12
Abr 19

La temporada más chapina

La de las jacarandas, los paloblancos, y los matilisguates en flor es la temporada más chapina de todas.

Viene acompañada por mangos y jocotes marañones; por molletes, torrejas, dulce de garbanzos, pan de yemas hecho en casa y por el aroma del corozo.  Y del Coppertone. ¿Ya no hay Coppertone? Creo que no.

Esta temporada, en Guatemala, está llena de colores, aromas, sabores, texturas y sonidos muy propios.

En 2019 viene en el momento oportuno para descansar del barullo electoral, de la incertidumbre, y de la peor oferta política de nuestra historia.  ¿Qué relación hay entre la mala oferta política y la mala demanda política?  Viene en un momento oportuno para agarrar fuerzas y luego decidir contra quién vamos a votar en la elección presidencial y por quiénes vamos a votar en las papeletas para diputados y alcaldes.

La temporada más chapina de todas es la del bacalao a la vizcaína (basado en la receta de mi bisabuela) y la del pescado seco, envuelto en huevo y con verduras.  Es la del encurtido de remolachas.  Y para mí, el bacalao es el rey de la fiesta.  ¿Vas a creer que también el fiambre? Esto es porque, en casa de mis padres, era tradición congelarlo en noviembre para comerlo el primer día de las vacaciones en la playa.

En un sentido, esta es una temporada bien chapina porque se dice celebrar la vida, cuando todo apunta a que el énfasis es en la muerte.  ¿Vas a creer que el otro día vi una procesión adornada con angelitos que vomitaban sangre?

Es la temporada de empanadas de leche y de atún. Hubo un tiempo en que eran de salmón, pero ahora las hacen de atún. De niño también me gustaban las de hierbas; pero tengo añales de no probar las de hierbas.

En medio de la relajación y de las tradiciones, para mí también es una fiesta de buenos recuerdos y de algo de nostalgia.  Es el tiempo de usar shorts. Es de abuelas con historias fascinantes; de padres y hermanos en la playa, o en Pana; de primos y amigos planeando diabluras y de buenos momentos con personas amadas y queridas.

¡Ah, las personas amadas y queridas!, sin ellas, ninguna fiesta sería fiesta.

Columna publicada en elPeriódico.


21
Mar 19

Rayos crepusculares

Desde niño me gustan mucho los rayos crepusculares; aunque no fue hasta hace poco que supe que así se llama este fenómeno.

Rayos crepusculares desde mi balcón.

Los rayos crepusculares en óptica atmosférica, son rayos de luz solar que parecen irradiar desde un punto único en el cielo. Estos rayos, que fluyen a través de aberturas en las nubes (sobre todo estratocúmulos), o entre otros objetos, son columnas de aire iluminado por el sol separados por oscuras regiones de sombra de nubes. El nombre viene de sus apariciones frecuentes durante las horas crepusculares (amanecer y atardecer), cuando los contrastes entre luz y oscuridad son los más obvios.

Aunque es del martes pasado, esta foto es apropiada para hoy que celebramos el equinoccio de primavera.


17
Mar 19

Señales de la temporada

¡Ya hay cenzontles, huele a corozo, comimos empanadas y mangos en dulce! Además están en flor las jacarandas, los paloblancos y los matillisguates. Ya hay jocotes marañones. No hay duda, estamos en la temporada del equinoccio de primavera en Guatemala.

Muy apreciado por su aroma, el corozo es usado por los guatemaltecos para decorar en las festividades propias de la temporada.  Con esta flor se decoran alfombras, arcos y huertos. En casa la usamos porque nos trae recuerdos familiares agradables y nos conecta con la cultura chapina.

Mi casa huele a corozo

Esta también es temporada de comer empanadas.  Mis favoritas son las de leche y las de atún (porque ya no hay de salmón como cuando yo era niño),  Desde tiempos virreinales, estas delicias son muy populares y sospecho que es por tres razones: porque se conservan bien, porque son fáciles de transportar, y porque son fáciles de comer cuando no se tiene un lugar apropiado para alimentarse ya sea en caminos, o en festividades populares.

