“Nada”, está en todo

 

Ayer me puse intenso, así que hoy les recomiendo algo con más de comedia dramática, aunque no por ello menos profundo.  Les recomiendo la serie argentina Nada, protagonizada por el tristemente recién fallecido Luis Brandoni como Manuel Tamayo Prats y por Robert De Niro como Vincent Parisi.

“Nada” está en Disney+ y es una miniserie cortísima.

Si visitas Carpe Diem con frecuencia, recordarásque soy cocinero y comelón por lo que aprecié grandemente el encanto culinario de Nada.  Dice Manuel: Las recetas y los sabores no son solo comida, son un idioma, la verdadera historia de nuestra gente

Seguramente también tendrás en mente que -en términos de la ética de la libertad que profeso- la vida del individuo racional es el estándar del valor. Entonces la moral no consiste en sacrificarse por los demás, ni en someterse a mandatos externos, sino en actuar de acuerdo con la naturaleza del hombre como ser pensante que debe producir los valores que sustentan su existencia y su felicidad. Las virtudes cardinales —racionalidad, productividad y orgullo— no son ideales etéreos, sino requisitos prácticos para la vida y el florecimiento.

¿De que va Nada?

Manuel Tamayo Prats es un crítico gastronómico, un bon vivant porteño y un dandy que ha construido una vida de placeres intelectuales y estéticos. Durante más de cuarenta años, su empleada doméstica, Celsa, gestionó admirablemente todos los aspectos materiales de su existencia, ya que cocinaba según sus estándares exigentes, mantenía la casa y resolvía lo cotidiano. Manuel vivía como si la realidad práctica no lo tocara; de modo que su mente podía dedicarse al juicio estético sobre la comida, el arte y las ideas, mientras otro cuerpo y otra mente sostenían la infraestructura de su vida.

Cuando Celsa muere, ese andamiaje se derrumba. Manuel debe contratar a Antonia, una joven paraguaya sin experiencia, y descubre que no sabe —o ha olvidado— cómo vivir por sí mismo. No sabe cocinar, planchar, ni organizar su día a día. Su independencia intelectual y profesional resulta ser parcial: ha externalizado la supervivencia material básica. ¡Antonia es una joya que brilla con luz propia en la serie!

Desde una ética de la libertad, este conflicto es profundamente instructivo. La independencia no es solo pensar por uno mismo en abstracto. Es la virtud de sostener la propia vida con el propio esfuerzo y juicio en todos los ámbitos relevantes. El hombre independiente es aquel que no necesita que otros piensen ni actúen por él para existir como ser humano. Manuel había delegado la acción productiva cotidiana. El pago del salario de Celsa no borra el hecho de que, durante décadas, su capacidad práctica se atrofió. La división del trabajo es legítima y beneficiosa en una sociedad de personas libres; pero solo cuando quien delega conserva la competencia y la responsabilidad última sobre su vida. Cuando la delegación se convierte en abdicación, el individuo se vuelve vulnerable y, en sentido moral, segundo de a bordo de su propia existencia.

Nada como oportunidad moral

El título puede leerse como un eco de tradiciones existencialistas o nihilistas que salpican cierta cultura contemporánea: la idea de que, quitadas las ilusiones y las estructuras, queda la nada. Desde la perspectiva de una ética de la libertad, esa lectura es errónea y peligrosa. La nada no es un dato metafísico. La nada, no nadea como dijo Martín Heidegger; es el resultado de la inacción, o de la negativa a ejercer la razón y la voluntad. Ante la muerte de Celsa y el colapso de su rutina, Manuel tiene dos caminos: resignarse al vacío, quejarse del mundo y seguir dependiendo de otros (o de la suerte), o afirmar su vida mediante la acción productiva y el aprendizaje.

La serie, en su tono de comedia dramática, muestra el segundo camino: el esfuerzo torpe, a veces ridículo y a veces conmovedor, de un hombre mayor que debe reaprender a vivir. Ese esfuerzo es un acto de virtud. La productividad no se limita a escribir un libro, o a emitir un juicio crítico brillante; incluye también la capacidad de mantener el propio hogar, preparar una comida decente, ordenar el propio espacio. Son actos de auto-sostenimiento que honran la vida como valor último.

Dependencia, autoestima y relaciones voluntarias

Nada también es una exploración bella de la amistad por medio de la relación de Manuel con Vincent Parisi, viejo amigo que narra e interviene. La amistad no es un deber ni un sacrificio mutuo. La amistad virtuosa, de Aristóteles, es una relación voluntaria entre personas que se admiran por sus valores y que encuentran en ella un beneficio recíproco. El vínculo entre Manuel y Vincent tiene esa naturaleza: respeto antiguo, memoria compartida y reconocimiento de cualidades. No es altruismo disfrazado, ni codependencia emocional.

En contraste, la dependencia prolongada de Celsa —incluso siendo una relación laboral legítima— había erosionado en Manuel una parte de su autoestima práctica. La autoestima no es sentirse bien consigo mismo sin causa; sino el orgullo que resulta de vivir según los dictados de la razón y de ser capaz de enfrentar la realidad sin muletas permanentes. Cuando Manuel comienza a hacer las cosas por sí mismo, aunque sea torpemente al principio, está recuperando esa autoestima. Está demostrando, tarde pero de manera real, que su vida le pertenece y que puede hacerse cargo de ella.

Lecciones para la ética de la libertad

Como Nada es una obra de arte funciona como un espejo útil para nuestra reflexión sobre el sentido de vida. Nos recuerda que la libertad política —el sistema de derechos individuales— presupone individuos capaces de ejercer esa libertad. Un hombre que no puede sostener su propia vida cotidiana sin que otro lo haga por él está mal preparado para la responsabilidad que implica ser ciudadano de una sociedad de personas libres. La dependencia crónica, incluso cuando es pagada, genera fragilidad y, a escala social, demanda de sistemas coercitivos que suplan lo que el individuo no cultiva en sí mismo.

La serie también ilustra, con humor y sin grandilocuencia, que el cambio es posible cuando la realidad impone sus términos (reality bites) y el individuo elige responder con razón y esfuerzo en lugar de con evasión, o resentimiento. Manuel no es un héroe Objetivista perfecto —tiene vanidades, rigideces y una cierta ceguera ante su propia situación financiera y práctica—, pero muestra un principio básico: la vida exige acción constante. No hay nada que justifique la pasividad cuando uno aún puede pensar y actuar.

Luis Brandoni, extraordinario

Luis Brandoni apoyaba ideas como la de un gobierno limitado, la reducción del déficit, el recorte a los subsidios incluidos los del arte y la desregulación porque nos merecemos que las cosas vaya bien. Aunque espresó reservas sobre la retórica del presidente Javier Milei, lo apoyaba por las razones citadas.  En los años 70 estuvo exiliado. 

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