09
Dic 12

El arbol de Navidad ilumina mi casa

Rechulo quedó el árbol de Navidad que pusimos en casa.  Ilumina no sólo con sus luces, sino con su hermosa presencia, sus colores y -sobre todo- con su aroma.  Si, el aroma también ilumina. El aroma del pinabete se mezcla con el de las manzanillas y la magia de las fiestas de fin de año se apodera del ambiente; y se apodera de quienes tenemos la dicha de relacionar, con ella, cientos de recuerdos gratos, de personas amadas, de momentos inolvidables y de sonrisas sinceras.

A mí, el arbolito me lleva a las casas de mis abuelas y a la de mis padres.  Aveces quedo embobado frente a él porque no sólo me maravilla su belleza adornado; sino porque, siendo un Abies guatemalensis, y conociendo la tierra de donde viene, no puedo sino admirarlo y expresarle respeto.

En casa tenemos la costumbre de añadirle dos, y sólo dos, adornos nuevos al arbolito cada año; de modo que siempre es el mismo y siempre es distinto.  Mantiene su continuidad y nos alegra con cosas nuevas.

Este año -y una vez más gracias a doña Mireya  y al Rafa- tenemos un árbol bello, aromático y con mucha personalidad que nos llena de magia y de alegría la casa. Este arbolito me trae invaluables recuerdos de decenas de alegres festejos, y promete muchos más; y si quieres tu pinabete, los hay galanes en la 30 calle 11-42, zona 12, colonia Santa Rosa II; teléfono 2476-0496.


09
Dic 12

¡Ponche de frutas!, otra delicia del fin de año

El primer ponche de la temporada lo tomamos el sábado. Se prepara con frutas, dependiendo de la región del país en que se elabore y de la receta familiar. La que hicieron en casa viene de la Costa Sur y por eso lleva coco; se sazona con pimienta gorda y clavos y se usan las frutas frescas incluyendo plátanos, papaya, manzanas, pasas, piña. Este año, para darle un toque distinto le pusieron manzanillas y mamey.

En casa de mi madre, el ponche se hacía con piña, que es común a todos los ponches chapines; pero se sazonaba con canela, se hacía con frutos secos del hemisferio Norte, como manzanas, melocotones y peras, además de las ciruelas y pasas que son de ley.

A mí, el ponche me gusta bien helado y que sea refrescante; pero si lo he de tomar caliente me gusta con un piquete de buen ron.


09
Dic 12

¡Noche de Luces Campero!

Así vimos las Luces Campero, celebrando entre amigos y disfrutando del magnífico ponche de la casa, frijolitos y queso manchego con mermelada de mandarinas.

Este espectáculo tradicional nos regaló 30 minutos de luces y colores que pudimos disfrutar sin mucho frío.  Es muy agradable ver cómo es que los niños se gozan la gran variedad de fuegos artificiales y como nos contagian con su alegría.  Y el niño que hay en mí se divierte como mico, y se maravilla con las luces, como se maravilla con todo lo que es bello.

Quien canta es Loreena McKennit.


08
Dic 12

Alegre estuvo la Quema del Diablo

El Diablo se fue feo anoche porque entre amigos le pegamos fuego y, de acuerdo con la tradición guatemalteca, echamos a las llamas las cosas malas del año.  Que la verdad sea dicha, no fueron muchas.  Empero, no está de más celebrar alrededor del fuego y expulsarlas de la casa y del corazón.

También aprovechamos para meditar sobre Prometeo que desafió a los dioses y les dio el fuego a los hombres.  Zeus, vengativo, lo castigó; pero Herácles lo liberó de su tormento.  El mito de Prometeo debería ser recordado entre nosotros con más frecuencia.

Otra parte buena de la Quema del Diablo es lo rico que comimos.  Este año hubo chuchitos, tostadas con salsa de tomate, rellenitos de plátano, sandwichs y el tradicional ponche de frutas chapín con buen ron.

Al final de la fiesta elevamos un globo para celebrar la vida.


08
Dic 12

Globo para celebrar la vida

Anoche, para concluir la celebración de la Quema del Diablo elevamos un globo para celebrar la vida.  Estos globos también son tradicionales en las fiestas chapinas.

Este globo fue elaborado por Walter Peter Jr., tercero en una dinastía de artistas y fabricantes de globos de papel de china.

Quien canta es Andrea Bocelli.


07
Dic 12

Concepción-Reyes

Concepción-Reyes es el nombre de la maratón de celebraciones que comienza hoy en el calendario de festividades chapinas. Antes era Guadalupe-Reyes porque empezaba con la fiesta de Guadalupe y concluía con el Día de Reyes; pero ahora empieza en el Día de la Quema del Diablo. Eso tiene sentido porque las fiestas de fin de año comienzan con los fuegos de hoy en la tarde, y porque así abunda el tiempo.

El año pasado celebramos con Los Peter y la pira estuvo espectacular, hecha con las ramas de un nisperal podado. En la mesa hubo tostadas con frijoles y queso seco, con salsa de tomate y perejil, y con guacamol; así como buñuelos dorados y esponjados, como debe ser. No faltó, tampoco, el ponche de frutas con su toque de buen ron. En casa de mis padres siempre había buñuelos y ponche; y como ahora, cuando yo era chico los niños y adultos gozábamos con el fogarón y con los cohetes.

Muchas culturas tienen tradiciones similares y las que recuerdo ahora son las hogueras de los celtas y las fallas valencianas. Los mayas quemaban papeles con sangre de sacrificios para alimentar a sus dioses. De distinta naturaleza entre sí, y diferentes a la Quema del Diablo, todas están relacionadas con el uso del buen fuego que ilumina y que purifica.

Según la tradición chapina, el fuego incinera al Chamuco representado por las cosas viejas que se queman. La tradición demanda que al fuego de hoy sean arrojados los vejestorios, símbolos de rencores, de envidias, de las malas experiencias del año y de otras cosas que son de Lucifer y que hay que expulsar fuera de la casa (y del corazón) para entregárselas a las llamas.

Por supuesto que hay mara que no le atina y que quema llantas, colchones y otros materiales inapropiados, con lo cual la hoguera adquiere características tóxicas. Y con eso, los irresponsables están conjurando, no a la eliminación de los demonios, sino a la intervención del Estado niñera, que es igual, o peor que el mismísimo Belzebú.

Voto porque la tradición de la Quema del Diablo sea conservada; no solo por su simbolismo, sino por lo hermoso que es ver a las familias reunidas alrededor del fuego y comiendo buñuelos. Y yo, mientras tanto, le entrego lo que tenga que darle al fuego y, como siempre, me río de Satanás.

Columna publicada en El periódico.


03
Dic 12

Las tortugas y la Navidad chapina

El sábado comenzaron a llegar los vendedores y a montar el pequeño mercado navideño en la plaza, frente a mi casa.  Y al atravesarlo, lo primero que vi fue a este grupo de tortugas, elementos indispensables para una buena orquesta navideña chapina.

Yo tengo la mía, que me compraron La Mamita y mi abuelita Juanita cuando yo tenía unos ocho años.

Con mi pequeña tortuga acompañé docenas y docenas de festejos de fin de año, tanto en la casa de las citadas abuelas, como en la casa de mis padres. Y en la casa de mi abuela Frances, tenía otra tortuga. Y bueno, como yo era el nieto mayor no había quien me disputara el derecho a somatar la caparazón en cuestión. Porque, claro, yo no tocaba la tortuga; sino que la somataba.

Una orquesta navideña guatemalteca necesita de tortugas y de otros instrumentos como chinchines, guacales y jícaras hechas de frutos del morro. Mis chinchines, guacales y jícaras  de niño aún los conservo, y están pintados de negro y tienen diseños en forma de animales, o de plantas. Y el que más me cae en gracia es uno que tengo con cara de animalito.

El color negro de aquellas piezas es como un laqueado singular. Los artesanos chapines lo hacen con hollín y la grasa de un insecto parecido a la cochinilla, al que le dan el nombre de nij. Pero también hay chinchines, guacales y jícaras pintados de colores; y de estos, mis favoritos son los que combinan el rojo y el amarillo.

Ahora bien, estos instrumentos encantadores y primitivos, en manos de niños de entre 3 y 12 años, le dan sonido a una orquesta atronadora que difícilmente puede llevar el ritmo, o si quiera tocar la misma pieza. Y sin embargo, es capaz de evocar recuerdos llenos de alegría y de extraordinarios momentos familiares. Al ritmo de tucutícutu, cada quién hace lo que puede y todos la pasamos contentos.


19
Nov 12

Otra víctima: el Arbol Gallo

Hace 162 años, en un ensayo que se titula Lo que vemos y lo que no vemos, Frederic Bastiat nos contó la parábola de la ventana rota, para ilustrarnos sobre el costo de oportunidad en el contexto de que la destrucción no genera beneficios.

La historia de la ventana rota cuenta como un niño rompe el escaparate de una panadería. Al principio todo el mundo simpatiza con el panadero; pero pronto la gente empieza a sugerir que la vitrina rota beneficia al vidriero, que comprará pan con lo que gane por reponer la ventana, y esto beneficiará al carnicero, quien comprara zapatos, y esto beneficiará al zapatero, y así podemos seguir. Finalmente la gente llega a la conclusión de que el niño no es culpable de vandalismo; sino que ha hecho un favor a la sociedad, creando beneficio para toda la industria.

