10
May 12

Para meditar, y para todas las madres

Hoy, que es Día de la Madre, leo los diarios chapines y encuentro numerosas alusiones al sacrificio de las madres y a las madres sacrificadas. Y pienso…¿es a sacrificio a lo que se refieren? Por ejemplo, si una madre deja de comer para darle alimentos a sus hijos, ¿se está sacrificando?

La creencia general es que sí. Que si una madre deja de ir al cine con sus amigas para quedarse a cuidar a su hijo pequeño, eso es un sacrificio. Que si una madre deja de hacer cosas que hacía antes para ahorrar y tener plata con qué mandar a su hijo a la universidad, eso es sacrificio. Y así sucesivamente.

Empero, un sacrificio es, primero que nada, una acción a la que uno se sujeta con gran repunancia, o es sujetarse con resignación a una cosa violenta. Es abnegación, que a su vez es renunciar uno a sus intereses y a sus propias valoraciones. Hay sacrificio, por ejemplo, cuando uno entrega algo de más valor (para uno), a cambio de algo de menos valor (para uno). Ahora bien, si la madre valora (ama, quiere, respeta, admira y demás) al hijo y deja de comer por él, o deja de ir al cine con sus amigas, por él, ¿dónde esá el sacrificio? Si la madre valora y se interesa por su hijo más que por el cine, por decir algo, ¿dónde está la abnegación?

Es evidente, en aquel caso, que la madre cambia algo que valora (comer, o ir al cine), por algo que valora más (su hijo). No hay repugnancia, ni resignación frente a la violencia. Al contrario.

Entonces, ¿qué es eso que en los medios masivos y en la cultura popular se conoce como sacrificio maternal? Es costo de oportunidad.

Sí, por ejemplo, una madre gasta el tiempo y dinero que tiene en cuidar a su hijo, no puede gastarlos en ir al cine con sus amigas, y en otra cosa.  El costo de oportunidad es el valor del siguiente uso alternativo más valorado para los recursos escasos que una madre (o cualquiera) tiene.  El costo de oportunidad de ir al cine es el amor hacia el hijo (porque lo valora más).  Si el mejor siguiente uso alternativo de tiempo y dinero para cuidar al hijo amado es ir al cine; entonces el costo de oportunidad de cuidar al hijo es el placer de ir al cine. No hay tal sacrificio en este tipo de relación voluntaria y natural.  El costo de oportunidad se manifiesta, también, cuando una madre decide dejar de hacer cosas en el corto plazo, para conseguir o alcanzar otras mejores, en el largo plazo.

Claro que otro es el caso si se diera el uso de violencia; es decir, si la madre fuera obligada a cuidar a un hijo que no quiere, que no ama, que no respeta, que no admira. Entonces sí habría sacrificio, porque hay intervención de violencia que puede ser física, o no. Y claro, ese no es el tipo de relación que admiramos entre una madre y su hijo (o alreves).

En este Día de la Madre, ¡celebremos el amor! No celebremos el sacrificio, la repugnancia, la abnegación ni la violencia. Por mi parte, ¡celebró a mi madre! -Nora- cuyos amor, gozo por la vida, buen humor, generosidad y buen juicio han estado a mi lado tanto en los días de fiesta, como en los días adversos.

Este artículo lo publique, por primera vez, en 2008.  Lo publico de nuevo porque -de verdad- me parece inapropiada e indigna la forma en el que el concepto de sacrificio es usado en esta temporada.


23
Abr 12

A celebrar el Día del libro

Hoy, que es el Día del libro, voy a aprovechar para agradecer a todas las personas que influyeron para que yo aprendiera a disfrutar de esos estupendos amigos, compañeros, consejeros y cómplices que son los libros.

Primero a mi padre, porque cómo me gustaba encontrarlo sentado en la sala de la casa, libro en mano, en las tardes cuando yo regresaba de jugar en la calle con mis amigos.  Ahí estaba él, en un rincón y acomodado.  Y se veía tan bien, galán como era.  Sereno y absorto.  Yo quería ser así…o, por lo menos, hacer eso.

