Las verapaces 2018, tercera etapa, Chicoy, pozo vivo y Chixoy

Luego de la visita al Salto de Chilascó, la tercera etapa del viaje de fin de año nos llevó a la cueva de Chicoy, el pozo vivo, el camino a Chixoy y finalmente a Cobán.  ¡A comer delicioso y a descansar! Haz clic en las foto para ver más fotos y los vídeos.

Salimos con rumbo a Cobán luego de nuestro descanso en la Posada de la montaña del quetzal.  La consigna, sin embargo, era parar, o desviarnos si se daba la oportunidad de explorar….y dicho y hecho.

El primer desvío fue hacia la cueva de Chicoy, ahí merito en Purulhá.  Este es un sitio ceremonial muy respetado por los queqchìes y pocomch´íes de la región.  Pero eso no lo sabíamos nosotros.  Así que llegamos, estacionamos, saludamos al encargado que nos recibió con una magnífica sonrisa de oro, pagamos la tasa de ingreso y empezamos a caminar para subir.

Al llegar a la parte alta del cerro encontramos a personas dedicadas a la tabacomancia y encontramos docenas de puros en el suelo.   Luego de saludarlos avanzamos hacia la cueva y ¡Oh, sorpresa! En medio del verdor del cerro se abrió, ante  nosotros, una boca inmensa y negra de la que manaban humo de inciensos y los rezos de los sacerdotes que estaban en su interior.  A ratos, cuando la nube de humo se disipaba un poco, se atisbaban los fuegos encendidos en el interior de la caverna y los detalles de las rocas que formaban aquella entrada a Xibalbá.

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Debido a lo empinado del descenso y a lo cansado que iba de la aventura en Chilascó, no me animé a bajar; y tuve que contentarme con la naturaleza que rodea a la cueva y con lo  misteriosa y seductora que se ve desde arriba.

Al volver a donde estaban los tabacomntes pregunté acerca de esa tradición y un joven me regaló un puro, que me encendió y di unos jalones.  En ocasiones anteriores que me han ofrecido puros la experiencia no ha sido agradable porque me mareo rápido, así que agradecí el gesto y me alegré que me permitieran atisbar en esta práctica cultural.

Bajamos del cerro y continuamos nuestro camino.

En esas estábamos, avanzando hacia Cobán cuando encontramos el desvío hacia el pozo vivo, en Tactic.  Este es un fenómeno geológico e hidrológico que despierta la imaginación y fantasías. Leyendas de príncipes y princesas mayas, de riquezas prohibidas, y de amores obsesivos.

Waze nos llevó y uno no debe dejarse engañar por el abandono aparente del  lugar.  Llegamos al portón hicimos señas a la encargada, corrió ella, nos abrió el portón, nos cobró unos pesos y señaló: Hacia allá. Y caminamos por nuestra cuenta.

Atravesamos un de turicentro/potrero y nos dio la bienvenida un caballito muy excitado.  Caminamos unos metros y nos encontramos con el célebre pozo.  Y si, es encantador en su simplicidad y en su naturaleza misteriosa.  Es fascinante ver como bulle la arena en su fondo y no sorprenden las leyendas que genera el fenómeno. La verdad es que hubiera querido pasar un poco más de tiempo ahí; pero había que continuar y dejamos el lugar.

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Contentos de haber visitado el pozo vivo enfilamos hacia Cobán, sólo para desviarnos de nuevo y esta vez hacia el embalse de Chixoy que es un ejemplo notable de ingeniería. Posee una superficie de agua de 13.79 km2, una profundidad de 50 metros y máxima de 110 metros.

En los años 79/80, cuando yo era orqideólogo y miembro de la Asociación Guatemalteca de Orquideología, ya había visitado el área de la casa de máquinas de la hidroeléctrica; pero no me acordaba bien de la experiencia, quizás porque iba mas interesado en orquídeas (que no hay muchas en el área).  El caso es que el camino se torna fascinante.  Primero entre bosques y plantaciones para luego ascender y ascender entre montañas y carretera pedregosa.

Desde arriba, plateados entre montañas que parecieran ser de terciopelo, o de algo parecido, se aprecian los ríos que alimentan el embalse.  Yo dispuse que el más grande y cercano que veíamos era el Río Negro, o Chixoy, pero pudo haber sido cualquiera de los otros.  El caso es que el paisaje es fascinante y muy diferente a lo que habíamos visto hasta el momento. Nos fuimos deteniendo para tomar fotos y disfrutamos mucho del sol y de las vistas.

Dispusimos no bajar al embalse porque se hacía tarde y una de nuestras reglas es no conducir en la noche.  De modo que emprendimos el regreso hacia Cobán cuando vimos que el sol se acercaba al horizonte.

¡Y llegamos a la ciudad Imperial!

A mí me encanta Cobán y me encanta la Posada, que es el hotel que usábamos con los orquideólogos y el que usamos en el viaje de 2016 a las cuevas de Lanquín y a Semuc Champey.  ¡Me encanta la arquitectura del lugar! y sus cuartos y camas le dan a uno la oportunidad de descansar sabroso.  El aroma que hay en ese lugar siempre me trae recuerdos gratos.

Luego de instalarnos y de darnos un buen baño tibio salimos a visitar el Parque Central de la ciudad y a saludar a Manuel Tot y al Arbol Gallo.  Así como a disfrutar del ambiente del parque y de su gente.  Compramos horchata en polvo y un par de pulseras. Y regresamos al hotel para tomar un par de cervezas antes de ir a cenar.

La cena no podía ser en otro lugar que no fuera XKape Kob´an., un restaurante de comida tradicional verapacense.  Ahí Raùl pidió un plato de hierbas nativas acompañadas con arroz, frijol y tortillas; y yo pedí una bacha de pollo (tambie´n con hierbas, arroz, frijol y tortillas.  Ambas fueron buenas elecciones Y ahora mismo me estoy imaginando los sabores y salivando.

Como panza llena, corazón contento, volvimos al hotel para recargar las pilas y al día siguiente emprendeer viaje rumbo a las cataratas de Las conchas.

Primera etapa: La posada de la montaña del quetzal, Biotopo del quetzal y Purulha.

Segunda etapa: El salto de Chilascó.

Cuarta etapa: Las conchas y Chahal.

Quinta etapa: Cobán y Año nuevo.

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