27
Feb 10

Las deliciosas ciruelas

Con las ciruelas he cometido alguna injusticia. Cuando alguien me pregunta que cuál es mi fruta favorita, nunca, nunca, tengo a las ciruelas en mente. Los chicos son top of mind; y luego puedo hablar de las uvas, las manzanas, las papayas, las peras, los jocotes marañones, las fresas y las moras, los melones, los zapotes, los bananos, las mandarinas, las sandías y de otras frutas. Empero, hoy que estuve gozándome a las de la foto me dí cuenta de que las únicas dos frutas que me hacen aplaudir de gusto cuando me las ofrecen son los chicos y las ciruelas.

Adoro lo dulce y jugoso de las ciruelas. Me seducen sus sabores y aromas. Me encanta su color oscuro y profundo. Y recuerdo, con mucho placer, el plum pudding que hacía mi abuela, Frances.
Atribuyo mi descuido con las ciruelas al hecho de que son muy de temporada. De las otras frutas hay casi todo el año, pero las ciruelas, como los membrillos, sólo hay cuando debe haber.

17
Feb 10

¡Ya es temporada de jocotes marañones!

No están muy galanes que digamos, pero estos son los primeros jocotes marañones o anacardos que veo en la temporada. Su inconfundible aroma es propio de la temporada de calor en Guatemala; y trae recuerdos de playa, de celebraciones callejeras y de fiesta.

A mí no me gustan vivos por lo astringente; pero el refresco y los helados de marañones de verdad me parecen deliciosos a más no poder. Y, por supuesto, también me gustan las semillas asadas. Recuerdo que mi tía abuela La Mamita las ponía a asar entre las cenizas del carbón, o bien, las secaba y pintaba caritas de mono en las semillas. Ella tenía mucha habilidad para esas cosas y, por ejemplo, también hacía peces son las semillas de los mangos de pita.
Estos marañones están muy bien acompañados por kiwis, mangos verdes y aguacates.


16
Feb 10

El placer del café mañanero

Mi capuchinera estuvo fuera de combate unas semanas; y cómo la extrañé. Me hicieron falta sus suspiros profundos y los aromas que emana. Especialmente cuando -como ocurre hoy- acudo a ella antes de que el Sol empiece a iluminar al cielo.
El café, que es la causa de tanto placer, me gusta que sea 50% Antigua para acidez y 50% Cobán para frutosidad. Me gusta tostado oscuro y molido bien fino. Me gusta que me embobe y que me atraiga. Que su aroma me envuelva y que despierte mis sentidos.
Aaaaaaah, como disfruto mi café.

10
Feb 10

Pata de paloma para la cena

Anoche, para la cena, hicieron Pata de paloma en casa. Esta es una hierba de apariencia humilde, como el Macuy o Hierbamora, como el Bledo , o las Puntas de güisquil; sin embargo, igual que aquellas otras hierbas, la Pata de paloma me parece muy sabrosa. A mí estas hierbas me gustan mucho, ya sea con tortillas, o sólo así con tomate y cebolla al vapor. También me gustan en caldo, o para acompañar algún guiso.

Hasta hace poco yo no conocía la Pata de paloma y ha sido una gran añadidura a mi repertorio de cenas ligeras.

09
Ene 10

¿Comerías de esta carne?

Ayer me encontré con este vehículo y esta carne en el mercado municipal de La Villa de Guadalupe. ¡Por supuesto que no se cuál era el destino de la carne!; pero díganme si no llama la atención que fuera en la palangana de un pick-up, junto a una carretilla de mano, y dos toneles.


07
Ene 10

Piñas en la Historia y piñas en mi vida

En el Lienzo de Quauhquechollan, abajo a la derecha, se ven unas piñas; hecho que llama la atención porque el lienzo fue pintado c. 1530 y las piñas no son originarias de Guatemala. Su presencia en el lienzo -en el área geográfica que podría corresponder al departamento de Santa Rosa- se explica si ya para el siglo XVI había comercio entre lo que ahora es Guatemala y lo que ahora es América del Sur, de donde son originarias aquellas frutas.

Más fascinante aún, es que, si usted toma hoy la carretera rumbo a El Salvador, ¿qué es lo que va encontrar sembrado a lo largo de la carretera por ahí por Santa Rosa? Piñas. Y a mí me gusta imaginar que las piñas que compro a la orilla del camino, son las tatara tatara nietas de las que veo en el Lienzo Q.
Una restauración digital del Lienzo de Quauhquechollan puede ser vista en el Centro Cultural de la Universidad Francisco Marroquín; y cuenta la historia de cómo es que los quauhquecholtecas, en alianza con Hernan Cortés y al mando de Jorge de Alvarado, conquistaron los reinos mayenses que había en lo que ahora conocemos como Guatemala. El original se halla en La Casa del Alfeñique, en Puebla, México.

