Si bien el Gobierno no tiene la facultad de abaratar el costo de la vida, sí tiene la obligación de no encarecerla de forma arbitraria. En el caso de los combustibles, ha añadido un sobreprecio de Q5 por galón sobre el precio internacional de la gasolina. Si la administración semillera-raicera de verdad quiere ayudar a los guatemaltecos, debe eliminar aquel impuesto a la distribución de derivados del petróleo, y los aranceles que pesan sobre los combustibles.
Esa es una de las ideas que conversamos en Libertópolis con Marta Yolanda-Díaz-Durán. También platicamos sobre la necesidad de contribuir a la educación económica de los votantes y tributarios porque es un hecho que los políticos estatistas, para mantenerse en el poder, o para conseguir el poder, tienen que hacer, o por lo menos ofrecer lo que piden la clientela y el electorado. Si la gente pide políticas destruccionistas como salarios mínimos y precios tope, los políticos van a ofrecer legislación al respecto, sin importar el daño que causen.
Quienes escuchan Libertópolis con frecuencia, o visitan Carpe Diem con regularidad, saben que los salarios mínimos perjudican a los jóvenes sin experiencia y causan desempleo; saben, también, que los precios tope causan escasez. En el contexto del encarecimiento de los combustibles derivados del petróleo, porque los que ya peinamos canas recordamos, muy bien, las colas y los racionamientos que había cuando el gobierno intervenía en los precios de las gasolinas y el diésel, y recordamos, re bien, que el pan, la leche y hasta el papel toilette escasearon y bajaron muchísimo de calidad cuando había precios máximos.
Comenté, y esto es importante, que es admirable que haya nuevas dirigencias, mejor informadas que las dirigencias ideológicas de otras ocasiones, entre algunso grupos sociales. Por ejemplo, los taxistas y tuktukeros que manifestaron el martes no bloquearon las vías públicas y, entre sus demandas, expersaron que NO querían subsidios a los combustibles. Esto es un avance cívico importante para la sociedad guatemalteca. Chapó para esas nuevas dirigencias y para quienes los eligen.
La experiencia no es abstracta: cada vez que el Estado se empeña en fijar precios, el resultado es el mismo. Y los que ya vimos esas colas no lo olvidamos.


