24
Oct 17

Ardió Troya, ¿por un accidente?

¡Ardió Troya!…o por lo menos se alborotaron las redes sociales, porque el diputado Fernando LInares dijo que el parámetro para acceder a la política, o cualquier otro tema, debe ser mérito y no simplemente haber nacido con un accidente biológico de mujer.  En consecuencia varias ONG presentaron una denuncia penal contra el representante.

Aquello, a pesar de que el diputado explicó que nacer hombre, o mujer es un accidente biológico y no se debe decidir con base en eso.

En su segunda acepción, accidental es algo que ocurre al azar, es decir que no es planificado, o deliberado.  Un encuentro accidental es uno que no estaba previsto.  Y el sexo de las personas es accidental.  Que yo sepa, todavía no es posible planificar el sexo de los embriones. Si alguien tiene cromosomas XX, o XY es accidental en el sentido de que ocurre al azar, o que es contingente.

Desde una perspectiva metafísica, todo es causal y nada es accidental; pero llamamos accidental a aquellas relaciones causales que no podemos identificar, o controlar.  ¿Por qué un bebé nace con cromosomas XX y otro nace con cromosomas XY?

Desde una óptica epistemológica -y como el propósito de los conceptos es facilitarnos la clasificación y organización cognitivas, así como facilitarnos conocer y pensar-  la palabra bebé es un símbolo que denota un concepto, es decir que representa un número ilimitado de sujetos concretos, de cierto tipo (Un bebé es un ser humano de muy corta edad), que podemos distinguir de los sujetos concretos adultos (por decir algo).  Para esa organización cognitiva específica (bebé/adulto), las posibilidades de que unos bebés sean hombres y otros mujeres, unos gordos y otros delgados, unos peludos y otros pelones, unos así y otros asá, son accidentales o contingentes.

Como uno no escoge su sexo y como uno no escoge el color de su piel, juzgar a las personas por algo que no depende de su voluntad, ni de sus decisiones, ni de sus valoraciones, juzgar a las personas por algo accidental, es la más baja, cruda y primitiva forma de colectivismo, como expllicó Ayn Rand. No hay virtud alguna en ser de uno, u otro sexo; como no hay mérito alguno en tener la piel de un color, o de otro.  ¿De verdad querríamos una sociedad en la que las personas son juzgadas por la química de su cuerpo y no por su carácter y sus acciones?

Por esa razón es que, cuando he abordado el tema de la reforma electoral, nunca he apoyado las cuotas. Como ocurre con otras formas de colectivismo, el de sexo (que es el que da paso a estas meditaciones) sólo es una forma de conseguir lo que no ha sido ganado.  En este caso, espacios políticos.

Lo que es sido ganado, por cierto, no debe ser ganado por méritos, sino por resultados; de ahí la importancia del carácter y las acciones.  Friedrich A. Hayek advierte que, de hecho, no deseamos que las personas obtengan el máximo de esfuerzo (que él llama mérito), sino que logren la máxima utilidad con el mínimo de trabajo y, por lo tanto, el mínimo de mérito.  Resultaría imposible recopensar todo el mérito y tampoco sería conveniente que las personas tendiesen principalmente a obtener el máximo de mérito.  Solamente podemos juzgar con cierto grado de seguridad el valor del resultado, no la cantidad de esfuerzo y cuidado que ha costado a diferentes personas el logro final.

La ilustración la tomé de Facebook.


29
Sep 17

Tenemos estos pendientes

Luego de una eventualidad negativa que afectara mi vida, o las vidas de la familia sin causar daños mayores, mi tía abuela, La Mamita, solía decir: Todo pasó, sin que pasara nada y es, precisamente, lo que no debería ocurrir en Guatemala.

¿Qué debería pasar?

