08
Dic 07

Punto de inflexión

Los electores y los tributarios guatemaltecos tuvimos una experiencia gratificante. A fuerza de acciones individuales de repudio, conseguimos que los diputados echaran marcha atrás en su desvergonzada pretensión de asignarse indemnizaciones, entre aquellos representantes que no habían resultado reelectos para la próxima legislatura.

¡Y ahora no hay que soltar la presa! Aquellos políticos a los que les conviene que los chapines actuemos como súbditos y no como ciudadanos, perpetúan y refuerzan la idea de que la ciudadanía se vive sólo cada cuatro años en el día de los comicios. Sin embargo, en una república en la que el poder está sujeto a la ley, y en la que la soberanía reside en los ciudadanos, aquella se ejerce –o debería ser ejercida– todos los días, por todos los interesados.

Aquellos políticos también alimentan la idea de que la autoridad debe ser obedecida, y la de que las personas son parte de una gran maquinaria o de un gran organismo al que están obligadas a servir; aún a costa de sus derechos individuales, o de sus aspiraciones.

Es un hecho que políticos que llegan al poder para salir de pobres, o los que llegan al poder para imponer sus valores y sus programas, no se someten a la majestad de la ley por voluntad propia. Sin un adecuado ejercicio de la ciudadanía por parte de las personas individuales que pagan impuestos y que tienen que trabajar duro para conseguir esa plata, los políticos no tienen incentivo alguno para no desperdiciar aquellos recursos, si ni siquiera lo tienen para apropiarse de ellos.

Por eso es que fueron importantes las miles de llamadas telefónicas que ustedes hicieron a los programas radiales de opinión; y por eso es que fueron importantes los miles de correos electrónicos enviados a las secciones de opinión de los diarios, o directamente a los diputados. Por eso fue importante el personaje que se fue a parar al estacionamiento del Congreso, y protestó contra el abuso con un cartel y dando la cara.

Los diputados se recetaron aumento salarial e indemnización con el dinero que usted produce con su trabajo personal. Y lo justo es que usted decida si quiere darles ese dinero, o no. Mediante el presupuesto del estado, el Ministerio de Finanzas y los diputados están piñatizando el dinero que usted produce y les entrega cuando se ve obligado a pagar impuestos. Y lo justo es que usted decida si quiere darles ese dinero, o no. Y usted puede dárselos porque al fin y al cabo usted es el que trabaja duro para ganarse esa plata, pero la cuestión es: ¿Tenemos derecho a obligar a otros a trabajar para que los que viven del presupuesto del estado tengan una vida cómoda?

Los ciudadanos guatemaltecos hemos llegado a un punto de inflexión importante. Ahora sabemos que tenemos el poder para cambiar el rumbo de las cosas. Sabemos que podemos ejercer poder político, o al menos influencia política, si nos comportamos responsablemente y nos rehusamos a “bendecir” con nuestra inacción, los abusos de los políticos rapaces.

Los guatemaltecos acabamos de pasar por una experiencia de ciudadanía intensa. Y, como los venezolanos, y como aquel hombre que detuvo los tanques en la Plaza de Tienanmen, ahora sabemos que el poder de uno es sí tiene impacto.

Para los chapines, es el momento de definir nuestra futura relación con quienes ejercen el poder político. ¿Vamos a ser súbditos sumisos y obedientes; o vamos a ser ciudadanos conscientes, de pensamiento independiente y de acción decidida? ¿Vamos a admitir el despojo y el uso de la fuerza en las relaciones con el poder; o vamos a exigir el respeto a los derechos individuales y a la igualdad de todos ante la ley?

Y como no se trata sólo de quejarse y de criticar (que no está de más), ¿por qué no tomamos en serio la empresa de fundar un estado en el que sean posibles la paz y la prosperidad? ¿Por qué no dejamos de depender de la arbitrariedad y fundamos un estado de derecho? Para eso, le invito a que explore la propuesta de http://www.proreforma.org.gt//. Ahora sabemos que uno a uno, sí podemos tener impacto en el ejercicio del poder.

