Vecinos de El Zapote enloquecieron

Un grupo de vecinos de El Zapote instaló altavoces en una residencia, para que se escuchara a todo volumen la voz de un niño que pide: “No más disparos, por favor; nos asustan”. ¿Cuál es la causa de semejante desatino? Que a esa gente le molesta ser vecina del Club de Caza, Tiro y Pesca, que está ahí desde 1946.

Lo curioso es que los promotores de los altavoces no han aceptado que el Club tome medidas de mitigación del ruido; sino que lo que quieren es que el Club se vaya de allí, donde ya estaba antes de que muchos de los protestantes llegaran a vivir ahí. Uno de ellos, literalmente dijo que creyó que era un barrio tranquilo, pero el primer fin de semana se dio cuenta de que “era un campo de batalla”. Ciertamente que debe ser molesto vivir al lado de un campo de tiro; pero dicho polígono ya estaba ahí, y a mí que no me digan los que “llegaron creyendo que era un barrio tranquilo”, que no sabían que ahí había disparos.

Adicionalmente, ¿a qué clase de persona se le ocurre poner altavoces con un niño pegando berridos, para contrarrestar los disparos de los aficionados al tiro? ¡Ese lugar ha de ser de locos!; y me recordó, por cierto, que para la invasión de Panamá, cuando Manuel Noriega se refugió en la Nunciatura, los gringos pusieron altavoces alrededor de aquella embajada y la iluminaban con potentes reflectores, para desesperar al depuesto Hombre Fuerte panameño.

Yo creo que aquí hay un caso de histeria contra las armas, caso que se hace evidente por el hecho de que los vecinos no aceptan las medidas de mitigación. Creo que si el Club no causa daños, sino molestias y encima ofrece disminuirlas y creo que si el Club estaba antes que los vecinos hostiles, se debe respetar el derecho de propiedad del Club.

En situaciones semejantes, cuando algunas iglesias se instalan en ciertos barrios y llegan con sus megáfonos estridentes, los vecinos quedan desamparados porque creen que si se quejan violan la libertad de cultos y la de expresión, lo cual no es cierto; quedan desamparados porque están inmersos en la cultura de lo políticamente correcto; y quedan desamparados porque temen represalias. Este no es el caso del Club porque el mismo ya estaba ahí cuando llegaron los vecinos; y porque esa organización ha ofrecido mitigar el ruido que ocasiona.

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  1. Realmente es una actitud irracional y me recuerda lo que hizo un compañero de trabajo que estaba en una estación de bombeo (sin más detalles…). Alrededor no hubo nada por muchos años pero después llegaron a construir una lotificación muy “fancy” (los dueños llegan en helicóptero) y lo primero que hicieron fue ir a protestar el ruido de las bombas. Lo divertido es que esta instalacion estaba al lado del mar y en realidad el mar hacía más ruido que las bombas. Así que mi compañero les dijo a los vecinos que si ellos apagaban el mar él apagaba las bombas. Para que veás que ha habido, hay y seguirá habiendo vecinos irracionales.

  2. Esto mismo es lo que yo pensé cuando leí la noticia el día de ayer. Una muestra más que la gente quiere que todos se acomoden a su forma de ser y si no les gusta !que se larguen! aunque hayan estado allí desde el inicio. Yo estudie en la Mariano Galvez los días sábado y les puedo asegurar que el sobresalto inicial se paso a los pocos sábados, cuando ya sabía de que iba el club. Y uno llega a ignorarlo, ni se da cuenta. Pero los de la colonia decidieron combatir fuego con fuego y el resultado… una locura. No quieren al club, sin importar lo que ellos ofrezcan, simplemente quieren un barrio a su medida. No tardaran en pedir que la Mariano Galvez y la cervecería también se vayan (seguramente por el olor a lúpulo que emana cuando llenan los cilos y por la cantidad de carros que van a la universidad). Me recuerda al aeropuerto. Han estado allí desde hace años, la gente se fue a vivir a la par, ya hora quieren quitarlo. Cuando lo trasladen a Escuintla, no tardaran en lotificar alrededor y volveremos a la misma historia. Eso se llama no poder vivir en paz, como decía Zarec, son vecinos irracionales.