Es importante un diálogo cuya misión sea entender el fenómeno político que atravesamos; así como encontrar los temas mínimos en los que podemos estar de acuerdo tirios y troyanos (y todo lo que hay en medio).  Estos acuerdos deben estar encima de ambiciones y necedades.  No estoy seguro de quién debería convocarlo, ni de cuál sería la metodología, pero sería genial si no fuera de carácter corporativista, como suele ocurrir.

Es importante una ley electoral que: 1. Nos devuelva, a los mandantes, el control como tales; 2. Fortalezca el TSE, qua supremo e independiente; 3. Facilite la fundación de partidos políticos que sean intermediarios entre los mandantes y los mandatarios y plataformas ideológicas y programáticas. 4. Les quite a los partidos el monopolio de la presentación de candidatos a diputados. 5. Establezca distritos electorales pequeños.; y 6. Permita la elección de diputados uninominal, o por listas abiertas. Un sistema político que huya, como de la peste, de: el bipartidismo, o tripartidismo artificial, de las cuotas colectivistas y del financiamiento estatal para los partidos.

No es menos importante la reforma del sistema de justicia.  Una que nos permita conseguir una administración de justicia pronta y cumplida, y que fortalezca el estado de derecho y la institucionalidad (o tal vez que los funde). Una abordada desde una perspectiva cívica y que nos permita luchar contra la injusticia, la corrupción y la politización. El CEES tiene una, que te invito a conocer en goo.gl/5pbww8

No debe quedarse atrás la necesidad de desarmar el sistema mercantilista, patrimonialista, multiplicador de privilegios y fabricante de miseria que es caldo de cultivo de la corrupción e impunidad.  Eso implica reconocer que estos son consecuencias -a veces intencionadas, pero muchas veces no intencionadas- de ideas concretas sobre cuál es la naturaleza del ejercicio del poder público.

Tengo confianza en los chapines, ¿y tú?

Columna publicada en elPeriódico; y la ilustración la tomé de Facebook.


28
Jul 17

¿Qué clase de reforma electoral?

Una reforma electoral que sea electorera, es decir, una que refuerce el carácter clientelar y de rosca que tienen los partidos políticos, en Guatemala, le causaría un daño profundo y mortal no sólo al sistema electoral, sino al sistema republicano.

Escucha el podcast aquí.

Por eso es bueno que, en el Congreso, la propuesta de elevar el financiamiento coercitivo por parte de los tributarios a los partidos políticos fuera rechazada. Por eso es bueno que el alza en el techo de los gastos de campaña fuera desestimada.

Ya sabes, en Guatemala, los partidos políticos no son esos intermediarios entre mandantes y mandatarios, ni esas plataformas ideológicas y programáticas que describen los libros de texto. Aquí, lo que tenemos son maquinarias electoreras que, alrededor de un candidato y su rosca de amigos y patrocinadores, son vehículos para llegar al poder, o influir en él en beneficio de intereses particulares. Por eso es que los partidos tienen dueños con nombre y todo: Ahí está el partido de Sandra Torres y está el de Alvaro Arzú. Estaban el de Baldizón, el de Ríos Montt, el de Pérez y así podemos seguir.

¿Qué clase de reformas sí son urgentes e importantes? Las que refuercen y fortalezcan el rol de los mandantes. También las que refuercen y fortalezcan el sistema republicano.

¿Por ejemplo? La conformación de distritos electorales pequeños; y la posibilidad de que cualquier ciudadano pueda inscribirse como candidato, sin necesidad del apoyo de partido político, o comité cívico alguno. Los efectos (entre otros) de esas reformas serian el de acabar con el monopolio de los partidos y el de crear el incentivo para que estos no se alejen de los mandantes, si quieren conseguir sus votos. También haría más baratas y más cortas las campañas. ¿Otro ejemplo? El fortalecimiento del Tribunal Supremo Electoral, en su carácter de supremo e independiente para que sea confiable y digno de respeto.

Sin una reforma política sustancial, las otras reformas pendientes están en manos de los intereses de siempre.

