Soylent Green es una de esas películas apocalípticas acerca de la humanidad en la que –contradiciendo las evidencias– se supone que el mundo estará sobrepoblado y no habrá comida para la gente. ¿Y de qué se alimentaba la mara en aquella distopía? Se alimentaba con galletas hechas de cadáveres.
De eso me acordé cuando leí de la supertortilla; una supuesta maravilla que, según la propaganda, ayudará a minimizar los efectos de la desnutrición crónica en los niños menores de 6 años.
Aclaro que no estoy poniendo en duda las propiedades nutricionales de aquel portento. Es sólo que se me ocurrió que toda esa energía puesta en desarrollar una tortilla mega alimenticia me recordo dos cosas: Soylent Green y la idea que tuvo Rafael Espadita Espada, hace ratos, en el sentido de que de que los niños de Guatemala deberían alimentarse con comidas altas calorías y en proteínas, como las que comen los Marines de los Estados Unidos.
Yo digo que si queremos que no haya niños desnutridos (¡Y yo de verdad no quiero que haya niños desnutridos!) lo que deberíamos hacer es allanar el camino para que las familias guatemaltecas puedan elevar su nivel de vida de forma productiva. ¡Más y mejores empleos es lo que necesitanos! Y para eso lo que hace falta es facilitar el ahorro y la formación de capital; no castigarlos con impuestos. Lo que hace falta es flexibilizar los contratos de trabajo y la legislación laboral. Lo que hace falta es seguridad ciudadana para que la gente pueda producir en paz. Lo que hace falta es detener el desperdicio, la mala administración y el robo del dinero que los políticos socialistas y sus funcionarios toman de los tributarios.
Ni las supertortillas, ni el Soylent Green, ni las raciones de los Marines van a sacar a la gente de la pobreza -que es la causa de la desnutrición-. Lo que hacen falta son políticas económica sanas, porque la riqueza es lo único que combate efectivamente a la pobreza.








