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Ene 26

De cara al sol, y coraje

La noche en que terminé de leer De cara al sol me costó mucho dormir. Me metí a la cama y estuve vuelta y vuelta porque no había modo de que me abandonara la vorágine de acontecimientos y emociones del final del libro. ¡Por supuesto que uno ya sabe en qué termina esa novela de Milton Estuardo Argueta!; pero eso no es óbice para que la narrativa del autor lo agarre a uno y —sin sombrero (porque estamos en 1907)— lo involucre con los últimos momentos de los perpetradores del atentado de la bomba contra don Manuel Estrada Cabrera y con los horrores que vivieron sus familias, sus cómplices, sus proveedores y quién sabe cuántos inocentes.

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El 29 de abril de aquel año, nueve meses después de que empezaron a planearlo —como si fuera un juego macabro—, cuatro jóvenes guatemaltecos reventaron una bomba al paso del dictador. Por supuesto que no ejecutaron el intento de magnicidio solos, y con ellos conspiró un grupo de patriotas que incluía hombres y por lo menos una mujer. El 20 de mayo de aquel año, Enrique y Jorge Ávila, Julio Valdés y Baltasar Rodil fueron copados y se suicidaron antes de caer en manos de la policía, en un inmueble que todavía puede ser identificado cerca de la Iglesia de San José.

Con talento narrativo, el autor nos lleva por el túnel del tiempo a la Guatemala de principios del siglo XX. Pero no solo en cuanto a ambientación física, sino a una ambientación de sentimientos y emociones, ambas impecables. Para sus lectores, Milton supo reproducir el espíritu de la Belle Époque chapina, salpicado por una tiranía, salpicado por una sociedad aterrorizada por el espionaje y la delación, y salpicado por el servilismo. La delación, el miedo y el temor son personajes en esta lectura. Eso sí, una Belle Époque en la que no faltaron hombres (y mujeres) como aquellos que Diógenes buscaba con una linterna.

De cara al sol tiene tres trances inquietantemente intensos: el del final, el capítulo XV y uno que no voy a contarte para no destripar la novela. Esta se lee fácil porque el lector es arrastrado por diálogos y acontecimientos arremolinados, acompañado por personajes entrañables, heroicos y despreciables. Acompañado por seres humanos en sus mejores y en sus peores momentos. En la novela, el problema moral del padre Castañeda ilustra muy bien cómo se vivía en aquellos tiempos. En pocas páginas los conspiradores pasan de: ¡Patojos huevudos, esos sí son hombres! a Idealistas. ¡Egoístas! y ¡Tontos!. ¿Cuántos así hay en el Helicoide de Caracas, o en las calles de Irán? Siempre son los jóvenes los que ponen los muertos cuando hay que sacar a una dictadura enraizada con la complicidad de los viejos.

¿Qué te digo? Si disfrutas los relatos buenos, si te cautivan las novelas históricas y si te enamora aquel período de Guatemala, esta novela es para ti. Para mí tuvo atractivos adicionales porque crecí con bisabuela, abuelas y tía abuela que me contaban historias de aquellos tiempos; porque soy aficionado a la historia y a las fotografías de aquel entonces; porque mi sobrino Andrés estuvo involucrado como investigador; porque el Establo de Schuman —que era de mi tatarabuelo Emilio— aparece mencionado en la novela cuando quedaba en la Cuarta calle poniente, en el inmueble donde vivían mis abuelos cuando nació mi papá; y porque la detonación de la bomba ocurrió en la Séptima avenida sur, frente a una casa que todavía existe, vinculada a don Fortunato, que luego se casaría con mi bisabuela doña Gilberta, hija de doña Joaquina Cabrera. ¡La vida es un Velasquillo peculiar, con un sentido del humor retorcido!

De cara al sol te va a sacudir la conciencia, te va a hacer sentir orgullo chapín y, sobre todo, te va a recordar que la libertad nunca fue gratis… y que siempre hay que pelear por ella.

Columna publicada en República


30
Abr 14

Polarización y amenazas en la elección de Fiscal General

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La elección de nuevo jefe del Ministerio Público y Fiscal General, en Guatemala, llevó al país a horizontes de polarización elevadísimos; pero peor aún, sacó del fondo de la caja el recurso de las intimidaciones y las amenazas en el marco de la toma de decisiones políticas a este alto nivel.

