Dinamarca se convirtió en el primer país del mundo en introducir un impuesto sobre la grasa, es decir, un recargo en los alimentos que son altos en grasa saturada, considerada perjudicial para la salud. La mantequilla, la leche, el queso,la pizza, la carne, el aceite y y los alimentos procesados serán gravados si contienen más de 2.3% de grasa saturada. La mantequilla, por ejemplo, ahora cuesta alrededor de un dólar y medio más por kilo. Los consumidores han intentado impedir la subida de los precios y algunos productores se quejan de que el impuesto es una pesadilla burocrática.
Y claro, esos son los mismos consumidores que hace poco votaron por la candidata que ofrecía subirles los impuestos para mantener el estado benefactor. Así que consiguieron lo que querían, ¿o no?
¿Cuánto tiempo pasará antes de que los europeos y otros defensores del estado niñera, del estado benefactor y de otras formas de socialismo nos receten algo así a los chapines? Si ya nos recetan disparates como la elevación de los impuestos y del gasto público, ¿cuánto tardarán en gravarnos los tacos, las dobladas, los rellenitos de plátano, los churros, las garnachas, los chiles rellenos, el ichintal envuelto en huevo, los frijoles volteados, los chicharrones y otras delicias? Cuando el estado niñera sale a la caza de impuestos, hay que ponerse en guardia.
La foto es de buñuelos, en casa de mi amiga La Mafer, para el día de la Quema del Diablo.



