20
Nov 17

100 años de J.J. Yas

Este año se conmemora el centenario de la muerte del fotógrafo japonés Yasu Kohei, quien al venir a vivir a Guatemala cambió su nombre por el de Juan José Yas.  Si te maravilla la fotografía y te interesa la historia, recomiendo que no te pierdas la exhibición de sus fotos que hay en el Museo de Arte Moderno, Carlos Mérida.

No hay otro archivo -de los estudios fotográficos que hubo en la Guatemala de su época- que se preserve como el suyo.  El registro que hizo de La Antigua Guatemala y de sus habitantes es el más examinado en el Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, organización que resguarda su archivo, compuesto por 928 negativos de gelatina seca, en placa de vidrio y 834 positivos. Sus imágenes son muy valoradas porque no sólo retrató personas, sino que retrató una época. Del acervo destacan también las imágenes mortuorias, algo común para la época, sobre todo a niños y bebés, así como las de  antes de los terremotos de 1917 y 1918 a calles, esculturas y edificios.

La foto principal que ilustra esta entrada es de una de las juntas patrioticas que se organizaban para apoyar la candidatura presidencial de don Manuel Estrada Cabrera.

La segunda foto es de la familia Yas Noriega en el patio de su casa.  Me encantan la serenidad y el ambiente de esa foto; y me gustaría entrar a ella mientras escucho, por ejemplo, Oriental, de Enrique Granados.

Imagen de previsualización de YouTube

 

J.J. Yas nació el 27 de diciembre de 1844, en Iwate, Fujisawa tuvo una vida fascinante vinculada no sólo a la fotografía, sino a la medicina y a la astronomía.  Se casó con María Noriega y falleció el 28 de febrero de 1917, en La Antigua Guatemala.

Me enteré de la muestra gracias al artista y cuate Rudy Cotton.  El Museo está abierto de martes a viernes de 9:00 a.m. a 4:00 p.m. y de sábado a domingo, de 9:00 a 12:00 y de 1:30 a 16:00 p.m.

De paso, la exposición de fotografías de Yas incluyó fotos de Guatemala por fotógrafos previos al japonés. Y entre ellas, la que más me cautivó fue esta de Edweard Muybridge que muestra como se cargaba el café para exportarlo.


20
Jul 15

Foto dedicada por Jorge Ubico

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A mi querida abuela doña Carmen U[rruela] de Ubico. Su Affcto nieto Jorge Ubico. Junio 8 de [18]94, dice la dedicatoria de una foto de don Jorge que pasó por mis manos el jueves.

Gracias a mi cuata, Marta, y a mi sobrino, Andrés, pude apreciar un álbum de fotos del Expresidente, Ubico.

La de esta entrada me gustó porque, aunque es una foto muy conocida venía acompañada por una dedicatoria del entonces joven cadete, Ubico, a su abuela; un vistazo íntimo a la vida de aquel personaje.

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16
Abr 15

La Via Láctea y los volcanes de Guatemala

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Mi cuate, Glenn, me envió esta foto por Sergio Montufar y publicada por la NASA.  Fue tomada cerca de la cima del volcán Santa María en la madrugada del 28 de febrero de 2015.  Se ven seis volcanes, incluido Fuego que está haciendo erupción.

¡Mis respetos para Sergio Montúfar!


19
Dic 14

José García Sánchez y los terremotos de 1917 y 18

Haz clic en la foto para ver más fotos

José García Sánchez, propietario del estudio fotográfico La exposición, fue El hombre que fotografió la Historia.  Con ocasión de los terremotos de 1917 y 18 él y su esposa se hallaban en la Catedral de la ciudad de Guatemala.  El tomó una foto de la nave, viendo hacia el Poniente e inmediatamente ocurrió el sismo que derribó la cúpula y destruyó parcialmente aquel edificio. Gracias a que él se hallaba ahí, en ese preciso instante, nos legó fotografías -separadas por pocos segundos-  que retratan aquella gran tragedia. Así me lo contó mi cuate, el doctor Jorge Mario Zebadúa G., nieto de don José.

