05
Ene 16

La Costa sur, cuarta etapa del viaje de fin de año

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Amanecimos temprano en Chaculá y luego de despedirnos de la gente y del lugar agarramos camino rumbo a Quetzaltenango.  La idea era pasar la noche en Xela y al día siguiente emprenderla rumbo a Coatepeque…para comprar morelianas de la panadería La confianza y hacer visitas.

Las carreteras del altiplano son un desastre.  Entre los túmulos y los agujeros y los extorsionistas que ponen lazos y piden dinero, un viaje que podría ser muy agradable pierde algo de encanto.  Pasamos por el sitio paleontológico Tzik ab`b`e donde apreciamos los restos de un mastodonte y otras maravillas.  Nos divertimos mucho al pasar por el puente colgante sobre el río San Juan, donde recordé una peli que te recomiendo: El puente de San Luis Rey. Ya llegando a Xela nos recibió el volcán Santa María y no pude sino recordar las historias que oí de niño, sobre la descomunal erupción que hizo el coloso en 1902.

Xela nos recibió con su hermosa arquitectura y su carácter inconfundible, así como con un frío agradable. El hambre ya apretaba y ¿cómo no? fuimos a almorzar curry acompañado con nan y lassi a El sabor de la India.  Ahí agarramos valor y fuerzas y decidimos seguir camino rumbo a Coatepeque para pasar dos días allá.  Agarramos, pues, por Almolonga y el sol se empezó a ocultar.

Saliendo de Xela estábamos cuando nos topamos con una caravana de algún funcionario que llevaba nueve automóviles incluidas patrullas de la policía…así que nos fuimos detrás de ellos con comodidad.  Hasta que los muppets chocaron a causa de un tarado que se trató de meter en la caravana.  Luego tuvimos que seguir solos; pero encontramos a la caravana luego cuando entró a Xetulul.

Llegamos de noche a Coatepeque luego de 10 horas de camino, con Raúl heroicamente al volante, a hospedarnos en el siempre cómodo y agradable Hotel Mansión residencial. Como el hambre es canijo caminamos hacia el parque para cenar una sopa de elotes en Fuegos, en el balcón con vista al parque.  Y luego…a sentarnos por ahí para practicar el arte antiguo de people watching.  Ahí nos agarró un temblor y fue espectacular ver como se alborotan las aves que descansan en los cables que cruzan las calles aledañas.  ¡Osom! Luego de esa experiencia lo atinado era descansar y volvimos al hotel.

Al día siguiente pasamos a desayunar donde Shalbi: tamales, frijoles parados, queso recién hecho, plátanos y mosh…y agarramos camino para Tilapa.  El único propósito de ir allí era el paseo en lancha así que luego de desembarcar nos tomamos una Coca-Cola y de vuelta sólo para agarrar camino y encaramarnos rumbo a Colomba Costa Cuca. Lo más emocionante fue que vimos a un pescador limpiando mantarrayas y luego me arrepentí de no haber comprado algo para llevar y seguro nos lo hubieran preparado en el hotel.  Yo tenía ganas de subir desde la costa hasta las montañas de nuevo y dar una vueltita, vueltita, por esa zona cafetalera.  Vuelta por el parque y de regreso a Coatepeque para almorzar en La rueda; un Steak House estupendo donde sirven esa carne tan característica de la Costa sur que tiene -en el fondo- un sabor lechosito y uno de los pocos lugares donde uno todavía puede comer una carne asada como debe ser.  Luego de ahí pasamos a La confianza, a comprar morelianas, batidas y conchas y tutti contenti.  Luego siesta y al anochecer chelas y cena con Mario, Rosi, Mariarre y Pili.  Y a dormir como tiernos.

Llegó el jueves y salimos temprano rumbo a Guatemala.  Pasamos por las hermosas plantaciones de hule que hay junto a Coatepeque y en Escuintla nos recibió el majestuoso volcán de Fuego y para hacer la historia corta llegamos a tiempo para despedir el 2015 con un atardecer hermoso y una copa de Cava.  Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


04
Ene 16

El Cimarrón y los cenotes, tercera etapa del viaje de fin de año

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¡Llegó el día más esperado!…mi ilusión en este viaje era visitar ese fenómeno geológico comocido como El Cimarrón y los cenotes de Candelaria. Así en números fríos El Cimarrón es un agujero de unos 170 metros de diámetro y 150 de profundidad que, está localizado en un terreno escabroso y árido, que en el fondo tiene un bosque misterioso. Técnicamente es una dolina  de colapso y bajo su suelo seguramente hay agua y eso explica el bosque.  Los cenotes también son dolinas; pero inundadas a modo de lagunas cuyas aguas exhiben exhuberantes tonos de azul y verde…quizás como el color yax, de los mayas.  Basta de tecnicismos.  El Cimarrón es sobrecogedor a más no poder y los cenotes parecen gemas inmensas y mágicas.

