21
Abr 19

Hermosa nuestra alfombra de 2019

La alfombra de 2019, del viernes pasado,  fue muy parecida a sus creadores: única, colorida, cada uno a su ritmo, con su gusto y por su lado, individualista…. y con toda esa desigualdad, el resultado nos hizo felices y orgullosos.  ¡Chulada de alfombra!

Desde hace siete años un grupo de amigos y yo tenemos la tradición de preparar alfombras frente a la casa de doña Yoli.  Es un encuentro generacional, una celebración de la vida entre amigos y familia, y una continuidad de las tradiciones chapinas.

Foto por José Eduardo Valdizán

Los que siguen de cerca este espacio saben que no estoy de acuerdo con la filosofía prevaleciente en ésta temporada; pero afortunadamente coincide con el equinoccio de primavera y con la fiesta de la fertilidad, lo cual me da la oportunidad de celebrar y de compartir.

Como este año sólo hicimos una alfombra, combinamos aserrín, viruta y flores en un diseño audaz y ecléctico. Como en otras ocasiones nos dio mucha alegría ver cuando la gente se detenía a hacer comentarios y se tomaba fotos con ella.  Yo disfruto mucho cuando lo hacen familias y lo hacen; pero también cuando pasan parejas, amigos, y toda clase de gente.  Este año, tres generaciones participamos en la elaboración de la alfombra.

Con el cariño y la generosidad de siempre, Doña Yoli preparó su delicioso bacalao a la vizcaína; acompañado por un arroz impecable, moyetes exquisitos y bien calados, y el tradicional encurtido de remolachas, zanahorias, arvejas y ejotes.  Ese es el almuerzo chapín para ese día.  Así era en la casa de mi bisabuela, en las de mis abuelas, en las de mis padres y así será hoy en mi casa.  Sólo que en mi casa, en vez de encurtido, comemos aguacates porque somos fans de los aguacates.

¿Por qué es que practico algunas tradiciones -aunque no esté de acuerdo con la filosofía de muchas de ellas-? Pues me gusta el encuentro entre generaciones; el establecimiento y fortalecimiento de vínculos culturales, históricos, familiares, y amistosos. Las tradiciones nos dan la oportunidad de enriquecernos afectiva y culturalmente. Nos sirven para aprender acerca de costumbres y prácticas que no sólo son inmemoriales (en muchos casos), sino que se han adaptado, o han permanecido prácticamente inmutables.  Por eso es que la nuestra  debe ser la alfombra elaborada por el mayor número de ateos y agnósticos por metro cuadrado, en todo el país.

Para los lectores distraídos será raro que, porque uno es individualista no rechace las prácticas culturales colectivas.  Sin embargo, no hay nada en el individualismo metodológico que apunte en esa dirección; y ciertamente no hay nada en el individualismo -como principio según el cual los hombres poseemos derechos individuales que no les pueden ser arrebatados por ningún otro hombre, ni tampoco por cualquier número, grupo o conjunto de hombres- que apunte hacia aquella creencia.

Las tradiciones enriquecen la evolución social.  Son parte del largo proceso de prueba y error por medio de cual crece y prospera una sociedad.  Las tradiciones dan un sentido de pertenencia: a este grupo de amigos, a estas familias, o a esta tribu…y luego a la sociedad.

De verdad les agradezco a mi bisabuela, a mis abuelas, a mis padres, a mis amigos y a todos los que no sólo me enseñaron a disfrutar de las tradiciones y de la alegría de celebrarlas en compañía de quienes uno ama; sino que me permiten ser parte de ellas. ¡Mi vida es muchos más rica gracias a las experiencias, y a quienes me acompañan en el camino de vivirlas! Ya sabes…los amigos son la familia que elegimos.

Como en otros años, comparto el siguiente relato que expresa muy bien mis propios sentimientos frente a las alfombras; y porque la familia de la autora vivía en la Quinta Avenida de la zona 1, a unas cuadras donde vivía mi tatarabuela, Gilberta y su familia, sobre la misma avenida en la que hicimos la alfombra de ayer:

Foto por María Dolores Arias

En Alfombras de aserrín,  Amelia Lau Carling relata que La semana antes del domingo de Pascua…los vecinos crean alfombras de aserrín teñido, de flores y de frutas sobre el camino de muchas procesiones.  Año tras año las hacen con nuevos diseños.  Año tras año las procesiones marchan sobre ellas, destruyendo sus dibujos al pasar.  De niña en Guatemala, mi hogar era el de una familia china que se aferraba a sus costumbres.   Pero la semana santa era una temporada como ninguna otra hasta para una familia china tan tradicional como la nuestra.  Con los vecinos nos juntábamos en las aceras para admirar las alfombras antes de que los cortejos caminaran sobre ellas.  Viendo las procesiones, yo sentía que la historia que narraban ocurría ahí mismo.  Y la belleza de los breves tapices creados con tanto primor se ha quedado grabada en mi corazón.