Publicado en Prensa Libre el sábado 8 de diciembre de 2007,


05
Dic 07

No hay que soltar la presa

Me uno al llamado de la diputada Mineth Montenegro para que la Corte de Constitucionalidad deje sin efecto el decreto que les concede aumento de sueldo e indemnización a sus colegas.

En este proceso, fue particularmente efectiva la participacion ciudadana en cuanto a presionar a los diputados para que dieran marcha atrás en esta sinvergüenzada. La gente participó activamente en las cartas de los lectores, en los diarios; y con llamadas a los programas de radio. Ojalá que aprendamos de esta experiencia y que tomemos en cuenta que no es un asunto que haya concluido.
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01
Dic 07

Este macho, es mi mula

La Junta Directiva del Congreso y los jefes de bloques reconocieron que hubo errores en el procedimiento de aprobación de las reformas a la Ley de Servicio Civil de ese organismo, que concedió nuevas prestaciones a los diputados, como indemnización y aumento de sueldo. Por ello, pedirán al pleno que la medida quede sin efecto.

¡Canallas! Note usted que no reconocieron que lo que hicieron fue una sinvergüenzada; sino que aludieron a errores de procedimiento.


01
Dic 07

¡Trabajemos más!

En Bolivia, una turba incendió la casa de un senador a quien se le imputaba haberse vendido al presidente Morales. Y para no ir muy lejos, aquí en Guatemala ya hemos visto escenas de pobladores quemando casas de alcaldes, estaciones de policía y juzgados.

La primera lección de estas dos noticias es que, cuando la gente se cansa, se cansa de verdad. En tanto que la segunda lección que deberíamos extraer es que ¡¿Qué fregada necesidad hay de llegar a aquellos extremos?!

Resulta evidente que a ellos no se llega de la noche a la mañana. La suma de abusos es la que desata la furia de la plebe que, dada la naturaleza de esa furia, generalmente no concluye hasta que la violencia y la destrucción (o un muerto) sacian la sed de lo que la turba entiende por justicia.

El martes pasado, la mayoría de diputados guatemaltecos aprobó concederle a sus compañeros no reelectos una indemnización; y para más infamia los representantes se subieron el sueldo. Además. Los diputados gozarán de bonos y de canasta navideña. Por concepto de indemnización, los representatnes recibirán Q38 mil cada uno, por cuatro años de trabajo.

Este abuso de los diputados coincide con el momento en el que el Congreso aprobó un presupuesto de más de Q42 mil millones, en medio de quejas de que el dinero no alcanza para prestar los servicios mínimos de seguridad y de justicia que debería ofrecer el estado; ni para cubrir las necesidades de los pobres que, supuestamente, ocupan a la administración.

Dicho presupuesto incluye aportaciones para cuanto grupo de interés puede conseguir una. Si a aquellas tajadas les sumamos la sinvergüenzada de los diputados, se confirma que el propósito del gobierno chapín es transferir la riqueza a aquellos que tienen poder político; y que la consigna para los tributarios es: ¡Trabajen más duro!, porque los que viven del presupuesto dependen de ustedes.

Estas dos últimas observaciones me llevan a preguntar: ¿Quién tiene la culpa de que los diputados abusen como abusan?

A lo largo de la historia política de Guatemala, como electores y como tributarios, los chapines hemos tenido una actitud de súbditos más que de ciudadanos. Con inocencia impresionante, nos quejamos de lo ineptos y de lo corruptos que son los políticos, pero no vacilamos en entregarles nuestros ahorros y en encargarles tareas de importancia. ¿Cómo explica usted semejante incoherencia?

A lo largo de la historia política del país, las dirigencias se han apartado de los principios y han caído en las redes de la ambigüedad y del relativismo. El intercambio de concesiones y la tolerancia de la apariencia sobre la realidad han sido las actitudes corrientes en las relaciones sociales y en las relaciones de poder. El bueno, entonces, no es el que no roba; sino el que sabe distinguir cuándo y entre quienes es aceptable tomar los ahorros ajenos por la fuerza, y cuando hay que hacerlo con discreción.

La culpa del IETAAP, por ejemplo, no la tienen tanto los políticos, los burócratas y los grupos de interés que viven del presupuesto del estado, sino aquellos que, cuando se le conocía como ISET, hicieron concesiones y aceptaron la imposición de un tributo “extraordinario y temporal”.

