En defensa del “transfuguismo”

No nos engañemos. Los partidos políticos chapines no son las organizaciones que median entre mandatarios y mandantes, ni las plataformas filosóficas y programáticas que describen los textos. Son máquinas electoreras que sirven para llegar al poder; y sus diputados ni siquiera son miembros de los partidos.

¿Sabes, sin esfuerzo, a quiénes les diste tu voto en las planillas de diputados? Si conocías a algunos de aquellos candidatos, ¿tenías idea de qué piensan acerca de las reformas constitucionales, la eliminación de privilegios, o la ley de telecomunicaciones?

Dicho lo anterior, la prohibición del llamado transfuguismo sirve para conservar aquel estado de cosas en beneficio de una clase política inepta y corrupta que requiere del uso de la fuerza para mantener su poder e influencia. Y además, ¿qué tal si hay un buen candidato, o un buen diputado que ya no soporta la corrupción y la farsa que hay en la organización a la que está vinculado? Yo digo que esa persona debería tener la facultad de decir Hasta aquí, e irse sin pena.

Como ciudadano debes tener la posibilidad de ver que el actual sistema es insostenible. Deberías poder ver a qué clase de gente eliges. Y el transfuguismo facilita estos dos procesos. Si la libertad de conciencia para los diputados fuera bien vista, como elector podrías ver qué uso hacen de ella los que dicen representarte. Opino que, para la educación cívica de mandatarios y mandantes, es más provechoso que haya libertad de conciencia y de movilidad, que se fuerce una permanencia artificiosa y disfrazada de lealtad. Es mejor que los arrimados y los camaleones sean fácilmente identificables, que amarrarlos y crear un espejismo de solidez y confiabilidad del sistema político.

Si entendemos que los partidos chapines son lo que son, es difícil y es moralmente inexplicable que les pidamos lealtad a los candidatos y funcionarios vinculados a esas organizaciones. Más bien, como en el jiu-jitsu, habría que utilizar el sistema contra sí mismo y exponer la realidad. La responsabilidad, entonces, sería de los electores. Así es en el mercado. Tú no compras donde te dan libras de 14 onzas, ni regresas a donde te metieron tomates podridos entre los tomates buenos. ¿Por qué es que sí haces eso en el terreno del poder?

Columna publicada en El periódico.

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  1. […] y seis diputados se han cambiado de bancada desde que la actual legislatura tomó posesión.  Sostengo que el llamado transfuguismo no sólo no es intrínsecamente malo, sino que es bueno y útil.  Es […]