Joseph Ratzinger -desde el retiro- acusó al biólogo evolucionista Richard Dawkins, autor de libros como El gen egoísta de defender sus posturas con argumentos de ciencia ficción.
Y ahora sí estoy de acuerdo con Ratzinger: ¡Pura ficción eso de los pingüinos que caminaron desde la Antártida hasta el Oriente Medio atravesando el desierto para subirse a un arca! ¿Y qué me dices del arbusto ardiente que no se quema, o del hombre que caminaba sobre el agua? Pura ficción, como ficción es eso de los hombres que resucitan y los peces que se multiplican. ¿Qué, si no ficción, es eso de convertir el agua en vino y eso de que el sol se detuvo para que Josué ganara una batalla!
Ah…¿que no fue Dawkins el de todo aquello? ¡Ups! My mistake.
Lo anterior fue un sarcasmo, claro; y lo aviso para los que les cuesta entender el sarcasmo.
Dawkins es muy desatinado en política y por eso dejé de seguir su Twitter; pero en cuanto a The Selfish Gene, ese libro me pareció retador y fascinante, sobre todo porque lo leí en el contexto del Seminario de economía y psicología evolutiva, del Centro Henry Hazlitt de la Universidad Francisco Marroquín.
Para los no iniciados, en el libro Dawkins no argumenta a favor de un gen del egoísmo, ni nada parecido. Lo que hace es presentar una perspectiva evolucionista centrada en los genes; en oposición, digamos, a una perspectiva centrada en los organismos, o en los grupos.
En aquel espacio también hemos leído obras como The Blank Slate, por Steven Pinker; The Rational Optimist y The Origins of Virtue, por Matt Ridley; Why Evolution is True, de Jerry A. Coyne; y Pensar rápido, pensar despacio, por Daniel Kahneman. Si te interesan esos temas, esos libros son altamente recomendables. Los enlaces de los títulos te llevan a los comentarios del director del seminario, Wayne Leighton y seguramente querrás echarles un vistazo. El enlace de Coyne es una conversación que tuve con él; y el de su libro es la conferencia que ofreció en la UFM sobre su libro.






