10
Feb 09

¿Movimiento contra las policías privadas?

A ver, ¿cuál es la necedad de prohibir las licencias de armas? Es obvio que a los que menos afecta esa disposición es a los delincuentes, porque precisamente, a ellos les pela la ley. Afecta a los ciudadanos que tienen armas para defenderse; pero mi amigo Cándido me confesó el domingo que él tiene sus armas de defensa sin registrar y me comentó que el cree que la mayoría de personas que tienen armas para su defensa, no las registran.

Entonces, ¿a quién perjudica aquella disposición? Mi hipótesis es que va dirigida contra las policías privadas. A falta de seguridad ciudadana, en Guatemala hay muchas empresas que prestan seguridad. No son policías propiamente porque no tienen autoridad alguna, ni persiguen criminales, ni efectúan investigaciones legalmente válidas, ni nada parecidas. En su mayoría sus elementos son exsoldados y expolicías, medio entrenados y medio armados. Eso sí, como en todo, hay empresas muy buenas y responsables, y otras que no. Las empresas estas no son de policías privados propiamente, sino de guardias. ¡Y entre las profesionales, todas están registradas y sus elementos tienen licencias debidamente!

Y claro, esas empresas cuidan desde bancos y embajadas, hasta cines, pasando por farmacias, clubs, restaurantes, universidades, casas particulares, centros comerciales, fincas, industrias, tiendas, y francamente todo.

Ahora bien, si aquellos guardias -que proveen la seguridad que la administración es incapaz de proveer- son eliminados, ¿quién va a cuidar la vida y la propiedad de las personas que queden desprotegidas? ¿Cuál es el interés de acabar con este recurso ciudadano? ¿Para qué quiere, la administración, el monopolio de las armas, si es incapaz, ¡totalmente incapaz!, de proveer un mínimo de seguridad?

Así como nos hemos enterado de que los policías nacionales son secuestradores, narcos y extorsionistas, por ejemplo, así nos hemos enterado de que los jefes de presidios son cómplices de los criminales que supuestamente tienen a su cargo. Y por eso es que las guardias privadas son necesarias. A la hora de un intento de asalto, ¿puede usted confiar en las supuestas autoridades?


10
Feb 09

Una batalla por el estado de derecho

La batalla que se libra en el Congreso, para evitar que el Ejecutivo tenga el control total del Presupuesto del estado es una batalla por la separación del poder y por el estado de derecho.

En dos platos, el Ejecutivo quiere tener la facultad de hacer transferencias a su sabor y antojo, independientemente del Presupuesto que, según la Constitución, le corresponde aprobar, modificar o improbar al Legislativo.

El Congreso de la República tiene dos funciones importantes fundamentales: legislar y fiscalizar; y en esta segunda dirección, las labores de aprobar, modificar o improbar el Presupuesto que le presenta el Ejecutivo, tiene que ver con la separación del poder. Este principio evita la concentracion del poder en un sólo grupo y es uno de los fundamentos del estado de derecho.

Si el partido de gobierno y sus diputados se alzan con la facultad de mover transferencias según sus necesidades políticas, le quitarán al Congreso de la República la facultad de controlar el Presupuesto que el Ejecutivo le somete a consideración. Y si así fuera, ¿de qué serviría, del todo, enviar el presupuesto? Sin los llamados candados, el Presupuesto quedará a merced de las decisiones arbitrarias de la administración.


10
Feb 09

Luisfi en la radio

Hoy, a las 6:00 p.m. (Central Time), estaré en el programa de radio Contravía que será conducido por mi amiga Marta Yolanda Díaz-Durán. Repetiremos el programa sobre redes sociales que se malogró parcialmente la semana pasada. Contravía se transmite en 100.9 F.M. y en www.radiopolis.info

Como bono, el programa será transmitido desde Cava Mundial, así que estoy seguro de que disfrutaremos de buenos vinos.


10
Feb 09

Doloroso, pero sano

En los países totalitarios, en muchas dictaduras, el gobierno es dueño de los medios de comunicación, o ejerce controles directos e indirectos sobre ellos. Algunas formas de ejercer controles indirectos son la importación monopólica de papel, o la concesión de frecuencias de manera arbitraria, por ejemplo

En Guatemala, aunque la administración es dueña de algunos medios de comunicación, estos son irrelevantes. Drenan el Presupuesto, pero no aparecen mucho en el radar de los que consumen información. En materia de frecuencias, la Ley de Telecomunicaciones ha avanzado leguas en cuanto a independizar a las radios, por ejemplo, de la tiranía de la arbitrariedad administrativa. Y aquí, cada quién importa su papel.

