¿Derecho a ser feliz?

De entrada, les cuento que simpatizo con la lucha de las mujeres por la igualdad ante la ley y por la eliminación de privilegios. Dicho lo anterior, me llamó mucho la atención -de forma negativa- que en el Día Internacional de la Mujer, la marcha fuera “por el derecho a ser feliz”.

Una de mis definiciones favoritas de derechos es que son facultades que pueden ser ejercidas sin que su ejercicio sea a expensas de otro; o sea, que se ejercen sin dañar a otro. Por eso es que todo derecho lleva una única obligación: la de no infringirle cargas a nadie.

Cuando en una sociedad unos tienen derechos y otros deberes, esa sociedad vive bajo un doble estándar moral que desequilibra las relaciones y hace difícil la cooperación social pacífica. Por eso creo que es malo que haya un estándar para hombres y otro para mujeres. Y por eso me parece equivocado el eslógan de la marcha del 8 de marzo. Estoy de acuerdo con que todos tenemos derecho a la búsqueda de la felicidad; pero me parece muy desatinado que exijamos un supuesto derecho a ser felices. Podemos exigir que los demás no impidan que busquemos la felicidad (sin dañar, ni gravar a otros); pero, ¿a título de qué podríamos exigir que otros nos hagan felices, o que nos den la felicidad? ¿A quién se le asignará el deber de hacernos felices?

Creo que este es un buen punto para meditar en beneficio de la efectividad de cualquier reivindicación de derechos, y en beneficio de la paz.

La foto la tomé en la feria de Panajachel; y me pregunto si esa niña podrá vivir algún día en una sociedad en la que todos seamos iguales ante la ley sin importar el sexo, la étnia, la religión, o la capacidad económica, por ejemplo. O bien, si tendrá que seguir viviendo en una sociedad en la que los privilegios se reparten entre grupos de interés, según sea su capacidad de usar la ley en beneficio propio.

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