De don José, el autor de Imágenes del recuerdo (en Prensa Libre), Armando Moreno, escribió:  don José García Sánchez, fue el hombre que dejó plasmada parte de la historia gráfica de Guatemala, en sus momentos de alegría y tragedia.  Español de pura cepa, llegó a Guatemala con una compañía de zarzuela, se enamoró de Guatemala y se quedó aquí para siempre. Falleció hace ya algunos años.  En diversas oportunidades la pregunta obligada de los amigos lectores es ¿Y cómo consigue las fotos?  Hoy contestaremos la pregunta adjunta a la evocación de uno de los más grandes fotógrafos que ha tenido Guatemala, gráficas que él tomó personalmente durante una época que ya es historia en nuestro medio.  En los libros “La calle donde tu vives” [de Héctor Gaitán] se han publicado.

En 1970, Arturo Taracena F. editó el libro Los terremotos de Guatemala, Album conmemorativo del cincuentenario (1917 y 18-1968) , que fue publicado por la Tipografía Nacional.

El álbum con las fotos de don José García S.

En el libro, Taracena cuenta que para conmemorar el cincuentenario de los terremotos que destruyeron la ciudad de Guatemala, se presentó en el pasaje del Palacio Nacional una exposición de fotografías alusivas. Este álbum ofrece la imagen de Guatemala antes de los terremotos y de los efectos de aquella catástrofe a fin de perpetuar su recuerdo ante las nuevas generaciones, las cuales tendrán, como es natural, cada día menos noción de la magnitud y consecuencias de la dramática prueba de los terremotos ocurridos entre el 25 de diciembre de 1917 y el 24 de enero de 1918. La idea conmovedora de la destrucción material, proporcionada por las fotografías, se completa con la lectura de dos de las emocionadas e impresionantes crónicas de José Rodríguez Cerna, reproducidas de su libro “Entre Escombros”, publicado a mediados de 1918, haciendo verdad su título, literalmente entre escombros, frescas, patentes, las terribles escenas vividas por los guatemaltecos de entonces.

Algo de lo que escribió Rodríguez Cerna: 

La ciudad alegre y confiada tuvo en la noche del 25 el despertar del terremoto.  Un instante bastó para que el “Aquí fue Guatemala” fulgurara en el muro sombrío; y el techo se desplomó sobre los desprevenidos comensales de la vida… Nada permanecía en pie.  Los edificios caían con sordo estruendo o como con quejidos lastimeros, envueltos en el espeso sudario de un polvo de asfixia.  En una inverosímil embriaguez, como una bacante loca, la ciudad se entregaba a la más trágica de las danzas, presa de un vértigo sin nombre.  Las maderas unificaban su fracaso en un solo estrépito infernal.  Por los techos rotos, a través de los claros que dejaban las tejas que a chorros caían a la calle, el cielo se asomaba por primera vez… Apagada la luz eléctrica, la catástrofe exterminó con la complicidad de la tiniebla.  Y arriba, aunque velada por el polvo, la ironía de una luna veraniega poniendo su  manso contraste de claridad sobre el pavor indescriptible; aunque a las veces parecía también pálida de miedo… Las gentes saltaron enloquecidas y semidesnudas de los lechos.  Entre la oscuridad y el tumulto del maderamen y de los muros que caían, los niños fueron llevados casi a rastras.  Las pequeñas camitas, cerca de las cuales pudiera aún oírse vibrar de alas angélicas, quedaron destrozadas, como frágiles cuerpos… el loco terror se daba cuenta de lo que sucedía.  Un inmenso grito de desesperación subió desde todos los ámbitos hasta los cielos impasibles y serenos… Llegaban veloces mensajeros de horror, con detalles del cataclismo, que en cada barrio se creía mayor que en los demás.  Para escuchar los detalles espeluznantes la curiosidad se arremolinaba en corrillos ansiosos, que se estremecían a cada relato:  Por los suelos los templos, los edificios públicos, las casas famosas por su lujo o su belleza… Poco a poco la ciudad se fue convirtiendo en campamento.  Las primeras covachas, las improvisadas barracas, surgieron entre la arboleda de los parques, a lo largo de las calles, dentro de los solares, en los campos vecinos. Fue un heterogéneo conjunto de materiales, en que el zinc fraternizó con el petate y la madera con flotantes telas.  La metrópoli cobró un vistoso y bizarro aspecto de agrupación de beduinos y de conglomerado de esquimales… Al aire libre ardieron fogatas y aparecieron puestos de venta.  La oferta y la demanda entablaron su antigua disputa bajo cualquier toldo tambaleante.  Las abluciones mañaneras se hacían a la vista de todo el mundo: se iniciaba la promiscuidad de la desgracia.  Lo que se pudo salvar se aglomeraba en montón: sillas sobre camas, consolas de mármol a la par de enseres de cocina.  Se oyeron las primeras risas y todos contaban a todos dónde y de qué manera les había sorprendido el terremoto.  Hubo chisporrotear de anécdotas y asomó la eterna vanidad en el relato de sucedidos estupendos y salvaciones milagrosas...