El estado, sin embargo, ha acostumbrado a muchos medios de comunicación a depender de la publicidad que les asigna. Afortunadamente -con excepción de para el canal Maya- existe un mercado libre y disperso de publicidad en el cual la mayoría de medios de comunicación puede encontrar patrocinadores sin necesidad de depender de la teta de la publicidad estatal. Eso, y el hecho de que existen medios de comunicación independientes, de casi todos los colores y sabrores, hacen que, en general, los consumidores de información tengan opciones más allá de las que quisieran ofrecerles los que controlan el poder.

El hecho de que la administración haya cancelado sus pautas en la Prensa escrita debe ser leído como una forma de castigo. Castigo por su independencia. El apoyo propagandístico que la administración le da a la televisión abierta, por otro lado, es un premio a su sumisión.

Puede que sea doloroso para muchos; pero será sano que los medios de comunicación no reciban las rentas parasitarias que les generaba la propaganda oficial.

Ya hace ratos que los socialdemócratas andan tras la Prensa independiente. Primero fue con intentos de censura y ahora es mediante este intento de asfixia. La administración de Los Colom se está encaminando por la vía de Chávez, Ortega, Correa, Morales, Fernández y otros similares. Y si usted todavía no lo ve así…piénselo… La verdad es que la libertad de expresión, la libertad de información, la libertad de prensa y la libertad de pensamiento están bajo asedio.


10
Feb 09

Blikka: Carpe Diem en tu teléfono

¡Ahora puedes recibir Carpe Diem en tu teléfono! Estoy usando Blikka; que es una aplicación para publicar contenido. Blikka facilita que uno cree sus propios canales de información relevante y permite que los lectores y usuarios se suscriban a esos canales.

Cuando uno actualiza su canal, no tiene costo alguno; y recibir en el teléfono la información de los canales a los que estas suscrito, tiene un costo de poco más o menos Q 0.40 por mensaje. Los lectores y usuarios pueden limitar la cantidad de mensajes a recibir diariamente.


10
Feb 09

Mmmmm, no soy muy geek

30% Geek


10
Feb 09

Atinadas preguntas de Pepe et al, sobre ProReforma

En la entrada más reciente acerca de los comentarios de Wachik´aj sobre ProReforma, entre tres lectores surgieron interesantes dudas acerca de dos temas. Una es sobre la reputación y otras son sobre por qué es que en aquella propuesta hay una edad mínima de 50 años para ser senador.

¿Que se toma en cuenta para decir que alguien tiene buena reputación?, es una pregunta. Según el diccionario, reputación es la opinión, o consideración que se tiene de alguien, o algo; y el prestigio, o estima en que son tenidos alguien, o algo. Esa definición debería ser suficiente; pero Pepe, que la hace, añade que le gustarían ejemplos objetivos de buena reputación; y aquí, entonces, vale la pena abundar en algunas meditaciones que pueden ser útiles.

En este contexto, estimo que objetivo puede querer decir una de dos cosas: Si se refiere a que sea relativo al objeto, la búsqueda de una definición objetiva de buena reputación es inatingente porque la buena reputación se refiere a una persona, o sea a un sujeto; así que descartemos esta vía de búsqueda. Sería irrelevante que el sujeto fuera evaluado por medio de cuestiones objetivas como: si tiene un doctorado, o no; si va a misa, al templo, a la sinagoga, a la mezquita, o no; si está divorciado, o no; si sabe la diferencia entre metafísica y epistemología; si ha leído El Quijote, Hamlet, el Popol Vuh, y La divina comedia, o no; si sabe qué es un logaritmo, si conoce cuántos departamentos tiene Guatemala, si sabe usar blackberry y otras cosas parecidas.

Objetivo, sin embargo puede querer decir, también, que independientemente de todo aquello, el candidato a senador goza de la estima de sus contemporáneos, debido a su prestigio y a sus ejecutorias de las cuales sus coetáneos tienen buenas opiniones personales.

En términos metafísicos, objetivo se refiere al reconocimiento del hecho de que la realidad existe independientemente de la conciencia de quien la percibe; y en términos epistemológicos es el reconocimiento del hecho de que la conciencia de quien percibe debe adquirir el conocimiento de la realidad mediante la razón, de acuerdo con las reglas de la lógica.

