27
Ene 07

¿Banco, o colchón?

La gente cree que un banco y un colchón son intercambiables. A lo largo de la crisis bancaria que se vive en Guatemala, no son pocos los comentaristas que –en diarios y en bitácoras– dicen que es mejor tener el dinero en el colchón, que en una organización bancaria.

Pero yo digo que si usted tuviera su dinero en el colchón, hay alguna posibilidad de que se lo lleve su primo, el calavera; y que se fugue con plata, colchón y todo.

La gente también cree que la función principal de un banco es tener el dinero ahí, guardadito, bajo siete llaves. Por eso es que los de entendimiento más modesto se sienten cómodos con el concepto del colchón como forma aceptable para guardar el dinero; y de ahí que la dirigencia popular atice con entusiasmo toda esta mitología sencilla, que supone que los bancos son, cuanto menos, un mal necesario, si no un engendro del mismísimo Chamuco. O del capitalismo rapaz, que para ellos viene a ser lo mismo.

Pero, ¿qué pasaría si todos guardáramos nuestro dinero bajo el colchón? En primer lugar, como el emisor monopolista es incapaz de mantener el valor de la moneda, nuestro capital disminuiría más rápido que si está en el banco, porque nadie nos pagaría intereses. En el colchón, la inflación devoraría nuestros ahorros.

En segundo lugar, no habría dinero para que otras personas pusieran fábricas, comercios, fincas y demás. Y en consecuencia, habría desempleo y empobrecimiento general.

¿Qué hacen los bancos que no haga el colchón? Los bancos son organizaciones financieras cuya función más importante es tomar el dinero de las personas, de las empresas y de otras organizaciones para dárselo –por medio del crédito– a otras personas, otras empresas y otras organizaciones que lo necesitan. Captan plata y luego la colocan. Y por esas operaciones de crédito pagan y cobran intereses. Los intereses son el precio del crédito, no el precio del dinero. El precio del dinero es lo que usted compra con él.

Todas aquellas operaciones de intermediación, y la administración de dicha intermediación, implican riesgos. Y de esos riesgos debe estar conciente aquél que le da crédito a un banco, a cambio de los intereses que este está dispuesto a pagarle.

Como explica mi amigo Pedro, cuando usted compró su casita, ¿preguntó quién era el constructor? ¿Averiguó si este cumple con los proyectos y si no ha dejado a alguien bien clavado? ¿Indagó acerca del estudio de suelos? ¡Seguramente sí! No hizo falta que fuera ingeniero, ni experto en construcciones para informarse aceptablemente sobre la casa que iba a comprar. De igual forma no hace falta ser experto en dinero y banca para informarse si el banco en el que va a poner su plata es razonablemente seguro, o no.

Pero claro, en el caso de los bancos el estado niñera lo releva a usted de la responsabilidad y luego, cuando las cosas salen mal, la Super y el Super se hacen los suecos.

Es cierto que los bancos publican sus estados financieros a cada rato en los diarios; pero ¿quién entiende esa jerga y quién tiene la paciencia para descifrar tantos números? Allá por 1996, cuando yo dirigía una importante sección de economía en un diario guatemalteco, publicábamos una completa calificación de bancos con gráficas y todo. Entendibles para cualquiera porque, aunque uno no supiera de números, si veía que las gráficas de su banco iban para abajo, pues…al entendido, por señas.

No se analizaban tres, o cuatro aspectos de cada organización bancaria, sino varios. Y por eso es que a muchos no les gustaba, porque hacía transparente la información que, por razones políticas, ellos preferían manejar a su conveniencia.

Lo que hace falta para proteger a los ahorristas no son más leyes y más inspectores. Lo que hace falta es competencia, información y transparencia. Y muchísima menos irresponsabilidad de parte de la dirigencia popular que medra en el caos y en la confusión.

Publicada en Prensa Libre el sábado 27 de enero de 2007


26
Ene 07

Comentario de un lector

De César Elí Rivera recibí el siguiente comentario:

Quienes aseguran que en Guatemala no hay justicia están equivocados. ¿No me cree? Vea estos ejemplos: ¿Ha perdido usted todo el dinero que tenía depositado en cualquiera de las instituciones intervenidas? No hay que darle vueltas, está claro que el culpable es usted por haber confiado en ellos. ¿No ha tenido dinero suficiente para fin de año? La culpa es suya por no disponer de tarjetas de crédito o débito.

¿Ha pensado comentarle a su vecino que va retirar su dinero? Piénselo dos veces, o usted será declarado culpable de fomentar la desconfianza en el sistema.

¿No le gusta la forma en que esa gente arguye? Sigamos: ¿Ha denunciado usted el robo de un celular? El responsable es usted por llevarlo a cualquier parte y a cualquier hora.

¿Es usted una dama y la violan? Está claro que la única responsable es usted porque ¿para qué sale de su casa?
Más todavía, ¿Ha muerto usted en una balacera? Bien sea que le hayan disparado intencionalmente o no, el único responsable es usted por no haber sido suficientemente rápido para evitarlo o por estar en el sitio equivocado a la hora equivocada.