27
Dic 09

Soy el monstruo come galletas

En Plaza Sésamo había un monstruo come galletas; y ahora, que hicimos galletas en casa, estoy convertido en ese personaje. Hicimos galletas de mosh y de Cornflakes de acuerdo con la receta tradicional de mi madre y de mi abuela.
En casa de mis padres, para estas fiestas hacíamos varias galletas: las de ley eran estas de mosh y Cornflakes;unas en forma de arbolito, con sabor a almendras; las de chocolate; los gusanitos de almendras, de verdad; y mis favoritas que son de mantequilla de maní con un chocolate chip. Y de ahí, aveces se hacían unas de nueces; otras barras de nueces y dátiles; unas de molasses y unas de cardamomo.
Aunque me gustaba que estuvieran en la mesa de Nochebuena, yo me las gozaba más en los días posteriores cuando veía televisión acompañado por un plato de galletas y un vaso de leche bien, bien, bien fría.
Las galletas navideñas eran guardadas en latas de galletas de soda vacías; pero recuerdo un año en que mi padre llevó unas latas grandes de manteca que un amigo le había regalado.
Recuerdo, también, que a mi madre y a los niños nos llevaba un par de tardes hornear todas las galletas y que las más difíciles eran las de chocolate porque este se derretía en las manos cuando uno hacía las bolitas. Las más delicadas, sin embargo, eran las de mantequilla de maní y chocolate chip porque había que sacarlas a medio hornear y ponerles rápidamente el chip antes de devolverlas para que se terminaran de cocer. Como yo no tengo mucha paciencia, para mí eran difíciles las de arbolito porque me costaba mucho que agarraran forma.

23
Dic 09

¡Ya vinieron los tamales!

Ya están en mi casa los deliciosos tamales que disfrutaré entre la Navidad y el Año Nuevo. Magníficos tamales negros y colorados de doña Estela de Alburez (2474 0260).

Doña Estelita heredó, de su señora madre, el arte de los tamales; y calculo que tengo unos 25 años de disfrutar de estas delicias cuyas raíces se hallan en las montañas de San Martín Jilotepeque.
Yo tuve la dicha de todavía ver a mi bisabuela, Adela, haciendo tamales; y durante muchos años, quien nos proveyó de tamales navideños -en casa de mis padres- fue mi tía abuela Baby. Durante un par de años los conseguí con una señora que los hacía, magníficos, allá por el barrio de Gerona; y desde mediados de los años noventa, no cambio por nada los de doña Estelita.
Me gusta que mis tamales tengan sabores, colores y aromas intensos; que la masa sea más suave que dura; que sean más grandes que pequeños; y que sonrían. A mí, los tamales de doña Estelita me sonríen.

16
Dic 09

Serenados, nuevos dulces para disfrutar

Yo no conocía los serenados hasta que, la semana pasada, fui al convivio del Museo Popol Vuh y una de las voluntarias tuvo la gentileza de obsequiarnos con estas delicias.

Estos son parte del repertorio de dulces de navidad que desde siempre han sido horneados por las monjas clarisas. En realidad, yo sólo los había probado en su versión industrial y los conocía como polvorones; pero no fue, hasta ahora, que tuve la oportunidad de comerlos artesanales.
Los serenados o polvorones seguramente tienen su origen en España, y me alegro mucho de haberlos conocido y de integrarlos a mi repertorio de golosinas navideñas.

09
Dic 09

Historias de cebollas

Manix era hijo de Simón y era uno de nuestros mejores perros en la casa de mis padres; y Manix tenía la manía de robarse las cebollas de la cocina.

En el colegio se decía que si uno se ponía unas cebollas en las axilas le daba fiebre; y que esa era una forma efectiva para capearse de clases.
Mis cebollas favoritas son las Vidalia. Así asadas, u horneadas sólo con un chorrito de aceite de oliva.
El pie de cebollas que hacían mi bisabuela, Adela; mi abuela, Frances; y que hace mi madre, es uno de los mejores de todo el universo mundo.
Robert Louis Stevenson escribió estos versos:
First let the onion flourish there,
Rose among roots, the maiden-faire
Wine-scented and poetic soul
Of the capacious salad bowl!
La cebolla de la foto fue cultivada en mi balcón y el fin de semana formó parte de un vindaloo de pollo que estuvo de chuparse los dedos.