El día 28 nos levantamos temprano para ver el amanecer e ir a la lechería a ordeñar vacas; pasó, sin embargo, que el amanecer es muy tarde y lo que quedaba era una vaca primeriza que no estaba muy cómoda con dos observadores.  Así que no hubo tal ordeñada.  Fuimos a desayunar a la posada, preparamos el equipo para el viaje, se nos unió nuestro guía, Jorge y emprendimos camino a El Cimarrón.

Luego de estacionar el carro y a modo de los exploradores del siglo XIX,  Raúl, Jorge y yo comenzamos a subir una cuesta ligeramente empinada que, durante un kilómetro y medio (poco más, o menos) nos conduciría por milpas, piedras y vistas espectaculares que incluyeron una dolina fértil sembrada de maíz, las fascinantes piedras oceánicas que abundan en Huehuetenango, los infaltables burritos, el sol de la montaña, y la permanente certeza de que lo que nos espera es fascinante y de que esta es una aventura.

El Cimarrón es sobrecogedor, inquietante e imponente.  Eso explica la multitud de leyendas -a cual más disparatada- que abundan sobre él.  Que si lo hizo el diablo, que si Pancho Villa ocultó ahí riquezas, que si un finquero arrojó mulas vendadas cargadas con piezas mayas, que si se duerme en el fondo uno se vuelve loco y cosas así.  Lo cierto es que uno se acerca a su orilla y siente algo, algo más allá que la reacción natural a las alturas, algo como: estoy en presencia de algo capaz de conmover.  Tuve dos momentos favoritos: el momento en el que me acerqué a la orilla y vi el bosque del fondo en vivo, por primera vez; y el momento en el que un zopilote de gran envergadura atravesó el hoyo y el batir de sus alas produjo un fum…fum…fum…fum poderoso y lento que hizo eco en el lugar.  En el silencio imponente del Cimarrón, aquel sonido me pareció como de otro mundo.  Junto con haber ido al reino Kan, esta visita y la visita a los cenotes han sido unas de las mejores decisiones de mi vida.  Me hubiera gustado  acampar y dormir cerca del Cimarrón…o no.

Al bajar del Cimarrón agarramos camino rumbo a los cenotes.  El camino es largo y mi auto no es para esos trotes. Atravesamos el río Jordán. Mi esperanza era que al llegar a la aldea homónima, que es la última población antes de llegar a aquellos fenómenos geológicos, pudiéramos conseguir un vehículo que nos llevara.  Llegamos y…niente.  Dos ceibas colosales, una plaza vacía, algunas edificaciones y ni un alma.  La suerte quiso que encontráramos a don Silvano que accedió a llevarnos.  Y nos encaramamos para cruzar numerosos arroyos y un camino tan escabroso como hermoso.

El área de los cenotes es distinta a la del Cimarrón, hay mucha más vegetación…y mosquitos con colmillos así de grandes.  Entre el verdor del bosque se asoma la primera gema que es un cenote relativamente pequeño…y uno se queda papo. ¿Es posible tanta belleza? Si…y más, porque el segundo cenote, el grande, es más espectacular que el primero.  Te rodean el silencio y la magnificencia de la naturaleza.  Ah que ganas tenía de echarme al agua; pero hubiera tenido que escalar la pared del cenote y…ya sabes, esas cosas no se me dan con facilidad.

Luego de admirar, admirar y admirar la belleza del lugar no pude resistirme y grité: La-rebelión-de-Atlas, para que el eco de aquel sitio me devolviera las palabras y para honrar la idea de que la existencia existe.

En los cenotes no me hubiera gustado quedarme a dormir porque el bosque me intimidaba y porque los mosquitos no atienden razones.

Al volver de los cenotes, ahí junto a ellos, hay el nacimiento de un riachuelo y es encantador ver como sale el agua del suelo, a borbotones.

Volvimos a Chaculá, nuestra base de operaciones para darnos un ansiado y merecido baño caliente, cenar delicioso, intercambiar historias con los nuevos visitantes, gozar de la noche estrellada y meternos en las camas para dormir como tiernos.  El día siguiente sería una jornada larga y dura.


03
Ene 16

Chaculá y Yalambojoch, segunda etapa del viaje de fin de año

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La posada rural Chaculá fue nuestro destino luego de abandonar Huehuetenango.  El plan para el día era ir a Yalambojoch y de ahí salir para la Laguna Brava.  Epic fail, pero divertido al final del día.