Al describir el proceso, Amelia cuenta que Primero puso una capa de aserrín natural y la regó con agua.  En seguida sus ayudantes dibujaron sobre ella las figuras de aserrín coloreado.  Se encaramaban sobre  tablas para alcanzar los lugares que debían adornar sin estropear lo que ya habían hecho.  Con un colador y unos esténciles de cartón, pasaban finas lloviznas de colores.  Cuidadosamente medían los diseños, siguiendo las instrucciones…luego otro ayudante pasaba por toda la alfombra con una regadera muy fina de agua, “pish, pish”, para que el aserrín quedara bien plano.  Ay, que linda era.  ¡Parecía una alfombra de verdad!

Si, es cierto que uno termina bien cansado; pero es ese cansancio que enorgullece luego de haber hecho algo alegre, algo hermoso, algo que enriquece y algo que te deja lleno de buenos recuerdos y de cariño hasta el punto de que con un buen baño y una buena noche de descanso ya estás listo para hacerlo mejor…el año entrante.


14
Feb 14

En el Día del cariño, el amor y la amistad: Rand y los mayas

Corazon-tamal-maya

Hoy, que la mara celebra el Día del cariño, el amor y la amistad, he visto muchos mensajes.  Muchos de ellos ingeniosos, dulces y hasta conmovedores.  Pero dos se llevan las palmas.  El primero es la definición de amor, por mi filósofa favorita, Ayn Rand:

To love is to value. Only a rationally selfish man, a man of self-esteem, is capable of love—because he is the only man capable of holding firm, consistent, uncompromising, unbetrayed values. The man who does not value himself, cannot value anything or anyone. | The Virtue of Selfishness

Y el otro es la imagen que ilustra esta entrada: La clave es que el glifo maya para corazón y el glifo para tamal se ven igual.  ¿Está buenísmo, o no? ¡Gracias a mi cuata Claudia por ponerlo en Facebook!


03
Ene 14

La amistad

Mis primeros amigos fueron Francis y Bernard, vecinos de la casa de mis abuelos Juanita y Jorge. Con más precisión, Fankie era mi amigo, y Bernie era amigo de mi hermano; pero igual…los cuatro jugábamos y nos peleábamos siempre que podíamos. Yo no tendría más de cinco años en aquellos tiempos y…¿por qué me acordé de aquello?

En 1979 mi abuela, Frances, me obsequió su Harvard Classics: The Five-Foot Shelf of Books; y una de las gracias de esa colección es que tiene una guía de lectura para cada día del año. Si uno lee las selecciones de esa guía, durante 15 minutos cada día, da un paseo intelectual por literatura de todos los tiempos. ¿Cuál crees es el tema para hoy? El de la amistad. Y la lectura sugerida es el ensayo de M. T. Cicerón sobre ese tema.

Dice Cicerón que quien contempla a un verdadero amigo, contempla un retrato de sí mismo; y añade que la amistad ha sido dada por la naturaleza como ayudante de las  virtudes, no como compañera de los vicios.

En año electoral es digna de atención esta observación de Cicerón: Las verdaderas amistades se encuentran dificilísimamente en aquellos que se encuentran en los honores y la cosa pública; pues, ¿dónde encontrarás a ese que anteponga el honor del amigo al suyo?.  Digna de atención, digo, porque en la sociedad guatemalteca la vinculación entre el honor y el manejo de la cosa pública se disolvió hace muchísimos años. No solo porque ¿qué honor puede haber en la administración de la cosa pública si gobernar es gravar para gastar?, sino porque a la expoliación tan propia del acto moderno de gobernar se le añaden los actos de corrupción y latrocinio a los que ya estamos acostumbrados.

Me pregunto…¿cuántos de nosotros tenemos un amigo que hizo su casa en la playa gracias a una compra de medicinas, a unos kilómetros de carretera, o gracias a alguna canonjía? ¿Cuántos de nosotros brindamos con ese amigo en la noche del Año Nuevo? ¿En nuestra mesa? ¿Tenía razón Cicerón, cuando escribió que quien contempla a un verdadero amigo, contempla un retrato de sí mismo?

¡Te deseo lo mejor en 2014!; y como decían los viejitos cuando uno era niño: Cuidado con las juntas.

Columna publicada en El periódico.