Columna publicada en elPeriódico.


10
Mar 17

No olvidemos la reforma electoral

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Escucha el podcast aquí.

¿Cómo pudiéramos subrayar el hecho de que la reforma electoral es más que urgente? Esto es porque dicha reforma está íntimamente relacionada con el procedimiento para elegir a quienes les entregamos el poder; y el poder tiene que ver con la facultad de imponer mandatos.  El poder tiene que ver con el gobierno y ya sabes lo que dijo George Washington acerca de eso: El gobierno no es una razón, tampoco es elocuencia, es fuerza. Opera como el fuego; es un sirviente peligroso y un amo temible.

Por eso es importante meditar bien y aprobar buenas reformas a la ley electoral.  Actualmente se discute una nueva propuesta; una que plantea la votación nominal para diputados.  Los mandantes deberíamos tener la posibilidad (y atender la necesidad) de conocer por quiénes votamos exactamente.  Esto facilitaría la vinculación entre el mandante y el mandatario, propia de una república sana.

Otro de los puntos importantes de la reforma es la creación de distritos electorales pequeños.  Esta propuesta también busca acercar a los mandantes y a los mandatarios de modo que la responsabilidad y la accountability de estos últimos sea más inmediata.

Es una lástima que se conserven los listados nacionales.  Tradicionalmente, esos espacios han servido para llevar al congreso a dirigentes nacionales de los partidos, sin liderazgo alguno; y a financistas y otros patrocinadores igualmente irrelevantes para los mandantes.

Desde 1985 los mal llamados partidos políticos han demostrado que no son más que maquinarias o roscas, diseñadas para conseguirles el boleto electoral a sus propietarios. Lejos están de ser las plataformas ideológicas y programáticas que sirven de intermediarios entre mandantes y mandatarios, como los describen los libros.  Por eso es bueno que los comités cívicos puedan competir con ellos en materia de la presentación de candidatos a diputados distritales.

No soy fan de la multiplicación de juntas electorales porque recuerdo –de los años 70– historias de cómo se hacían los fraudes en las juntas remotas.  Como se huye de la plaga, las reformas deberían huir de las cuotas.

¿Qué sabes de la reforma electoral?

Columna publicada en elPeriódico.


30
Ene 17

La libertad de expresión en la provincia

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El caso de los asesinatos de los periodistas Danilo Zapón y Federico Salazar -en Suchitepequez- pone en evidencia dos hechos que no hay que dejar pasar: 1. el ejercicio de la libertad de expesión en general, y del periodismo en particular es especialmente peligroso en el interior del país; más allá del hecho de que pueblo chico infierno grande; y 2. Que el sistema político actual atrae a lo peor de de entre nosotros.

En este caso, está presuntamente involucrado un diputado del partido FCN-Nación; que en su momento competía apoyado por el partido Lider.

En las provincias, donde prevalece el caricazgo, abunda la narcoactividad y las pasiones son tribales, los periodistas independientes corren riesgos que son ajenos al ejercicio del periodismo en la ciudad de Guatemala donde el poder y la influencia son más dispersos, hay algunos pesos y contrapesos sociales y la vida es un poco menos comunitaria. Según me cuentan cuates que saben de aquello, el uso de pasquines y otros anónimos y el uso de intimidaciones, así como el de la violencia, son alarmantes en las poblaciones del interior.  Igual te meten plomazos por ver a la chava equivocada, como por meterte con el negocio de algún pez gordo.

El actual sistema político plutocrático, mezclado con el mercantilismo y el estado benefactor, es el campo de acción más apropiado para el ejercicio del poder arbitrario al servicio de cualquier interés particular.  Un maridaje perfecto entre negocios delictivos y la política crimiinal tienen a secuestradas a poblaciones enteras en las que la libertad de expresión es casi inexistente.  Muchas municipalidades son feudos, más que cualquiera otra cosa.  Las peores personas, entre nosotros, son atraídas a la actividad política para enriquecerse ilícitamente y para usar el poder cual fetiche.

