¿El Talibán?

Hoy, al salir de un seminario, uno de los participantes me saludó así: “¿Qué dice el talibán?” Se refiere, claro, a que en mis intervenciones suelo ser inflexible e intransigente cuando se trata de defender principios.

La mayor parte de la gente, condecendiente con el relativismo, con la búsqueda obsesiva de consensos y con otras prácticas posmodernas no tolera la intransigencia de los principios. La mayoría cree que se debe ser flexible hasta en eso. Pero yo no; porque, si los principios fueran flexibles y transables, ¡dejarían de ser principios!

A la mayoría de la gente le gusta creer que en aras del interés general es aceptable sacrificar los derechos individuales. Y la discusión que originó el saludo al que me refiero tenía que ver con eso, en el fondo. La gente cree, por ejemplo, que el derecho de propiedad de uno, o de algunos, puede ser ignorado, si eso sirve a muchos, o a varios. Igual pasa con el derecho de libertad…y con el derecho a la vida.

Y yo creo que no es así. Creo que, como es de interés general el respeto a los derechos individuales, estos no deben ser sacrificados ni aunque sean 100 contra 1.

Francamente me molestó el saludo, ¿para qué lo voy a negar? Pero en cuanto a la defensa de los derechos individuales y de la igualdad ante la ley, no voy a ser menos inflexible, ni menos intransigente.

Es más, les propongo que ustedes sean igual de inflexibles e intransigentes con un voto que le escuché a Fredy Kofman hace ratos: “Me comprometo a no iniciar el uso de la violencia física (ni en forma directa, ni mediante mis agentes), contra ninguna persona, ni contra su propiedad”.

¿Hay alguien que quiera ser flexible y estar en desacuerdo con esa promesa?

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