Luego a mi abuela, Frances, porque tenía una bilbioteca riquísima.  Llena de libros de de todo.  Desde Cervantes, Shakespeare y Dante; hasta novelitas de una de las cuales un día me dijo: I am tired of getting in and out of Amber´s bed.  Ella me enseñó a amar la lectura, y las novelas históricas.  Me enseñó a leer de todo y a apreciar distintos ángulos de lectura.

También a mi Tía Baby, porque ella tenía -en español- los libros que mi abuela, Frances, leía en inglés; y un día de tantos ella me regaló todos sus libros.  Leí bastante gracias a que los libros en español me facilitaban la lectura.

Finalmente a Conchita de Castellanos que me regaló mi primer libro propio, mío de mí. Para una Navidad me obsequió Corazón, de Edmundo de Amicis.

Corazón fue el primer libro serio, completo que leí, aunque ya había hecho un intento anterior.  Una tarde de aquellas me senté junto a mi padre con Hamlet en mano y lo empecé a leer.  No recuerdo por qué elegí  Hamlet en particular; pero cuando mi padre me vio con eso me dijo que quizás debería leer algo más como para mi edad.  Yo calculo que tendría unos 10 u 11 años, entonces.  Y me dió Vida y combates de Luis Angel Firpo (un boxeador argentino).  Y me explicó que el libro había sido de mi abuelo, y que a él le gustaba mucho el boxeo.  Recibí el libro e hice lo posible por leerlo, mas nunca lo terminé.

Lo que sí disfrutaba mucho, entre aquel episodio y esa navidad en la que recibí Corazón, era de leer enciclopedias y revistas Life que había varias en la casa de mis padres y en la casa de mi abuela.  También gozaba mucho leyendo series de historietas de la Editorial Novaro: Leyendas de América, Aventuras de la vida real, Clásicos del cine, Vidas ejemplares y Vidas ilustres.  Creo que esas me costaban Q 0.25 cada uno y como me costaba juntar la plata para comprarlas.


21
Feb 12

Lástima que el Carnaval no es una gran fiesta

Lastima que, entre los chapines de la capital, el Carnaval no es una gran fiesta. Claro que en los mercados hay cascarones abundantes y, anoche en la carretera de Muxbal vi montones de ellos; pero no es que sea una gran celebración popular.

Afortunadamente hoy en la mañana, vi a dos princesas, un vaquero y a un Harry Potter -con sus cascarones- listos para celebrar en el colegio. Ahí estaban los niños, contentos y en la calle, esperando los buses de sus colegios.

Tengo mi historia de Carnaval en el colegio, y la comparto cada tanto: Cuando mis jóvenes padres viajaban -o andaban de parranda- mi hermano, Juan Carlos y yo ibamos a vivir a la casa de mi abuelita Juanita y de La Mamita (su hermana). Ese era un mundo centrado en nosotros. Ligeramente sobreprotector; pero enormemente creativo y entretenido. Aveces, se podía decir que algo alejado de la realidad.

Cuando yo estaba en Segundo año de primaria nos agarró el Carnaval en esa casa. Por esos días, mi padre había regresado de alguna parte con un extraordinario traje de Batman para mí, y uno de Robin, igual de admirable para mi hermano. Those were the days, my friend!

Pues bien…llegado el martes nos vistieron de Batman y Robin, nos dieron sendas bolsas de cascarones y caminamos a la parada del bus, que quedaba como a dos cuadras de la casa. Mi hermano y yo íbamos en las nubes con nuestros disfraces. Veíamos cómo se aproximaba el bus. El bus se estacionó. Lo abordamos. Mi abuela y mi tía abuela nos dijeron adiós en la parada. Y el bus arrancó.

Y todos se nos quedaron viendo, porque ¡todavía faltaba una semana para el Carnaval! Mi hermano y yo eramos los únicos pendejos disfrazados.

Cuando era chico recuerdo haber hecho cascarones en dos ocasiones. Eso fue con mi tía abuela, La Mamita, que fue quien me enseñó la técnica de pintado. Ella guardaba cáscaras de huevo a lo largo meses, elaboraba el confetti, preparaba la añilina, cortaba el papel y hacía el engrudo necesario para sellar los cascarones. Y los niños, ¿qué hacíamos? Pues pintábamos los cascarones y nos pintábamos entre nosotros, combinabamos los colores, hacíamos diseños y nos divertíamos. Y si uno quería llevar la diversión un paso más allá, podía ponerle harina a algunos cascarones, travesura que había que hacer sin que La Mamita se diera cuenta.