Raúl Contreras y yo salimos de Huehuetenango a las 6:00 a.m. del 27 de diciembre y nos dirigimos hacia el norte con rumbo a Nentón y la franja transversal del norte, atravesando paisajes que lo dejan a uno papo. Montes, bosques y barrancos magníficos.  Esas piedras que estuvieron bajo el océano hace miles de años y que son abundantes en Huehuetenango, son mis favoritas. Luego de Nueva Esperanza entramos a Chaculá que sería nuestra base de operaciones. La bienvenida nos la dieron un bosquecito como de cuento y un riachuelo que no se quedaba atrás.

Al entrar a la casa vieja de la finca Chaculá uno siente que ha sido transportado a otro mundo y en el tiempo.  Las fotos lo dicen casi todo; pero no pueden transmitir ni los sonidos (ni el silencio), ni los aromas que lo envuelven a uno al llegar.  Luego de instalarnos y tomar nuestro primer desayuno…con huevos fritos criados allí, frijoles parados del lugar y queso y leche de la finca decidimos emprender nuestra primera excursión a la Laguna Brava, a partir del cercano pueblo de Yalambojoch.  Y aquí es donde se pone bueno.

Habíamos arreglado (o eso creímos) que tendríamos un auto de doble tracción y caballos (o lo que fuera, porque aquella es tierra de burritos) para ir a la Laguna.  Mi auto no es de doble tracción, ni es muy alto.  Salimos de Chaculá, tomamos la franja transversal del norte y…nos fuimos a dar con una carretera inconclusa, no con hoyos, sino con verdaderos cráteres e impasable. Nos dieron, luego, que la construcción de la carretera (que iba hermosísima) fue suspendida porque los dirigentes de las poblaciones del área habían convencido a la gente de que las carreteras traen cosas malas y muertos.  Así que viraje de 180 grados y de vuelta a Chaculá.

En la posada se hicieron llamadas y nos consiguieron un pick-up que nos llevaría, por la carrretera inconclusa, a Yalambojoch para reunirnos con el guía que nos llevaría a la Laguna Brava y con el vehículo y las bestias que habíamos solicitado.  Nunca, nunca he sido tan sangoloteado como en aquel camino.  Reboté en la cabina como uno no puede imaginarse.  Y al llegar a Yalambojoch…niente; ni vehículo de doble tracción, ni cabalgaduras.  Sólo excusas e información confusa.  Vuelta de 180 grados, y de regreso a Chaculá.  Más sangoloteos y más rebotes…eso sí, en esta ocasión noté que toda la carretera, por quién sabe cuántos kilómetros que parecen una docena, había orquídeas terrestres rojas, llamadas Epidendrum ibagüense.  Kilómetros y kilómetros de hermosas orquídeas que endulzaron la excursión fracasada. Don Domingo, el conductor, nos llevó y regresó sanos y salvos.

De vuelta a Chaculá almorzamos y el administrador, Edgar, nos organizó rápidamente una excursión al sitió arqueológico de la finca.  Fue Jorge, un muchacho de la localidad, quien nos llevó por la Laguna de Chaculá, el sitio arqueológico y Laguna Ranera.  En esos bosques, entre muros y estructuras antiquísimas yo me sentía como un explorador del siglo XIX, o algo parecido.  Para mí, los sitios arqueológicos son mágicos y despiertan la imaginación y las fantasías del niño que hay en mí.  El exorquideólogo que hay en mí también tuvo su recompensa; aparte de las E. ibaguense de la carretera, en el sitio arqueológico encontramos una orquídea negra llamada Prosthechea cochleata (que es la flor nacional de Belice, según me cuenta mi amigo, Roberto Lizama), coronando un montículo de piedras talladas.  Ya sabes…una orquídea negra en el bosque, es motivo para la imaginación y para maravillarse. Salvando las distancias, sentí algo parecido a lo que sentí cuando visité el reino Kan.  Luego de una larga caminata y de aprender bastante sobre las personas que habitaron aquellos lugares y luego los abandonaron regresamos a la posada para tomar un baño y cenar.

Uno de los encantos de Chaculá es que las comidas se hacen en una mesa común, a la luz de candiles.  Uno conoce y platíca con personas y familias que no conoce y que ya estuvieron en los lugares que uno va a visitar, o que están por ir a los que uno ya visitó. Las charlas son muy amenas y divertidas.  Está claro que -con las naturales diferencias- uno comparte ciertos valores con la gente que encuentra en esos lugares: el gusto por la aventura, por la naturaleza, por conocer las culturas y por la sencillez de lo rural…siempre que haya un baño tibio, una buena cena (en Chaculá se come riquísimo)  y una cama limpia al final del día, en mi caso.

Es cierto que el viaje a la Laguna Brava fue un epic fail; pero ese es uno de los motivos para volver…y hay como media docena; pero de alguna manera fue compensado por las orquídeas y la visita al sitio arqueológico.  Aprendimos mucho sobre la gente y sus vidas y el lugar. Luego de la cena disfrutamos del alucinante cielo estrellado…y a la cama para amanecer temprano al día siguiente y emprender camino a El Cimarrón y los cenotes de Candelaria.


