27
Jun 10

Huevos de chompipe para el desayuno

Lo primero que llama la atención, de los huevos de chompipe o chunto, es su tamaño y que son pecosos. Son más grandes que los huevos corrientes de gallina y lucen su cáscara pringada. Cuando uno los va a preparar, la cáscara es bastante más dura que la de los huevos de gallina, y la yema es mucho, pero mucho más espesa.

Hoy me desayuné con uno de estos huevos de chompime, mismos que compré en El Rancho cuando fui a visitar aquella población luego de la tormenta Agatha. Me los preparé revueltos y acompañados con frijoles parados.


23
Jun 10

El corazonote de los chavistas

Luego de los desastres que ocasionó la tormenta Agatha, el régimen chavista, de Venezuela, mandó a Guatemala 12 toneladas de ayuda humanitaria entre alimentos, mantas, pañales y 100 metros de puentes de guerra. La ayuda vino en un barco de la Armada Bolivariana.

Pero los chavistas, como buenos altruistas, son candiles de la calle y oscuridad de su casa; ya que recién se conoció que cien mil toneladas de alimentos, importados por una empresa estatal para los mercados socialistas, se pudrieron en los muelles de Puerto Cabello. Los alimentos descompuestos hedían como 100 perros muertos, dijo una persona consultada.
El orate, Hugo Chávez, minimizó el asunto diciendo que lo desperdiciado no llega ni al 1% de lo que distribuye la estatal Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos; y acusó a la oligarquía de inflar el caso para desprestigiar la lucha por la soberanía alimentaria del pueblo.
Por cierto que ese concepto, el de soberanía alimentaria está definido en el proyecto de ley del sistema nacional del desarrollo rural integral, en el Congreso de la República de Guatemala, como que el Estado de Guatemala define soberanamente la modalidad, época, tipo y calidad de la producción alimentaria, en forma sostenida y con el menor costo y riesgo socio ambiental y garantiza la seguridad alimentaria nacional, facilitando el acceso de indígenas y campesinos a medios de producción, protegiéndola de las importaciones subsidiadas y de toda forma de competencia desleal.
O sea que le reserva a la Administración las decisiones de cómo, cuándo y qué alimentos producir; y establece un mecanismo proteccionista y paternalista. Vaya usted a saber qué va a ocurrir cuando un grupo de políticos socialistas y sus funcionarios dispongan qué producir y qué no, cuándo producirlo y cuándo no, y cómo producirlo y cómo no.

21
Jun 10

Fiesta de hongos

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Coincide, con la fiesta del santo patrono, la temporada de hongos en San Juan Sacatepequez. Si uno llega temprano y se estaciona fuera de la población, cuando uno llega a la Plaza Central es recompensado con una variedad de hongos frescos. Sin embargo, no son cualesquiera hongos. Los más buscados son los hongos de San Juan o amanita caesarea, que son abundantes y las pancitas, que son muy, pero muy escasas. También se hallan xaras, que son azules; y unos parientes suyos que son anaranjados; así como anacates y otras variedades que desconozco.
En tiempos del imperio romano se consideraba a la amanita caesarea como la reina de las setas (descontando a la trufa); pero las pancitas y los anacates no se quedan atrás.
Con los cuates conseguimos una buena dotación y las preparamos en casa. Los sanjuanes me gusta comerlos sólo cocidos en agua y con sal, y luego sazonados con pimienta. Las pancitas las hicimos con mantequilla, cebolla y perejil; y las xaras y sus parientes anaranjados (que son mejores asados al carbón) los preparamos con mantequilla, cebolla y un toque casi imperceptible de romero.
Para añadir un toque distinto los acompañamos con arroz con camaroncillos secos.

02
Jun 10

¡Sobrevivió el jardín de hierbas!

Ahi están el romero, el perejil, el tomillo y el orégano, que sobrevivieron a la arena del Pacaya y a los aguaceros y el viento de Agatha. De las plantas originales, a la hierbabuena le está costando prosperar; el chiltepar se quedó en las primeras de cambio; y la albahaca falleció semanas después. Las demás están en su salsa…o van a estarlo en algún momento, je je. Y todas parecen llevarse muy bien con los cactos y las suculentas.


24
May 10

Exquisitos "crabcakes" para la cena

Mmmmmmmm, hoy cenamos crabcakes en casa. Esas pequeñas delicias, típicas de Maryland, son uno de mis bocadillos preferidos. Perfectos para una noche lluviosa como la de hoy.