Los cascarones son propios del Carnaval; y me he encontrado estos, hoy en el mercado. Son huevos vacíos, rellenos con confetti y un grano de maíz, coloreados con añilina y cubiertos con papel de China. De verdad quisiera saber para qué es el maíz.

La idea, con los cascarones es rompérselos a alguien en la cabeza; normalmente de forma sorpresiva y por atrás.

Actualización: La foto me la mandó mi amigo, Warren y de plano que ni mandada a hacer para esta entrada.


14
Feb 12

Sexo en el Día del amor, el cariño y la amistad

Aaaaaaaah, lo que escribió hoy, mi cuate Craig Biddle merece ser reproducido y compartido:  De acuerdo con el candidato presidencial republicano, Rick Santorum, el uso de anticonceptivos no está bien porque de alguna manera va contra lo que deberían ser las cosas; el sexo, según este pretendiente a ser el lider del mundo libre, debería ser sólo para propositos de procreación, y no simplemente por placer.

Es scary, ¿o no?

Craig es editor del Objectivist Standard; y si quieres saber por qué es que el argumento de Santorum es corrupto te recomiendo leer Ignore Santorum´s Depraved Prescription: Have Sex for Pleasure this Valentine´s Day.  Para un hombre racional, el sexo es una expresión de autoestima -una celebración de sí mismo y de su existencia, escribió Ayn Rand, a quien cita Craig; y el Día de San Valentín es un bueno para dedicarlo a celebrar la vida llena de gozo espiritual y placer sensual.


30
Dic 11

¡Feliz año!

Mis padres y tíos eran jóvenes, alegres y parranderos; de modo que para el Año Nuevo organizaban sus fiestas en la casa de mi abuela Frances y a los niños nos despachaban a la casa de mi abuela Juanita.

Ella y mi tía abuela, la mamita, montaban una fiesta para cuatro, cuyo propósito era conseguir que, en un ambiente alegre, los críos le diéramos la bienvenida al año nuevo.

La Mamita y la abuelita nos contaban historias; y así fue como supimos cómo era un viaje a Esquipulas –en la primera década del siglo pasado– para una niña de menos de 10 años, montada en un caballo llamado Chino.  Así nos enterábamos de cómo era la vida en la Guatemala  de cuando se amarraba a los chuchos con longanizas.  Así oí que había unos juegos pirotéctnicos llamados toritos, que lanzaban luces multicolores y que perseguían a la gente durante las festividades.

Aquella fiesta no podía pasar sin que quemáramos cohetes.  Pero como las dos viejitas eran prudentes, los que nos permitían quemar eran estrellitas y unas bolitas de colores que, al somatarlas contra el piso, estallaban.  Nada de ametralladoras, varas, y otras cosas más complejas, que solo quemábamos en la Nochebuena, acompañados por mi padre.

Para la cena, mi madre dejaba la mesa puesta con buena cantidad de golosinas, así como con algún pequeño pavo o pierna que los niños íbamos despedazando poco a poco entre relato y relato.  A veces, claro, nos vencía el sueño.  Quién sabe si porque se iba haciendo tarde, o porque la voz de La mamita nos arrullaba, o por la copa de rompopo, vermouth, o marsala al huevo que se nos permitía tomar.

Cerca de la media noche, las viejitas se aseguraban de que la radio estuviera sintonizada en la estación que transmitiría El brindis del bohemio y de que nuestras pequeñas copas estuvieran llenas.  Cada quién tenía sus doce uvas.  Los dos mayores teníamos nuestras estrellitas y nuestras bolitas explosivas.  Y cuando comenzaba el alboroto propio de la bienvenida para el nuevo año nos abrazábamos como si no nos hubiéramos visto en décadas.  Y mis padres llamaban por teléfono y nos gritábamos ¡feliz año! como mejor podíamos.   Y cada noche de Año Nuevo, no importa en dónde esté, siempre recuerdo esas fiestas, y en mi corazón les agradezco a las personas que me han dado una vida buena.

