Acabo de recibir una chulísima edición de Anthem, la novela de Ayn Rand en formato de novela gráfica. En esa obra distópica, la humanidad ha caído en una edad oscura en la que la civilización ha sido destruida por la envidia. La novela empieza con frases como It is a sin to write this. It is a sin to think words that no others think,… ¿Ves por qué es una obra muy apropiada para explorar una ética de la libertad? De esa novela es la frase célebre: I think, I am, I willl.
Anthem o Himno convierte en experiencia vivida lo que de otro modo permanecería como abstracción. Muestra que cuando se niega el Yo, se niega la posibilidad misma de una vida humana digna de ser vivida. Y al hacerlo, nos devuelve, con una claridad casi brutal, a la pregunta fundamental de toda ética de la libertad: ¿quién es el beneficiario último de la moral —el individuo o el colectivo?
En la sociedad del Nosotros, el pronombre Yo ha sido borrado del lenguaje. No existe propiedad, ni familia, ni vocación personal, ni pensamiento independiente. El individuo ha sido reducido a una célula más del organismo colectivo. El resultado no es una utopía de armonía, sino un mundo de miseria material, ignorancia deliberada, estancamiento tecnológico y terror psicológico. La novela no predica esto: lo muestra. Y al mostrarlo, invita al lector a enfrentar la pregunta ética fundamental: ¿qué tipo de código moral hace posible la vida humana?
Cuando el protagonista descubre la palabra Yo en un texto antiguo, la novela dramatiza el acto moral primario: la afirmación de la propia conciencia como soberana. El Yo no es egoísmo caprichoso ni narcisismo. Es el reconocimiento de que cada ser humano es un fin en sí mismo, no un medio para los fines de otros. El Nosotros de la sociedad distópica es, en realidad, la aniquilación del Yo: nadie puede pensar, inventar, amar ni valorar por cuenta propia. Al recuperar la primera persona del singular, el protagonista no solo se libera políticamente; se reconstituye moralmente. Recupera la capacidad de tener valores propios, de perseguir su propia felicidad, de sostener juicios independientes.
En Anthem o Himno, el lema We are all in one, and one in all sirve para justificar la supresión de cualquier logro individual, la persecución del pensamiento independiente y la nivelación hacia abajo.
El protagonista inventa la electricidad por su propio esfuerzo intelectual, en secreto y contra las reglas del colectivo. Cuando lo descubre el Consejo, no lo celebran: lo condenan. Porque el logro individual amenaza el mito igualitario. Esta escena es una lección ética magistral: el progreso humano no surge del sacrificio colectivo ni de la obediencia al bien común, sino de la mente individual trabajando para sus propios fines racionales. La ética de la libertad, por tanto, no es compatible con ninguna forma de colectivismo, por bienintencionado que se presente.
Anthem no es simplemente una novela distópica más: es una de las herramientas pedagógicas más precisas y poderosas que existen para comprender, de manera concreta y emocionalmente cargada, los fundamentos de una ética basada en la libertad individual. Dicho lo anterior, la novela gráfica acerca esas ideas fundamentales a un público más amplio.
¡Gracias a mi cuata, Adriana, por obsequiarme esta edición!
Anthem, the Graphic Novel es una adaptación de Jennifer Grossman y Dan Parsons, con ilustraciones de Parsons, publicada por The Atlas Society. Jennifer estuvo en Guatemala en 2023 para participar en el Festival del Capitalismo que se celebró en la Universidad Francisco Marroquín. En ese festival hablé sobre las buenas costumbres y la moral.
Esta edición gráfica no solo embellece la historia, sino que la hace más accesible. En tiempos donde el nosotros sigue usándose para aplastar al individuo, volver a Anthem es un recordatorio urgente de que la libertad comienza —y termina— en el Yo.