La polarización comenzó con la pretension inconstitucional, por parte de la fiscal general, Claudia Paz y Paz -y su clientela y patrocinadores-  en cuanto a alargar su período frente al Ministerio Público.  La Corte de Constitucionalidad resolvió contra aquella pretensión y el horizonte de tensión y de polarización se elevó más porque había que elegir quién la sucediera.

En los ambientes políticos y cívicos de Guatemala, y desde que se inició aquel proceso,  estás con Paz y Paz y su grupo, o estás contra ellos.  El equipo de la Fiscal General ha politizado e ideologizado no sólo el Ministerio Público, sino toda discusión que tenga que ver con su permanencia al frente de la institución que, de acuerdo con la Constitución tiene como  fin principal velar por el estricto cumplimiento de las leyes del país.

Obvio que la elección de un nuevo Fiscal General es un proceso político -aunque debería hacerse tomando muy encuenta criterios técnicos-; pero es un proceso que concierne a los guatmaltecos como ciudadanos y como tributarios.  El equipo de Paz y Paz, sin embargo, ha incolucrado a Raymundo y todo el mundo.  Es curioso que su equipo considere que es una intromisión en el proceso la opinión de grupos de interés guatemaltecos; pero no tenga empacho alguno en aceptar el apoyo y las presiones a su favor de parte de embajadas, organismos internacionales, agrupaciones profesionales de Europa y de otras latitudes, así como de cualquiera que quiera subirse a su barco.

Obvio que en un proceso de seleccion de aquel calibre, y de naturaleza política, no sea ajeno a algún nivel aceptable de calentamiento de los ánimos.  Pero lo que es muy lamentable, muy peligroso, muy triste y muy atávico es que en pleno proceso de selección de los seis candidatos para el puesto, Milton Estuardo Argueta, uno de los obligados constitucionalmente a participar en la comisión de postulación correspondiente haya recibido dos mensajes de amenaza e intimidación.   Las amenazas le exigían que el abogado se retirara de la comisión de postulación.  Una cosa es presionar y vociferar; pero otra muy distinta es amenzar con el uso de la violencia.  No se vale.

Entiendo que hay grupos que están acostumbrados a hacer uso de la fuerza para prevalecer; y entiendo que hay grupos que creen que los procesos republicanos retrasan, cuando no obstaculizan del todo  la consecusión de sus objetivos.  Entiendo que los grupos que fueron capaces de poner una bomba en el parque central de la ciudad de Guatemala en septiembre de 1980, y que fueron capaces de destruir y saquear el museo de Tikal en septiembre de 1981 puedan no dudar en intimidar y amenazar durante un proceso como el que concluyó ayer con la selección de los 6 candidatos a Fiscal General.  Lo que no se entiende es por qué es que no hay un repudio generalizado contra ellos y por qué es que pueden convocar a los señores de Xibalbá -impunemente- cuando sus intereses no son favorecidos de forma legal y legítima.

Urge retomar la calma.  Urge que aquellos grupos se serenen.

A pesar de las formidables presiones mediáticas y políticas -locales e internacionales- su candidata obtuvo sólo 4 votos de los 13 miembros que tuvieron la dignidad y la decencia de presentarse durante el proceso de selección.  Si aquellos grupos son tan democráticos como dicen que son, este debería ser un mensaje alto y claro: los guatemaltecos no queremos más de lo mismo. Ciertamente no queremos más amenazas e intimidaciones.  No queremos más violencia.  Queremos que  y acaben la ideologización y la politizacion de la vida chapina.  Queremos a los señores de Xibalbá en donde deben estar: lejos y en el pasado.

Para empezar a acabar con la impunidad, urge un Ministerio Público profesional que promueva la persecusión penal, dirija la investigación de los delitos de acción pública, garantice los derechos de las víctimas y vele por el estricto cumplimiento de las leyes del país…con una venda en los ojos.  Sin ideologización y al margen de los conflictos políticos.

La foto es de Andrew Butko [GFDL 1.3 (www.gnu.org/licenses/fdl-1.3.html) or CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons