La novia del vocero presidencial, Fernando Barillas, goza de protección personalizada proporcionada por la Policía Nacional Civil. La afortunada denunció violencia intrafamiliar, y su Romeo le puso seguridad. “El resguardo es algo normal”, dijo el enamorado vocero al informar que a su Julieta la cuidaba personal del Ministerio de Gobernación.
delincuencia
27
Nov 08
Para la socialdemocracia, la seguridad no es importante
Si buena parte de la inseguridad y de la delincuencia que actualmente azota a los chapines tiene sus orígenes en las administraciones anteriores, ¿sería porque la seguridad ciudadana no era prioritaria?
25
Nov 08
Amigos con talento: el Constan en The Daily Beast
Mi amigo, Constantino, que fue editorialista y columnista del diario Siglo Veintiuno, ahora escribe para The Daily Beast.
24
Nov 08
Decapitaciones y salvajismo
Si todo el país es un lugar sin ley; ¿por qué nos extraña que la cárceles sean lugares sin ley? Si en todo el país se cometen asesinatos atroces, ¡todos los días!, ¿por qué nos extrañan las decapitaciones en Pavoncito? Y si nos extrañan…¿nos indignan? ¿Hasta qué punto?
21
Nov 08
Pispicigaña, juguemos la araña…
Catorce negocios, ubicados en un centro comercial de la ciudad de Guatemala fueron saqueados por delincuentes; y las pérdidas se calculan en Q400 mil.
20
Nov 08
Paciencia, piojo, que la noche es larga…o talvéz no
¿Se acuerda, usted, de aquel que ganó las elecciones presidenciales con la cosa de que la violencia se combate con inteligencia? Adivine que: Ahora resulta que lo que pide es paciencia. Y vaya que la gente se ha dado cuenta de la sinvergüenzada que es pedir paciencia cuando las cifras de la criminalidad espantan. Vea las cartas que hoy aparecen en el diario Siglo Veintiuno:
21
Oct 08
Mientras más hace la administración, más abandona lo que es importante
La Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala y los investigadores del caso de la muerte de Víctor Rivera, ex asesor de Gobernación, que fuera asesinado el 7 de abril de 2008, determinarion que no se ha logrado mayor avance en las pesquisas, debido a que se perdieron pruebas fundamentales del proceso.
¿Es posible tanta ineptitud? ¿Es ineptitud, o es…otra cosa?
Ahora lea esto:
Josué William López , detenido en la escena del crimen contra Lucila Martínez , rectora del centro preventivo para mujeres Santa Teresa, salió libre , después de haber pagado Q500 ($67) de fianza. López es miembro de una pandilla, y el sábado último fue aprehendido cuando portaba un arma de fuego calibre 9 mm, la cual había sido disparada en cuatro oportunidades y era similar a la que fue usada en el asesinato de esa funcionaria de Presidios.
Técnicamente no es que haya sido liberado. La fianza es una medida precautoria cuyo monto asegura que el encartado no va a huir debido al interés por aclarar su situacion jurídica y para recuperar el monto de la fianza. Sin embargo…a un marero acusado de asesinato, ¿cuánto cree usted que le importa perder Q500? ¿Regresará a juicio, o desaparecerá? ¡Ojalá que algún medio de comunicación le de seguimiento a este caso!
¿Se da, usted cuenta?
Creo que la prensa independiente ha estado demasiado concentrada en la corrupción y en la ineptitud que hay en el Organismo Legislativo; y estoy seguro de que si hubiera más investigación periodística en el Ministerio Público, en el Organismo Judicial, y en el Organismo Ejecutivo, se hallarían escándalos que pararían el pelo.