Cuando estudiaba en la University of Maryland los crabcakes, los softshell crabs y el lobster bisque fueron los tres platos que más me gustaban. Eso sin contar un tomato pudding que me ofrecieron para la cena de Thanksgiving y el pescado con coco que hacía mi amiga, María Elena; o el Cheese cake que hace mi tía Rita.

21
May 10

¡Ya hay zompopos de mayo! ¡Yummy, yummy!

Miles de zompopos de mayo cubrieron las calles de Barberena, Santa Rosa, el pasado martes 18. Estos insectos encantadores constituyen una maravilla de la naturaleza y también son deliciosos. Yo los compro en San Juan Sacatepequez, donde también abundan; y allá los venden limpios (sólo los culitos) para asarlos en el comal, con mantequilla y sal, en tortillas de maíz.


Ya en el siglo XVIII, Francisco Ximénez, traductor del Popol Vuh, se refirió a los zompopos de mayo en su obra Historia natural del reino de Guatemala; y escribió que tienen la cabeza grande y unas tenazuelas que parece que son de acero y tienen filo, y punta corva y cruzada como las tixeras; y así cortan con ellas cosas bien duras…entre ellas hay unas muy grandes, y con alas, no son que crien alas, sin que es como la gente principal entre ellas. Aquestas grandes y con alas, no salen del hormiguero, sino es cada año cuando caen los primeros aguaceros, que es por el mes de mayo…y se levantan volando con una singularidad maravillosa, por lo cual los indios, y otras personas que las comen tostadas, y dicen que es comida sabrosa, las cogen con facilidad…y es que como no han visto luz, al verla tan hermosa se van a ella, y así los indios no tienen más que encender unos ocotes, y con esto se les vienen todas a las manos, y cogiéndolas las tuestan, y las comen, y aun las sacan a vender, como lo he visto.

Las fotos son de los zompopos que comimos en casa el año pasado.

17
May 10

Riquísimos huevos de parlamas

El sábado comimos riquísimos huevos de parlama en casa. Ahora tenía, fácilmente, unos 5 años de no comer estas delicias; y es que antes, un sujeto los vendía cerca de mi casa. El sábado me topé con estos, por casualidad, en la Sexta avenida de la zona 1 mientras acompañaba a mi sobrino a comprar sus estampas para el álbum de Mundial.

En fin, de vuelta a los huevos, a mí me gusta mucho su consistencia y su sabor; y generalmente prefiero comer sólo las yemas, sin las claras. Cuando yo era niño, mi padre solía comprarlos en el Mercado de La Placita, en el puesto de una señora que se especializaba en cuestiones no muy ortodoxas como estos huevos, carne de tortuga, ancas de rana y otras cosas parecidas.
Cuando los llevábamos a casa los lavábamos y les quitábamos la arena y preparábamos la salsa para acompañarlos. Los huevos de parlama se consumen crudos y en casa nos gustan con una mezcla de limón, salsa inglesa y ketchup. La gracia es comer la yema y reventarla en la boca con la parte de atrás de la lengua. Luego la yema reventada se derrama en la boca y uno siente su sabor y su textura particulares, que a mí me agradan mucho. Y luego de tragarse la yema uno se queda tomando la salsa citada. Los huevos de parlama se acompañan muy bien con cerveza, o con tequila.
En Guatemala existen unos 23 tortugarios, y cada años son liberadas unas 110 mil tortugas en el mar. Las familias que se dedican a recoger los huevos de parlamas deben entregarles a las autoridades un 20% de lo que recolectan, para conservar la especie.

11
May 10

Barquillos, horchata y refresco de canela

Típicos de las fiestas infantiles, en Guatemala, son los barquillos, los chiquiadores, el helado y los refrescos de horchata y de canela; también el pastel con turrón y los sandwichs de jamón y queso, y más recientemente los hot dogs, o las pizzas.

El sábado pasado, durante un almuerzo al que asistí, nos ofrecieron barquillos y turrón; y fue impresionante cómo reaccionamos en la mesa. ¡Aaaaaah, barquillos y turrón! Esas golosinas sacaron a los niños que llevamos dentro y ahí mismo brincó el espíritu ludico. Lo primero fue recordar el menú de las fiestas infantiles de casi todos los que estábamos en la mesa; y acto seguido el infaltable juego de ponerse los barquillos en los dedos.