Empanada de leche

Las mil voces de los cenzontles son características de esta temporada y sus trinos alegran las mañanas y los atardeceres.  La gente dice que es porque están llamando la lluvia, sobre todo en mayo, pero no es cierto, los cenzontles trinan porque están buscando pareja.

Imagen de previsualización de YouTube

01
Abr 18

Fertilidad y fin de las noches largas

En el trópico no se nota mucho; pero en el hemisferio norte, ¿por qué no iban a ser grandes cosas la celebración del fin de las noches largas de invierno, la del retorno de la luz, y la de la fertilidad?  ¿Por qué no iban a ser objeto de fiesta desde que el mundo es mundo?

Los colores de esta fiesta antiquísima son los del amanecer y de la vida tibia, suave y agradable propia de la primavera, cuando hay luz y vida..  Mi abuela, Frances, solía estrenar ropa en esta fiesta y los colores que usaba eran los propios de la temporada.

Los colores  son importantes porque los de la pascua milenaria contrastan grandemente con los de la semana santa que son el negro y el morado.  El negro es el color de la muerte, de lo oscuro, del vacío, de la soledad, de la noche, del mal y la tristeza.  El morado (violeta, o púrpura) es el color del poder, y de la magia y de la fe (frente a la racionalidad); es el color del confesionario (de la culpa) y de algunos ritos funerarios.

Cuando yo era niño, el conejo (inequívocamente relacionado con la fertilidad) llegaba a la playa, a Panajachel, a la casa -o donde quiera que estuviéramos-  porque mis padres acarreaban huevos de chocolate, o de almendras.    Sin que los chicos nos diéramos cuenta, mis padres y tíos escondían los huevos en el jardín y en el momento oportuno nos decían que el conejo había pasado y que saliéramos a buscar los huevos. Cuando los mayores crecimos, se nos enviaba a alguna habitación lejos del jardín y -aunque ya sabíamos que eran mis padres y tíos los que escondían los huevos, y que no había tal conejo- igual disfrutábamos de salir a buscar y encontrar los dulces.

Aquella tradición es de origen germánico y precede al cristianismo; pero también las culturas mesoamericanas tienen conejos benefactores involucrados en sus leyendas.   En la luna llena, donde otras culturas ven la cara de un hombre (o la de Jakie Gleason), los pueblos de mesoamérica (como los chinos) ven un conejo. Sal hoy en la noche y ve el conejo en la Luna. ¿Y cómo fue a parar ese animalito allá?

Según un mito de Chiconamel, del norte de Veracruz, cierto dios ocasionó un diluvio universal; y un hombre y su familia se salvaron contra la voluntad divina porque se escondieron en un cajón, siguiendo el consejo que les dio un conejo.  El dios que había ocasionado el diluvio se enteró de los sobrevivientes cuando estos encendieron fuego para asar pescados; y entonces el conejo fue castigado y por salvar a los hombres fue condenado a alumbrarlos y fue transformado en la Luna.  Esto lo leí en Imágenes de la mitología maya, por Oswaldo Chincihlla.

Gozo mucho esta fiesta porque es alegre y colorida. Desde tiempos muy antiguos, el conejo era un símbolo de la fertilidad asociado con la diosa fenicia Astarté, a quien además estaba dedicado el mes de abril.  En recuerdo de aquella diosa, a la festividad de pascua se la denomina Easter, en algunos paísesEsto es porque también era la festividad de la primavera para honrar a la diosa teutónica de la luz, a quien se conocía en el mundo anglosajón como Easter.  Para el siglo VIII los anglosajones ya habían tomado dicho nombre para la fiesta que los cristianos celebran en la actualidad.