Bastiat nos explica que si sólo tomamos en cuenta lo evidente: la necesaria reposición de una ventana rota; y perdemos de vista lo no evidente: lo que se dejó de hacer para reponer la ventana rota, no nos damos cuenta de que luego de la travesura del chiquillo, la sociedad ha perdido valor.  Se perdió lo que tuvo que invertirse para reponer algo que ya existía.

De todo esto me acordé cuando leí que -a causa del terremoto del 7 de noviembre pasado- las festividades del Arbol Gallo iban a ser suspendidas.  Leí como la gente aplaudió la decisión y me acordé de Bastiat y de su ventana rota.

Es cierto que muchas personas sufren por el terremoto, y es muy triste que cerca de 50 personas hubieran perdido la vida como consecuencia de aquel fenómeno.  Pero la vida continúa.  Y continúa…por dicha.    Sin embargo, cierto clamor popular y ¿una decisión apresurada? hicieron que a la tragedia evidente ocasionada por el terremoto la siguiera otra que no es evidente: la de las personas que sufrieron pérdidas económicas a causa de la suspensión de las fiestas en los árboles Gallo.

Músicos, artistas, técnicos, vendedores de golosinas y mucha gente más cuyos ingresos de fin de año dependían de las celebraciones del Arbol Gallo, no sólo en El Obelisco, en la ciudad de Guatemala, sino en otras partes del país.  Ellos fueron víctimas, no de un fenómeno natural, sino de la opinión pública que, en el momento del terremoto no estaba de humor para fiestas, y que sólo pensó en lo evidente, y no en el costo de oportunidad.

Yo me disfruto mucho del Arbol Gallo, de las Luces Campero y de otras tradiciones chapinas del fin de año, como seguramente las disfrutan miles y miles de guatemaltecos.  Y también comparto el dolor, cuando hay que compartirlo.  El propósito de estas meditaciones es reflexionar sobre el hecho de que la vida sigue, a pesar de las tragedias (que no son la circunstancia normal de la vida); y sobre el hecho de que a las tragedias no se les deberían sumar víctimas innecesarias a causa de el clamor de la opinión pública.

La foto es del Arbol Gallo, desde mi ventana.


04
Nov 12

“Sandwich” de fiambre y “bisque” de camarones

Una tradición que sigue al fiambre, en mi casa, es que la preparación de sandwichs de fiambre y bisque de camarones para la cena, uno o dos días después de la celebración.

Mis célebres sandwichs de fiambre son elaborados en buen pan francés con mayonesa y algunas carnes (e incluso vegetales) que sobraron y que se han estado marinando en el caldillo.  Hay que poner una variedad de carnes y esparcir los ingredientes como caigan, para que cada bocado del sandwich tenga una sorpresa.  Igual te toca una rodaja de  butifarra, como te toca una remolacha, un trocito de cesina, o unas arvejas.  El bisque lo preparamos con el caldo de los camarones que usamos para el adorno del fiambre.  En realidad es medio bisque y medio chowder y a mí me gusta muchísimo.  Sobre todo acompañado con un tinto sabroso.

Me gozo mucho los subproductos de las festividades.  Por no decir las sobras.  Por ejemplo, del fiambre hacemos los huevos revueltos con lengua salitrada, fritos en aceite de oliva y acompañados por buen pan francés.  Del pavo -en las fiestas de fin de año- me gozo mucho el caldo de huevos; y  los sandwichs de relleno, y de ensalada de pavo.


04
Nov 12

Ayote, y huevos revueltos con lengua salitrada

En mi casa es tradición que, uno o dos días después del fiambre, me desayune unos huevos revueltos con lengua salitrada y dulce de ayote.  ¡Me encanta el dulce de ayote!, y también la lengua salitrada.  Así, picadita en cubitos queda muy bien con un par de huevos revueltos y fritos en aceite de oliva.  Acompañados por buen pan francés y por café de primera.

Este año, por cierto, la lengua estaba especialmente deliciosa; y el dulce de ayote fue posible gracias a mi amiga, Carmen, que me mandó del que hizo en su casa y le quedó muy sabroso.

Me gozo mucho los subproductos de las festividades.  Por no decir las sobras.  Por ejemplo, del fiambre hacemos los huevos revueltos con lengua; y también un bisque de camarones, con el caldo en el que se cocieron los crustáceos que usamos para adorno en el fiambre; y también mis célebres sandwichs de fiambre.  Esto es: en buen pan francés pones mayonesa y algunas carnes (e incluso vegetales) que sobraron y que se han estado marinando en el caldillo.

Del pavo -en las fiestas de fin de año- me gozo mucho el caldo de huevos; y  los sandwichs de relleno, y de ensalada de pavo.