30
Ene 17

La libertad de expresión en la provincia

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El caso de los asesinatos de los periodistas Danilo Zapón y Federico Salazar -en Suchitepequez- pone en evidencia dos hechos que no hay que dejar pasar: 1. el ejercicio de la libertad de expesión en general, y del periodismo en particular es especialmente peligroso en el interior del país; más allá del hecho de que pueblo chico infierno grande; y 2. Que el sistema político actual atrae a lo peor de de entre nosotros.

En este caso, está presuntamente involucrado un diputado del partido FCN-Nación; que en su momento competía apoyado por el partido Lider.

En las provincias, donde prevalece el caricazgo, abunda la narcoactividad y las pasiones son tribales, los periodistas independientes corren riesgos que son ajenos al ejercicio del periodismo en la ciudad de Guatemala donde el poder y la influencia son más dispersos, hay algunos pesos y contrapesos sociales y la vida es un poco menos comunitaria. Según me cuentan cuates que saben de aquello, el uso de pasquines y otros anónimos y el uso de intimidaciones, así como el de la violencia, son alarmantes en las poblaciones del interior.  Igual te meten plomazos por ver a la chava equivocada, como por meterte con el negocio de algún pez gordo.

El actual sistema político plutocrático, mezclado con el mercantilismo y el estado benefactor, es el campo de acción más apropiado para el ejercicio del poder arbitrario al servicio de cualquier interés particular.  Un maridaje perfecto entre negocios delictivos y la política crimiinal tienen a secuestradas a poblaciones enteras en las que la libertad de expresión es casi inexistente.  Muchas municipalidades son feudos, más que cualquiera otra cosa.  Las peores personas, entre nosotros, son atraídas a la actividad política para enriquecerse ilícitamente y para usar el poder cual fetiche.

La libertad de expresión, que muchos disfrutamos en la comodidad de nuestras computadoras, en los grandes medios de comunicación y en las redes sociales a nivel nacional, es un lujo peligroso en otras partes de Guatemala.


27
Ene 17

Oh, Ah, sin moverme

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Cuando yo era niño había un juego llamado Oh, Ah.  Uno tomaba una pelota, y a una distancia prudente la arrojaba contra una pared para que rebotara. Al tiempo que recitaba en cada tiro: Oh, Ah, sin moverme, sin reírme, en un pie, con una mano, media vuelta, vuelta entera, atrás y adelante, caballete, rodillete y así con el propósito de no dejar caer la pelota, ni reírse y ejercitar las habilidades motoras y supongo que hasta cognitivas.  Si uno dejaba caer la pelota, otro de los jugadores empezaba con el Oh, Ah.

Para tener éxito en el juego uno tenía que enfocarse y concentrarse, y no dejarse distraer por los otros jugadores.

Un poco así andamos los chapines, “con más de una olla en la estufa”, diría yo.  Que si tal, o cual va a Matamoros, o a Mariscal Zavala; que si los diputados aprueban la ley de in-competencia; que si amplían las facultades del estado para escudriñar las cuentas bancarias; que si tal, o cual antejuicio prospera, o no; que si hay grupos que quieren prohibir el plástico y otros queman maquinarias industriales y así podemos alargar la lista.  Y para colmo, nos preocupamos que si el muro,  que si esto y que si lo otro.  Es Oh, Ah, con todo.

Tanta cosa nos distrae de lo que es lo más importante: no dejar caer la pelota en dos áreas clave. ¿Cuáles? La reforma judicial y la reforma política.  ¡Pero no cualesquiera reformas!  La reforma judicial debe ser una que sirva a la justicia y que aleje a los grupos políticos y a los grupos de interés del control de los tribunales; una que no sea de carácter ideológico y que distinga la justicia, de la venganza. Y, ¿qué reforma política? Una que facilite y fomente la participación ciudadana; una que no sea clientelar; una que rompa el oligopolio que ejercen esas roscas politiqueras que mal-llamamos partidos políticos; una que proteja el carácter de mandantes que tienen los ciudadanos frente a los mandatarios; una que consolide el sistema republicano y aniquile los privilegios.

Como mandantes, deberíamos distinguir lo urgente, de lo importante, y enfocarnos y concentrarnos para que no se nos caiga la pelota, sin descuidar lo demás.

Columna publicada en elPeriódico.


02
Dic 16

FUBAR

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FUBAR es un acrónimo que quiere decir Fucked up beyond any recognition y es lo que se me ocurrió ahora que se acerca el fin de año con respecto al proceso iniciado en abril de 2015.