Si los diputados se salen con la suya en cuanto a recibir las indemnizaciones que se han recetado, y si la administración se sale con la suya en cuanto a la ampliación de la vigencia del IETAAP, la culpa la vamos a tener los electores y tributarios que permitimos que aquello ocurriera. Y un día de estos nadie va a saber ni cómo ni cuándo pasó, pero, ¡Dios no lo quiera!, la gente se va a cansar de tanto abuso. Los Chávez y los Evos, así como las quemas de casas de políticos, no ocurren en el vacío. Están precedidos por historias de abusos que fueron dejados pasar, y por élites incapaces de comprender que la vida, la libertad y la propiedad deben ser defendidas; no negociadas. Trabajemos más, pues; porque los que viven del presupuesto, dependen de nosotros.

Publicado en el diario Prensa Libre el sábado 1 de diciembre de 2007


28
Nov 07

Un voto decente en el Congreso chapín

El siguiente es el voto razonado del diputado Julio Lowenthal contra el Impuesto Extraordinario y Temporal de Apoyo a los Acuerdos de Paz. Publico el texto, no sólo por el respeto que siento por el citado representante; sino porque las razones técnicas que expone Lowenthal son importantes para entender por qué es que dicho impuesto es otra expoliación inaceptable a la que somos sometidos los tributarios guatemaltecos.

1) Voto en contra. El Decreto número 1904 del Congreso de la República, aprobó el impuesto extraordinario y temporal de apoyo a los Acuerdos de Paz, iniciativa que en su momento apoyé y suscribí con mi voto.

2) La nueva Iniciativa con número de registro 3707 enviada por el Organismo Ejecutivo, tendiente a prorrogar la vigencia por un año más de este impuesto, constituye un engaño a todas las personas y empresas que pagan impuestos, demuestra una falta de disciplina por parte de las autoridades en el manejo de los fondos públicos, ya que se conocía la temporalidad que el Congreso de la República le asignó, con fecha de vencimiento el 31 de diciembre del 2007.

3) Las leyes fiscales no pueden estar sujetas a cambios constantes porque significan una falta de certeza fiscal y jurídica, lo que ahuyenta la inversión tan necesaria para la creación de empleos. A lo anterior debe adicionarse la tremenda inseguridad reinante en el país, situación que debe enfrentarse con carácter y mucha firmeza en las decisiones.

4) Me opongo a la renovación del impuesto del IETAAP, porque si se trata de sacar de apuros al Organismo Ejecutivo, debe tomarse en cuenta y hacer las preguntas sobre a dónde han ido a parar los ingresos extraordinarios y NO presupuestados en el presupuesto nacional del 2006 y actualmente vigente, provenientes del impuesto específico sobre los combustibles, así como el IVA correspondiente a este rubro. Se trata aquí de cientos de millones de quetzales anualmente, sobre los que nada se ha dicho!. Debe también tomarse en cuenta el aumento publicitado por el propio Ministerio de Finanzas Públicas, de la recaudación fiscal por el pago del IVA y del Impuesto Sobre la Renta, que asciende a más de 5 Mil Millones de Quetzales, así como los datos de una macroeconomía creciente para Guatemala.

5) Finalmente debo recordar que el impuesto del IETAAP lo tienen que pagar también las empresas que tienen pérdidas en sus operaciones, lo que les dificulta o imposibilita el poder invertir en renovación de tecnología y equipos, cosa que también redunda en aplazar la creación de nuevos empleos.

6) Desafortunadamente, no se pensó en reducir el aparato estatal, en recortar gastos innecesarios o en reducir nuestra asfixiante burocracia.

Por lo anterior, mi voto es contra la prolongación del IETAAP.

Arq. Julio Lowenthal Foncea
Diputado Independiente

Guatemala, 27 de noviembre de 2007


28
Nov 07

¡Canallas!, con razón no alcanza la plata

El presupuesto del estado de Guatemala crece y crece, como crecen, también, las presiones para que la administración eleve los impuestos. Esto es porque muchos grupos de interés dependen de aquella piñata para su existencia. Claro que no hay dinero para el Organismo Judicial, ni para seguridad ciudadana; pero si lo hay para canalladas como la indemnización para los diputados.