La raíz del problema de la inseguridad ciudadana, sin embargo, se halla bien descrita en un artículo de Paul Johnson (Modern Times), que fue publicado en Forbes.com (09.01.08) “What should government do? I am tempted to write: As little as possible. But this is not true. There are times when government should do a lot in certain areas–but these areas are few. I used to say to Prime Minister Margaret Thatcher: There are three things a government must handle, for no one else can: external defense, internal order and maintaining an honest currency. She was impressed by this dictum, to the point that she opened her capacious handbag, took out her pen–along with the notebook she kept for such purposes–and wrote it down. I added: Of course, a government can–and occasionally ought to–do all kinds of things. But the more additional things it takes on, the more likely it is that it will neglect the three musts“.
17
Oct 08
Leyendas de Guatemala, reloaded
Es una noche oscura y fría, una de luna nueva y el viento sopla. Los árboles se mecen en la Plaza de El Obelisco, de la ciudad de Guatemala. Ese monumento, que fue construido por presidiarios durante la dictadura de Jorge Ubico, se yergue iluminado entre la negrura espesa.
Ahí, entre las sombras, el alma oscura y fría del asaltante es un remolino de emociones. Embozado y alerta, aguarda y acecha. Su mano nerviosa empuña el arma. La siente y la ve con incredulidad. Aunque lo amparan la noche y el elemento de sorpresa con que actúa, el asaltante está inquieto. Es que no se acostumbra a ese oficio; y le molesta el hecho de que el negocio está tan mal, que todavía tiene que hacerlo con un pistola de juguete. Y ni siquiera es con un arma medianamente convincente; porque la que usa ahora le costó diez quetzales, en la recién pasada Feria de Agosto.
Con paso apurado, y con la mirada oscura y fría, la víctima atraviesa la calle. Se interna entre los árboles y se aproxima a las cincuentenarias piedras del monumento. Todas las noches toma la misma ruta, y todas las noches se hace la promesa de no volver a atravesar por ahí. Piensa que, aunque implique caminar unos metros más, debería atravesar la plaza por el lado iluminado del monumento. Pero le ganan la rutina y el deseo de acortar el camino.
En el lado más oscuro de El Obelisco, el asaltante se planta frente a la víctima. “Deme la billetera y el reloj”, reclama. Y desde el fondo más frío de los ojos de la víctima, en menos de un segundo –y luego de años de entrenamiento-, una mirada es suficiente para leer el alma del asaltante y para calcular que “Me quiebra él, o me lo quiebro yo”. Así como un par no le gana a un trío, una pistola plástica no le gana a una Star, calibre 25. Por humilde que sea.
La detonación rompe el silencio y el fogonazo rasga la noche. Un cuerpo se desploma y la sangre que derrama penetra en las grietas que hay entre las piedras que pusieron los presidiarios cuando construyeron la plaza. La víctima pone su pie sobre la pistola de feria y sigue su camino.
Del lado brillante de la plaza, ahora sopla un aire tibio. Como por ensalmo, una figura femenina cruza la plaza. No es un ángel, ni es un nahual. Se aproxima al cuerpo sin vida, se inclina, y la capa negra que la cubre parece flotar y envolverla como si fuera niebla espesa. La mujer se inclina y coloca una vela junto al cuerpo sin vida, y así como vino, se va. Con la misma sonrisa, casi imperceptible, y con la misma tranquilidad.
Dicen los viejitos que -antaño- la ciudad de Guatemala era recorrida por El Cadejo, El Sombrerón, la Siguanaba y la Llorona. Todos ellos, personajes de la más rancia nobleza mítica chapina y latinoamericana. Todos ellos, han sido asaltados en su oportunidad, y por eso ya no salen a recorrer las calles. En su lugar, La misteriosa dama de negro sale a darles consuelo a las víctimas que no llegan a serlo. Sale a perdonar a los que, en su defensa, se ven en la necesidad de quitarles la vida a los asaltantes, a los secuestradores y a los violadores. Los dioses le han encomendado que lleve la luz de una vela, en señal de que ahí se ha hecho justicia.
La foto es por Wilver Martínez, de Nuestro Diario.