En todo caso, Ayn Rand lo explica muy bien cuando dice que la mayoría de las personas “cree que el pensamiento abstracto debe ser impersonal, lo que implica que las ideas no deben tener significado, valor o importancia personal para el que piensa. Esta noción se basa en la premisa de un cierto interés personal es un agente de distorsión. Pero personal no equivale a no objetivo; eso depende del tipo de persona que usted sea. Si su pensamiento está determinado por sus emociones, entonces usted no podrá juzgar algo personal o impersonalmente. Pero si usted sabe que la realidad no es su enemiga, que la verdad y el conocimiento tienen importancia crucial, personal y egoísta para usted y para su vida, entonces, el pensamiento más apasionadamente personal será el más claro y verdadero[1]”.

Pepe pregunta que ¿de dónde sale 50 años para determinar que es la edad ideal, porque no 45 ó 55? En este tema no hay mucha ciencia, ni hay derivadas, o matrices involucradas. Opino que una razón es que a los 50 años uno tiene más ejecutorias y currículo que mostrar, que a los 45, que a los 40 y que a los 30. Otra razón es que como el término para un senador es de 15 años, al empezar su período a los 50, tendría que abandonarlo a los 65; en cambio, si empieza a los 55 tendría que dejarlo a los 70; y si empieza a los 60, tendría que dejarlo a los 75. Según Unicef[2], la esperanza de vida para un chapín, en 2007, era de 70 años; y hay que entender, claro, que ese es un promedio. A mí me parece bastante razonable lo de los 50 años porque a esa edad los que van a elegir ya pueden tener una buena idea de de qué pata cojea el candidato; y porque 65 años es una buena edad para que el senador se retire de la vida pública.

Y Pepe pregunta que ¿cuál es la edad promedio de las personas que redactaron estas propuestas? y si ¿hay alguien menor de 30 años, o de 40? ¿Por qué la página web de ProReforma, no publica las hojas de vida de las personas que aparecen como fundadores o directivos?

Yo opino que puede ser que lo de las hojas de vida sea interesante; por ejemplo, la de Manuel F. Ayau, es impresionante. Aquí puede cualquiera ver la lista de fundadores y directivos, y la mayoría, pueden ser googleados. Pero por otro lado, ProReforma debería ser despersonalizada. Creo que es una lástima que las ideas no sean discutidas en sí mismas, sino que generalmente se desvíe la atención de las mismas hacia el plano personal; y ProReforma es acerca de ideas, no de personas.

La idea de que un senado se ocupe de leyes generales y abstractas; y un congreso se ocupe de normas específicas y particulares es buena…sin importar que de quién haya sido. Es objetivamente buena porque contribuye sustancialmente a eliminar la arbitrariedad, así como la búsqueda de rentas parasitarias y eleva los niveles de responsabilidad política de los legisladores. La idea podría haber sido de tirios, o de troyanos, e igual tendría las virtudes que tiene. Si estuviéramos eligiendo candidatos, ahí sí sería útil saber hasta qué pata puso qué huevo, pero aquí se trata de ideas, no de personas.

Lo de la edad de quienes promovemos esta propuesta también podría ser interesante; pero como hay gente de 90 y gente de 20 años, pues casi que da igual. Lo cierto es que aquellos que ahora tienen 49 años, o más nunca podrán aspirar a ser senadores; mientras que los que tienen 10, 20, 30, e incluso 45 años, si podrían tener su oportunidad.

Gracias, a Pepe, a Mariana y a Carcasco por sus inquietudes que han generado estas reflexiones.

[1] Ayn Rand. Filosofía: ¿quién la necesita? Grito Sagrado Editorial, Buenos Aires, 2008. P. 34
[2] http://www.unicef.org/spanish/infobycountry/guatemala_statistics.html


09
Feb 09

¡Celebremos el Día de Darwin!

Charles Darwin es uno de mis héroes; y el 12 de febrero se celebra el Día de Darwin. Esta conferencia, sobre la conducta humana, será una buena forma de festejar al Padre de la Evolución.

A Darwininan Look at Human Behavior, conferencia por Bobbi Low, Ph.D.
Jueves 12 de febrero
6:30 p.m.
Auditorium Milton Friedman
Universidad Francisco Marroquín
La entrada es grátis


09
Feb 09

La virgen de los sicarios, una realidad chapina

Como en la peli La virgen de los sicarios, muchos delincuentes chapines usan motocicletas para cometer sus crímenes. Como en la película, muchos asesinos chapines son menores de edad.

