06
May 09

Amargura y rencor en la discusión de ProReforma

Así como de repente, una orquesta de artículos contra ProReforma ha hecho su aparición. Como hongos siniestros, cultivados en una matriz de consignas retóricas, los artículos se suceden unos a otros bien diseñados para una clientela ávida de rant & rave, pero lastimosamente poco hambrienta del debate animado, profundo, cívico y académico que una propuesta de esta talla podría generar en esta república en construcción.

No voy a hacer referencias específicas a los artículos, ni a sus autores porque hablar de uno es hablar de todos. Los más, abundan en calumnias e injurias que no valdría la pena mencionar, si no fuera sólo porque sirve para llamar la atención sobre lo bajo que es el nivel de discusión de parte de la mayoría de críticos de ProReforma. Hay demasiadas amargura y rencores en la discusión sobre Pro Reforma. Un escalón más arriba, en este bajísimo nivel de críticas es la que se opone al proyecto porque no es del gusto de todos, o porque no es perfecta…como si algo lo fuera. Y…lo menciono, como digo, sólo para que conste en acta.
En una de las críticas más retorcidas, el autor pretende hacerles creer a sus lectores que la defensa de la vida, la libertad y la propiedad es la defensa de privilegios oligárquicos. ¡Por favor!, ¿cómo sería la existencia de TODOS si no aspiráramos a que nuestras vidas, libertad y propiedad fueran sagradas? ¿Querrá el autor que la vida, la libertad y la propiedad no sean defendidas, ni protegidas, porque él dice que son privilegios oligárquicos? ¿De verdad cree que el derecho a la vida es un privilegio oligárquico? ¡Esto no puede ser en serio! Da miedo saber que alguien cree, de verdad, que el derecho a la vida es un privilegio oligárquico. Seguramente pensando en aquel tipo de argumentos es que Carl Menger escribió que there is no better means to disclose the absurdity of a mode of reasoning than to let it pursue its full course to the end (1).
Las otras críticas con cierta apariencia de más seriecitas no son sino repetición de consignas. Pareciera que hay una matriz en la que se recomienda criticar ProReforma por antidemocrática, o por su concepto de Senado novedoso. Voy a concentrarme en estos dos aspectos para ilustrar el punto.
¿Qué más democrática puede ser una propuesta cuyos promotores solicitan que sea sometida DIRECTAMENTE a los ciudadanos, sin ser tamizada, manipulada, deformada, modificada, o alterada por intermediarios? ¡Vamos, muchá! La idea es que Juan, María, Pedro, Julia, Pancho y Tona, así como otros miles y miles de ciudadanos decidan por sí mismos y responsablemente como ciudadanos si quieren ProReforma, o no. ¿No es eso lo más parecido que puede haber a una democracia directa? ¿Por qué es que los críticos de ProReforma prefieren quitarle la responsabilidad a los ciudadanos, y filtrar la propuesta por medio del establishment en el Congreso?
El Senado no hay modo que lo entiendan; y los peores de ellos creen que es una réplica del concepto senatorial en los Estados Unidos de América, o en los Estados Unidos Mexicanos. Y entonces terminan criticando ProReforma por lo que ellos dicen que es; en vez de por lo que es. En ProReforma, el Congreso y el Senado se ocupan de dos tipos distintos de normativas: uno se ocupa de los mandatos específicos y concretos o thesis, en el sentido Hayekiano; en tanto que el otro se ocupa de las leyes propiamente dichas, generales y abstractas o nomos, en el mismo sentido. ¡Esta es la discusión cívica, jurídica y ética que deberíamos estar teniendo!
A otros les incomoda que los senadores sean electos por períodos de 15 años; ¿alguno se habrá dado cuenta de que en el sistema actual hay diputados que tienen eso y más en el Congreso? ¿Cuánto tiempo tienen Taracena y Crespo, para mencionar sólo dos? ¡Vamos, muchá!
La crítica por la edad de los senadores y la de quienes habrán de elegirlos ha sido llevada al absurdo porque lo que es una disposición para la cámara alta, es tratada por los críticos como si se aplicara para los tres organismos del estado, lo cual es, obviamente, una malintencionada interpretacion de la propuesta. Y con respecto a ese mismo tema, yo me lo pongo así: ¿Qué es mejor, que la gente que tiene 50 años de edad pueda elegir entre sus coetaneos cuyas ejecutorias tiene muchas posibilidades de conocer, o que la gente que tiene 18 años de edad elija entre gentes de 35, 40 o 70 años que no sólo no conoce, sino con quienes no comparte vivencias, experiencias, perspectivas, ni temporalidad? O al revés, que gente de 35, 40 o 70 años elija a algún veninteañero chispudo, cuyas ejecutorias todavía están por verse. ¡Por supusto que no se prejuzga de forma colectivista a grupos etáreos, sino a individuos con cierta característica de edad!, esto debería estar claro, ¿o no?
Hace poco, el bloguero Carlos Mendoza me comentó que es imposible que la propuesta pase en el Congreso tal y como la presentaron. Entonces, ¿para qué tanto esfuerzo? No lo entiendo. ¿Podrías explicármelo?
Pues…no se los demás que firmaron; pero yo no creo que sea imposible. Puede ser que sea difícil y tardado (pero muchas cosas buenas son complejas y llevan su tiempo); puede ser que haya que enfrentar críticas superficiales y fútiles que consuman demasiados tiempo, tinta y bytes; puede ser que haya que repetir arguentos docenas de veces y de docenas de formas distintas, para luego recibir sólo injurias y para sólo escuchar prejuicios. A la larga y en la medida en que la haya, la discusión cívica habrá valido la pena, y…si más personas leen y entienden la propuesta, la ola crecerá y crecerá porque ¿puede usted seguir esperando a que los mismos tengan los resultados de siempre? Yo digo como la publicidad de Adidas®: Imposible is nothing.