Jodido, más allá de todo reconocimiento porque tengo la impresión de que desperdiciamos la oportunidad dorada de hacer una reforma política sustancial; estamos desperdiciando la oportunidad de oro de hacer una reforma del sistema de justicia; y no termina de estar claro qué procesos contra la corrupción son sustanciosos y cuáles son palos de ciego, o van a terminar en doctorados honoris causa de carácter político, o en foto-ops para las memorias de labores.

¡Hay que rescatar el proceso iniciado en 4/15!; pero para ello hay que alejarlo de la eterna lucha de facciones y de la eterna lucha de intereses. Hay que alejarlo del afán constructivista que parte de la premisa de que la sociedad se puede diseñar a fuerza de legislación y de la premisa de que la vida en sociedad es una competencia por acumular privilegios.  Hay que alejarlo de la idea de que el sistema fiscal y el presupuesto del estado son medios para expoliar y para transferir riqueza por medios políticos hacia quienes tienen poder e influencia política.

Si el proceso iniciado en 4/15 continúa por la vía de apoyarse en legislación específica y concreta, diseñada para atender demandas e intereses particulares (como los del establishment político, como los de sindicatos y cámaras, como los de jueces y magistrados, como los intereses étnicos y de sexo entre otros intereses igualmente colectivistas, sólo para mencionar unos), FUBAR va a ser poco.  Si hemos de rescatar el proceso citado tiene que ser por la vía de las leyes generales y abstractas, iguales para todos, sin privilegios y sin dedicatoria; por la vía del respeto absoluto a los derechos individuales, frente a los intereses colectivos y por la vía de la responsabilidad de los mandantes.

El proceso iniciado en 4/15 no se trata de salir a la plaza a pedir mi particular monte de orégano; sino de sentar bases sólidas para la paz, la cooperación social y la prosperidad, aunque sea a costa de le ideología.

Columna publicada en elPeriódico.


22
Sep 15

Peligrosa reforma electoral a la carrera

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¿Es necesaria una reforma electoral?  Si.  Muy necesaria; pero no tanto que tenga que ser a la carrera y menos si es para fortalecer el establishment político partidista.  Hace falta una reforma electoral profunda y que sirva a los mandantes.  Hoy, los diputados (esos diputados transas que tu ya sabes) se reunirán en la tarde a discutir una propuesta de reformas que parece hecha a la medida de intereses particulares.

Si te interesa el tema te sugiero, o más bien te suplico, que leas este Diagnóstico de la Ley Electoral y de Partidos Políticos de Guatemala: situación y alternativas para su reformaantes de caer en la trampa de apoyar la reforma que se halla en el Congreso, sólo porque es lo que hay, porque urge y porque es a donde va Vicente.

Entre las reformas urgentes, prioritarias y de fondo está la necesidad de fortalecer la autoridad del Tribunal Supremo Electoral; fortaleza debe ser institucional. Fortaleza que debe ser jurídica, financiera, técnica y moral. Es inaceptable que los dirigentes que aspiran a ser electos para tener el control político del país puedan violar la ley, salirse con la suya y reírse del tribunal. Es inaceptable que el tribunal no tenga la autoridad suficiente para someter a la ley a aquellos dirigente que hacen campañas anticipadas, que violan los límites de gasto en las campañas, que usan partidos títeres para jugarle la vuelta a la ley y ese tipo de cosas.

También está la de quitarles a los partidos políticos nacionales el monopolio de las postulaciones.  Sometidos a normas que garanticen la transparencia financiera y de gobernanza en aquellas organizaciones, la competencia política debería ser abierta y a todos niveles: nacional, regional y distrital. Que sean los electores los que validen los partidos.

Antes yo pensaba que era importante acabar con la reelección de diputados y alcaldes, en el supuesto de que este embrión de república no debería acarrear el lastre de caciques y rentistas parasitarios que consiguen ser electos y luego es casi imposible retirar del poder debido a que, cuando no usan una u otra forma de fuerza para retenerlo, sí tejen clientelas sólidas e influyentes cuyos intereses no pueden correr el riesgo de ser alejadas del poder.  Empero, como hay diputados y alcaldes que sí hacen buen trabajo, no sería justo evitar que estos puedan ser reelectos.  En todo caso, lo que sí podemos demandar es más responsabilidad de parte de los electores y mandatarios.  ¡Que dejen de reelegir diputados y alcaldes corruptos!

