carácter.  Robos a peatones, robos de vehículos, tiroteos y otros delitos, así como el aumento de indigentes, amenazan aquella área de la ciudad; pero la seguridad no debe llegar a costa de la pérdida de lo que la hace única y diferente.

Suelo llevar visitantes de todo el mundo a conocer la Sexta avenida, la Plaza de la Constitución y el Mercado Central; y mis invitados siempre regresan encantados del paseo.  No sólo tienen la oportunidad de saborear un poco de la vida de la ciudad, sino que conocen algo de su historia, su riqueza y su misterio.

En 16 años que tengo de hacer esos paseos -casi todas las semanas- sólo una vez he sufrido un incidente.  A las 8:00 a.m. de aquel día entré al atrio de la Catedral acompañado por mi cuate, Gerald; y me adelanté porque un empleado del lugar estaba limpiando el piso con una manguera.  Dos, o tres pasos había dado cuando escuché un grito y, al voltearme, vi a Jerry tirado en el suelo con cos sujetos  tratando de quitarle lo que llevaba en la mano.

Pensé rápido y dispuse que lo que correspondía era quitarle a uno de los sujetos a Jerry para que pudiera defenderese en igualdad de condiciones; así que emití mi mejor rugido y me lancé sobre uno de los atacantes.  Paralelo a la fracción de segundo que me tomó tirarme sobre uno de los ladrones, apreté el teléfono que llevaba al cinto y sentí una mano que trataba de arrancármelo.  ¡Eran tres ladrones!

En otra fracción de segundo, los dos que tenían a Jerry se levantaron y corrieron, seguidos por el que trataba de quitarme mi móvil.  Se fueron sólo con el estuche de los anteojos oscuros de mi cuate.  Yo me sentía Tarzán y Jerry mantuvo la dignidad; entramos a la Catedral y luego nos fuimos del lugar.

En 16 años y después de aquello, nunca he tenido un incidente.

A mí el Centro me gusta mucho.  Lo recuerdo con cariño de mi niñez y de mi adolescencia.  Me gusta pasear en sus calles y disfrutar de mucho de lo que ofrece en términos de cultura, costumbres, gastronomía, entretenimiento y aventura.  A veces acaricio la idea de irme a vivir al centro…pero se me pasa.  Se me pasa porque tengo la impresión de que cuando no huele a meados, huele a Criolina.  Y se me pasa cuando leo acerca de los tiroteos.  Pero eso sí….no dejo de ir, ni de llevar visitantes porque no hay uno que no haya vuelto con una impresión agradable de la ciudad.

Como lugar para vivir…lo que se dice vivir, vivir, la zona 1 tiene mucho que ofrecer y tiene potencial; pero no si hiede y no si es percibido como un lugar inseguro.  Y ciertamente no, si pierde su carácter diverso, rico y misterioso.

Mi cuate, Rudy, me llamó la atención sobre esto de su carácter; y vale la pena aclarar que, por su carácter, debe entenderse no la voluntad de los políticos planificadores y los ingenieros sociales (que fuerzan paletas de colores para el área y elevan los impuestos con el propósito de forzar a la gente a vender, entre otras políticas parecidas), sino el de las personas que viven en el área, y usan el área, o van a ir a vivir allí, invertir allí o usar los espacios.  Las cosas como las zonas de una ciudad no tienen carácter, este se los dan las personas, sus decisiones personales y sus actividades personales.

En todo esto, ¿cuál es el rol legítimo de las autoridades? Proveer seguridad y evitar el hedor.


27
Jul 17

¡Volvieron los murales de González Goyri!

Para  nada soy fan de eso que la gente llama arte abstracto; y entiendo que los derechos individuales deben prevalecer sobre los intereses colectivos.  Sin embargo, lamenté en su momento la remoción de unos murales de Roberto González Goyri, de un edificio de la zona 1.  Y me alegra que hoy vayan a ser reinaugurados, luego de volver a su lugar.

Esta es la historia de por qué.