Se estima que por lo menos 15 atracos, por día, son cometidos por delincuentes que viajan a bordo de motos; otra estimación indica que de los 1288 crímenes cocurridos el año pasado, 95% de ellos fueron cometidos por personas que se movilizaban en moto. La causa de todos esto no es que haya una ley que prohiba que dos personas viajen en moto; y si bien es cierto que pocas personas se atreven a denunciar los crímenes, también es cierto que aunque denunciaran, las posibilidades captura, persecusión y castigo para los delincuentes es casi nula. La impunidad es la causa de que los delincuentes abunden y se multipliquen con éxito; y no es correcto, ni justo que se le eche la culpa a las víctimas que no confían en las autoridades.

¡Vamos!, ¿confiaría usted en las autoridades? Yo digo que estas deben ganarse la confianza de los tributarios, de los electores y de las víctimas. Yo digo que la delincuencia va a empezar a disminuir, no cuando se multiplique la tipificación de delitos y cuando aumenten las penas; sino cuando los criminales tengan alguna certeza de que cuando sean capturados van a ser procesados y penalizados.

Por cierto que La virgen de los sicarios está disponible an Take One, la tienda de vídeos de Futeca de la zona 14; y vale la pena verla para ver qué tan mal se pueden poner las cosas y por qué camino vamos.


09
Feb 09

Wachik´aj, ProReforma y el tema de la edad

En los siguientes párrafos, la lastimosa crítica que el blog Wachik´aj, le hace a ProReforma hace gala de toda su miseria superficial.

Dice, el autor de W, que “sobre lo bicameral para asegurar un senado conservador de mayores de 45 años, vitalicio, y que sólo lo elijan los ciudadanos mayores de 45 años… Entonces tendríamos dos tipos de ciudadanía. ¿Acaso yo, con 26 años, que trabajo, estudio, pago impuestos, hago propuestas, fiscalizo, soy menos ciudadano que un tipo de 45 años que no paga impuestos ni hace propuestas ni fiscaliza? ¿Por qué, si somos iguales ante la ley, vamos a ser diferentes en derechos? Si yo cumplo con mis obligaciones como ciudadano debería tener los mismos derechos que todos los demás ciudadanos (como poder elegir y ser electo). Además que ponen requisitos vacíos para optar a ser senador como tener buena reputación. ¿Qué es tener buena reputación? ¿Ser neoliberal y evadir o eludir impuestos, o ser competitivo a costa de pagar malos salarios a sus trabajadores? Yo no metería las manos al fuego por todos mis colegas columnistas o periodistas o internacionalistas. No sé si ProReforma metería las manos al fuego por todos los empresarios y agentes de mercado”.

Yo de verdad sospecho que Martín ni siquiera leyó la propuesta de ProReforma. Eso explica la falta de profundidad en sus comentarios, y explica los descuidos en los que incurre. Explica, también, sus imprecisiones. Por ejemplo: W afirma que ProReforma propone que los senadores sean mayores de 45 años y que sean electos por ciudadanos mayores de 45 años. Eso no es cierto y se comprueba de forma sencilla: el texto dice que los senadores serán electos en el año en que cumplan 50 años, por sus coetáneos. Perdone usted, pero 50, no es lo mismo que 45; y si Martín fuera más cuidadoso con sus lecturas y sus juicios, se habría dado cuenta. Es cierto que son sólo 5 años de diferencia, pero uno espera que un bloguero y columnista de la talla del autor de W sea capaz de notar esos detalles.

Claro que si le dedicó 5 años de su vida a leer obras de Ludwig von Mises y de otros autores liberales; y aún así es capaz de escribir el apellido del filósofo austriaco con dos letras S, ¿por qué no iba a cometer la ligereza de confundir 45 con 50?

Dice W que los senadores serán vitalicios; ¡y miente! Miente porque está clarísimo, que la propuesta dice que su período será de 15 años y que habrán de retirarse a los 65.

El resto del comentario es un desfile de falacias y de juicios inconexos. Martín supone que porque el senado esté integrado por gente de cierta edad, necesariamente va a ser conservador; y dicha apreciación no es sino un disparate. Martín generaliza demasiado y pinta con una brocha demasiado gorda; y creo que subestima a sus lectores.

