¡Siempre está Miami!

Cuando, en el cuchubal, hay quien acusa al capitalismo de servir a los intereses particulares de grupos específicos, es a causa de legislación como la iniciativa 4818 que se halla en el Congreso. Esa legislación pretende crear intereses privilegiados para que banqueros, constructores, desarrolladores y otros se beneficien de la construcción de casas, al crear –para ellos– una demanda inexistente y subsidiada con dinero de ahorrantes y tributarios, sin preguntarles a estos, si quieren, o no colaborar con aquella causa.

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En el cuchubal, o en la plática de cantina, algunas personas creen que el capitalismo es lo mismo que el mercantilismo. Gente que leyó a Marta Harnecker (o algún resumen de su obra en El rincón del vago), cree que todo empresario es capitalista y no distingue entre empresarios capitalistas y empresarios mercantilistas (porque leyó que todos son burgueses).

Así con brocha gorda, el mercantilismo es ese conjunto de ideas que sostiene que es legítimo usar el poder para beneficiar la producción local, controlar mercados, subsidiar empresas, generar devaluaciones, crear monopolios y otros privilegios. Es un sistema colectivista que facilita el traslado de recursos que son propiedad de individuos no organizados, hacia grupos de individuos organizados. ¿Ves? Los ahorrantes y tributarios no estamos organizados; pero los beneficiarios de la iniciativa citada, ¡sí que están organizados! El mercantilismo es un sistema con el que los buscadores de rentas parasitarias se sienten muy cómodos porque en el corto plazo les es más beneficioso que esa otra forma de colectivismo llamada socialismo. ¿Y en el largo plazo? ¡Siempre está Miami!

¿Queremos mejorar el acceso a la vivienda? Pues hay que desmonopolizar el seguro social y facilitar que el ahorro a largo plazo sirva para financiar viviendas. Pero también hay que eliminar los obstáculos para la productividad, para la formación de capital y para el ahorro; y hay que eliminar los obstáculos para el desarrollo inmobiliario. En vez, claro, de subsidiar tasas, transferir riqueza y privilegiar a la clientela.

Columna publicada en elPeriódico.

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