En 1976 yo recibía clases de mecanografía en un colegio que está situado a dos cuadras del parque Enrique Gómez Carrillo y la camioneta Uno me dejaba en ese lugar.  En una de tantas pasadas vi para arriba y en el edificio localizado en la Quinta avenida y Quince calle noté unos murales firmados por Roberto González Goyri, uno de los más notables, admirados y respetados artistas guatemaltecos. Hay murales bellísimos suyos en el Banco de Guatemala, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social y otros edificios.  El Tecún Uman monumental de la zona 13 es del maestro.

A lo largo del proceso de deterioro de la zona 1 a veces pasaba por mi mente el hecho de que era notable que aquellas obras de arte estuvieran por ahí sin que nadie -aparentemente- reparara en ellas.  En medio de la fealdad y de la inmundicia del área, y aunque artisticamente  no fueran de mi gusto, era bonito saber que estaban ahí.  Y me hubiera gustado que se quedaran ahí. En esa cuadra estaba  la casa de mi bisabuela, Gilberta a principios del siglo XX, lo cual le añadía encanto a todo el asunto.

Los murales fueron removidos hace dos años y los clamores, las vestiduras rasgadas, los puños cerrados y el crugir de dientes a causa su eliminación no se hicieron esperar. A  mucha gente le  gusta pensar que ciertas obras de arte, incluidas las de arquitectura, no son propiedad de sus propietarios, sino que son algo así como propiedad de todos. Esa forma colectivista de ver las cosas supone que si algo es del gusto de algún colectivo, su propietario no puede disponer de él.  Sucedió hace poco con las estructuras de una gasolinera en la Avenida de las Américas y sucedió hace ratales con un mural pintado en un teatro.

Hace años, yo mismo lamentaba la destrucción de varias casas de arquitectura extraordinaria y cincuentera, que estaban ubicadas en la Avenida de la Reforma, y que fueron sustituidas por edificios.  Pero una cosa es lamentar un cambio; y otra muy diferente es pretender que el propietario de un inmueble, o de una obra de arte, no pueda disponer de ella como corresponde, sólo porque un grupo de interés estima que no deba hacerlo….o peor aún, que no tenga derecho a hacerlo.

La pretensión de que los propietarios de un edificio (o de una obra de arte) no pueden cambiarlo porque hay un grupo que valora  el edificio (o la obra de arte)  parte de la pretensión arrogante de que todos deben valorar lo mismo; y parte de la pretensión peligrosa de que lo tuyo, no es tuyo.  Si prevaleciera el criterio de que los propietarios de una obra de arte en un edificio no pueden alterarla, se crearía un incentivo perverso: el de que es mejor no añadir obras de arte a los edificios para no correr el riesgo de que luego, haya gente que disponga que no se pueden alterar la obra de arte, ni el edificio.

Lamenté la sustitución de los murales del maestro González Goyri por azulejos anodinos; pero respeto el derecho de los propietarios de los murales no sólo a tener gustos distintos a los míos, sino a disponer de su propiedad como le convenga. ¿Por qué? Porque ya lo dijo Benito Juárez: el respeto al derecho ajeno es la paz.


15
Feb 17

Los murales de González Goyri están de vuelta

murales-gonzalez-goyri

En noviembre de 2015 de armó un alboroto porque los murales del edificio ubicado en la Quinta avenida y 16 calle de la zona 1 -por maestro Roberto González Goyri– habían sido removidos.  El lunes pasé por ahí y vi que ya están de vuelta, y me dio mucha alegría.  En la foto no se ven; pero están detrás de los andamios.

En su momento lamenté la sustitución de los murales de González Goyri por azulejos anodinos; pero explresé mi respeto por el derecho de los propietarios de los murales no sólo a tener gustos distintos a los míos, sino a disponer de su propiedad como le conviniera. ¿Por qué? Porque ya lo dijo Benito Juárez: el respeto al derecho ajeno es la paz.

