El hedor que emana del TSE

 

¡Qué lejos están los tiempos de Arturo Herbruger y de Mario Guerra en el Tribunal Supremo Electoral! ¡Qué remotos están los tiempos en los que el Tribunal Supremo Electoral era un modelo de institucionalidad, confiabilidad e independencia!  De aquellos tribunales supremos, cuya ética era incuestionable…¿queda siquiera la sombra? ¿Dónde y en qué desgracia va a terminar el largo deterioro del TSE y de sus magistrados?

Edifico del Tribunal Supremo Electoral. La foto la tomé de Facebook.

Aquellas lamentaciones vienen a cuenta porque el pleno emitió un acuerdo interno que declaró 104 documentos como confidenciales y reservados. Entre la información que fue declarada como secreta se encuentran actos y decisiones que según la Ley de Acceso a la información pública deben ser proporcionadas de oficio a la población, como los informes de auditorías y las sesiones de magistrados.

¡Pero no solo eso! Los magistrados quieren mantener en reserva las investigaciones sobre delitos electorales y otros abusos cometidos por directivos de partidos políticos.  Los partidos que no son tales, sino que son puras roscas electoreras que los tributarios estamos forzados a financiar, son protegidos por el tribunal que debería supervisarlos, denunciarlos y, en su caso, cancelarlos, no sólo para proteger las instituciones republicanas, sino por respeto a los electores y a los que pagamos impuestos.

Aquel tribunal que debería ser el campeón de una reforma electoral que reforzara el rol de mandantes que le corresponde a los ciudadanos; de una reforma que acabara con el carácter clientelar de los partidos; de una que no fuera servil con los dueños de los partidos; de una que impidiera que el dinero de las mafias corrompiera más el sistema político y de una que protegiera el sistema republicano, es el tribunal que actúa como celestina de los que ansían el poder, por el poder mismo, o para beneficiar sus causas innombrables. Es un tribunal en el que no hay votos razonados, ni disidencia alguna cuando se trata de ser cómplice del proxenetismo político.

El hedor que emana del TSE se les está escapando a los magistrados; y el secretismo sólo lo hace peor.

Columna publicada en elPeriódico.

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