Acto seguido, espeta una pregunta que no tiene pies ni cabeza: “¿Acaso yo, con 26 años, que trabajo, estudio, pago impuestos, hago propuestas, fiscalizo, soy menos ciudadano que un tipo de 45 años que no paga impuestos ni hace propuestas ni fiscaliza?”. Para comenzar, compara peras con manzanas. El ciudadano virtuoso de 26, debe ser comparado con un ciudadano virtuoso de 50 (no de 45); porque si no es así, la comparación es inválida y el tema de la edad es inatingente. Esto es porque si comparamos a un ciudadano cívicamente virtuoso, con uno que supuestamente no lo es; lo que tiene importancia es la virtud cívica, y no la edad. Es una falacia muy rudimentaria la que ha elaborado Martín; y yo diría que está confiando demasiado en la paciencia que le tienen sus lectores.

Por otro lado, ¡Ya existen límites de edad para ciertos puestos públicos! ¿Por qué le escandaliza el tema al autor de W? Para ser Presidente de la república se debe ser mayor de 40 años y para ser ministro hay que ser mayor de 30; y si Martín fuera un poquito más serio, debería estar clamando contra aquellos límites. Pero eso es mucho pedir.

El autor de W se ahoga en un vaso con agua por este tema de la edad; por eso, veámoslo en una dimensión más ponderada. A sus 26 años y siendo un ciudadano ejemplar, Martín podría ser diputado y podría ser alcalde; y a los 30 podría ser ministro y así podría construir su carrera política para presidir la república, o para ser senador. De todos los altos puestos públicos de elección –y de nombramiento–que están disponibles; ¡sólo dos tienen requisitos de edad! ¿Cuál es el alboroto? ¿Dónde está la negación de sus derechos?

Lo de la edad, además, tiene una buena razón: a los 50 las personas ya han vivido y hecho lo suficiente como para que se noten sus verdaderos colores. A esa edad, sus coetáneos y sus prójimos ya saben si alguien es un pícaro, o no; ya saben si ha sido productivo, o no; ya saben si es digno de confianza, o no. Ya conocen su desempeño cívico, si es que lo ha tenido. Yo sé bien a quiénes de mi generación me gustaría elegir para senadores; y se bien a quienes no les encargaría nada. Y luego no hay discriminación alguna, porque todos los que lleguen a 50 años de edad tendrán oportunidad de elegir senadores, sin distinción de sexo, etnia, posición económica, ni nada de eso.

En W, su autor se alborota porque los candidatos a senadores deban ser de buena reputación. Y yo creo que, honradamente, es mejor un candidato con buena reputación entre la gente de su edad; que uno que tenga mala reputación. ¿Usted que cree? Entre la gente que usted conoce, y que pudiera llegar al senado, ¿a quién elegiría, a uno con buena reputación, o a uno con mala reputación? Yo no sé usted, pero cuando leo estas críticas de Martín, pienso que de verdad no se pone serio. Y además, ¿quién mejor que los de la generación de uno, para conocer las ejecutorias y la reputación de uno?

Y hágame usted el favor, las últimas líneas del párrafo no aguantan la más mínima prueba de lógica. En inglés, la palabra sophomoric se refiere a una argumentación arrogante, pero carente de información, o inmadura; muy parecida a las críticas de W. ¿A qué viene eso de que “yo no metería las manos al fuego por todos mis colegas columnistas o periodistas o internacionalistas. No sé si ProReforma metería las manos al fuego por todos los empresarios y agentes de mercado?” ¿Qué tiene que ver eso con nada? ¿Dónde habla ProReforma de columnistas, periodistas, internacionalistas, empresarios y agentes de mercado? ¿Estábamos hablando de edad, o no? ¿Por qué es este brinco súbito? Es como lo de los liberales, la competitividad y los impuestos; ¿a qué viene todo eso? Yo digo que esta línea de argumentación: imprecisa, llena de falacias, falta de lógica, desordenada, viceral y forzada, es sophomoric.

De verdad hubiera querido, yo, una buena discusión sobre la distinción entre leyes como normas generales y abstractas; y legislación como reglamentos específicos y concretos. Hubiera querido saber qué opina alguien con las credenciales del autor de W, acerca de por qué es que el senado debería ocuparse de las primeras, y el congreso debería hacerlo de las segundas. Pero de eso, que es de fondo: niente.

Yo digo que, ProReforma merece menos discursos de barricada y una discusión más profunda y seria. Digo que si el autor de W no tiene una propuesta (aunque asegure que las hace), sus críticas serían muy valoradas, si por lo menos tuvieran que ver con lo que está criticando. Serían más valiosas si leyera y entendiera lo que está criticando.