Con una moción sorpresiva el Congreso aprobó -de urgencia nacional- reformas a la Ley de Servicio Civil de ese organismo, que permiten que diputados que no fueron reelectos reciban indemnización al dejar el cargo. ¿Para eso necesitan el IETAAP?

Pero claro, la culpa no la tiene el loro, sino quien le enseña a hablar. La culpa la tienen los que aceptan la existencia de impuestos extraordinarios, la de tributos progresivos, y la de impuestos que no reflejan el costo de tener una administración que sirve a intereses particulares a costa del interés general.


09
Nov 07

Así, no hay impuestos que alcancen

Algunos diputados, y la administración, quieren extender la vigencia del Impuesto Extraordinario y Temporal para el Apoyo de los Acuerdos de Paz. Supuestamente es para financiar todas “las cosas buenas” que falta por hacer. Sin embargo, hoy nos enteramos de que el Congreso gasta $1,282 diarios en llamadas de teléfonos móviles; $55,930 mensuales en alimentos; $16,533 mensuales en combustibles y lubricantes; $30, 717 en reparaciones de vehículos.

¡Puchis, muchá!, así no hay impuestos que alcance. Por eso: ¡Ni un sólo centavo más, hasta que no saneen el gasto público! ¡No al Ietaap!


23
Jul 07

Lo que no nos cuesta, hagámoslo fiesta

Leo que “han transcurrido tres años y medio desde que los canales 5 y 9, los dos últimos de frecuencia abierta VHF del país, fueron entregados a la Academia de Lenguas Mayas de Guatemala (ALMG) y al Congreso de la República, y todavía no están en el aire”. Este injustificable desperdicio de recursos tiene sus raíces en aquel dicho que dice: “lo que no nos cuesta, hagámoslo fiesta”.

Ni la dirigencia indigenista, ni el Congreso están en capacidad de operar canales de televisión. Sinceramente pongo en duda que puedan hacerlo sin perder dinero en canastos, y menos aún ofreciendo algún tipo de programación que sea atractiva para los televidentes. Esos dos grupos recibieron los canales como un favor político y ya sabemos qué es lo que ocurre con la televisión cuando las frecuencias son una dádiva del poder.

Mi propuesta es que aquellos canales sean puestos a disposición de la Superintendencia de Telecomunicaciones y que las frecuencias sean subastadas para que alguien con talento los aproveche.


29
May 07

A aprender con el ejemplo, pues

El ministro de Agricultura del Japón, Toshikatsu Matsuoka, fue hallado ahorcado luego de verse incolucrdo en un escándalo por supuesta malvesación de fondos públicos por lo que ayer debía comparecer ante un comité parlamenterio.

A ver si algunos de por aquí aprenden con el ejemplo. Digo…en vez de tratar de que le den su curul en el Parlamento Centroamericano, o en vez de tratar de ser reelecto para el Congreso, por ejemplo.


23
May 07

Esta payasada es un circo

“Con payasos y felinos, representantes de 30 circos nacionales desfilaron ayer en rechazo a la aprobación en el Congreso de la ley que permite a cirqueros extranjeros presentarse en la provincia”.

¡¿Cómo no?! Si en guatemala todos tienen sus privilegios (empresaurios, sindicalistas, maestros y demás), ¿por qué es que los payasos no iban a querer los suyos?

Los payasos chapines (los de los circos, se entiende) aducen que habrá competencia deleal y que los circos extranjeros cuentan con mejor equipo que los nacionales. Dicen que la gente no tendrá motivación para pagar por los espectáculos nacionales; y que por eso necesitan el monopolio del espectáculo en las provincias.

Al menos los cirqueros guatemaltecos son honrados: admiten que la gente no pagaría por verlos si tuviera mejores opciones y que por eso necesitan su privilegio. Eso, en mi opinión, no los hace menos sinvergüenzas; pero les da un toque de superioridad por encima de otros grupos de interés que hacen creer a la gente sencilla que los privilegios que obtienen son en beneficio del bien común.