16
Ago 15

Tempestad y el Volcán Pacaya

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La tempestad del viernes en la noche se lució porque los rayos formidables iluminaban el hermoso Volcán Pacaya al sur de la ciudad de Guatemala.  Uno no puede sino admirar las fuerzas de la naturaleza que hacen posibles los rayos y truenos, así como los volcanes.

Los dejo con escenas de aquel espectáculo y con La tempestá di mare, de Antonio Vivaldi.

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09
Ago 15

El formidable Volcán de Fuego

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El Volcán de Fuego no descansa y está ofreciendo uno de sus formidables espectáculos ígneos.  Gracias a que la atmósfera está limpia podemos ver como se luce Chi`gag que es el nombre mayense de aquel coloso.

Acá se lo ve junto a la ciudad de Guatemala, urbe que está al alcance de cuatro volcanes, dos de ellos activos: Pacaya y Fuego.


08
Ago 15

Un atardecer arrebatador

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Hoy al atardecer, la luz sobre la ciudad tenía una tonalidad y una intensidad que uno no podía sino admirar.  La luz se arremolinó en las nubes y envolvió el ambiente durante unos pocos minutos que fueron arrebatadores.  Los truenos que se oían en la Costa Sur contribuyeron al dramatismo del momento.  Y la buena compañía terminó de hacer de los últimos momentos del día algo para compartir.


22
Jun 15

Polvo del Sahara en la ciudad de Guatemala

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Esa bruma que ves ahí no es la usual, sino que se trata de una nube de polvo que viajó desde el desierto del Sahara, en Africa.

La Capa de aire sahariana es una capa de la atmósfera intensa, seca y cálida y, a veces cargada de polvo que a menudo recubre el más fresco y húmedo aire de la superficie del Océano Atlántico.  Los complejos de tormentas grandes en el norte de África periódicamente resultan en enormes tormentas de polvo y arena, algunas de las cuales se extienden tan alto como 6,000 metros. Estos pueden ser expulsados ​​al mar dentro de la capa hacia el oeste hasta este lado de la mar océana.

La foto es por Así es la vida.


13
Jun 15

Floreó Ofelia

150612_stapelia-gigantea-luis-figueroaSu aspecto parecido al de una flor de la serie de televisión Perdidos en el espacio, ese su carácter extraño la hacen imposible de ignorar.  Como es imposible de ignorar su olor que obliga a que nunca entre a casa.

Con todo y todo queremos mucho a Ofelia, y a mí me alegra mucho ver sus flores galanas. Nota que es hirsuta, su tamaño y sus colores.


22
May 15

Día de la diversidad biológica

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En el Día Internacional del Diversidad Biológica, ¿qué tal si reflexionamos sobre las verdaderas causas de la problemática? La existencia de áreas protegidas!  Esto es lo que propone la Red de Amigos de la Naturaleza:

En las más de 328 áreas protegidas, que ocupan 1/3 del territorio nacional, ocurre el mayor deterioro: incendios forestales, extracción ilícitas de madera y leña, extracción ilícita de animales, invasiones y deforestación. Esto es porque lo que es común de muchos es lo que recibe el menor cuidado, porque todos los hombres estiman más lo que es suyo que lo que poseen en común con otros; esto ya lo sabía Aristóteles hace más de 2000 años.

Mientras las áreas protegidas sean áreas de acceso abierto y sean áreas gestionadas como bienes públicos, el deterioro seguirá siendo evidencia de aquella tragedia de los comunes.

Rana propone la asignación de derechos de propiedad a personas individuales, o jurídicas de todas las áreas protegidas mediante:

La derogación de la Ley 4-89 y todo lo que ella contiene: el CONAP, el SIGAP, los permisos, burocracia, las concesiones a ONG y planes maestros. Los guatemaltecos debemos vivir por derecho y no por permisos. El CONAP debería convertirse en una comisión transitoria (máximo 4 años) con dos responsabilidades: 1) liquidar la esa organización y, 2) ceder los derechos de propiedad de las áreas protegidas mediante concursos públicos y trasladar sus competencias a oficinas como el Registro de la Propiedad y el Registro de Información Catastral.

Me apunto a celebrar este día rompiendo paradigmas, dejando de hacer lo mismo para esperar resultados distintos y buscando soluciones que no sean políticas.

La foto la tomé en El mirador, desde la pirámide El tigre.


12
Abr 15

En bici bajo los matilisguates

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Esta es la mejor temporada para llegar en bicicleta al trabajo.  La última parte del camino es bajo los matilisguates y las buganvilias, acompañado por el trino de los cenzontles y otras aves.  Me encanta empezar el día así; y al atardecer el espectáculo es bello desde otra perspectiva.