Los terremotos de 1917/18 y yo

Tuve la dicha de que mi abuelita Juanita y mi tía abuela La Mamita me contaran, durante mi niñez y mi adolecencia, sus experiencias durante aquellos terremotos.  La casa de mi bisabuela, Gilberta, quedaba en la Quinta avenida y 15 calle de la zona 1, justo al lado del consulado de los Estados Unidos de América, edificio que cayó parcialmente en el patio de mi bisabuela.  Ella y su familia se mudaron al campamento que se instaló en el vecino Parque Concordia y ahí pasaron unos días antes de conseguir un alojamiento mejor en lo que su casa era descombrada.  Por ella supe de las angustias y las penas, las privaciones y las incomodidades.  Relatos y experiencias que luego viviría -salvando las distancias- en el terremoto de 1976.

¿Por qué compartir estas fotos?

Francis Gall, presidente de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, le escribió a Taracena Flores y le dijo:

  1. Los terremotos de 1917-1918 echaron por los suelos la mayoría, si no todas, las construcciones que eran orgullo de la ciudad, como lo demuestra la valiosa serie de sus fotografías.
  1. Las fotografías dan una idea completa de la magnitud de los sismos y constituyen los únicos testimonios gráficos existentes de los fenómenos telúricos acaecidos hace 50 años [96 años, ahora].  Son, de consiguiente, importantes documentos que muestran lo que era la ciudad antes del aciago mes de diciembre de 1917.
  1. De consiguiente, opino que debe hacerse un esfuerzo para publicación de todas las fotografías, por constituir valiosos documentos que hablarán a la posteridad y que, gracias a su conocida acuciosidad y devoción hacia lo nuestro, con ímprobos trabajos usted ha sabido reunir.

Celebro, pues, que mi cuate Jorge Mario Zebadúa G, nieto de El hombre que fotografió la Historia, haya compartido conmigo estas fotografías y el libro de Taracena Flores.  Estoy seguro de que los lectores valoran ese gesto, y que lo valorarán muchas generaciones de chapines más.


26
Oct 14

“La ciudad de Guatemala desde el Cerro del Carmen”

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Cuentan los Maudslay: The city of Guatemala occupies a beautiful position in the middle of a broad plain, surrounded on all sides by mountains and volcanoes…Two storied houses are as scarce as earthquakes are frequent.  Churches and houses alike are white-washed, and the general  effect is cheerful and even dazzling in the bright sunlight of the tropics…Street tramways, telegraph and telephone wires and enectric lights are there to keep us up to date; but in spite of their intrusion, it is Old Spain -the Spain of the Moors- which comes uppermost to one`s mind when wandering agout the city….Nothing in the whole city was so attractive to both of us as the great market-place, and there we spent many hours.