¿De qué hay que huir como se escapa de la peste? De las cuotas, por ejemplo; los candidatos deberían ser seleccionados y electos por sus ejecutorias individuales de vida, y no por el grupo al que pertenecen. Del financiamiento de los partidos por parte de los tributarios, por ejemplo; los partidos no deben ser una boca más pegada a la teta del presupuesto del estado. Debemos huir de la prisa y recordar que el que mucho abarca poco aprieta.

El objetivo último de las reformas debería ser el de limitar el poder de la clase política y someterla a la ley.  Si estamos hartos, pongámosles límites ya.  ¡Pero ya!  Hay que distinguir entre las reformas prioritarias y las que pueden esperar; no sería prudente tratar de reformar todo al gusto de todos los involucrados.


04
Sep 15

Participa: simulación de votos

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Las elecciones se aproximan y desde hace ya más de tres meses se ha producido en Guatemala un debate sobre la reforma general del Estado y las relaciones que el mismo debe mantener con el conjunto de la ciudadanía. Se habla de un cambio drástico a la hora de elegir a nuestros diputados, pero, al margen de cuestiones como la validez del voto nulo, poco se ha dicho sobre la elección presidencial. ¿Qué sucedería, si modificásemos la fórmula para elegir a nuestro presidente?

El voto alternativo o voto por preferencias, también llamado instant run off voting en el mundo anglosajón, es una fórmula mayoritaria muy útil para elegir al presidente de la república. En este sentido, con dicho mecanismo electoral se lograría que todo voto fuera útil, dado que el ciudadano solo tendría que establecer sus preferencias —en nuestro caso del 1 al 14— entre la oferta política existente.

Con este experimento se pretende mostrar qué resultados obtendríamos utilizando esa fórmula electoral alternativa. Tratamos de obtener evidencia para mejorar nuestro sistema electoral y la calidad de nuestro sistema democrático-republicano.

¡Participa en el proyecto! Tienes hasta hoy, viernes 4 de septiembre para votar. Los resultados que se obtengan serán publicados el miércoles 9 de septiembre.

Vota aquí al hacer clic en el enlace.


24
Ago 15

¡Sí queremos elecciones! y una reforma electoral de verdad

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Las elecciones deben efectuarse de acuerdo con la Constitución y como está previsto este próximo domingo 6 de septiembre.  Este es el momento en el que los guatemaltecos debemos darle un ¡No! rotundo e inconfundible a los que están impulsando una crisis fabricada a su medida y para sus propósitos particulares.

¡Si queremos elecciones!, y queremos una reforma política de verdad que nos sirva para fortalecer un sistema republicano viable y perdurable.

Por eso comparto esta propuesta de reforma; para que la leas y la compartas y no te dejes dar atol con el dedo.

La reforma de la Ley Electoral y de Partidos Políticos  es un tema pendiente que tiene al mundo intelectual y político guatemalteco en un debate constante. Con dicho proceso, se pretende modificar la relación existente entre el Estado y los partidos políticos –hablamos de la financiación-, además de transformar los vínculos entre representante y representado introduciendo elementos asociados al voto nulo o a la creación de comités cívicos de naturaleza departamental. Sin embargo, y a pesar de que el tema es de gran interés y urgencia, la arista desde la cual se está analizando no apunta a los problemas de fondo existentes en el sistema de partidos guatemalteco, dice Eduardo Fernández Luiña en un documento que, si te interesa aquel proceso, te invito leer.

Dice Eduardo, en esta publicación del Centro de Estudios Económico-Sociales, que hay dos elementos que deberían ser centrales en el proceso de reforma y que están siendo ignorados. De un lado, la propia definición legal de partido político. De otro, la estructura de competición –hablamos de la fórmula electoral- que debería regir el sistema.

El artículo -que hay que leer- abre un debate sobre dos reformas que parecen urgentes en la LEPP guatemalteca. De un lado, la modificación de la definición de partido político. De otro, la reforma de la fórmula electoral. Ambas transformaciones cambiarían radicalmente la cara del sistema electoral guatemalteco mejorando la relación entre representantes y representados al resolver parcialmente las asimetrías de información existentes en la actualidad. Esperemos que haya espacios para debatir y tratar abiertamente estas y otras cuestiones porque de lo contrario será imposible mejorar la calidad de la democracia guatemalteca. Ojalá avancemos hacia un mejor diseño institucional. Guatemala y los guatemaltecos se lo merecen.