La pretensión de que los propietarios de un edificio (o de una obra de arte) no pueden cambiarlo porque hay un grupo que valora el edificio (o la obra de arte)  parte de la pretensión arrogante de que todos deben valorar lo mismo; y parte de la pretensión peligrosa de que lo tuyo, no es tuyo.  Si prevaleciera el criterio de que los propietarios de una obra de arte en un edificio no pueden alterarla, se crearía un incentivo perverso: el de que es mejor no añadir obras de arte a los edificios para no correr el riesgo de que luego, haya gente que disponga que no se pueden alterar la obra de arte, ni el edificio.

Dicho lo anterior celebro el retorno de los murales con la esperanza de que no haya sido por la fuerza, ni por la amenaza del uso de la fuerza.

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Hay murales bellísimos de Roberto González Goyri en el Banco de Guatemala, en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social y en otros edificios.  El Tecún Uman monumental de la zona 13 es de aquel gran artista.


17
Jul 16

Meones en el Centro

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A mí me encanta ir al Centro de la ciudad.  El sábado anduve por ahí tomando fotos y como la luz estaba estupenda al atardecer conseguí buenas.  Luego fui a tomar un refresco y a comer una crepe de Nutella. La verdad es que disfruto mucho de esos paseos y de practicar el antiguo arte de People Watching.

Pero hay algo que siempre me desagrada y es que el Centro siempre huele a meados. Por eso tomé la foto que ilustra esta entrada.  Ahí hay dos meones que caché en la Once calle y Quinta avenida.

Cuando empecé a bloguear en Carpe Diem, hace casi diez años, una sección muy popular entre los primero lectores era la de meones y la abandoné porque me aburrió. Empero, creo que es importante denunciar a la gente que orina en las calles.  Es una costumbre sucia y muy fea.  Es una costumbre despreciable. Se compara con la de la impuntualidad, con la de no confirmar asistencia a las invitaciones, y a la de no responder directamente a preguntas directas. La de mear en lugares públicos es tan desagradable como la de sonarse la nariz con la mano y luego arrojar los mocos al suelo, o a una pared.

La idea de aquel espacio surgió porque una vez leí que en algún lugar de México, la gente les grita a los meones: ¡Meón, meón!; y porque el difunto Chepe Zarco impulsó, hace años, una campaña contra la gente que ensucia las calles. La campaña decía: No sea coche.


19
Nov 15

Los murales de González Goyri, y Benito Juárez

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En 1976 yo recibía clases de mecanografía en un colegio que está situado a dos cuadras del parque Enrique Gómez Carrillo y la camioneta Uno me dejaba en ese lugar.  En una de tantas pasadas vi para arriba y en el edificio localizado en la Quinta avenida y Quince calle noté unos murales firmados por Roberto González Goyri, uno de los más notables, admirados y respetados artistas guatemaltecos. Hay murales bellísimos suyos en el Banco de Guatemala, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social y otros edificios.  El Tecún Uman monumental de la zona 13 es del maestro.

A lo largo del proceso de deterioro de la zona 1 a veces pasaba por mi mente el hecho de que era notable que aquellas obras de arte estuvieran por ahí sin que nadie -aparentemente- reparara en ellas.  En medio de la fealdad y de la inmundicia del área, y aunque artisticamente  no fueran de mi gusto, era bonito saber que estaban ahí.  Y me hubiera gustado que se quedaran ahí. En esa cuadra estaba  la casa de mi bisabuela, Gilberta a principios del siglo XX, lo cual le añadía encanto a todo el asunto. iPero ya no están…y no faltan los clamores, las vestiduras rasgadas, los puños cerrados y el crugir de dientes a causa su desaparición, o eliminación.  A  mucha gente le  gusta pensar que ciertas obras de arte, incluidas las de arquitectura, no son propiedad de sus propietarios, sino que son algo así como propiedad de todos. Esa forma colectivista de ver las cosas supone que si algo es del gusto de algún colectivo, su propietario no puede disponer de él.  Sucedió hace poco con las estructuras de una gasolinera en la Avenida de las Américas y sucedió hace ratales con un mural pintado en un teatro.