¿Quién tiene el monopolio de las tradiciones?

Por cierto, mi seguidor de Twitter, Manuel Girón, cree que yo debería referirme a la Semana Santa cuando comento sobre las tradiciones de esta temporada.  De igual opinión es mi seguidor de Facebook Carlos Llarena.

Sin embargo, aunque la Semana Santa tuvo un papel relevante en mi formación cultural, ya no la tiene qua festividad religiosa. Eso sí, como miembro de mi familia y como guatemalteco, no soy ajeno a sus riquísimas expresiones tradicionales y culturales -sobre todo las gastronómicas, que son mi área de mayor interés-.

No veo razón alguna por la cual aquellos que no compartimos el contenido cristiano de estas fiestas, no podamos disfrutar de sus contenidos mucho más antiguos y universales.  Y creo que es importante que aquellas personas que no comparten el contenido cristiano de estas fiestas, encuentren referentes para celebrar y disfrutar de las fiestas en paz, sin ser señalados, o corregidos como si hubiera algo así como un monopolio de las fiestas, o de los valores, o de las virtudes.

¿Cómo fue que dijo Benito Juárez? Ah, entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz. Que unos celebren la Semana Santa, mientras otros celebramos el equinoccio de primavera, para mí no hay tos.  Que quienes celebran la primera publiquen y difundan sus referentes, en paz; y que nosotros podamos publicar y difundir los nuestros, en paz.  ¿Por qué no?

Gracias por seguirme, Manuel y Carlos, yo no me incomodo porque celebren la Semana Santa; y, por favor, no se incomoden porque yo celebre el equinoccio de primavera, o el solsticio de invierno, o lo que sea. Lehaim!


24
Mar 18

¡El pan ya vino!

Ahora mismo, la sala de mi casa huele a pan y a horneado, huele a fiesta y a historias.

Es que ya vino el pan de la costa sur, que encargamos para estas fiestas del equinoccio de primavera.  Es ese pan hecho en horno de leña, con leche y huevos de vacas y gallinas conocidas. Ese pan que sabe a queso y mantequilla.  El que hace Shalvy y nos alegra mucho la temporada.

Es que este pan no es cualquiera cosa.

El pan de esta temporada, el que hacen en la costa sur, esponde a la tradición de prepararlo en casa y compartirlo. Dicha tradición no sólo tiene que ver con el hecho de que hasta pasadita la mitad del siglo XX todavía ocurría que las panaderías comerciales cerraban con ocasión de la temporada; sino con la costumbre humana y hermosa de compartir cuando hay abundancia.

Shalvy hace el pan que nos envía con huevos y leche caseras y lo hornea en tahona de leña casi exactamente como lo hacía la abuelita de su abuelita, que es de donde viene su receta.

Este pan tiene el sabor, el aroma, la textura y el color de siglos y siglos de civilización y de costumbres. A mí me gusta comerlo remojado en leche, o remojado en chocolate. Pero antes de llevármelo a la boca le dedico unos segundos a apreciar su color y su textura, y otros a apreciar su aroma que es el aroma de lo que es fiel a sí mismo.

El pan que comemos durante la celebración del equinoccio de primavera, durante la fiesta de la fertilidad, nos conecta con quién sabe cuántos siglos de tradiciones…y este año, como el año pasado, me hizo recordar estos versos de Omar Khayaám:

Here with a Loaf of Bread beneath the Bough,
A Flask of Wine, a Book of Verse – and Thou
Beside me singing in the Wilderness –
And Wilderness is Paradise enow.


15
Abr 17

Nuestra alfombra, la más “fresh”

Desde hace cinco años un grupo de amigos y yo tenemos la tradición de preparar alfombras frente a la casa de doña Yoli.  Es un encuentro generacional, una celebración de la vida entre amigos y familia, y una continuidad de las tradiciones chapinas.