24
Jul 15

El camello electoral

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¿Ya sabes, verdad? Un camello es un caballo diseñado por un comité; y un camello legislativo es una legislación diseñada por intereses. Este es el caso de la propuesta de reformas electorales, patrocinadas por el Tribunal Supremo Electoral; que muchos han pedido, pero pocos han leído.

Hay pocas que el espacio me permite comentar:

Una es la reforma sexista y racista que manda que en las planillas para cargos de elección popular sean incluidas de forma igualitaria mujeres indígenas y ladinas o mestizas, y hombres indígenas y ladinos o indígenas. Esta disposición es estúpida ya que juzga a las personas con base en datos irrelevantes; y por lo tanto hace que los juicios derivados de esa perspectiva sean inútiles. Como las ideas elegidas por las personas gobiernan el mundo y las ideas guían las acciones de modo que estas definen el carácter; este y aquellas deberían ser los parámetros para elegir candidatos, en vez de enfocarse en lo físico, que es no elegido por los que pretenden los votos de los mandantes. Y… ¿cuáles serán los parámetros objetivos para definir quién es indígena y quién es ladino?

Otra es la microadministración,de parte del TSE, no sólo de los porcentajes de financiamiento estatal que los partidos deben destinar a propósitos específicos; sino de la pauta publicitaria. Aquellos y estos deberían ser definidos de acuerdo con los criterios técnicos y convenientes para cada parte involucrada; y no por igualitarismo desde el TSE. También es un desatino la interferencia legislativa en la fijación de tarifas.

Una más es que, a pesar de lo que he opinado antes, la prohibición de la reeleción no es buena idea. Si sólo pensamos en los diputados corruptos y criminales pareciera que tiene sentido. Empero, si la norma prospera, tampoco los diputados honrados y trabajadores (que los hay) podrán ser reelectos. La norma les quitaría a los mandatarios la responsabilidad de ejercer el voto lo más racionalmente posible, por lo que este tipo de disposiciones perjudica la calidad del ejercicio ciudadano.

No es sólo de pedir reformas, pues. Hay que entender sus consecuencias intencionadas y no intencionadas.

Columna publicada en elPeriódico.


19
Jun 15

Reformas decepcionantes

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Aparentemente el Tribunal Supremo Electoral presentará su propuesta de reformas electorales el 23 de junio.  Entre las mismas destacan: sanciones más elevadas para darle más poder de regulación al TSE; el derecho de voto para los guatemaltecos en el exterior; el voto nulo con efectos vinculantes; y cuotas étnicas y de sexo.

Me hubiera gustado que a los partidos políticos se les quitara el monopolio de la presentación de candidatos; es buena idea que al voto nulo tenga efectos vinculantes; y es bueno que el Tribunal tenga mejores instrumentos para ejercer autoridad suprema.  No soy fan del voto en el exterior porque, ¿de veras confiarías en los diplomáticos y cónsules chapines –nombrados a dedo entre compadres y socios del ejecutivo– para que no manoseen las elecciones?

También es un desatino lo de las cuotas por etnia y sexo.  Esa práctica tiene raíces en la idea colectivista-fascista-corporativista de que la participación en la cosa pública parte del grupo específico al que las personas “pertenecen” en la sociedad; y que por esa condición representan a “sus iguales”.  Los supuestos representantes que participan en el corporativismo se auto eligen y se auto legitiman principalmente por sus características étnicas, o de sexo; y no por sus cualidades individuales

En 1996 el empresario TJ Rodgers recibió la carta de una monja cuyo convento era accionista de la empresa que dirigía TJ.  En ella la monja le reclamaba que en la junta directiva de aquel emprendimiento no había suficiente diversidad étnica y sexual.  Es célebre la respuesta de Rodgers en la que explica por qué es que aquel reclamo no sólo es errónea, sino inmoral.  Rodgers demostró por qué es que a la hora de elegir directores, el talento es más importante que el “paquete” en el que viene aquel talento.  Salvando las distancias, lo mismo se aplica a la selección de candidatos políticos.  Las habilidades políticas, y los talentos específicos deberían ser los criterios de selección prevalentes; y no el color de la piel, o los órganos sexuales. Pero claro, aquello es políticamente incorrecto, ¿y quién se atreve a advertir que el emperador está desnudo?

Columna publicada en elPeriódico.