La libertad de expresión, que muchos disfrutamos en la comodidad de nuestras computadoras, en los grandes medios de comunicación y en las redes sociales a nivel nacional, es un lujo peligroso en otras partes de Guatemala.


27
Ene 17

Oh, Ah, sin moverme

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Cuando yo era niño había un juego llamado Oh, Ah.  Uno tomaba una pelota, y a una distancia prudente la arrojaba contra una pared para que rebotara. Al tiempo que recitaba en cada tiro: Oh, Ah, sin moverme, sin reírme, en un pie, con una mano, media vuelta, vuelta entera, atrás y adelante, caballete, rodillete y así con el propósito de no dejar caer la pelota, ni reírse y ejercitar las habilidades motoras y supongo que hasta cognitivas.  Si uno dejaba caer la pelota, otro de los jugadores empezaba con el Oh, Ah.

Para tener éxito en el juego uno tenía que enfocarse y concentrarse, y no dejarse distraer por los otros jugadores.

Un poco así andamos los chapines, “con más de una olla en la estufa”, diría yo.  Que si tal, o cual va a Matamoros, o a Mariscal Zavala; que si los diputados aprueban la ley de in-competencia; que si amplían las facultades del estado para escudriñar las cuentas bancarias; que si tal, o cual antejuicio prospera, o no; que si hay grupos que quieren prohibir el plástico y otros queman maquinarias industriales y así podemos alargar la lista.  Y para colmo, nos preocupamos que si el muro,  que si esto y que si lo otro.  Es Oh, Ah, con todo.

Tanta cosa nos distrae de lo que es lo más importante: no dejar caer la pelota en dos áreas clave. ¿Cuáles? La reforma judicial y la reforma política.  ¡Pero no cualesquiera reformas!  La reforma judicial debe ser una que sirva a la justicia y que aleje a los grupos políticos y a los grupos de interés del control de los tribunales; una que no sea de carácter ideológico y que distinga la justicia, de la venganza. Y, ¿qué reforma política? Una que facilite y fomente la participación ciudadana; una que no sea clientelar; una que rompa el oligopolio que ejercen esas roscas politiqueras que mal-llamamos partidos políticos; una que proteja el carácter de mandantes que tienen los ciudadanos frente a los mandatarios; una que consolide el sistema republicano y aniquile los privilegios.

Como mandantes, deberíamos distinguir lo urgente, de lo importante, y enfocarnos y concentrarnos para que no se nos caiga la pelota, sin descuidar lo demás.

Columna publicada en elPeriódico.


02
Dic 16

FUBAR

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FUBAR es un acrónimo que quiere decir Fucked up beyond any recognition y es lo que se me ocurrió ahora que se acerca el fin de año con respecto al proceso iniciado en abril de 2015.

Jodido, más allá de todo reconocimiento porque tengo la impresión de que desperdiciamos la oportunidad dorada de hacer una reforma política sustancial; estamos desperdiciando la oportunidad de oro de hacer una reforma del sistema de justicia; y no termina de estar claro qué procesos contra la corrupción son sustanciosos y cuáles son palos de ciego, o van a terminar en doctorados honoris causa de carácter político, o en foto-ops para las memorias de labores.

¡Hay que rescatar el proceso iniciado en 4/15!; pero para ello hay que alejarlo de la eterna lucha de facciones y de la eterna lucha de intereses. Hay que alejarlo del afán constructivista que parte de la premisa de que la sociedad se puede diseñar a fuerza de legislación y de la premisa de que la vida en sociedad es una competencia por acumular privilegios.  Hay que alejarlo de la idea de que el sistema fiscal y el presupuesto del estado son medios para expoliar y para transferir riqueza por medios políticos hacia quienes tienen poder e influencia política.