Los que siguen de cerca este espacio saben que no estoy de acuerdo con la filosofía prevaleciente en ésta temporada; pero afortunadamente coincide con el equinoccio de primavera y con la fiesta de la fertilidad, lo cual me da la oportunidad de celebrar como debe ser: con buen bacalao y buen vino, en compañía de personas a las que valoro mucho.

Como el año pasado, en esta ocasión hicimos dos alfombras, una de aserrín y otra de pino. El diseño de la primera fue audaz y muy distinto a las que hemos hecho en años anteriores. Daba mucha alegría ver cuando la gente se detenía a hacer comentarios y se tomaba fotos con ella.  Una familia se detuvo a ver y la pequeña niña que iba con ellos pidió que si la dejábamos ayudar con la alfombra.  ¡Por supuesto que le dijimos que sí y gozamos mucho su entusiasmo!  Una vez más, cuatro generaciones participamos en la elaboración de las alfombras. Además de cuatro generaciones hubo cuatro nacionalidades involucradas.

Doña Yoli preparó su delicioso bacalao a la vizcaína; acompañado por un arroz impecable, moyetes exquisitos y bien calados, y el tradicional encurtido de remolachas, zanahorias, arvejas y ejotes.  Ese es el almuerzo chapín para ese día.  Así era en la casa de mi bisabuela, en las de mis abuelas, en las de mis padres y así será hoy en mi casa.  Sólo que aquí, en vez de encurtido, comemos aguacates porque somos fans de los aguacates.

¿Por qué es que practico algunas tradiciones -aunque no esté de acuerdo con la filosofía de muchas de ellas-? Pues me gusta el encuentro entre generaciones; el establecimiento y fortalecimiento de vínculos culturales, históricos, familiares, y amistosos. Las tradiciones nos dan la oportunidad de enriquecernos afectiva y culturalmente. Nos sirven para aprender acerca de costumbres y prácticas que no sólo son inmemoriales (en muchos casos), sino que se han adaptado, o han permanecido prácticamente inmutables.  Por eso es que la nuestra  debe ser la alfombra elaborada por el mayor número de ateos y agnósticos por metro cuadrado, en todo el país.

Para los lectores distraídos será raro que porque uno es individualista no rechace las prácticas culturales colectivas.  Sin embargo, no hay nada en el individualismo metodológico que apunte en esa dirección; y ciertamente no hay nada en el individualismo -como principio según el cual los hombres poseemos derechos individuales que no les pueden ser arrebatados por ningún otro hombre, ni tampoco por cualquier número, grupo o conjunto de hombres- que apunte hacia aquella creencia.

Las tradiciones enriquecen la evolución social.  Son parte del largo proceso de prueba y error por medio de cual crece y prospera una sociedad.  Las tradiciones dan un sentido de pertenencia: a este grupo de amigos, a estas familias, o a esta tribu…y luego a la sociedad.

De verdad les agradezco a mi bisabuela, a mis abuelas, a mis padres, a mis amigos y a todos los que no sólo me enseñaron a disfrutar de las tradiciones y de la alegría de celebrarlas en compañía de quienes uno ama; sino que me permiten ser parte de ellas. ¡Mi vida es muchos más rica gracias a las experiencias, y a quienes me acompañan en el camino de vivirlas!

Como en otros años, comparto el siguiente relato que expresa muy bien mis propios sentimientos frente a las alfombras; y porque la familia de la autora vivía en la Quinta Avenida de la zona 1, a unas cuadras donde vivía mi tatarabuela, Gilberta y su familia, sobre la misma avenida en la que hicimos la alfombra de ayer:

En Alfombras de aserrín,  Amelia Lau Carling relata que La semana antes del domingo de Pascua…los vecinos crean alfombras de aserrín teñido, de flores y de frutas sobre el camino de muchas procesiones.  Año tras año las hacen con nuevos diseños.  Año tras año las procesiones marchan sobre ellas, destruyendo sus dibujos al pasar.  De niña en Guatemala, mi hogar era el de una familia china que se aferraba a sus costumbres.   Pero la semana santa era una temporada como ninguna otra hasta para una familia china tan tradicional como la nuestra.  Con los vecinos nos juntábamos en las aceras para admirar las alfombras antes de que los cortejos caminaran sobre ellas.  Viendo las procesiones, yo sentía que la historia que narraban ocurría ahí mismo.  Y la belleza de los breves tapices creados con tanto primor se ha quedado grabada en mi corazón.

