Así de cerquita estuve de no ver el eclipse parcial de Luna. Entre las 9:00 y las 10:00 p. m. las nubes se fueron poniendo densas y cuando subimos al tejado sólo había una ventana de cielo despejado.
No quedó más que cruzar los dedos y esperar que las nubes se movieran y nos dejaran atisbar a selene cubierta en un 93 por ciento por la Tierra.
Afortunadamente vimos el fenómeno asombroso, pero antes notamos que las nubes, hacia el norte estaban de color rojo, ¿Eso fue efecto del eclipse, o no?
El último que vi fue el del 3 de marzo pasado y como fue eclipse total la Luna se puso roja y ese es un espectáculo precioso. Siempre es maravilloso admirar la mecánica celeste y meditar un rato sobre nuestra capacidad para entenderla y explorarla. Sobre lo fabulosas que son la tecnología, la ciencia y la filosofía que han hecho posible que llegaran hombres a la Luna… y sobre lo hermosa, cautivadora y preciosa que es la Luna.
Durante fenómenos como el eclipse de hoy me invito a pensar en cómo es que la humanidad –o más bien como es que una buena parte de la humanidad– ha pasado de las explicaciones místicas a las explicaciones científicas de los eclipses y meteoros. Como es que los humanos pasamos de la creencia de que un murciélago se comía al Sol, a entender la relación que hay entre el tamaño de la Luna y su distancia con respecto a la Tierra y al Sol para explicar por qué es que una cubre al otro.
En ese baile cósmico, la Luna nos recuerda que el universo no se detiene por nuestras supersticiones.
Hoy me acordé de esto que escribí hace ratos:
En mi vida han habido varias lunas: en otra vida tuve un restaurante que se llamaba Luna Llena y desde siempre he sabido recitar:
Luna, comé tu tuna.
Echá las cáscaras
En la laguna.
Y cuando era niño, creía que cantaba como ninguno:
La Luna se está peinando
En los espejos del río.
Y el toro la está mirando
Entre la jara escondido.
Aún hoy me embruja la Luna cascabelera, la Luna lunera, la Luna gatuna. Cuando por mi telescopio vi por primera vez a a la Luna, me salió un suspiro profundo; casi exactamente el mismo suspiro que salió cuando comí pasteles de Luna en Taipei. De vez en cuando, y sin razón alguna, canto Blue Moon; me gusta la cerveza Blue Moon; y también, sin razón alguna, canto, o aúllo:
Luna que se quiebra
Sobre las tinieblas
De mi soledad.
La Luna me embelasa y me acaricia. La Luna me canta y la Luna me arrulla. Y aveces le pregunto:
Dime Luna de plata
Qué pretendes hacer
con un niño del piel.
De cuando en cuando pido: Deja que salga la Luna, deja que se meta el Sol y cuando sale Selene, le canto: Luna lunita lunera, Luna llena, Luna perla.
Allá en el tejado, así bajito, me gusta recitar: Tú, mi Luna llena eres tú, cuando apareces eres luz.
A veces, la Luna se pone re grandota, como una pelotota y alumbra el callejón; y A veces, la Luna es gardenia de plata. Hoy celebro a Selene y con copa de jeréz en mano salí a saludarla…como a ella le gusta.
¿Sábes qué olvidè? Tocar mi caracola durante el meteoro.





