07
Dic 08

Eduardo Halfon y El boxeador polaco

Eduardo Halfon es el autor de el éxito de librería El boxeador polaco; y también de otra obras como Esto no es una pipa, Saturno; y de De cabo suelto. En esta conversación habla sobre El boxeador polaco y su relación con su abuelo que estuvo en campos de concentración nacionalsocialistas; sobre la arrogancia en el aula; y sobre Mark Twain.


14
Abr 08

Muñeca mala

Muñeca mala es el título del nuevo libro de mi amiga Carmen Matute. Carmen es una poetisa muy respetada y valorada; y ahora, en Muñeca mala, nos ofrece una serie extraordinaria de poemas y cuentos.

El 3 de abril asistí a la presentación de su libro, obra que el escritor y amigo, Ronald Flores, comentó en esa ocasión.

No he leído el libro aún; pero el diario Siglo Veintiuno publicó, hoy, un fragmento del relato que le da nombre a la obra. Ciertamente que es intenso; y Cármen traslada la intensidad de los sentimientos y las reflexiones con efectividad y fuerza. Aún en un pequeño fragmento, el lector no puede quedar indiferente ante lo que está leyendo. Desde una perspectiva Kantiana, tan alejada de mi weltanschauung, la protagonista medita: Me sentía atrapada porque o era por amor que había decidido cuidarla, sino por un ineludible sentido del deber. Esa vertical concepción del deber que ella misma me había inclulcado.

Ahora, tengo más ganas de leer Muñeca mala.


15
Nov 07

Cuento breve: El payaso se comió el pastel

Era una de esas tardes húmedas y calurosas con las que abril se ensaña en la boca costa de Guatemala. No había brisa, de modo que ni en la sombra era agradable estar.

Sin embargo, había que ir a la piñata; así que ahí estaban todos. Grandes y chicos haciendo lo que se hace en esas ocasiones.

El Payaso, en esas, se dio cuenta de que la gente estaba distraída. Entre la modorra y la confusión, los invitados se hallaban lejos del pastel. Y ahí estaba el pastel. Solito. Dulce. Con esos colores brillantes y contrastantes que adornan los pasteles típicos de aquellas tierras. Y El Payaso no se aguantó. Vió a la gente, vió el pastel y le entró sin pudor.

Ya casi se lo acababa cuando oyó el grito. “¡El Payaso se está comiendo el pastel!”

“¡Payasojueputa!”, gritó alguien más. “¡Agarren al Payaso!”, escuchó el animal. El Payaso, que ese era el nombre de la mascota de la casa, tenía su hocico manchado de turrón celeste y no había forma de ocultar la verdad: El Payaso se había comido el pastel.

“Amarrá al Payaso”, le ordenó la matrona de la casa a uno de sus hijos. “Amarrá a ese chucho y le das una apaleada que nunca olvide en su vida”. “Sí”, dijo el muchacho. Y acto seguido ató al perro a un árbol.

Los invitados a la piñata se congregaron alrededor del Payaso, cuyos ojos veían venir lo impensable. Y lo impensable venía en la forma de un energúmeno armado con un bate de beisbol. Y detrás venía la madre. Y el monstruo empezó a golpear al Payaso. Batazo tras batazo, el cuerpo del Payaso fue molido mientras se hallaba atado a un árbol. Hasta que alguien dijo “Vos, terminá ya con el chucho”. Y el monstruo le dió un último golpe al cráneo del animal.

La piñata siguió su curso. Y la vida ya no fue igual.

De la historia de El Payaso me acordé cuando leí que en la India un hombre se casó con una perra para revertir una supuesta maldición que padece desde que mató a pedradas a dos perros.