Si el proceso iniciado en 4/15 continúa por la vía de apoyarse en legislación específica y concreta, diseñada para atender demandas e intereses particulares (como los del establishment político, como los de sindicatos y cámaras, como los de jueces y magistrados, como los intereses étnicos y de sexo entre otros intereses igualmente colectivistas, sólo para mencionar unos), FUBAR va a ser poco.  Si hemos de rescatar el proceso citado tiene que ser por la vía de las leyes generales y abstractas, iguales para todos, sin privilegios y sin dedicatoria; por la vía del respeto absoluto a los derechos individuales, frente a los intereses colectivos y por la vía de la responsabilidad de los mandantes.

El proceso iniciado en 4/15 no se trata de salir a la plaza a pedir mi particular monte de orégano; sino de sentar bases sólidas para la paz, la cooperación social y la prosperidad, aunque sea a costa de le ideología.

Columna publicada en elPeriódico.


22
Sep 15

Peligrosa reforma electoral a la carrera

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¿Es necesaria una reforma electoral?  Si.  Muy necesaria; pero no tanto que tenga que ser a la carrera y menos si es para fortalecer el establishment político partidista.  Hace falta una reforma electoral profunda y que sirva a los mandantes.  Hoy, los diputados (esos diputados transas que tu ya sabes) se reunirán en la tarde a discutir una propuesta de reformas que parece hecha a la medida de intereses particulares.

Si te interesa el tema te sugiero, o más bien te suplico, que leas este Diagnóstico de la Ley Electoral y de Partidos Políticos de Guatemala: situación y alternativas para su reformaantes de caer en la trampa de apoyar la reforma que se halla en el Congreso, sólo porque es lo que hay, porque urge y porque es a donde va Vicente.

Entre las reformas urgentes, prioritarias y de fondo está la necesidad de fortalecer la autoridad del Tribunal Supremo Electoral; fortaleza debe ser institucional. Fortaleza que debe ser jurídica, financiera, técnica y moral. Es inaceptable que los dirigentes que aspiran a ser electos para tener el control político del país puedan violar la ley, salirse con la suya y reírse del tribunal. Es inaceptable que el tribunal no tenga la autoridad suficiente para someter a la ley a aquellos dirigente que hacen campañas anticipadas, que violan los límites de gasto en las campañas, que usan partidos títeres para jugarle la vuelta a la ley y ese tipo de cosas.

También está la de quitarles a los partidos políticos nacionales el monopolio de las postulaciones.  Sometidos a normas que garanticen la transparencia financiera y de gobernanza en aquellas organizaciones, la competencia política debería ser abierta y a todos niveles: nacional, regional y distrital. Que sean los electores los que validen los partidos.

Antes yo pensaba que era importante acabar con la reelección de diputados y alcaldes, en el supuesto de que este embrión de república no debería acarrear el lastre de caciques y rentistas parasitarios que consiguen ser electos y luego es casi imposible retirar del poder debido a que, cuando no usan una u otra forma de fuerza para retenerlo, sí tejen clientelas sólidas e influyentes cuyos intereses no pueden correr el riesgo de ser alejadas del poder.  Empero, como hay diputados y alcaldes que sí hacen buen trabajo, no sería justo evitar que estos puedan ser reelectos.  En todo caso, lo que sí podemos demandar es más responsabilidad de parte de los electores y mandatarios.  ¡Que dejen de reelegir diputados y alcaldes corruptos!

¿De qué hay que huir como se escapa de la peste? De las cuotas, por ejemplo; los candidatos deberían ser seleccionados y electos por sus ejecutorias individuales de vida, y no por el grupo al que pertenecen. Del financiamiento de los partidos por parte de los tributarios, por ejemplo; los partidos no deben ser una boca más pegada a la teta del presupuesto del estado. Debemos huir de la prisa y recordar que el que mucho abarca poco aprieta.

