27
Dic 13

Un regalo ingenioso para mi madre

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El libro de La Mamaish se llama el libro de recetas de cocina, de mi madre, que mi hermano Gustavo y su familia le regalaron a mi mamá en la Navidad.  El de la foto es el dummy; pero va muy bien. Todavía falta varias recetas y fotos que añadir; pero el proyecto estará listo pronto.

El mismo recoge recetas clásicas de mi madre como sus medallones de carne; y recetas tradicionales de la familia, como el fiambre y los pays entre muchas otras.

En la portada se la ve dándole los últimos toques a un fiambre, ayudando a hacer pastel de frutas, cortándole la orilla a una masa de pay, y haciéndo galletas.

Mamaish es el nombre de cariño que mi sobrino, Andrés, le dió a mi madre cuando era un niño pequeño.


26
Dic 13

La cena de Nochebuena

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No es cuento, la cena de Navidad nos salió bueníiiiiiiiiisima en casa…como siempre. Por mucho prefiero el pavo para esta cena; pero para mí el pavo es sólo un vehículo para tres cosas: el relleno, carne para hacer ensalada y huesos para hacer caldo.  Pero, con todo y todo, de verdad me disfruto un  pavo bien hecho, dorado, jugoso y lleno de sabor.  ¿Cuáles son las claves? Frotarlo bien con ajo, sal y pimienta; rellenarlo y usar bolsa.

Al pavo lo acompañó una tradicional ensalada Waldorf, un gravy que estaba particularmente bueno, y ponche de frutas que -en  esta ocasión- tuvo un estupendo toque de cardamomo de la India.

Para el relleno del pavo no cambio la receta que era de mi bisabuela, Mami, cuyos ingredientes son pan remojado en vino blanco, menudos del pavo, cebolla, apio, castañas y champiñones fritos en abundante mantequilla y sazonados con salvia, perejil (fresco del balcón de la casa), sal y pimienta.


25
Dic 13

Tamales en la mañana de la Navidad

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¿Cuál es mi desayuno navideño favorito en todo el universo mundo? ¡Un tamal negro, un tamal colorado, café con leche y algún pastel, galletas, turrón, o postre de la temporada!  Así da mucho gusto celebrar la Saturnalia.

¡Gozo tanto cuando abro las hojas de maxán y me encuentro con los colores brillantes de estas delicias de la cocina guatemalteca!  Al mismo tiempo, los aromas intensos de ambos tamales invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por una montaña rusa de recuerdos y alegrías.  El momento culminante  es cuando la masa gentil y el recado poderoso llegan a mi paladar.

Tengo la dicha de recordar los tamales de mi bisabuela, Mami; y los de mi tia Baby.  Y los de mi tía abuela, La mamita,  nos hacía tamales pequeños para los niños.  Cuando eramos chicos no dejaban que comiéramos la carne de cerdo que venía en los tamales comprados; y una noche, cuando me sirvieron mi tamal, retiré la carne.  Mi madre, al verme me dijo que podía comer esa carne porque esos tamales eran hechos por mi bisabuela.  Y los tamalitos de La Mamita, los recuerdo pequeños, como de 2 x 2 pulgadas, bien doblados y bien amarrados.

Los tamales de Navidad, en Guatemala, son colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolì) y, en el caso de los negros, con chocolate y anís. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina y pollo…y anoche me enteré de que hay de res.   Eso sí a mí me gustan más los de cerdo, y los de pato.  En ciertas regiones -especialmente en la Costa Sur- no se usa el recado del altiplano, sino una especie de mole.

Los tamales tienen raices precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente de Occidente. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de maxán en las que son envueltos.  Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las almendras y supongo que también las ciruelas.

La gracia de los tamales no está sólo en la masa y en el recado, sino en la forma de envolverlos y amarrarlos.   Son una experiencia para todos los sentido.  Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado elegante y apropiadamente pierde algo de su encanto.  A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy espesa.

Hacer tamales es algo muy elaborado.    Hay que lavar y asar las hojas.  La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas.  El recado lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con mucho talento.  Aaaaaaah, un día de estos haré aunque sea media docena de tamales.

