Civilización no es cualquier cosa

 

No cualquier forma de organización humana es civilización por antigua que sea, ni por compleja que parezca.

La civilización es el progreso hacia una sociedad privada. La existencia del salvaje es pública, regida por las reglas de su tribu. La civilización es el proceso de liberar al hombre de los hombres, escribió Ayn Rand. La ilustración es de Grok.

De mis clases de sociología recuerdo que para Emile Durkheim la civilización pasó de ser el conjunto de avances técnicos, económicos y materiales (al margen de la moral) a ser el conjunto de los más altos valores humanos (incluidos los valores morales) y nace de la cooperación de los hombres asociados a lo largo de generaciones. Para Max Weber la civilización es un proceso de racionalización que sustituyó progresivamente la magia, la costumbre y la emoción por el cálculo, la eficiencia y la previsibilidad. Para Norbert Elías, la civilización es formación del Estado, monopolio de la violencia legítima y alargamiento de las cadenas de interdependencia entre individuos; así como mayor autocontrol emocional, refinamiento de las costumbres, aumento de la vergüenza y el pudor y racionalización del comportamiento.

Desde aquellas perspectivas, las organizaciones sociales basadas en el irrespeto a los derechos individuales, en la violencia, el odio, la guerra, el misticismo y el tribalismo no son civilizaciones.

De mis clases de praxeología y de filosofía social aprendí que para Ludwig von Mises la civilización es el progreso material y moral alcanzado mediante la economía de mercado (que es consecuencia del respeto a la vida, la libertad y la propiedad) y de la división del trabajo, así como el triunfo de la razón humana sobre la escasez y la violencia. Para Friedrich A. Hayek, la civilización puede describirse con precisión como el orden extendido de cooperación humana. Ese orden surge evolutivamente a lo largo de milenios mediante la selección cultural de reglas abstractas —principalmente la propiedad privada, el contrato, el comercio y la moral comercial— que permiten a millones de personas desconocidas entre sí coordinarse pacíficamente. Esas reglas suprimen los instintos tribales (solidaridad exclusiva con el grupo pequeño, agresividad hacia el foráneo) y permiten que el conocimiento disperso de cada individuo sea utilizado por todos.

Tanto Mises como Hayek entienden que la civilización incluye respeto a los derechos individuales y excluye la violencia y el tribalismo. Ambos entienden el valor de la racionalidad (que no es lo mismo que el racionalismo). Y Hayek subraya que es un proceso largo que dura milenios de pruebas y errores.

En aquel contexto conocí la obra de Louis Rougier que, para ayudarnos a entender qué es una civilización, añadió que la civilización no es sólo riqueza y tecnología, sino una mentalidad que prioriza la razón sobre la tradición, o la autoridad arbitraria; el individuo sobre la tribu, o el colectivo; el dominio pacífico de la naturaleza (por medio del mercado y la técnica) sobre la resignación fatalista; y el progreso y la mejora continua sobre el estancamiento, sin caer en los delirios progresistas de los positivistas.

La filosofía Objetivista corona nuestro proceso de descubrimiento y explica que La civilización es el progreso hacia una sociedad de privacidad. Toda la existencia del salvaje es pública, regida por las leyes de su tribu. La civilización es el proceso de liberar al hombre de los hombres.. En The Nature of Government, Ayn Rand aclara que El prerrequisito de una sociedad civilizada es la prohibición del uso de la fuerza física en las relaciones sociales [como no sea para defenderse, por supuesto]; con ello se establece el principio de que, si los hombres desean tratar entre sí, solo pueden hacerlo mediante la razón: mediante la discusión, la persuasión y el acuerdo voluntario y no coercitivo. De ahí que la civilización es el producto filosófico de la razón aplicada a las relaciones humanas. Cuando se abandona la razón (y se acepta la fuerza como medio de trato social), la civilización retrocede hacia el tribalismo, la dictadura, o el caos.

Se me ocurren tres tipos de objeciones a los argumentos anteriores: Muchas civilizaciones que las personas reconocen como tales fueron construidas sobre esclavitud y conquistas, por ejemplo. No faltará quien diga que las conclusiones son etnocéntricas. Me faltó explicar el rol de la coerción bajo la ley.  Seguramente debería abordar esos temas en otra ocasión.

Dicho lo anterior, sostengo que en el siglo XXI, no es difícil entender que no cualquier forma de organización humana es civilización por antigua que sea, ni por compleja que parezca. En el siglo XXI grupos humanos tribales, místicos, que no dudan en violar el principio de no agresión contra los infieles, los foráneos, o los humanos que consideran inferiores, no constituyen civilizaciones, aunque sean culturalmente muy interesantes.

La civilización no se construye con piedras, tradiciones, ni poder estatal. Se desarrolla a partir de la valentía de poner al individuo y la razón por encima de la tribu y la violencia.

Columna publicada en República

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