28
Abr 09

Oportuna explicación sobre ProReforma

En la entrada titulada ¿Por qué es que ProReforma no debe ser modificado? el bloguero Carlos Mendoza dejó el siguiente comentario: Yo creo que la Asociación ProReforma está cayendo en el constructivismo social que critica el pensamiento libertario inspirado por el mismo Hayek.  El aprendizaje colectivo del que habla Hayek es el resultado de un largo proceso evolutivo de ensayo y error.  Toda iniciativa de cambio institucional require de retroalimentación del medio ambiente, y una forma de obtenerlo es por medio del diálogo que conduce al cambio de modelos mentales compartidos.  Esa es la flexibilidad que les estaría haciendo falta a la hora de pedir “todo o nada”.


Al respecto, no está de más insistir en el punto de la entrada: El todo, o nada se refiere específica y particularmente al contenido del proyecto de ProReforma porque es integral y coherente.  No se refiere a que esa sea la única posibilidad de reforma constitucional.   Lo que sí pedimos los más de 70 mil que apoyamos el proyecto es que, qua ProReforma, sólo sea discutido el contenido integral de ProReforma.  Otros proyectos son bienvenidos, incluso si usan ProReforma como base -¡y aunque no la usen!-; pero deben ser discutidos como algo distinto.  La naturaleza de ProReforma no excluye el diálogo, ni la flexibilidad en las discusiones; pero si demanda que se respete la integridad del proyecto que es exactamente lo que respaldamos los que la apoyamos.  ¡Que hayan diálogos y discusiones!, ese es un subproducto valiosísimo de ProReforma; pero por favor, que se respete el texto que apoyamos los que firmamos la propuesta.  Eso es todo.  

Mendoza habla del constructivismo que critica Friedrich A. Hayek; pero su observación no se aplica a ProReforma.  Esto es porque el texto del proyecto se refiere a la organización constitucional del Estado y del gobierno; no a la de la sociedad.  Como ordenes creados, o taxis en el sentido hakekiano, el Estado y el gobierno por medio de su Constitución, son sujetos de ordenamiento, como se ordena cualquier otro orden de similar naturaleza.  Un Estado y un gobierno no son ordenes espontáneos o cosmos, como sí lo es la sociedad; y, por lo tanto, el Estado y el gobierno necesariamente deben pasar por un proceso de constitución y diseño que, salvando las distancias, es de la misma naturaleza que el de una sociedad anónima, o el de una organización no gubernamental.  Se fijan sus funciones, se diseñan sus estructuras, se norman sus facultades y así se construye la organización qua orden.

Hayek critica el constructivismo en la sociedad, que es un cosmos.  Como orden espontáneo que es, la sociedad es consecuencia de las acciones de las personas, pero no de los designios de esas personas.  

Si Mendoza distingue entre sociedad y Estado, o entre orden espontáneo y orden creado, o entre cosmos taxis, verá con claridad que ProReforma no riñe con lo mejor de las ideas del buen Hayek.  Si Mendoza distingue entre instituciones y organizaciones, como lo hace Hayek, verá con claridad que el Estado no es una institución, sino una organización; y entonces verá, con mucha más claridad, que ProReforma no riñe con las ideas de Hayek.

Para Hayek, las instituciones son los usos, normas y costumbres que privan en  la sociedad porque facilitan la convivencia social debido a su practicidad yefectividad; y en ese sentido, el matrimonio y el dinero son instituciones.  En ese contexto, el Estado, el gobierno, un banco, una universidad, o una iglesia no son instituciones como suele decirse coloquialmente entre nosotros.  Aquellas son organizaciones y como tales son perfectamente ordenables, organizables y diseñables cual taxis que son.

Que bueno que Mendoza tocó estos temas porque es muy útil entender lo que Hayek dice al respecto.  De otra forma, la confusión en el lenguaje impide entender ProReforma en su contexto filosófico.  De ahí que se confirmen la necesidad de diálogo en torno a la propuesta, y la necesidad de que en la medida en que haya otras opciones, en esa medida sea respetada la integridad de ProReforma.

Si a usted le interesa leer más sobre los cosmos y los taxis, así como sobre los diferentes tipos de normas que les son propias, vale la pena leer el volúmen 1 de Derecho, legislación y libertad, por F.A. Hayek.