Hoy, a las 8:30 p.m., todas las luces de mi casa estarán encendidas. Esto es porque protesto contra las pretensiones de quienes idean actividades como La hora de la Tierra.
Sepa usted que 80 por ciento de la energía que consumimos es de orígen fósil; y que todo eso de que podemos sustituir al petróleo por el viento, el sol, o las mareas es una ilusión. De hecho, es carísimo y generalmente donde se hace, se hace porque está subsidiado. Si fuera fácil y barato, ¿no cree usted que yá se estuviera haciendo?
De hecho, nada parecido es fácil, ni barato y es peligroso. Imagínese usted que redujeramos nuestro consumo de energía a los niveles de 1990 como pretenden algunos promotores del disparate que algunos ingenuos celebrarán hoy. Talvez sea divertido apagar las luces durante una hora; pero imagíne usted cómo sería su vida sin la compu en la que está leyendo, su lavadora, sin su refrigerador, sin su automóvil, sin todos los aparatos que le ahorran tiempo y esfuerzo todos los días. Hoy, un lector de
Prensa Libre lo pone claro: Apagar la luz por una hora no es suficiente; y si usted no usa calentador de agua, estufa eléctrica, ni secadora de ropa, sí reducirá las emisiones que afectan al clima. El lector pide más legislación e incentivos (o sea intervención estatal y privilegios).
El homínido de las cavernas vivía en la oscuridad; el siervo medieval vivía en la oscuridad; y yo, para celebrar la civilización, la ciencia, la tecnología y el genio de la humanidad, encenderé las luces de mi casa y celebraré un día que, además, tiene otros significados muy importantes para mi vida.
Si a usted le interesa saber hasta dónde son capaces de llegar los promotores de la idea de que el ser humano y la tecnología son enemigos de la Tierra, por favor visite
The Voluntary Human Extintion Movement. Si usted apaga sus luces, este es el tipo de gente con la que comparte valores.
Yo no promuevo la oscuridad, porque amo la vida y amo la luz. No la promuevo porque estoy orgulloso de ser parte de la magnífica especie humana.