Al describir el proceso, Amelia cuenta que Primero puso una capa de aserrín natural y la regó con agua.  En seguida sus ayudantes dibujaron sobre ella las figuras de aserrín coloreado.  Se encaramaban sobre  tablas para alcanzar los lugares que debían adornar sin estropear lo que ya habían hecho.  Con un colador y unos esténciles de cartón, pasaban finas lloviznas de colores.  Cuidadosamente medían los diseños, siguiendo las instrucciones…luego otro ayudante pasaba por toda la alfombra con una regadera muy fina de agua, “pish, pish”, para que el aserrín quedara bien plano.  Ay, que linda era.  ¡Parecía una alfombra de verdad!

Si, es cierto que uno termina bien cansado; pero es ese cansancio que enorgullece luego de haber hecho algo alegre, algo hermoso, algo que enriquece y algo que te deja lleno de buenos recuerdos y de cariño hasta el punto de que con un buen baño y una buena noche de descanso ya estás listo para hacerlo mejor…el año entrante.

Actualización: les pregunté a los lectores de @luisficarpediem si alguna vez habían hecho alfombra y de los 17 que respondieron, 11 dijeron que sí y les gusta; en tanto que 6 dijeron que no han hecho.

La tercera foto es por María Dolores Arias y la cuarta es por José Eduardo Valdizán.


10
Abr 17

Pan, fiesta y unos versos

En casa no se siente la fiesta hasta que abrimos la caja de pan que viene de la costa; pero la expectativa empieza el día antes, cuando Shalvy nos avisa que el pan está entrando al horno, sigue horas después cuando nos cuenta que la encomienda viene en camino y se acerca a su clímax cuando la vamos a recoger a la terminal de los buses.

El pan para esta fiesta no es cualquier pan.

Responde a la tradición costeña de preparar en casa y compartir aquel alimento primordial. Dicha tradición no sólo tiene que ver con el hecho de que hasta pasadita la mitad del siglo XX todavía ocurría que las panaderías comerciales cerraban con ocasión de la temporada; sino con la costumbre humana y hermosa de compartir cuando hay abundancia.

Shalvy hace el pan que nos envía con huevos y leche caseras y lo hornea en tahona de leña casi exactamente como lo hacía la abuelita de su abuelita, que es de donde viene su receta.

Este pan tiene el sabor, el aroma, la textura y el color de siglos y siglos de civilización y de costumbres. A mí me gusta comerlo remojado en leche, o remojado en chocolate. Pero antes de llevármelo a la boca le dedico unos segundos a apreciar su color y su textura, y otros a apreciar su aroma que es el aroma de lo que es fiel a sí mismo.

El pan que comemos durante la celebración del equinoccio de primavera, durante la fiesta de la fertilidad, nos conecta con quién sabe cuántos siglos de tradiciones…y este año me hizo recordar estos versos de Omar Khayaám:

Here with a Loaf of Bread beneath the Bough,
A Flask of Wine, a Book of Verse – and Thou
Beside me singing in the Wilderness –
And Wilderness is Paradise enow.

La ilustración de aquí arriba es por Edmond Dulac, de mi Rubáiyat of Omar Khayaám.

Actualización: Hice una consulta entre los seguidores de @luisficarpediem con respecto a quiénes conocen el pan dulce de la costa sur y resulta que de 24 que participaron, sólo 8 lo conocen.