Desde mediados de los años 80, en casa comemos los de doña Estelita de Alburéz que son basados en  la receta de su madre enSan Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo.  El teléfono de doña Estelita  es 2474-0260.


25
Dic 13

Fuegos artificiales en la Nochebuena


Si alguien tiene dudas acerca de cuánto es que nos gusta quemar pólvora, a los chapines, que salga a ver la Nochebuena.  Durante toda la noche, desde que oscurece, hay fuegos artificiales en la ciudad; pero a eso de las 11:45 p.m. se intensifican las explosiones de luces que alcanzan su estrellato a la media noche y no empiezan a disminuir hasta cerca de las 12:15 a.m….y luego continúan los juegos pirotécnicos hasta quién sabe que hora. Toda la ciudad se enciende.  En miles de hogares se lanzan fuegos artificiales y la cohetería anima la fiesta.  Millones de personas gozan de este espectáculo y yo, especialmente, me pongo como niño.

Cuando yo era niño no había este tipo de fuegos artificiales disponibles para los mortales.  Lo más parecido eran unas varas y luces de Bengala que a uno le parecían maravillosas.

¡Que dicha es celebrar así la Saturnalia!


24
Dic 13

Los cohetes burlados

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No hay Navidad chapina sin cohetes.  Los cohetes o petardos, así como los tamales, las manazanillas y los pinabetes son elementos propios de las fiestas de fin de año en Guatemala. Estos cohetes fueron burlados porque sus compañeros si estallaron y ellos no.

Cuando yo era niño no era muy de quemar cohetes; pero me gustaban muchísimo los volcancitos, los saltapericos, las luces de bengala, las estrellitas, los silvadores, los misiles y unas bolitas de colores que uno golpeaba contra el piso y estallaban.  Los saltapericos, por cierto, fueron prohibidos a principios de los 70 porque había mara que los confundía con dulces y se los comía…y bueno…el fósforo hacía lo suyo.  Los silvadores fueron prohibidos a principios del siglo XXI porque antes se hacían con papel enrollado y no agarraban fuego; luego los empezaron a hacer con plástico y, al agarrar fuego, caían en lugares donde podían ocasionar incendios.

En algún momento de mi adolescencia, tuve un tubo de cañería que en un extremo estaba tapado con un palo de escoba. Usaba ese tubo para poner dos cohetillos; uno viendo para adelante y otro para atrás. Luego encendía la mecha del que veía para adelante y al estallar ese expulsaba a su compañero y le encendía la mecha para que -al instante- saliera volando y estallara en el aire.

A los guatemaltecos nos gusta quemar cohetes y bombas para las festividades.  Los chapines quemamos pólvora cada vez que podemos.  Cuenta la leyenda (que leí en Noticias del imperio, por Fernando del Paso)  que en tiempos de Fernando VII . cierto mexicano visitó la corte de aquel monarca español y en algún momento de la mañana el Rey le preguntó que qué es lo que sus paisanos estarían haciendo en ese momento.  Y el mexicano contestó que seguramente estarían quemando cohetes.  El Deseado volvió a hacer la pregunta más tarde, sólo para obtener la misma respuesta.  Y a la misma pregunta, horas más tarde, volvió a contestar lo mismo.  Exactamente lo mismo durante todo el día. Lo que digo es que eso mismo se nos aplica a los chapines.  Los chapines quemamos pólvora con cualquier pretexto, a cualquier hora


23
Dic 13

Tarjetas de fin de año

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En casa, este año decidimos volver a practicar una tradición que habíamos abandonado: la de enviar por correo tarjetas de fin de año.  ¿Sábes qué? Me emocionó mucho la alegría con la que fueron recibidas.

Abandoné aquella tradición cuando colapsó el correo estatal allá por finales de los años 90. Cuando yo estudiaba en Maryland escribía tres cartas a la semana; pero las tenía que enviar por medio del P.O. Box en Miami y luego por correo privado.  Ahora no existe correo estatal, y el correo nacional funciona bien…algo lento…pero bien.