El objetivo último de las reformas debería ser el de limitar el poder de la clase política y someterla a la ley.  Si estamos hartos, pongámosles límites ya.  ¡Pero ya!  Hay que distinguir entre las reformas prioritarias y las que pueden esperar; no sería prudente tratar de reformar todo al gusto de todos los involucrados.


04
Sep 15

Participa: simulación de votos

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Las elecciones se aproximan y desde hace ya más de tres meses se ha producido en Guatemala un debate sobre la reforma general del Estado y las relaciones que el mismo debe mantener con el conjunto de la ciudadanía. Se habla de un cambio drástico a la hora de elegir a nuestros diputados, pero, al margen de cuestiones como la validez del voto nulo, poco se ha dicho sobre la elección presidencial. ¿Qué sucedería, si modificásemos la fórmula para elegir a nuestro presidente?

El voto alternativo o voto por preferencias, también llamado instant run off voting en el mundo anglosajón, es una fórmula mayoritaria muy útil para elegir al presidente de la república. En este sentido, con dicho mecanismo electoral se lograría que todo voto fuera útil, dado que el ciudadano solo tendría que establecer sus preferencias —en nuestro caso del 1 al 14— entre la oferta política existente.

Con este experimento se pretende mostrar qué resultados obtendríamos utilizando esa fórmula electoral alternativa. Tratamos de obtener evidencia para mejorar nuestro sistema electoral y la calidad de nuestro sistema democrático-republicano.

¡Participa en el proyecto! Tienes hasta hoy, viernes 4 de septiembre para votar. Los resultados que se obtengan serán publicados el miércoles 9 de septiembre.

Vota aquí al hacer clic en el enlace.


24
Ago 15

¡Sí queremos elecciones! y una reforma electoral de verdad

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Las elecciones deben efectuarse de acuerdo con la Constitución y como está previsto este próximo domingo 6 de septiembre.  Este es el momento en el que los guatemaltecos debemos darle un ¡No! rotundo e inconfundible a los que están impulsando una crisis fabricada a su medida y para sus propósitos particulares.

¡Si queremos elecciones!, y queremos una reforma política de verdad que nos sirva para fortalecer un sistema republicano viable y perdurable.

Por eso comparto esta propuesta de reforma; para que la leas y la compartas y no te dejes dar atol con el dedo.

La reforma de la Ley Electoral y de Partidos Políticos  es un tema pendiente que tiene al mundo intelectual y político guatemalteco en un debate constante. Con dicho proceso, se pretende modificar la relación existente entre el Estado y los partidos políticos –hablamos de la financiación-, además de transformar los vínculos entre representante y representado introduciendo elementos asociados al voto nulo o a la creación de comités cívicos de naturaleza departamental. Sin embargo, y a pesar de que el tema es de gran interés y urgencia, la arista desde la cual se está analizando no apunta a los problemas de fondo existentes en el sistema de partidos guatemalteco, dice Eduardo Fernández Luiña en un documento que, si te interesa aquel proceso, te invito leer.

Dice Eduardo, en esta publicación del Centro de Estudios Económico-Sociales, que hay dos elementos que deberían ser centrales en el proceso de reforma y que están siendo ignorados. De un lado, la propia definición legal de partido político. De otro, la estructura de competición –hablamos de la fórmula electoral- que debería regir el sistema.

El artículo -que hay que leer- abre un debate sobre dos reformas que parecen urgentes en la LEPP guatemalteca. De un lado, la modificación de la definición de partido político. De otro, la reforma de la fórmula electoral. Ambas transformaciones cambiarían radicalmente la cara del sistema electoral guatemalteco mejorando la relación entre representantes y representados al resolver parcialmente las asimetrías de información existentes en la actualidad. Esperemos que haya espacios para debatir y tratar abiertamente estas y otras cuestiones porque de lo contrario será imposible mejorar la calidad de la democracia guatemalteca. Ojalá avancemos hacia un mejor diseño institucional. Guatemala y los guatemaltecos se lo merecen.