Hace años, yo mismo lamentaba la destrucción de varias casas de arquitectura extraordinaria y cincuentera, que estaban ubicadas en la Avenida de la Reforma, y que fueron sustituidas por edificios.  Pero una cosa es lamentar un cambio; y otra muy diferente es pretender que el propietario de un inmueble, o de una obra de arte, no pueda disponer de ella como corresponde, sólo porque un grupo de interés estima que no deba hacerlo….o peor aún, que no tenga derecho a hacerlo.

La pretensión de que los propietarios de un edificio (o de una obra de arte) no pueden cambiarlo porque hay un grupo que valora  el edificio (o la obra de arte)  parte de la pretensión arrogante de que todos deben valorar lo mismo; y parte de la pretensión peligrosa de que lo tuyo, no es tuyo.  Si prevaleciera el criterio de que los propietarios de una obra de arte en un edificio no pueden alterarla, se crearía un incentivo perverso: el de que es mejor no añadir obras de arte a los edificios para no correr el riesgo de que luego, haya gente que disponga que no se pueden alterar la obra de arte, ni el edificio.

Lamento la sustitución de los murales del maestro González Goyri por azulejos anodinos; pero respeto el derecho de los propietarios de los murales no sólo a tener gustos distintos a los míos, sino a disponer de su propiedad como le convenga. ¿Por qué? Porque ya lo dijo Benito Juárez: el respeto al derecho ajeno es la paz.


07
Jun 15

Los jaguares están de vuelta

150606-jaguar-luis-figueroa

Los jaguares de la Sexta Avenida están de vuelta…y a ver cuánto duran esta vez.  El de la foto tiene anteojos; y hay un jaguar fantasma bajando de una pared en el edificio de la Empresa Electrica.

Los jaguares ya estuvieron en aquella vía céntrica pero fueron estropeados por lo vándalos; igual que ocurrió con la estatua encantadora de Tasso Hadjidodou que fue objeto de la salvajada en más de una ocasión hasta que tuvo que se removida.

Cuando estuve en el Mirador, mis amigos y yo escuchamos el rugido de jaguar y vimos la huella de uno en el barro.  Me encantan esos felinos y me causan mucha gracia sus estatuas que están en la Sexta.


15
Mar 15

La manaña en el Centro Histórico

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Tenía ratales de no ir en la mañana de domingo al Centro Histórico y, como siempre, valió la pena: desayuné sabroso, en buenísima compañía y con música de marimba; vi una procesión tradicional de la temporada; saludé a colegas que manifestaban por la libertad de expresión y contra los ataques a miembros del gremio; y me encontré con esta banda de chicos.

El Centro Histórico es un retrato de Guatemala en donde y de la vida; donde lo triste y lo trágico se mezclan y se viven en paralelo.  Donde lo tradicional se disfruta con lo moderno.  Donde hay de todo y falta mucho.  Donde cada cabeza, cada vida y cada individuo son un mundo; y donde arrieros somos y por el camino vamos.

Por eso disfruto tanto mis paseos por aquella área de la ciudad.


27
Oct 14

Los destruccionistas pintan paredes y mesas

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Pero…¿cómo se me fue a olvidar que el 21 de octubre tenía que ir a fotografiar las pintas con las que la dirigencia popular ensucia la Sexta Avenida del Centro Histórico?

Los destruccionistas son tan predecibles.  Por donde pasan ensucian, destruyen y afean. ¿Quieres ver tres ejemplos?

Esto es lo que hicieron el Primero de mayo de 2014.

Esto hicieron en mayo de 2012.

Esto hicieron en octubre de 2013.

El vídeo muestra algo de lo que hicieron este año para celebrar su revolución; y que otros tienen que limpiar….y ya sabes lo que se dice: El que pinta pared y mesa demuestra su bajeza.

Mis respetos para quienes ayudaron a limpiar.