Ayer estuve en Libertópolis con Marta Yolanda Díaz-Durán y Jorge Jacobs hablando sobre la fiesta del fútbol en el contexto del Campeonato Mundial 2026.
Hablamos de que es una fiesta familiar y de amigos; y de que puedo echarme un partido si es con amigos, cervezas y pizzas; especialmente si es a partir de los octavos de final. Comentamos que a mi mamá le encantaba llenar los álbumes con mis sobrinos y de que el miércoles andaba inquieta porque, siendo día laboral, iba a ser difícil que alguno de mis hermanos, o sobrinos la acompañara a ver la inauguración y el primer partido. A ella le sugerí que se fuera a un restaurante, pidiera un tarro de cerveza y algo rico de comer y que seguramente ahí iba a encontrar aficionados para gritar ¡Goooool!
Todo ello en el contexto de que hay que evitar los nacionalismos y el colectivismo que —en el contexto del balompiá— puede generar brotes de violencia y delincuencia; especialmente entre bagres que actúan desde el sentir, y no desde el pensar.
Comentamos, también, que donde hay posibilidades de ejercicio del poder suele haber política y que el fútbol no escapa a esa dinámica. Al final, cuando las pantallas se encienden y las gradas rugen, la diferencia entre el que piensa y el que solo siente marca el verdadero resultado del partido.


