Esperanza en las coreas, y ¿Nobel para Trump?

En un gesto sin precedentes, desde el fin de la guerra entre ambos países, en 1953, el líder de Corea del Norte, Kim Jon-un atravesó a pie  la frontera que separa a su país con Corea del Sur. Allí lo esperaba el presidente surcoreano Moon Jae-in, que lo saludó con una sonrisa y lo invitó a pasar hacia el lugar donde se iba a desarrollar la cumbre entre ambos líderes.

Este acto histórico -aún si Kim no fuera sincero (como cabe que no lo sea)-no hubiera ocurrido sin la participación activa de Donald Trump, presidente de los Estados Unidos de América, y de su secretario de Estado, Mike Pompeo.

La reunión  concluyó con compromisos para firmar un acuerdo de paz que finalice el conflicto en la península coreana, que técnicamente continúan en guerra desde 1953 Además, ambos gobiernos señalaron que trabajarán por una completa desnuclearización de la sus países.

A finales de los años 70, una amiga de mi abuela, Frances, me contó que había visitado Corea del Sur y que, mientras paseaba por algún lugar, un coreano notó que era gringa y se le acercó para darle las gracias por la ayuda que su país había recibido, de los Estados Unidos, durante la guerra de 1950-53.  Helen, que ese era el nombre de la amiga de mi abuela, me contó que se había sentido muy conmovida por el gesto del coreano.

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Los que visitan este espacio con frecuencia intuyen que no soy fan de Trump.  Por ejemplo, me inquieta el religionismo que lo llevó a la presidencia, y su política de comercio internacional no puede ser más absurda.  Y si me preguntas, tampoco me gusta su modito.  Desde siempre.  Pero dicho lo anterior, ¿No me digas que lo que han logrado en la península de Corea no les merece un Premio Nobel de la Paz?  Trump y Pompeo han conseguido algo que parecía imposible de conseguir: han iniciado la desactivación de uno de los mayores peligros no sólo para la paz mundial, sino para la civilización.

A Barack Obama le dieron un Nobel por…por nada.  A Juan Manuel Santos se lo dieron por entregarle Colombia a las Farc.  A Rigoberta Menchú se lo dieron porque era lo políticamente correcto en aquel momento de la historia.  Aunque aquel galardón esté bastante desprestigiado, es un hecho que lo que han hecho Trump y Pompeo es de dimensiones universales y profundas.

Yo digo que no darles un Premio Nobel a Trump y a Pompeo es como no habérselo dado a Jorge Luis Borges, o no dárselo a Israel Kirzner.

La foto la tomé de Facebook.

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