03
Jun 15

Reformas electorales para limitar el poder

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Posiblemente la edad de oro de los partidos políticos fue inmediatamente después de la II Guerra Mundial. Fue entonces cuando se fundaron y consolidaron aquellas organizaciones concebidas como plataformas ideológicas y prácticas que servirían como intermediarias entre mandantes y mandatarios para el manejo de la cosa pública. Los partidos dejaron de ser facciones tradicionales y se convirtieron en algo institucional. Empero, para finales del siglo XX y ciertamente que en lo que va del XXI, los partidos degeneraron en roscas electoreras cuya función es nada más que servir como el vehículo para llegar al poder, o por lo menos influir en él para conseguir acceso al presupuesto del estado y el dinero de los tributarios. ¿Sí, o no?

¿Con alguna exepción? -en Guatemala, por ejemplo- todos los partidos habilitados son poco más o menos lo mismo:  Se organizan alrededor de un propietario, o grupo de propietarios.  Puedes hablar del partido de Baldizón, el de Sandra, el de Alejos, el de Canela, el de Arzú, y así.  Sus declaraciones de principios son tan generales que porque abarcan todo, no dicen nada.  Sus objetivos, sus supuestos planes de gobierno y sus propuestas son como listas de Santa Clos con algo para cada grupo de interés imaginable: algo para los empresarios y algo para los trabajadores; para los indígenas, para las mujeres, para los ecologistas, para los migrantes, para los artistas, para los deportistas, y así.  En estas condiciones no es de sabios que un partido tenga principios que pudieran excluir las escalas de valores, o los intereses de otros.

Sería rarísimo, por ejemplo, que un partido político ofreciera trabajar para eliminar y prohibir todo privilegio.  Lo común es que los partidos ofrezcan repartir privilegios con equidad, o algo parecido. Esto último sería incluyente, en lugar de excluyente.

¿Estamos claros que el propósito de los partidos es controlar el poder, o influir en él? La experiencia de las últimas décadas es que el fin último de controlar el poder, o influir en él es usufructuar económicamente de ese poder.  ¿Has oído de algún partido que proponga limitar el poder? ¿Uno que proponga desmantelar las fuentes de poder? ¿Uno que prometa devolverle el poder a los electores y a los tributarios?

Los partidos políticos -y sus dirigentes, claro- se han vuelto cada vez más irrespetuosos de la ley.  Por ejemplo: les pela que la ley prohiba ciertos tipos de propaganda, pero la colocan exactamente donde les da la gana y al costo que sea.  Si tienen que pagar multas por eso, las paga, ¡¿y qué?!    Sus funcionarios electos prometen cumplir y hacer cumplir las leyes cuando llegan al poder; pero para llegar a él han violado toda ley que se se ponga en su camino y se deje.

Hasta ahora se los habíamos permitido; pero hay movimientos ciudadanos que les facilitan a los electores y tributarios denunciar y enfrentarse a aquellos abusos. Y eso es bueno.  ¿Cuánto tiempo aguanta, un pueblo, que le vean la cara de baboso?

Es tiempo de reformas electorales.  Las más urgentes son las que fortalezcan la autoridad del Tribunal Supremo Electoral.  Esa fortaleza debe ser jurídica, financiera, técnica y moral.  El tribunal electoral debe ser supremo.  Otras de urgencia son aquellas que hagan realidad la transparencia de los partidos y que los sujeten a la ley.  Aquellas que les quiten el monopolio de la nominación de candidatos.  Aquellas que no falseen la realidad y los dimensionen como potenciales abusadores del poder.

No estoy de acuerdo con que deba prohíbirsele -a un funcionario electo- renunciar a la organzación política con la que llegó al poder; sobre todo en atención a ese derecho individual que se llama libertad de asociación.  A la idea de las cuotas hay que huírle como se huye de la peste: los candidatos deberían se electos principalmente por sus capacidades y potencialidades personales e individuales y por sus ejecutorias de vida; y no por el grupo al que pertenecen.   Posiblemente sea buena idea incluir la posibilidad de rechazar a todos los candidatos de las papeletas porque en los comicios nadie debería ser obligado a elegir entre algo que no valora y la opción de rechazar a todos debería ser tomada en cuenta. Una elección con X porcentaje de votos nulos no debería ser un mensaje que pasara inadvertido; ni por quien resultara ganador, ni por el resto de la sociedad.