Hay algo encantador en los actos de enviar y recibir correo que no sea el estado de cuenta de la tarjeta de crédito, ni las cuentas de la luz y el teléfono.  Hay algo especial en elegir las tarjetas, escribir a mano unas líneas, meter las tarjetas en los sobres y llevarlas al correo.

Mi bisabuela, Frances, enviaba y recibía centenares de tarjetas.  No exagero…eran un mínimo de 200.  Cuidadosamente dedicaba varias horas a eso de las tarjetas y de ella aprendí a hacerlo.  Cuando era niño me gustaba mucho ver las tarjetas que a veces colgaba en la baranda de las gradas de su casa, o en las cortinas que había al lado de las gradas.  Me gustaba ver hasta dónde llegaban de tantas que venían y me gustaban las imágenes que traían.

En casa estamos muy contentos de haber revivido la tradición; y seguramente la haremos crecer el año que viene.


23
Dic 13

Pájaro y volcanes

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Esta caja de música me la obsequió mi bisabuela, Mami,  a finales de los años 70; y ella contaba que se la habían regalado cuando ella cumplió 15 años -en la primera década del siglo XX.

En realidad no es una caja de música propiamente porque el sonido que emite es el de un pájaro.  Es maravilloso que todavía funcione y ¡me encantó esta foto con el Volcán de Agua!


22
Dic 13

Mi bisabuela y sus hijos en 1940

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Mi sobrino, Andrés, anda escarbando cajones y mandando correos en busca de sus raíces; y en esas estaba cuando una genealogista de Arizona, descendiente del hermano de mi bisabuelo, Federico, le envió esta foto.

Al frente están mi abuela, Frances; y luego mi tía abuela, Adelita; mi bisabuela, Adela (Mami); mi tía abuela, Janet (Baby) y mi tío abuelo, Emilio.  Atrás, mis tíos abuelos Jorge y René.  Frances era la madre de mi padre.

Esta foto no la conocíamos ninguno de los familiares en Guatemala y ve como son las cosas que fue a aparecer a miles de kilómetros de aqui.  ¡Que maravilla es la tecnología que permite estos descubrimientos!

Me encanta la foto, tan 1940 y todos elegantes y jóvenes.


21
Dic 13

Es tu dinero; no del estado, ni de las autoridades

Hoy leo que el estado de Guatemala deberá pagar un resarcimiento de US$ 28 millones; y que a las autoridades les ha costado casi Q39 mil el mantenimiento de animales incautados.  Pero tú sábes que eso no es cierto.  Ese dinero ni le cuesta al estado, ni les cuesta a las autoridades.  ¡Ojalá les costara a las presuntas autoridades!; pero no es así…te cuesta a tí porque ese dinero sale de los impuestos que te quitan los pipoldermos.

El primer pago es como consecuencia de que quienes ejercen el poder se arrogan la facultad de imponer precios al margen del mercado.  Y en el primer pago en cuestión el Centro de Diferencias Relativas a Inversiones resolvió que  los políticos chapines y sus funcionarios perjudicaron a una empresa de energía eléctrica.  Ahora, en vez de que los usuarios de electricidad paguen el precio real de la energía que usaron, todos los chapines -hasta los que no tienen energía- pagarán el resarcimiento.

La segunda erogación es como consecuencia de que quienes ejercen el poder nos han involucrado en la guerra perdida contra las drogas para quedar bien con el gobierno de los Estados Unidos de América y con los sectores cachurecos más radicales.  La guerra beneficia a los grupos de interés que dependen de la prohibición y del conflicto; pero cuesta vidas humanas y desperdicia recursos.  No recursos de las autoridades; sino de los tributarios que somos a quienes se les quitan los impuestos necesarios para pagar lo que cuesta el mantenimiento de los animales incautados.

Así es como se desperdicia tu dinero y con razón no hay plata que les alcance a los políticos y sus funcionarios.


21
Dic 13

No son “snacks”, son “sancks”

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Aquí venden café y sancks.