En Quiché y Xela en busca de beatos y máscaras III

 

¡Amanecimos en Xela! y es el cuarto y último día de  road trip en busca de beatos y máscaras.

Luego de desayunar nos dividimos, Rachel y Lissa se dirigieron al arzobispado para entrevistarse con Mario Alberto Molina, titular de la arquidiósesis de Los Altos; y Raúl y yo nos fuimos a explorar mercados.

Primero visitamos el que está al lado del parque Centroamérica y fue una visita deprimente. El mercado no vale la pena. Aquí es donde tengo que comentar que encontré la ciudad de Quetzaltenango muy sucia en general.  Es una lástima porque tiene una arquitectura preciosa e histórica; porque sus calles son encantadoras y porque su gente es hospitalaria y muy agradable.  Urge un movimiento para regresarle su dignidad a esa bellísima urbe.

Luego agarramos para la Terminal y eso sí fue bueno.  Para comenzar -y lamentablemente- resulta que aquel mercado está justo al lado del templo de Minerva, lo cual no me esperaba y desluce bastante aquel monumento.

Los templos de Minerva fueron construidos en tiempos de don Manuel Estrada Cabrera para celebrar a la juventud estudiosa.

Pero primero el mercado.  ¡Es enorme y vibrante! Me sorprendió muchísimo -pero no es raro debido a las distancias- que estuviera lleno de productos mexicanos a precios muy convenientes.  Es admirable el orden espontáneo que funciona para el tráfico en las calles de la Terminal altense.  La gente nos atendió muy bien.

El templo de Minerva, de Quetzaltenango, es uno de los pocos que quedan en el país.

Luego caminamos al templo de Minerva que, aunque estaba adornado para Xelafer, se ve que está en el abandono.  Crece mucha flora entre sus columnas y bases, hay un rincón que es evidente que sirve de cagadero para mendigos y otros personajes, se cae el cielo falso ¿setentero? y su dignidad está amenazada.

El templo de Minerva es un monumento histórico.

En busca de un Uber encontramos un kiosko japonés y un monumento a Israel.

El kiosko japonés es chulo.

Cuando volvimos al parque Centroamérica, Rachel y Lissa ya habían concluido su encuentro y, como el hambre es canijo fuimos a comer a Bavaria que siempre es muy recomendable.

Acto seguido volvimos al hotel para cargar el carro porque ya habíamos dejado todo empacado y emprendimos el retorno a la ciudad de Guatemala.  Muchos derrumbes e inundaciones en la carretera Panamericana.

Como este hay derrumbes abundantes en las carreteras.

Pero lo bueno es que compramos deliciosas remolachas y cebollas junto a la carretera. También fue bueno que pasamos a por hogazas de pan a la deli de Paulino´s en Tecpán.

Y así concluyó nuestra excursión a Quiché y Quetzaltenango. Y ya estamos listos para el próximo roadtrip.

Si quieres leer la primera y la segunda parte de esta aventura:

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