Me dieron ganas de compartir las fotos de A Glimpse at Guatemala(1899); un libro publicado por Ann Carey Maudslay y Alfred Percival Maudslay, viajeros británicos que estuvieron en Guatemala a finales del siglo XIX.

La ilustración es de Blanche Hunter a partir de una fotografía.


23
Oct 14

“Desembarcando en San José”

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Me dieron ganas de compartir las fotos de A Glimpse at Guatemala (1899); un libro publicado por Ann Carey Maudslay y Alfred Percival Maudslay, viajeros británicos que estuvieron en Guatemala a finales del siglo XIX.  La primera es esta de un grupo de viajeros desembarcando en el puerto de San José.  No sólo es una de las primeras del libro, sino que recuerdo que mi bisabuela, Adela, me contó que así la bajaron del barco cuando ella vino a Guatemala unos años después.

Dicen los Maudsley: We anchored in the open sea, and when the time came to go ashore we were each in turn swung over the ship´s side in a chair and deposited with a bump on the top of the other passengers and piles of baggage in a large lighter which swayed alongside.

La ilustración por Ada Hunter es a partir de una fotografía.


10
Sep 12

Harry Díaz y sus “Luces de Xela”

Pasaje Enríquez Iluminado. Centro histórico de Quetzaltenango.
¡Felicitaciones a Harry Díaz!, sus Luces de Xela, una impresionante muestra fotográfica de la ciudad altense, fueron publicadas el domingo por la Revista D.

Quetzaltenango tiene una arquitectura neoclásica hermosa; y Harry -con su cámara- captura el ambiente encantador de aquella ciudad, con la cual uno no puede ser indiferente.

La foto es por Harry Díaz y es reproducida con licencia Creative Commons.


27
Ago 12

¡Que nivel de fotografía!

Shimmering Paradise es el nombre de esta foto gracias a la dirección creativa y a la producción de  Luis Andrés Figueroa; y al fotógrafo Carlos Mansilla.  ¡Felicitaciones!

La modelo es Natalie Rohers; el maquillaje es por Silvia R. Rizzo; el peinado es de Micah Salón;  el cuadro es por Efraín Recinos, propiedad del artista César Fortuny; y el güipil es de Ana María Contreras.


19
Jun 12

El talento de Gabriel Ruata

Gabriel Ruata es un jóven abogado chapín que se dedica a su pasión por el arte.  La música, la pintura, la fotografía   y los vídeos son los canales por medio de los cuales Gabriel descubre y expresa las razones por las cuales es un artista.

Libre para elegir, Gabriel es arquitecto de su propio destino.  Para él, el arte es el vehículo y el proceso creativo es una brújula.  ¿Para qué? Para un viaje en el que ni los sentidos, ni el intelecto pueden ser indiferentes.

Hay muchos jóvenes chapines haciendo cosas bellas, pacíficas y buenas:

Una fotografía y carátula impactantes

Mariana Rodríguez en el mundo del diseño

Raúl Rodas, barista, con título mundial

Músicos chapines compiten para anuncio de Coca-Cola


18
Jun 12

Una fotografía y una carátula impactantes

La portada de Fashgt, de junio 2012, es una foto por Carlos Mansilla, producida por Luis Andrés Figueroa, a quien seguramente conoces por Le song de la nuit.

La modelo es Ana Lucia Arrivillaga y el styling estuvo a cargo de Paola Arrivillaga; en tanto que el maquillaje es obra de Pame G. Giracca.

Me encantan la luz y el movimiento en esta foto, aparte de que Ana Lucía es bellísima; y es una dicha que actualmente haya tantos chapines talentosos en el campo del diseño, la música y la fotografía.

Hay muchos jóvenes haciendo cosas buenas, bellas y pacíficas:

Músicos chapines compiten para anuncio de Coca-Cola

Mariana Rodríguez, en el mundo del diseño

Raúl Rodas, barista, con título mundial

El talento de Gabriel Ruata