Columna publicada en El Periódico.


16
Dic 11

Homenaje al doctor Carlos Lizama

El doctor Carlos Lizama recibió un homenaje durante el programa Exaltando Nuestros Valores, del Banco Industrial.  El doctor Lizama -eminente oncólogo y apasionado orquideólogo- recibió un diploma e izó el pabellón nacional en la Plaza Cívica Ramiro Castillo Love, del Centro Financiero, el 5 de diciembre pasado.

Quiero y admiro mucho al doctor Lizama. Con un corazonote, él y su queridísima María Antonia, así como su familia fueron una influencia muy importante en mi adolescencia. Ellos me introdujeron al mundo de la orquideología; con ellos recorrí los bosques de Alta Verapaz. Con ellos aprendí a extraer miel blanca de los panales; y a sembrar maíz en los zurcos. ¡Con ellos aprendí a tomar café! El me enseñó qué son los characoteles. De lejos lo vi construir su velero, con mi amigo Roberto.

Celebro mucho este homenaje a un gran hombre, un gran amigo, un gran guatemalteco. El 25 de diciembre, como todos los años desde hace muchos años pasaré a darle un abrazote.


15
Dic 11

Aury Ruiz y su voz apasionada

Con un elenco de músicos de lujo, Aury Ruiz celebró anoche un concierto en el que su voz y su pasión llevaron al público por un camino de recuerdos y buena música.

Aury sabe como combinar a José Alfredo Jiménez, la Trova, Roberto Carlos y otros para crfear una atmósfera íntima que caracteriza sus presentaciones. Yo celebro haber estado en la Hacienda de los Sánchez, anoche, acompañado de buenos amigos y del encanto de esta querida intérprete.


13
Dic 11

¡Siguen los toritos!


Los que visitan este espacio saben que los toritos son mis fuegos artificiales favoritos; y la particularidad de este es la cantidad de niños que se le acercaban y que luego eran correteados por el torito; y el hecho de que el torito se dejaba ir contra la multitud.

Pensé que así, exactamente, debe haber sido cuando mi tía abuela La Mamita veía toritos a principios del siglo XX.  Ella fue quien me introdujo al facinante mundo de estos juegos pirotécnicos.

Anoche la gente se reía, aplaudía y gritaba cuando el torito hacía de las suyas; y los niños salían disparados cuando las luces se activaban y el torito los embestía. Este es de la 1a. avenida y 3a. calle de la zona 1-


12
Dic 11

¡Los toritos son mis favoritos!


Durante la fiesta de Guadalupe, en mi barrio, los toritos son mis favoritos. Me gustan las luces, me gusta cuando baila El torito, y me divierte mucho cuando se deja ir y uno está a punto de ser embestido por esta bestia de luces.

¿Quién sabrá cuántos toritos se queman durante el recorrido de este cortejo en la Villa de Guadalupe?

Me gustan tanto, los toritos, que para el Día de Gracias quemamos uno en mi casa -mismo que era para mi cumpleaños, pero que por la lluvia ya no pudo ser quemado-.

De todos los fuegos artificiales que he visto mi favorito es El Torito. Oí por primera vez de él cuando era niño y mi tía abuela La Mamita me contaba de los festejos populares de cuando ella era niña, a principios del síglo XX.

Cuando ella llegaba a la parte del torito, y de cómo se dejaba ir entre la gente mientras disparaba cohetes y luces, yo me emocionaba mucho. Pero no fue hasta la adolecencia que vi uno en persona. Y desde entonces no me resisto a ver toritos, aunque me correteen.


12
Dic 11

¡Pero, que cantidad de cohetes!


Al paso del cortejo de Guadalupe, los vecinos de la Villa del mismo nombre queman cualquier cantidad de cohetes y bombas. ¡Queman de todo! La gente se esmera en todo el recorrido. Anoche llevamos a nuestro cuate, Wayne, a ver el recorrido por el Cantón 21 donde se vive intensamente esta fiesta.

Esta es la quema de varias ametralladoras; pero sólo unos metros después, un grupo de jóvenes quemó no se cuántas bombas voladoras. ¡Chispas!, ¿cómo no las conté? Es que en realidad nunca me imaginé que fueran a ser tantas.