¿Por qué es importante el correo?

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Guatemala es famosa por sus variedades de café de altísima calidad, por estar en el corazón del mundo maya clásico, por su riqueza cultural compleja y fascinante y porque, como dijo un autor cuyo nombre no recuerdo: Es el país donde las piedras flotan, la madera se hunde y como no, quiere decir si.  También es un país famoso por la inseguridad jurídica, la corrupción y otras mañas.

El sistema de estado benefactor mercantilista -que prevalece- es un ambiente en el que las licencias, los requisitos, los formularios, las colas, el tráfico de influencias, los favores políticos y otros vicios son capaces de asfixiar y hasta abortar muchas iniciativas.

En el ranking llamado Doing Business, del Banco Mundial, Guatemala ocupa el lugar 81, de 189 países; y en el área de cumplimiento de los contratos, en el mismo ranking, el país está en la calle de la amargura con un ranking de 173.

Desgraciadamente lo que acaba de ocurrir con el correo confirma algunas de las malas percepciones que hay sobre Guatemala.  Cuando el servicio postal estatal colapsó allá por 1997-98 varias compañías privadas entraron al mercado a prestar aquel valioso servicio.  Luego el gobierno dio en concesión el correo y –ya fuera de los manejos propios de la burocracia corrupta– servicio postal volvió a funcionar y bien.  En ese ambiente mi familia rescató la costumbre de enviar tarjetas de fin de año y yo he enviado libros a los Estados Unidos de forma confiable y barata; para poner dos ejemplos sencillos.  A la gente le encanta recibir buenos deseos en tarjetas físicas, con sobres y estampillas; y a mí me encanta ahorrarme unos pesos en el envío de obsequios.

¡Ah!, pero al Congreso de la República se le ocurrió no renovarle la concesión a la empresa que administra el correo y nos volvimos a quedar sin servicio postal.  ¿Te das cuenta? En un estado benefactor mercantilista los políticos tienen el poder de decidir qué negocios se hacen y qué negocios no.  De un plumazo.  Los políticos y funcionarios tienen el poder de decidir si hay correo, o no.  Como pueden decidir si hay terminal de contenedores, o no (y a qué precio)…hasta que los atrapan untados hasta el cuello.  ¿Deberían, los políticos (en el Legislativo, o en el Ejecutivo)  tener la facultad de decidir si hay, o no hay ferrocarriles, telecomunicaciones, o energía eléctrica?

Si el sector público (que es el sector coercitivo de la economía) secuestra el servicio postal, u otro de los mencionados arriba, no sólo van a ser de la calidad de la educación estatal, o de la salud estatal; sino que la fama de Guatemala como un mercado extremadamente inestable y arbitrario va a crecer.  Un lugar donde los contratos están a merced de diputados ostentosamente venales, ¿qué clase de inversiones va a atraer?  Yo creo que va a atraer inversiones marginales y de dudosa procedencia.  Y todos perdemos.

Columna publicada en la revista Mundo comercial, No. 183.

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  1. Deberíamos tener puertos y aeropuertos (entre otros) compitiendo por los clientes ofreciendo mejores precios y servicios, quitándoles el poder discrecional a los políticos