En cualquier otro país, esto sería motivo de risa, pero en el nuestro es para tomárselo bien en serio. Porque de aquí en adelante, cada vez que usted presente una denuncia, usted será el primer y único sospechoso, procesado y posiblemente condenado. Justicia cumplida. ¿No le encanta nuestro sistema?

Noto algo de sarcasmo en los comentarios de don César; y por eso sólo voy a comentar dos cosas:

  1. Si abdicamos a la responsabilidad individual, seguramente podríamos gozar de la comodidad de “ser inocentes”; pero al ser inocentes (al no ser parte del problema) nos privamos de la posibilidad de ser parte de la solución. ¡El gobierno hace mal en relevar a las personas de su responsabilidad!
  2. Si para algo necesitamos gobierno es para que proteja nuestra vida, nuestra libertad y nuestra propiedad, y para que garantice el cumplimiento de los contratos. ¡Para eso, sí lo necesitamos!, no para que administre privilegios, ni para que controle nuestras vidas.

20
Ene 07

Lo que no se ve

Los que se robaron el dinero del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, ¿eran funcionarios? Los diputados que se fueron a París, ¿son funcionarios? Los que saquearon el Crédito Hipotecario Nacional, ¿fueron funcionarios?

El gobierno hace mal cuando le hace creer a la gente que sus funcionarios les garantizan la seguridad y la certeza que la gente misma es supuestamente incapaz de buscar para sí y sus bienes. La pobre gente “descansa” en el IGSS y cree que este le va a garantizar una vejez digna, del mismo modo en que se engaña creyendo que la Superintendencia de Bancos va a sustituir su responsabilidad individual y va a velar por sus ahorros.

En el contexto de los problemas de algunos bancos guatemaltecos, los villanos han resultado ser los bancos fuera de plaza y los banqueros que los promueven. Por supuesto que cabe probar, en los tribunales de justicia, si algún banquero ha cometido fraude en el manejo de su negocio. Sin embargo, como se necesitan dos para bailar un tango, el depositante también es responsable de la elección que hace cuando le entrega su dinero a una organización bancaria, o a otra; a menos que el gobierno le quite esa responsabilidad

Los bancos offshore existen por razones que le convienen al depositante; y cuando alguien decide colocar su dinero en un banco que se asienta en el extranjero y someterlo a las regulaciones de otros países, lo hace porque quiere beneficiarse de las ventajas que eso ofrece.

Los primeros offshore de bancos chapines surgieron porque el gobierno les prohibía a las personas conservar sus dólares y depositarlos en bancos de aquí. Antes de la Ley de Desconcentración de Divisas, la gente era obligada a cambiar sus dólares valiosos por quetzales que se devaluaban y a depositarlos en bancos locales. Pues bien, los offshore les ofrecieron a los tenedores de dólares la posibilidad legítima de conservar el valor de su dinero. Por eso es que mucha gente tiene su plata en bancos de los EUA, en las Bahamas, o en otras plazas.

Muchos depositan sus dólares afuera, en busca de mejores rendimientos. Si un banco local ofrece un interés de 2% y un banco en el exterior ofrece 4%, u 8%, pues hay gente que se ve atraída por ello y deposita su dinero en la organización offshore. No hay nada mal en eso; pero el ahorrante debe saber, y es raro que no lo sepa después de Autocasa y otras malas experiencias, que las tasas muy altas son indicación de riesgos muy altos.

En cuanto a ganancias, ¿a quién no le gusta recibir rendimientos altos? Pero los rendimientos que verdaderamente cuentan son aquellos que quedan después de pagar impuestos; de modo que uno de los incentivos para depositar en bancos fuera de plaza es el de pagar menos tributos. Como el impuesto a los rendimientos del capital en Guatemala es de carácter nacional, el ahorrante tiene incentivos fuertes para guardar el fruto de su trabajo en donde los impuestos le afecten menos. Mucha gente deposita en bancos offshore para pagar menos impuestos y obtener mejores rendimientos.

Y hablando de rendimientos e incentivos, los altos costos de operar en Guatemala, para los banqueros, también les motivan para establecer operaciones fuera de plaza. ¿Por qué no? Si usted tuviera una tienda, ¿la pondría en el lugar que le ofreciera más ganancias?

Lo que no se ve, es que el gobierno y sus regulaciones están en la raíz del problema. El estado niñera le quita la responsabilidad a la gente, y la gente deposita en bancos fuera de plaza porque busca mejores rendimientos, porque quiere pagar menos impuestos, y porque quiere proteger el valor de su dinero; y todo eso tiene un precio en términos de riesgo.

El dinero local pierde valor porque el emisor monopólico, o sea el gobierno, es incapaz de garantizar dicho valor. Los impuestos altos y los costos elevados de operación, también los impone el gobierno. Y, encima de todo el gobierno asegura que se privaticen las ganancias mientras que se socializan las pérdidas de las operaciones bancarias. Entonces, ¿qué nos extraña?

Publicada en Prensa Libre el 20 de enero de 2007.