La verdad sea dicha, nunca disfruté de las piñatas y de las fiestas infantiles. Me fastidiaba tener que socializar con niños desconocidos y -como era introvertido- detestaba ser el centro de atención cuando había que romper la piñata. Y para mí, lo único bueno que había en aquellos acontecimientos era el momento en el que comía mi helado con barquillos, y el momento en el que tomaba agua de canela (que ya no se acostumbra).

En casa nunca tuve una piñata. Mis padres organizaron dos, o tres en el colegio, cuando estaba en Pre-primaria y Primaria; y mi abuela, Frances, me hizo otra cuando tenía unos 5, o 6 años. En casa de mi abuelita Juanita y de La Mamita mi hermano y yo podíamos tener piñatas para dos cuando quisiéramos; pero poquísimas veces hicimos uso de esa facultad. Yo era un antisocial y mi hermano era el sacrificado.

¿Y cómo celebrábamos nuestros cumpleaños? Mis padres nos invitaban a cenar afuera, con amigos de ellos, o con alguno que otro tío, o tía. Y nos la gozábamos como micos. La primera vez que rompimos con el tema de la fiesta infantil fue cuando estaba en el Segundo año de primaria y cuando volví de clases, al medio día, mis padres me estaban esperando para ir a almorzar a La Antigua. Comparado con eso, ¿por qué iba a querer una piñata con críos?

Eso sí, antes y ahora, siempre estoy listo para comer barquillos con turrón. Y por lo visto, los niños que ahora son mis cuates, también.


01
May 10

Las delicias de la miel de abejas

Una de mis golosinas favoritas es la miel de abejas, y mi forma preferida de consumirla es con pan francés y mantequilla. Y claro que también me gusta en los panqueques y en los waffles.

Aveces me entran deseos incontenibles de comer miel de abejas. La primera vez que eso me ocurrió fue c. 1974, en una ocasión en la que estaba viendo un documental sobre las abejas y sentí deseos de comer el dulce néctar. Así que fui a la cocina a buscar miel…y no había. Entonces salí a la calle y caminé hacia la casa de una amiga de mi abuela, Frances, en cuya finca se producía miel. Toqué el timbre y cuando la cocinera abrió la puerta le pregunté que si me podía regalar un poco de miel. Y La Toya se rió y me regaló un frasco lleno.
Ahora que he estado con gripe y tos he estado comiendo cucharadas de aquella delicia. Y siempre me fascina pensar en todo lo que implica esta maravilla de alimento. Pienso en las abejas y en su sistema de comunicación y de organización; pienso en el néctar que recogen de distintas flores y cómo es que este le da distintos sabores a la miel. No es lo mismo la miel de la Costa, que la del Altiplano; no es lo mismo la miel de donde hay cafetales, que la que se produce donde hay naranjales. Pienso en lo delicado que es el proceso de producción y recolección de la miel y me fascino cuando está en mi boca. Ciertamente que siento mucha admiración por la miel de abejas y por los animalitos extraordinarios que la producen.
Cuando era niño, uno de los espectáculos hogareños que más me impresionaban era cuando mi tía abuela, La Mamita hacía turrón. Una vez salía de la cocina el aroma de la miel, el recinto se empezaba a llenar de abejas. La Mamita seguía en lo suyo, batiendo las claras de huevo y añadiendo el azúcar, mientras que yo observaba a las abejas -entre asustado y encantado-. Vale decir que llegaban por docenas y que nunca nos picaron.
Ahora ha caído en mi casa un producto interesante. Pajillas o popotes llenos de miel blanca saborizada. Las hay con cardamomo, con café, con canela, con limones persas, con panela, y con eucalipto. ¡Ahora mismo me estoy comiendo una con cardamomo! El sabor natural de la miel se combina muy bien con los sabores mencionados.

19
Abr 10

Deliciosa y hermosa mantequilla de costal

La mantequilla de costal o mantequilla lavada es riquísima y el empaque en que viene es hermoso. En Guatemala se le llama mantequilla de costal a la mantequilla artesanal; y se le dice de costal porque el agua se le termina de extraer mientras está colgada en un saco de manta. También para distinguirla de la crema, a la que en ciertas regiones del país se le dice mantequilla, a secas.

La mantequilla de costal es propia del Oriente de Guatemala. La de la foto, llegó a casa, proveniente de San Luis Jilotepeque, Jalapa; y venía envuelta en un coquetísimo empaque de tusa.
Esta entrada fue reproducida en Monteforti.