Encontré la casa de mi bisabuela

 

Como consecuencia de los terremotos de 1917-1918, mi abuelita, Juanita, me contó que la embajada de los Estados Unidos cayó en el patio de la casa de su mamá, mi bisabuela, Gilberta Cabrera. Esto es sobre la Quinta avenida y 15 calle de la zona 1.

A la derecha la casa de mi bisabuela, Gilberta Cabrera, sobre la Quinta avenida sur de la zona 1. La foto es de la colección Taracena/Cirma.

¡Hoy me topé con una foto de esa casa! ¿Dónde? En La nueva Guatemala antes y después de los terremotos de 1917-1918, por Arturo Taracena Flores, que es la segunda edición ampliada de Los terremotos de Guatemala, álbum gráfico conmemorativo del cincuentenario por el mismo autor. Esta primera edición ya la conocía gracias a mi cuate Jorge Mario Zebadúa, cuyo abuelo, José García Sánchez, había tomado las fotos.

La casa, por cierto, le fue heredada a mi bisabuela, doña Gilberta, por su madre doña Joaquina Cabrera. El inmueble fue abandonado y vendido después por mi abuela y sus hermanos, durante un proceso azaroso que, seguramente, algún día contará mi sobrino, Luis Andrés Schwartz.

La foto muestra portones de acceso con arcos, propios de la arquitectura de la época; pero no sé si sólo uno, o los dos accesos eran de la residencia en cuestión. Lo más interesante es que también muestra puertas comerciales porque doña Gilberta era agricultora y comerciante. Mi abuelita, Juanita, me contó que durante un período de gran escasez de harina y de pan, en la ciudad de Guatemala, previo a los sismos de 1917-1918, su mamá había establecido en su casa una panadería, negocio que había tenido que cerrar porque en su afán de conseguir pan, la gente se agolpaba y causaba destrozos en el establecimiento. Las puertas que se ven en la foto seguramente sirvieron para la panadería. Quién sabe para qué servían el 24 de diciembre de 1917, víspera del primer terremoto catastrófico.

Así se veía el consulado antes de los terremotos de 1917 y 18. La foto la tomé de Facebook.

Como dato adicional, en el predio que ocupó aquella casa después fue establecida la panadería Esperanza. ¿Eso fue porque había hornos en el inmueble, o fue casualidad?

El caso es que en la primera edición del libro de Taracena no vi la casa de mi bisabuela, y la foto que vi hoy debe ser parte de la ampliación de la edición original. Hay dos fotos que se le aproximan. Una es de la entrada principal de la legación o consulado de los EE. UU., edificio que fue consumido por las llamas en 2025 y donde durante muchos años estuvo la sastrería Azurdia Siliezar; pero no se ve la casa que estaba a mano derecha, sobre la Quinta avenida. La otra es una toma desde la Quinta avenida y 15 calle, en la que tal vez se atisba la casa de mi bisabuela a mano derecha; y en la que se ve re bien un negocio de italianos que mencionaba mi abuelita porque ahí vendían bon vino.

Quinta avenida sur, de la actul zona 1. Foto tomada desde el viejo parque Concordia, el actual Parque Enrique Gómez Carrillo. La foto la tomé de Facebook.

Esta nueva edición del libro de Taracena fue posible gracias al patrocinio de Cementos Progreso, empresa que con su producto —más estable y seguro que los adobes, tejas y bajareque— hizo posible la reconstrucción de la ciudad devastada.

Y así, entre portones de arcos y puertas de panadería, la memoria de doña Gilberta y de aquella esquina de la zona 1 revive en las páginas de un libro que rescata lo que los temblores y el tiempo amenazaban con borrar.

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