19
Oct 11

¿Y ahora, qué? ¿Llueven satélites?

Un satélite, del tamaño de un automóvil, está a punto de perder su órbita para caer a la Tierra probablemente este fin de semana, sin que se sepa exactamente donde.  ¡Chispas!; y ¿ahora qué? ¿Van a llover satélites?

En septiembre pasado se cayó otro; con la ventaja de que uno podía seguir su trayectoria y se podía saber en dónde podría caer.

¿Por qué es que el satélite de septiembre podría ser trackeado, y este de octubre no?  ¿Podrá, uno, demandar a alguien si un satélite le causa daños, o le mata a alguien?  Contra los malos efectos de los eclipses, la gente usa prendas interiores de color rojo; ¿qué se usa contra los satélites que caen?


19
Oct 11

El humor chapín y las tragedias

Los Colom/Espada acaban de emitir un comunicado que dice: El viernes 21 de octubre no se podrá hacer puente…porque el río se lo llevó. Gracias a mi cuata @pisis66 por esta pieza del humor negro chapín, tan característico.

Durante la amenaza de tsunami, de marzo pasado, muchos chapines se pararon en las playas a esperar el fenómeno, ¿con la esperanza de ver cómo venía la ola y luego contar la historia?  ¿Será un forma de resignación frente a la tragedia, o una expresión del humor chapín?

En aquella ocasión, la gente decía que se invitaba a los miembros de la Unidad Nacional de la Esperanza (el partido oficial), a las playas del Pacífico a la hora en que supuestamente impactaría el tsunami, porque les iban a hacer una ola.

El año pasado, luego de la erupción del Volcán de Pacaya y cuando la ciudad de Guatemala se hallaba cubierta por arena negra, en medio de la incomodidad, y de lo que sin duda ha sido una tragedia en algunos hogares, el humor chapín no se hizo esperar. La mara decía que Con Los Colom/Espada ya la estábamos viendo negra, y que el Volcán de Pacaya había puesto su grano de arena.

En medio de las tragedias, o a las puertas de una, los guatemaltecos siempre muestran su sentido del humor. Inmediatamente después de el terremoto de 1976, que dejó cerca de 25,000 muertos,  hubo un chiste célebre. En la televisión había un anuncio de insecticida en el que una ama de casa lo rociaba en la cocina, mataba a todas las cucarachas y preguntaba con voz de bóveda:¿Queda alguna cucaracha que decir? Y entonces el chiste era que, luego del terremoto se abrió el cielo y una voz como de trueno preguntó: ¿Queda alguna cucaracha que decir?


19
Oct 11

La tragedia de Ciudad Satélite y “El puente de San Luis Rey”


Estas son las drámaticas e impresionantes imágenes de dos personas y un perro tragados por la correntada en el camino a Ciudad Satélite, en Guatemala. Las tomas son por Alvaro Interiano de Prensa Libre.

Al ver a las personas que atravesaron el lugar justo antes de que colapasara, a las que iban justo detrás de las víctimas mortales y al observar la tragedia me acordé de la historia de El puente de San Luis Rey; una novela que leí a finales de los 80, por recomendación del maestro don Gilberto y de la cual se hizo una película en 2004.

Altamente recomendable, la puedes alquilar en Take One, la tienda de vídeos de Futeca en la zona 14.

El libro y la peli cuentan la historia de 5 personas que mueren al cruzar el puente de San Luis, en el Perú virreinal del siglo XVIII. Ambientada en una época en la que las ideas de la Ilustración se enfrenta a la Inquisición de la iglesia católica, esta tragedia cuestiona la moralidad de aquel tiempo y la explicación de los fenómenos como el desprendimiento de aquel puente y la muerte de quienes son arrastrados por el desastre.

El colapso de aquel puente (y el de la carretera a Ciudad Satélite), ¿Fue un accidente? ¿Un acto sobrenatural? ¿Quiénes fueron las víctimas, y quiénes los culpables? ¿Pueden, los perros, presentir los desastres?


19
Oct 11

Lluvias y el el recuerdo de doña Beatriz de la Cueva

Ahora que amaneció lloviendo, otra vez, me acordé de leer como cuenta, Maca Barret, lo que pudo haber sucedido el 11 de septiembre de 1541.  Estoy pensando en toda la gente a quien el agua, el lodo y las correntadas les han quitado sus vidas, o las de sus seres queridos, y sus propiedades.

Hacía dos días que Beatriz había asumido la gobernación de Guatemala, pero al igual que todos en Santiago, tuvo que pasarlos encerrada en su casa. Achubascada la atmósfera, fuertes ventarrones arremolinaban ahora las lluvias, y el agua y el lodo que llenaban las calles las hacían intransitables…a medida que avanzaba la noche arreciaba el viento, embistiendo el palacio con tal fuerza que aveces parecía sacudir sus bases; la lluvia azotaba paredes y ventanas como lanzada por una mano gigantesca y maligna, y tronaba casi incesantemente; pero cada vez que se producía una pausa en la furiosa tormenta, Beatriz podía oír aullar al mismo perro. Ahora sus aullidos eran más vehementes, más ansiosos, más inquietantes…”¿Esta…esta es una tempestad muy fuerte!”, pensó, procurando no perder la calma….encontró a su ama de llaves en el pasillo. Tenía los ojos dilatados por el terror; venía en busca de Beatriz para avisarle que algo funesto estaba sucediendo afuera; bajaban torrentes de agua de la montaña, arrasando las chozas que se encontraban a su paso….De pronto, un ruido que más bien parecía una explosión, las sacudió a todas; procedía de las habitaciones de Beatriz, y al ir a la puerta vieron que el viento había arrancado una ventana; el agua estaba entrando a chorros por el hueco que quedaba, llegando hasta el vestíbulo en que se encontraban….En cuestión de pocos minutos reinaba el caos en la planta baja; las aguas se llevaban muebles, espejos, puertas y ventanas rotas y su nivel iba creciendo con velocidad alarmante. Afuera se oían tremendos crujidos; el agua y el viento arrancaban de cuajo árboles enteros que luego chocaban contra los muros del palacio al ser arrastrados por la corriente…la casa se estremeció; una de sus paredes se vino abajo y un raudal turbulento de agua y lodo se precipitó dentro de la casa…y la turbia corriente arrebataba también a nueve mujeres cuyas bocas se llenaban de agua al abrirse y pedir auxilio

Maca Barret. El caballo rojo. Editorial José de Pineda Ibarra, Guatemala, 1962. Pp. 407-415


19
Oct 11

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