Esto último no quiere decir que esté a favor de votar nulo en esta elección que viene. Cuando existe la más mínima posibilidad de que un candidato como Manuel Baldizón llegue al poder estimo que mi obligación moral es defenderme de esa posibilidad y hacer todo lo que sea legalmente posible para evitar que un personaje así sea el jefe del gobierno y controle el monopolio del uso legal de la fuerza.  Estimo que mi obligación moral es votar por cualquiera otro (aunque luego haya que sacarlo a sombrerazos y exigirle la renuncia, como a Otto Pérez Molina), antes que permitir que el control de la policía, el ejército, los impuestos y todo el aparato estatal caiga en manos de alguien con el perfil de Baldizón.

De vuelta a las reformas electorales el objetivo último de estas debería ser el de limitar el poder de la clase política y someterla a la ley.  Si estamos hartos, pongámosles límites ya.  ¡Pero ya!  Hay que distinguir entre las reformas prioritarias y las que pueden esperar; no sería prudente tratar de reformar todo al gusto de todos los involucrados.


16
Jul 14

La reforma electoral y el transfuguismo

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Una reforma electoral es buena, o mala, no porque sea reforma, sino por su contenido.  Digamos que una reforma es buena si contribuye a consolidar, o por lo menos a fundar un sistema republicano, si acaba con los privilegios, si amplía y fortalezca la facultad de elegir que tienen las personas, si opera en favor de los mandantes y de los tributarios, si aprovecha la energía y el entusiasmo que la gente vuelca en las elecciones. Si apunta a disminuir el nivel de decontento que hay -entre los mandantes y los tributarios- contra una clase política privilegiada, abusadora, corrupta e inepta.  El régimen de Chávez/Maduro/Cabello no es casualidad…es la consecuencia de décadas de política privilegiada, abusadora, currupta e inepta.  Y de élites que la consintieron y se beneficiaron de ella.

Una reforma electoral que apaña las malas prácticas dentro de los partidos, que financia esas organizaciones independientemente de su valor frente a los electores, que reparte cuotas de candidaturas entre clientelas y grupos de interés.  Una que eleva el populismo a niveles sudamericanos, una que protege a la clase política e impide que esta sea responsable frente a los ciudadanos.  Una como la que parece que se está discutiendo actualmente en el Congreso es una mala reforma.

Bueno, diría Aristóteles, es lo que es bueno para alcanzar un objetivo particular.

Ahora, con eso de que el partido de Manuel Baldizón llegó a 52 diputados y tiene la bancada dominante en el Congreso, muchos están clamando contra el transfuguismo.  Empero…eso no me inquieta tanto.

El transfuguismo pone las cartas sobre la mesa y abre ventanas donde -de otra forma- habría oscuridad.  Hoy, en los diarios, están los nombres y las fotos de los diputados tránfugas.  Nadie debería invocar ignorancia cuando los vea en las papeletas en las próximas elecciones.  Nadie con dos dedos de frente debería apoyarlos, y votar por ellos.  Si el tranfuguismo estuviera prohibido…¿cómo sabríamos dónde están las lealtates? ¿Cómo sabríamos quien está con quien?  ¿Cómo sabríamos quien es de un color, y quien de otro?

Por otro si has sido electo diputado por un partido, y esa organización se corrompe…¿por qué no cabría la posibilidad de que abandones esa organización y te pases a una mejor?  O al revés.  Si has sido electo por un partido, pero te sientes incomodo porque prefieres algo más corrupto, ¿no es mejor que abandones la organización decente y que te vayas a echar pulgas a otra parte?  En ambos casos, si el llamado transfuguismo ocurre sobre la mesa tus electores pueden verlo y tratar de entenderlo, pueden echar pan en su matate y tu te enterarás en las próximas elecciones.

Bueno, diría Aristóteles, es lo que es bueno para alcanzar un objetivo particular.

Por otro lado…¿qué es peor que un grupo como el de Baldizón tenga una bancada mayoritaria?  Pues peor sería que hubiera concentración del poder.  Peor sería que los pipoldermos -cualquiera que sea su color- tuvieran el control del Ejecutivo y del Legislativo.  La distribución de poderes y funciones es una característica fundamental de una república sana.  Claro que la responsabilidad de los electores, a la hora de votar, tiene mucho que ver con entre quienes se distribuye el poder.  No tiene la culpa el loro, sino quien le enseña a hablar.

Bueno, diría Aristóteles, es lo que es bueno para alcanzar un objetivo particular.