Según Richard M. Nixon, si un Presidente hace algo ilegal, por el simple hecho de que lo haga el Presidente, entonces ya no es ilegal. ¿Es esta la ética de Obama, Zelaya, Colom, Chávez, Ortega, Morales, Correa, la OEA, el SICA, y los otros?
“Por cumplir a tiempo”, dice Luciano Ricotte en Prensa Libre, “pagué la auditoría del Impuesto Sobre la Renta, y ahora determinan que no es necesaria. Es una regla que en Guatemala se deben hacer las cosas en último momento y los cumplidos siempre perdemos”.
El lector tiene razón en eso de que, en nuestro país, algunas cosas se hacen muy al revés en perjuicio de los cumplidos y de los puntuales. Por ejemplo, la mayoría de actos, cenas, reuniones y encuentros, empiezan tarde, no en atención a la gente que ha llegado puntual, sino a la espera de los que llegan impuntuales. A mí, eso me parece una desconsideración injustificable. Pero parece que así es como les parece correcto a los chapines.
Cuando Ricotte dice que los cumplidos siempre perdemos, estoy de acuerdo en el contexto citado. Empero, difiero con él en el caso del pago de los impuestos. Verá usted: ideologías aparte, los impuestos son dinero que es tomado de unos, por la fuerza; y asignado a otros de forma política y arbitraria. En mi pueblo a eso le decían robo; pero hay ambientes en los que no se cuestiona la facultad que tienen unos de vivir a costa de otros, y bueno…así la vamos pasando.
Si entendemos que hay grupos de interés que usan la ley y el gobierno para sacarle dinero a los tributarios; nos damos cuenta de que pagar a tiempo es abdicar al derecho de resistencia. Cuando el tributario paga en el último momento, cumple con la ley, pero no incurre sumisión. La cuestión es que a mucha gente la han educado en la creencia de que es bueno que la víctima consienta su sacrificio; y yo creo que eso es perverso.
Lamento que Ricotte haya consentido su sacrificio; pero perder por conocer, no es exactamente perder. Los tributarios debemos obedecer la ley para no caer víctimas del uso de la fuerza; y porque nos conviene que se conserve el orden. Sin embargo, no estamos obligados a facilitarles a los rentistas parasitarios el éxito de sus gestiones. Recordemos que el éxito de los malos, se facilita por la complacencia de los buenos.![]()
Mi amigo Carlos acaba de llamarme con una cuestión parecida a algo que plantee en este espacio el año pasado: ¿Qué hace uno, cuando ve un acto criminal?, o, en el caso que voy a comentar, ¿Qué hace uno, cuando ve un posible acto criminal?
Como me lo contaron, se lo cuento. Poco antes de las diez de la noche de hoy, Carlos volvía a su casa en compañía de su hermano. Antes de doblar en una esquina vio venir un carro rojo (el hermano dice que era gris) en el que iban por lo menos tres personas. Los dos de enfrente eran como de 20 años de edad y llevaban gorras. Carlos le dijo a su hermano: Vos, esos tienen cara de criminales. Al terminar de decir eso y de doblar la esquina los hermanos vieron un carro blanco estacionado a mano izquierda; y de inmediato se abrio una de las portezuleas del carro y de él salió un muchacho. Con cara de angustia, el muchacho empezó a agitar los brazos para llamar la atención.
Carlos le dijo a su hermano: No paramos, ¿verdad? A lo que el hermano contestó: No, pero apurémonos y llamamos a la policía.
Al llegar a su casa, a unos 70 metros del lugar donde estaba el auto blanco, Carlos y su hermano llamaron a la policía y una patrulla se hizo presente en el área a los pocos minutos.
Al ver pasar la patrulla Carlos y su hermano me llamaron: Vos, te llamamos por dos cosas. Primero, porque a lo mejor te interesa esta historia para tu blog; y dos, porque, ¿qué teníamos que haber hecho? ¿Debimos habernos detenido? ¿Y si era una trampa? ¿Y si de verdad estaba en apuros?
Las preguntas están abiertas.
Cuando publiqué la entrada titulada Publicidad y desatinos de muerte, critiqué la campaña que acude a cadáveres de mujeres para vender zapatos porque consideré que era una mala idea por inoportuna. Después de comentarios que he leído en los medios de comunicación, veo que es necesario que aclare un par de cosas:
Primera: que aquella entrada no fue un llamado para que las autoridades regulen la publicidad. Cualquiera que me conozca, o que haya leído este espacio con alguna regularidad, sabe que yo nunca propondría algo parecido.
Segunda: que la empresa que hizo los anuncios no debe sentirse moralmente culpable de nada. En consecuencia, no debe sentirse moralmente obligada a “reparar” daños supuestos, ni a hacer una campaña en favor de nada que no responda a sus legítimos intereses comerciales.
Como la de los perros vestidos de indígenas, esta de los cadáveres fue una idea tonta. Pero ya. Pasó. Es una buena anécdota en la historia de la publicidad; pero nadie debe ser sometido a chantaje moral por algo así. La moralina del establishment no debe dar lugar a abusos. En mi opinión, ni siquiera procede una disculpa.
“Con los ataques del último fin de semana entre los tres partidos que encabezan las encuestas se rompió el pacto de no agresión que fue suscrito a través del Código de Ética Multipartidario, el 25 de abril último. Los calificativos de “ladrón”, “asesino”, “mentiroso”, “aguado” y “pendejo” destacaron en la última jornada de los presidenciables de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), Partido Patriota (PP) y Gran Alianza Nacional (Gana)”.
Esta es la gente que quiere gobernar Guatemala. El mismo tipo de gente que permite que las carreteras del país, las calles, los postes y las paredes privadas sean ensuciadas con propaganda electorera. Cuando veo cosas así, se refuerzan en mí las ganas de volver a anular mi voto.