El niño que hay en mí se emocionó cuando vio el despegue de la misión Artemis II —que lleva el nombre de la diosa griega de la Luna—. Aunque la nave no alunizará, representa el renacimiento de la exploración lunar humana y me recordó un poco la emoción que sentí en 1969 cuando Apolo 11 llevó a dos seres humanos a nuestro satélite natural.
Artemis II es el primer vuelo tripulado del programa y el primer viaje humano más allá de la órbita terrestre baja desde Apollo 17 en 1972. La tripulación -que irá a donde ningún otro humano ha llegado- está integrada por Reid Wiseman (comandante), Victor Glover (piloto), Christina Koch y Jeremy Hansen (de la Agencia Espacial Canadiense). Hará un vuelo de aproximadamente 10 días que incluye un sobrevuelo de la Luna, pruebas de los sistemas de apoyo vital, navegación, comunicaciones y escudo térmico de Orion con humanos a bordo, y un recorrido que llevará a los astronautas más lejos de la Tierra que ningún ser humano en la historia.
No faltarán quienes digan que Artemis II es innecesaria. Bullshit!
La filosofía Objetivista celebra a los hombres de la mente que hacen posibles estos logros. En Artemis, aunque el rol central sigue siendo de la NASA (un organismo gubernamental), el creciente involucramiento de empresas privadas como SpaceX (con su Starship como lander) es coherente con el espíritu Objetivista: la iniciativa privada, motivada por el beneficio y la innovación, es el motor más eficiente del progreso.
Logros como Artemis generan conocimientos, tecnologías y riqueza que benefician a toda la humanidad de forma secundaria, pero su justificación primaria es el valor que representan para las mentes que los crean y para quienes eligen valorarlos.
Esta misión rechaza implícitamente la visión de que la humanidad debe permanecer atada a la Tierra como animales condenados a su ecosistema original. Afirma que el ser humano es un ser de razón, y que su hábitat natural es todo el universo que pueda conquistar mediante su inteligencia. No estamos en la Tierra para sobrevivir, sino para florecer mediante las ciencias, las artes, los deportes y más.
Artemis es una celebración de la grandeza de los seres humanos. Es la prueba concreta de que la razón funciona, de que la ambición racional es noble, y de que el universo no es un límite, sino un desafío a conquistar.
Por cierto, alrededor de 1997 en el National Press Club asistí a una conferencia de Yuri Koptev, que era director de la Agencia Espacial Rusa en aquel entonces, y él habló sobre por qué deberíamos volver a la Luna. También fui a una conferencia de Jack Schmitt y Gene Cernan, los últimos astronautas en pisar la Luna. Esos temas siempre me han fascinado no solo porque soy un crío de los años 60, sino porque me encantaban mi enciclopedia Mis Primeros Conocimientos, acerca de Viajes Interplanetarios, y el programa El mundo del pequeño Adam.


